sábado, junio 20, 2009

La eñe en el Sáhara. El Instituto Cervantes conmemora el Día del Español



Al parecer el origen de la eñe se remonta a la Edad Media. Parece creíble el hecho de que algún escribano, con dedos entumecidos y hasta el gorro de tinta, decidiera economizar y señalar las dobles enes con este signo tan representativo hoy del español, aunque no exclusivo.

Me recuerda el signo de la eñe uno del árabe: la shadda. Un signo auxiliar para indicar la existencia de una consonante doble, una virgulilla en forma de w minúscula. ¿Conocería el creador de la eñe la shadda del árabe?

Hay un pueblo, el saharaui, que habla los dos idiomas: el árabe y el español. Desde hace más de tres decenios, la shadda se ha convertido en estrella lingüística, en detrimento de la eñe. En las zonas ocupadas, por imposición política; en los campamentos, por falta de recursos. De hecho, la mayor parte de los libros en español carecen de la peculiar letra ya que se publican en países escandinavos.

En este día de celebración del español, los amantes de la eñe reclamamos una vez más a las autoridades de la lengua española las medidas pertinentes para dotar a esta dama del lugar merecido en las letras del desierto.



Doña Eñe

La Efe: Es una chula,

te lo digo yo,

mira cómo mueve

el flequillo.

La Che: Bueno, menos aires,

que es cejijunta,

como la tía Facunda,

y de origen,

una virgulilla.

La Eme: Qué va,

chiquilla,

es una espía,

disfrazada

la he visto,

en Portugal, creo.

La Jota: Anda, y en Francia,

de gabardina.

La Ese: Pues a mí me suena…

La Eme: Claro, tú es que eres

del desierto.




Zahra Hasnaui Ahmed



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