lunes, julio 15, 2019

El derecho cultural y de identidad conculcado por Marruecos en el Sahara Occidental como CULTURICIDIO


El derecho cultural y de identidad inculcado por Marruecos en el Sahara Occidental como CULTURICIDIO
Texto ponencia: Bahia Mahmud Awah y fotos Ana Pulido
Ponencia y debate en el V Congreso Internacional de Antropología AIBR 2019. Pensar culturas cambiar mundos. El pasado jueves 11 de julio presenté en este congreso de la antropología celebrado en la Universidad Autónoma de Madrid un tema que me preocupa sobre el culturicidio cultural que practica impunemente la administración marroquí en las ciudades saharauis ocupadas, El Aaiun, Smara, Dajla y Bojador.  
Debo señalar que este tema llamó mucho la atención entre ponentes, estudiantes e investigadores que trabajan en el continente africano. “Investigadores, antropólogos, sociólogos e historiadores, los saharauis claman vuestra conciencia académica en visibilizar y tratar en los foros académicos este tema”. Concluí en mi ponencia apelando la conciencia del científico social.
En el pueblo saharaui “Hay un sello característico en aquellos semblantes que refleja con bastante claridad la diferencia de pueblos, individuos y hasta familias”. (Bonelli, 1887: 124-125)
(…) La fisonomía nos separa de ellos, / los atuendos nos separan, / el ajuar nos separa, / Y la lengua nos separa/ y de ellos nos aísla (…) el poeta Beibuh Uld Biddi Uld El Hach
Me introduje en este complejo y preocupante tema aclarando que: Esta comunicación que voy a presentar, partiendo de su temática, la he titulado “Culturicidio de la ocupación militar, caso Sahara Occidental”. Pero no sin antes aclarar algunos aspectos relacionados con esta categoría, culturicidio, que la antropología entiende en su concepto académico como etnocidio. La expresión “culturicidio” aún no está definida ni incorporada al registro académico como flagrante violación de los derechos culturales y de identidad en conflictos bélicos. Algunos investigadores antropólogos usan culturicidio como análogo del genocidio en el contexto cultural, como en los casos de Guatemala, Argentina y actualmente en la excolonia española el Sahara Occidental, en la parte del territorio que ocupa Marruecos desde 1976. “Si una cultura está sometida a un dominio absoluto de otras sobre ella, puede quedar herida, o deformada, o incluso desparecer”. Ngugi wa Thiong´o en su libro “Desplazar el centro” La lucha por las libertades culturales. Entiendo que los intelectuales saharauis del exilio debemos partir del discurso de nuestros eruditos africanos. Es decir emprender la resistencia a la condenación, como nos apela Wa Thiong´o en «El papel de los intelectuales».
Ese pensador keniata autor del libro “Descolonizar la mente” en este contexto de violación contra la cultura afirma que “La receta para la cura más adecuada depende de un análisis riguroso de la realidad”. Y en este trabajo parto de este planteamiento en el que Ngugi nos insiste en la rigurosidad. Y el erudito y poeta saharaui Badi Uld Mohamed Salem también nos lo reitera en esta frase cuando quiere afirmar sobre un hecho expuesto al debate y que necesita de rigurosidad. “Que Dios me deje sordo si en algún momento he escuchado algo sobre ello”. El rigor en la historia y sus hechos es fundamental para los eruditos saharauis.
Respecto al uso del término culturicidio, consulté con mi director de tesis, el profesor Juan Carlos Gimeno, sobre este emergente concepto en el lenguaje de la antropología, que está buscando su espacio para ser verbalizado como tal en los eventos académicos y tratado en diferentes contextos culturales. Y me aclaró que, “Independientemente de la cuestión teórica o disciplinar hay un elemento muy importante que es la recepción normativa de estos términos en el derecho internacional y la posibilidad de utilizarlos para la denuncia y la defensa de pueblos, comunidades y colectivos particulares”. Y evidentemente es lo que me ha llevado a este tema que está en debate entre los saharauis dispersos entre la ocupación, el exilio y la diáspora.  Gimeno me aclaró también que el “genocidio es un término que se usa para el culturicidio, siempre tratando de delimitar las características de genocidio que hace que una experiencia particular sea definida con este término”.
Por otra parte, en mis indagaciones sobre el concepto he leído que el culturicidio es un debate dentro de los efectos de la violencia en Guatemala y en Argentina. Y con estos antecedentes me he situado en el contexto para poder tratar la categoría etnocidio en un contexto cultural violentado, que en este caso afecta a la cultura afro-árabe-senhaya del pueblo del Sahara Occidental, que vive desde 1976 bajo una administración marroquí de ocupación, de cultura opuesta e impuesta a la suya.
Cuando trabajaba el texto leí un artículo del cineasta y político argentino Jorge Edmundo Coscia, quien desempeñó el cargo de Secretario de Cultura de Argentina. Ese artículo fue publicado en septiembre de 2011 bajo el título de “El culturicidio en Argentina” y aquí Jorge Coscia usa el término para denunciar la hegemonía cultural. Y cito este fragmento de su texto:
“No podemos negar que no puede haber políticas culturales exitosas en países que fracasan, países que no logran encontrar un destino de autonomía, de justicia, un destino, en definitiva, contenedor de la vida de la gente que son esencialmente vidas culturales”. Y concluye afirmando que “la hegemonía cultural es la madre de todas las hegemonías”.
Cuando el poder quiere dominar un pueblo política, geográficamente y borrarle como identidad cultural, lo primero y más eficaz que le aplica es la destrucción de sus particularidades culturales, desnudarle de su esencia cultural en el sentido de Ngugi wa Thiong´o: “En el continente negro empezamos a entender que el poder colonial real no consistía en los cañones de la primera mañana sino en lo que seguía a los cañones. Y detrás de ellos venía la nueva escuela”. Marruecos tras la retirada de España eliminó todos los colegios bilingües hasania-español que habían en el territorio e impuso su nuevo diseño de neocolonización, escuelas donde predomina la dariya marroquí y la lengua francesa. Y esta política de marroquinización hizo que empezarán a erosionarse la lengua saharaui, hasania, y el español, como legado lingüístico heredado de un siglo de convivencia cultural.
Así empezó la praxis de la neocolonización y la ocupación en el Sahara Occidental, borrando lenguas y moldeándolas a su concepto de marroquinidad cultural”. El caso que se da en el Sahara Occidental es atípico, porque Marruecos ha sido colonizado por Francia y tras su independencia comete la atrocidad de convertirse en reproductor de la practica colonial en el continente que sus pueblos predican doctrinas de descolonización y anticonialismo en todas sus formas.
Y aquí quiero destacar que la identidad cultural saharaui comienza a configurarse desde el siglo XI cuando aparece el primer verso en hasania. Y se consolida a finales del siglo XVII tras la guerra Shar Bebba[1] 1466-1674 entre las tribus árabes Beni Hasan venidas a África desde la península arábiga y la confederación bereber africana Maquil en su simbiosis de senhaya, zenata, lemtuna, mezaba y zenaga, que habitaban el territorio mucho antes de la invasión árabe al norte de África.
Las dos culturas, la senhaya africana y la árabe se mezclaron, convivieron y de este mestizaje cultural nació la lengua saharaui y mauritana, hasania, con su muy marcada y distinguida literatura e idiosincrasia social, con notorios rasgos que las distinguen del entorno geográfico africano y árabe.
Respecto a estas particularidades visibles de la identidad cultural saharaui y mauritana, si nos remitimos a finales del siglo XIX encontramos uno de los primeros testigos occidentales que remarcaron los rasgos diferentes de esta cultura con respecto a las otras vecinas. Me refiero al expedicionario colonial español Emilio Bonelli en su viaje al territorio del Sahara Occidental en 1887. Cito un fragmento de su texto:
“Esa raza varonil, sagaz é (sic) inteligente, más altanera cuanto mayor es su decaimiento, y que, no obstante la mezcla consiguiente de individuos de diversas tribus y comarcas, conserva inalterables los caracteres generales con que se la conoce en el orden sociológico. No se encuentra en el Sahara el mismo tipo que en la Tunicia, Trípoli, Argelia ó Marruecos, con los cuales podríamos comparar sus habitantes. Hay un sello característico en aquellos semblantes que refleja con bastante claridad la diferencia de pueblos, individuos y hasta familias. (Bonelli, 1887: 124-125)
Las tesis marroquíes sobre el territorio y sus habitantes intentan tergiversar la historia y exponen que el Sahara Occidental y Mauritania no son más que la prolongación de la cultura marroquí en otros tiempos, mucho atrás. La cita de Bonelli refuta ese planteamiento marroquí inargumentable. Y el tratado sociológico del sabio saharaui Chej Mohamed El Mami (1792-1865), Qitab Albadia, también lo refuta categóricamente en un pasaje de la obra, cuando afirma: “Somos un pueblo nómada que vive situado entre el Reino Ismaelí (en referencia a Marruecos) y el país Albisyabilla” (en referencia al Imperio de Mali) en Rio Senegal.
El fiel registro del pasado de la cultura saharaui y su historia está en el verso. El difunto erudito y poeta nacional saharaui Beibuh Uld El Hach, (1929-2017) al respecto subraya en estos versos los opuestos rasgos culturales saharauis con los de Marruecos. Tesis que va en la misma consonancia que Emilio Bonelli.
(…) La fisonomía nos separa de ellos,
los atuendos nos separan,
el ajuar nos separa,
Y la lengua nos separa
y de ellos nos aísla (…)
Y aquí estoy hablando de la identidad cultural saharaui en su actual situación, expuesta a erosionarse a la fuerza, ser absorbida o destruida por la cultura marroquí, impuesta desde 1976 a la población autóctona saharaui de los territorios ocupados.
Este tema no es la primera vez que ha sido tratado por académicos de las ciencias sociales como denuncia dentro del contexto de etnocidio o culturicidio. El profesor en derecho constitucional Francisco José Palacios de la Universidad de Zaragoza, en un artículo publicado en marzo de 2011 titulado “Sahara y Palestina: Olvidados etnocidios en un siniestro simulacro de soluciones”, afirma que:   
La Resolución 1514 de la ONU que data de 1960 y contempla los derechos políticos y culturales indica que: “La sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extranjeras constituye una negación de los derechos humanos fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y compromete la causa de la paz y de la cooperación mundiales”.
¿Por qué entonces a la población saharaui que vive bajo ocupación marroquí no se le ha respetado ese derecho de existir culturalmente contemplado en la Carta Magna de las Naciones Unidas? ¿Se trata entonces de un etnocidio, culturicidio o genocidio cultural que el mundo y sus convenciones, tanto políticas como académicas, ignoran?
El pensador y académico keniata Ngugi wa Thiong´o en su libro “Descolonizar la mente” cuando estudia las hegemónicas lenguas neocoloniales en África explica cómo el colonizador o el nuevo colonizador intenta destruir un pueblo y su cultura. Y cito sus palabras:
“El efecto de una bomba cultural es aniquilar la creencia de un pueblo en sus nombres, en sus lenguas, en su entorno natural, en su tradición de lucha, en su unidad, en sus capacidades, en último término, en sí mismos”.
Justamente es esto lo que pretende Marruecos con su política de culturicidio que practica en la parte anexionada del territorio. Y partiendo de este planteamiento de Ngugi, a continuación voy identificando aspectos principales de la cultura saharaui que en este caso son violentados por el régimen marroquí durante estos 42 años de administración de facto en el territorio.
Tres núcleos urbanos donde Marruecos ejerce este culturicidio en el Sahara. Veremos en este mapa donde identifico los tres puntos de concentración de la población saharaui, y la coexistencia con la administración de facto que impuso la ocupación con sus colonos traídos desde diferentes zonas de Marruecos para modificar la demografía de la población saharaui.

Elaborando argumentos he recogido testimonios, imágenes cedidas por activistas culturales, pinturas realizadas por artistas saharauis, videos de testimonios recogidos por escritores viajeros de España y también información aportada por miembros de la plataforma Defensores del patrimonio cultural saharaui, que se encuentran en territorios ocupados. Este culturicidio hoy puesto en debate entre los saharauis abarca tanto el patrimonio cultural material como el inmaterial.
Patrimonio cultural inmaterial: el más afectado es el idioma hasania y sus oraturas (literaturas), vehículo principal de la identidad cultural saharaui. El hasania ya no se enseña en el colegio y es sustituido por la dariya marroquí desde una edad muy temprana en las guarderías y los colegios que dirigen y gestionan colonos marroquíes.
Facsímil versos escritos en hasania del poeta y jurista saharaui Sidati Uld Chej Ahmed El Heiba
Ngugi wa Thiong'o afirma que “El cañón violenta el cuerpo y la escuela fascina el alma”. La lengua hasania se ha quedado limitada exclusivamente en el ámbito familiar saharaui. ¿Y por qué? Y esta es la pregunta que le hice al presidente de la Asoc. por la Conservación, Protección y Difusión del Patrimonio Cultural Saharaui, Bachri Uld Ben Taleb residente en los territorios ocupados. Cito textualmente su respuesta: “El maestro, el vendedor, el taxista, el policía, el gendarme, el frutero, el funcionario, el agente secreto hasta el barrendero todos son colonos marroquíes organizados en torno a esta política de destrucción cultural. Esta invasión del espacio social impuesta desde 1976, te obliga a usar el que para ti era un registro extraño; y sin más te ves obligado a dirigirte a ellos minuto, hora, semana, día y año con su dariya. Y así están neutralizando el uso de hasania fuera de la casa. Están destruyendo poco a poco nuestra cultura con métodos desde la escuela y la guardería”.
La nomenclatura sobre cómo se construye el trinomio de apellidos saharauis, que es el puente genealógico que enlaza la persona con sus ancestros, fue eliminada desde 1976 por la administración marroquí. Lo que antes era Mohamed Uld Brahim Uld Salek, hoy es Mohamed El Costurero o El Barrandero o El de Cabeza Grande. En el caso de las mujeres, lo que era Sukeina Mint Yedehlu, hoy es Sukeina El Idrisi, y cito el caso de la hija del gran clásico saharaui Yedehlu Uld Sid. A Sukeina le borraron el apellido familiar saharaui y le impusieron “El Idrisi”, apellido marroquí que no existe en la cultura saharaui.
Facsímil nomenclaturas constitución de los apellidos saharauis con su particularidad Uld o Mint que enlazan el nombre con los apellidos
En cuanto a las prácticas sociales, conocidas como Al Aaraf, caso la fiesta del bautizo, la fiesta del divorcio o la visita a las tumbas de los familiares, también son perseguidos por la administración de ocupación.
Tras los levantamientos saharauis del año 2005 la administración marroquí prohibió la visita a los cementerios, porque esta práctica supone desde tiempo inmemorial un tipo de resistencia pacífica antiocupación. Y cito el caso de la tumba de Hafed Buyema, primera víctima asesinada en 1974 por el franquismo en El Aaiun, que se encuentra en el Cementerio Cuartel del Ejército. Marruecos prohibió el acceso a ese cementerio por las reiteradas veces que la tumba de aquel militante aparecía cubierta con la bandera nacional saharaui.
Los nombres saharauis de Lala, Mulay y Sidi son vetados en los documentos por la administración, porque Lala en la dariya del ocupante es la Princesa, hija, hermana o nieta del Rey. Mulay es el príncipe o nieto del rey y el nombre Sidi es un trato que se da para mencionar al Rey, es decir mi amo, mi señor. Sin embargo, en la cultura saharaui y mauritana son simplemente nombres propios.
Patrimonio cultural material. Se refiere principalmente a los edificios históricos de la época colonial que forman parte del registro de la historia del territorio y su pasado colonial saharaui. Los más emblemáticos fueron derruidos por el régimen, entre ellos El Fuerte de Dajla, el primero que fue construido en el territorio. Otros han sido derruidos o corren grave peligro, como iglesias, fuertes y la primera casa construida por una familia saharaui en El Aaiun, los Moyan.  
Está también el caso de lemsid, recintos tradicionales para la oración, que los saharauis construían frente a sus jaimas o casas, también usados enseñar a los niños a leer y como espacio de reunión de los mayores.
Orantes sharauis haciendo su rezo en un emsid, (lemsid)
Otro rasgo muy distintivo de la identidad saharaui es la vestimenta tradicional, la melhfa de la mujer y la darraá del hombre. Y por ello y como señal de resistencia e identidad, todos los presos políticos saharauis, cuando son presentados en los tribunales, entran luciendo sus darraá o sus melhfa. 
El uso de la jaima tradicional saharaui está prohibido por la administración marroquí tanto para los nómadas del territorio como para la población que suele salir de las ciudades para respirar aire de libertad fuera de los tres núcleos urbanos saharauis. Y para ello ya existe una nueva placa en los códigos de circulación que les prohíbe montar jaimas tanto en las playas y fuera de las ciudades. Hay casos de familias que para usar las jaimas en su vida nómada están obligados a solicitar permiso para montarlas en sus desplazamientos.
La tradicional jaima saharaui prohíbida por la administración de ocupación marroquí en los territorios saharauis, convertida en símbolo de la desobediencia a la ocupación marroquí
En esta comunicación incluyo otro caso de violación de los derechos en cuanto a prácticas sociales de la cultura saharaui inmaterial, referido a la privación de realizar el ritual social de visitar las tumbas de sus antepasados.
Quiero exponer el caso de mi tía, hermana de mi madre, quien me pidió que no mencionara su nombre. Vive en la parte del territorio ocupado desde 1976, la última vez que visitó las tumbas de su padre y de su abuelo fue en noviembre de 1974, siendo el Sahara aún administrado por España. Las visitas se practican de forma familiar y con su día de ritos, como rezos, diálogo con los muertos, alabanzas y una comida compartida por el alma del familiar. Una práctica con tintes religiosos y de tradiciones. En noviembre de 2007, mi familiar decidió reunir a sus hijos y comunicarle su deseo de visitar las mencionadas tumbas en la región central de Tiris. Los cinco hijos y la madre viuda partieron camino hacia el lugar donde está la tumba de su padre Omar y su abuelo Bujari. Y aquí cito los nombres porque como antes había citado fueron apellidos eliminados de los nuevos documentos expedidos por la administración marroquí. Omar, el padre, había muerto en Am Ehkim Eshamis, el Año del Eclipse Solar, 1958. Su tumba está al noroeste del monte Lask, en la ladera este de una pequeña colina que lleva su nombre, conocida por Edleit Omar, la Colina de Omar, en referencia a la vecindad de la tumba. Y por otra parte la tumba de su abuelo dista unos 2 kilómetros al norte del monte Lask, en un lugar llamado Bughrara, situado al sur del destacado monte Dumes donde está la tumba del sabio y fundador de la primera Universidad Itinerante Saharaui del Derecho Consuetudinario, Mohamed Uld Mohamed Salem, muerto en 1884.
La tumba de Omar  recreada por el pintor saharaui Fadel Jalifa rodeada por cercos de púas, campos de minas y carros militares marroquíes en el Sahara ocupado
En palabras de mi tía, y cito textualmente: “Ese día venía con mis hijos y con mucha ilusión a cumplir el deber que siempre hemos practicado en nuestra cultura en recuerdo a los seres más queridos que nos hayan dejado”. El tono de su voz era muy apagado, la imaginé mirando hacia el suelo, al tratar de escenificar cómo fue impedida la visita a las tumbas de sus familiares. “Cuando ya estábamos cerca del monte Lask lo primero que vimos fue una Jashla, cuartel militar, fortificaciones, zanjas, abrigos de refugio y cercos de púas, justo en la ladera de la colina impidiendo el acceso a la tumba de mi padre. Cuando los militares marroquíes nos vieron se acercaron rodeándonos y les dije que quería acceder a rezar por el alma de mi padre, cuya tumba está en la ladera. Burlones y desafiantes me dijeron: “Mejor que os larguéis de aquí cuanto antes con esa ropa salvaje”.
¿Y justo en este momento qué sentiste?, le pregunté a mi tía. “Cuando vi las caras burlonas con que me respondieron los militares, me dolió mucho que también la tumba de mi padre y de mi abuelo estén asediadas por cercos y campos de minas y que mis hijos y yo estamos privados de visitarlas. Entonces ante la intimidatoria mirada de los militares leí en sus ojos que mejor que yo y mis hijos nos marcháramos de allí antes de un mal mayor, porque sabía de casos que fueron agredidos y violados”.
En un momento tras hacerle esta pregunta, mi tía hizo una pausa y me dijo: “¿A que no vas a publicar lo que te estoy contando? Ya sabes que de hacerlo me podrías hacer daño a mí y a mis hijos”.
Le prometí que no lo publicaría, pero que lo hablaría con investigadores y académicos que se interesarían para su estudio.

Y con estas breves conclusiones concluyo y dejo el tema abierto al debate entre los científicos sociales:
1.      Lo que acabéis de escuchar ¿es culturicidio, etnocidio, genocidio cultural?
2.      ¿En qué lado al respecto debe estar el mundo de la investigación que trabaja en esa área del continente africano, en especial el mundo académico español y portugueses?
3.      “Investigadores, antropólogos, sociólogos e historiadores, los saharauis claman vuestra conciencia académica en visibilizar y tratar en los foros este tema”.
4.      Y por último y con esto acabo, en 5 minutos os invito a observar estas imágenes que por sí solas documentan lo anteriormente expuesto en mi comunicación.





[1] Bebba fue el nombre de un miembro de las facciones tribales de los senhaya que habitaban esa parte del áfrica saheliana y occidental, es decir Sahara Occidental y Mauritania. Se dice que Bebba poseía un ganado camellar de su propiedad y a la vez cuidaba un pequeño ganado que no era de su propiedad, solo le ha sido confiado por una familia para protegerlo. Ulemas árabes le exigieron que debería dar el tributo de la sharia que correspondía a la cantidad de su ganado y lo hizo como todos los años. Pero también intentaron que entregara el tributo por el pequeño ganado que no es de su propiedad y él rechazo alegando que no es suyo el ganado. Se cuenta que fue agredido por los ulemas árabes y al enterarse los senhaya emprendieron contra los árabes la guerra Shar Bebba que duro 30 años. 

El ATS, “El médico del éxodo”. Mohamed Embarec Facal-la


Texto: Bahia MH Awah. Foto: cedida por Hasana Emhamed
Corría el año 1976, principios de la guerra en el Sahara Occidental. España acaba de abandonar el territorio y Marruecos y la Mauritania de Mojtar Uld Dadah anexionaban militarmente al país.
Yo era menor de edad y me encontraba formando parte de los primeros flujos del éxodo huyendo hacía un lugar seguro, como me habían indicado mi madre y mi hermana. Un día después me recogió una unidad de combatientes del Frente Polisario, y me confiaron a una familia que me acogió en Gleibat Legleya;  me trasladó con ella pasando por el pueblo  de Gleibat El Fula, desde donde nos dirigimos a la localidad mártir de Um Draiga. En el tercer bombardeo de la aviación marroquí a esta localidad estábamos cerca del monte Ziza, y todos los miembros de la familia nos apresuramos a escondernos de los aviones debajo de unas frondosas acacias, momento en que me hirió el ojo derecho las afiladas espinas de una talha[1] donde buscaba protección. En aquellas circunstancias adversas no había ningún remedio para mi herida. Estuvo sin cura varias semanas durante la dificultosa huida hacia la ciudad argelina de Tinduf[2].
En una parada en las fronteras de Argelia, en un lugar conocido como Adam Soixante-quinze[3], recibí la primera atención de un sanitario. Me dijo “mañana cuando llegues a Rabuni, que te vea el médico Mohamed Embarec”. No sabía quién era el “médico”, me lo imaginaba como un especialista argelino que atendía a los primeros heridos y enfermos de los refugiados.
Ese día me presenté frente a unas tiendas de campaña de poliéster color azul, con el logo de Croissant-Rouge algérien. Allí estaba un hombre que frisaba los sesenta años, de barba medio canosa, bien poblada y con una sonrisa constante que no perdía a pesar de la pipa de tabaco saharaui que mordía entre sus dientes. Muchas mujeres se dirigían a él como Dah y otros hombres que trabajaban con él le llamaban Mohamed Embarec. Había unas enfermeras españolas con rostro de preocupación que constantemente consultaban con él en su ir y venir de tienda a tienda atendiendo una decena de pacientes.
Recuerdo que Dah me dijo, “Ven hijo”, cogió mi hombro, me metió dentro de la tienda y me sentó sobre unas cajas de madera, de las que guardaban medicamentos frágiles. Y volvió a preguntarme mirando hacia el exterior de la tienda “¿Dónde está tu madre?”. Como veía la grave inflamación que tenía el ojo y la secreción que desprendía por el lagrimal, quería que la explicación más correcta se la diera mi madre. Durante aquellos días del éxodo cada vez que alguien me preguntaba por mi familia, no podía soportar la interpelación y un nudo ahogaba mi garganta y me temblaban los labios. Era la pregunta más hostigadora que he sufrido durante el éxodo. El ATS cogió mi barbilla, la levantó y fijó mi cara hacia sus ojos… y enseguida llamó a una de aquellas sanitarias españolas y le dijo que me desinfectara el ojo, que me pusiera gotas de colirio y me lo tapara con un vendaje. No había posibilidad de prestarme más atención. Había muchos pacientes más graves y sobre todo bebés desnutridos y madres enfermas.
Años más tarde supe la envergadura humana de aquel ATS del éxodo, del exilio y del refugio que me atendió en aquellas circunstancias. En los años ochenta en La Habana compartí mis estudios con uno de sus sobrinos. Y posteriormente en plena guerra en el Sahara conocí en persona a uno de sus hijos que era sanitario militar. En octubre de 1998 lo acompañé como coordinador con el programa de la Ser “Hoy por hoy”, que realizó desde el campamento de la wilaya de Smara Iñaki Gabilondo y su equipo. Aún guardo su imagen sentado, con su pipa de maneiya[4] saharaui en la mano desprendiendo un especial aroma y mirando hacia el horizonte.
La serena y segura voz de Dah en respuesta a la pregunta de Gabilondo sobre cómo recordaba la casa que había tenido que dejar en La Güera, se fusionaba armónicamente con la música de despedida del programa. “La casa la construí con mis manos y la ayuda de mis hijos y amigos… me sentaba en el portal y desde sus ventanas veía el océano Atlántico y sus olas…”. La voz de Mohamed Embarec suavemente se iba alejando del oyente como si celestialmente se marchara hacia aquella entrañable casa de La Güera que le habían arrancado.
El próximo 14 de diciembre se cumplirá el IX aniversario de su marcha, como el ATS “el médico del exilio”, Mohamed Embarec Uld Fakal-la, el ATS que en 1976 despidió entre sus brazos el histórico dirigente saharaui, el médico Buel-la Ahmed Zein. Era el único ATS que la metrópoli había dejado tras su abandono al territorio. Era el hombre que se enfrentó a las horrendas consecuencias del éxodo de la población huyendo del ejército marroquí y de su aviación. Era el hombre que curaba los heridos del napalm que usó Marruecos contra la localidad de Um Draiga. مِّنَ الْمُؤْمِنِينَ رِجَالٌ صَدَقُوا مَا عَاهَدُوا اللَّهَ عَلَيْهِ ۖ فَمِنْهُم مَّن قَضَىٰ نَحْبَهُ وَمِنْهُم مَّن يَنتَظِرُ ۖ وَمَا بَدَّلُوا تَبْدِيلًا. “Entre los fieles hay hombres que cumplieron en su compromiso con el todopoderoso. Algunos corrieron su suerte, otros esperan fieles y sin renuncias”, sura del Corán sobre el compromiso.
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[1] Acacia del desierto.
[2] Tinduf se construyó en 1852 en un antiguo emplazamiento de unos pozos llamados Tendefes, acuíferos citados por el geógrafo y viajero onubense Al Bacri y de los que se dice que desaparecieron a finales del siglo XV. El nombre de Tinduf, en lengua de senhaya significa “la acogedora”, según cuenta en su obra Angel Domenech, en “Chej Ma El Ainin señor de Semara”, sic.
[3] Planicie dentro de las fronteras de Argelia con el Sahara Occidental, que lleva en nombre topográfico Planicie setenta y cinco. Lugar donde paraban convoyes de los primeros flujos de refugiados saharauis perseguidos por las tropas de ocupación del ejército marroquí durante los primeros meses de la invasión al territorio saharaui.
[4] Tabaco natural que fuman los saharauis y los mauritanos en tres tipos de pipas, llamadas طوب Tuba, اعظم   Edaam y سكى Siga.

sábado, julio 13, 2019

Presentación de de 'La luz de cuatro velas en el Sahara' de Ali Salem Iselmu en Miranda de Ebro

“La literatura nos permite soñar con la solución de los problemas. Que lo logremos o no, ya se verá”. – Ali Salem Iselmu, autor de 'La luz de cuatro velas en el Sahara' (Ediciones Wanáfrica).
El escritor saharaui presentó su libro en Miranda de Ebro en el marco de las acciones que la Asociación Amigos del Pueblo Saharaui lleva a cabo para concienciar sobre la situación en la que se encuentran los refugiados. En 'La luz de cuatro velas en el Sahara', Ali Salem Iselmu Abderrahaman utiliza la fórmula de la narrativa tradicional oriental para hablar de su pasado, presente y futuro.

lunes, julio 08, 2019

La poesía saharaui de Salka Embarek presente en las “Lecturas poéticas para sembrar la paz en Extremadura”

*Redacción: Poemario por un Sahara Libre sobre información y fotos de Paz Extremadura Colombia. 8 de julio de 2019
Durante cuatro jornadas se han celebrado en Extremadura una serie de Lecturas poéticas para sembrar la paz «Prestadme la ternura, prestadme la palabra», en pro de la construcción de paz y los Derechos Humanos, con poetas de distintas partes del mundo: Colombia, México, Sahara Occidental, “en donde la violencia, generada por los gobiernos, reyes y mafias paramilitares, es soportada por la población civil, que lucha para lograr su libertad, su derecho a la tierra y su identidad”.
Con la idea de hacer de la poesía “una herramienta transformadora”, el festival ha acogido a la causa saharaui, que ha estado presente con fuerza en el ciclo de poesía por la paz de la mano de la poeta Salka Embarek, miembro del grupo de poetas saharauis Generación de la Amistad. La poeta y activista explicó en la rueda de prensa celebrada en Psicopompo Librería-Café de Cáceres que intenta a través de la poesía ejemplificar la lucha de la población saharaui en territorios ocupados, e invitar “a la resistencia activa y luchadora”. La poeta pretende que su palabra “sirva de estímulo a todos los que están cada día jugándose la vida” en los territorios ocupados del Sahara Occidental.
Organizado por la Plataforma Extremeña de Solidaridad con Colombia, Paz Extremadura Colombia, Asociación Ayujara y Asociación Extremeña de Comunicación Social (Aecos), el festival ha supuesto “un periplo por distintas regiones de Extremadura en las que se ha hablado de resistencia pacífica, del derecho de los pueblos a habitar sus tierras, del reconocimiento de la lucha, y en donde ha confluido la palabra digna con la expresión poética al servicio de la libertad”.
Además de los poetas internacionales Salka Embarek (Sahara Occidental), Cristina Boyacá (Colombia) e Iván Vergara (México), han participado en este festival literario los poetas María Ángeles Maeso (Soria), Rosa Lencero (Extremadura), Ángel Calle Collado (Valle del Jerte) y la actriz colombiana Erika Montoya, residente en La Vera, además del violonchelo de Mariola del Pozo.
La primera de las veladas poéticas tuvo lugar en San Vicente de Alcántara el pasado miércoles 3 de julio, donde los poetas “encendieron una luz que simboliza el fuego protector, es decir, la palabra, como alumbrador de un camino” que concluiría el sábado día 6. La siguiente lectura poética tuvo lugar en el Teatro Municipal de Zafra, el jueves 4 de julio. El tercer y penúltimo encuentro tuvo lugar el viernes 5 de julio bajo la luz de la luna y en los jardines de la piscina municipal de Casar de Cáceres; fue una velada muy emotiva y especial, en la que estuvieron presentes algunos niños y niñas saharauis acogidos por familias extremeñas dentro del programa 'Vacaciones en Paz' (Federación Sáhara Extremadura). El sábado, 6 de julio, se celebró el cuarto y último encuentro poético en los jardines del Museo Pérez Comendador-Leroux de Hervás.









lunes, julio 01, 2019

Aquel abrazo


Texto: Ali Salem Iselmu. Ilustración de Fadel Jalifa
Esta vez el escritor Ali Salem Iselmu nos regala este relato que nos lleva a pensar en las familias saharauis que siguen separadas desde 1976 a raíz de la anexión militar marroquí a los territorios del Sahara Occidental. Pero el fortuito reencuentro tras muchos años a veces redime el dolor de la separación y mitiga la sed del desterrado.
La última vez que se abrazaron, había silencio en sus manos, las lágrimas caían de sus mejillas. Aquella despedida era dolorosa e inaceptable. Pero el destino iba marcando sus pasos. Él era un notable que venía a identificar a su gente, después de muchos años de guerra. El reencuentro en aquel campamento, después de tantos años iba a ser un milagro.
Ella pensó durante su huida, que no iba a sobrevivir a las bombas, a las minas y jamás volvería a encontrar a su hermano. Su casa, el hospital donde trabajaba como enfermera y sus vacaciones en las Islas Canarias, todo eso lo había perdido. Ahora lo único que le quedaba, era rezar con su rosario y seguir nombrando los nombres de Dios. Pidiendo que vuelva a salir el sol, que el humo de los coches quemados después del ruido de las bombas, no le impida ver el cielo.
Todas las mañanas se levantaba, y con la ayuda de su nieto, salía de aquella humilde casa de paredes agrietadas, en las que penetraba el calor y el frío con mucha intensidad. Empezaba con su plegaria, pidiendo a Dios volver a encontrar a sus hermanos, a sus hijos y que el largo destierro llegue a su fin. Cogía un puñado de arena con sus manos y lo esparcía sobre su cuerpo, luego movía su cabeza hacia todas las direcciones y finalmente dibujaba un círculo imaginario sobre la cabeza de su nieto, susurrándole pequeñas frases en sus oídos. Esa era su particular forma de darle la bienvenida al día.
El nieto le acercaba un cuenco lleno de leche de cabra, mezclada con azúcar y agua, ella bebía lo justo, lo que necesitaba su cuerpo. Luego comía seis dátiles, ese era su desayuno.
Empezaba a escribir pequeñas letras sobre una tabla de madera, introducía un lápiz tintero tradicional en la mezcla de agua y carbón vegetal, y le decía a su nieto.
 ̶  Hoy hijo mío, tienes que dibujar diez letras y mañana otras diez. Ya tienes diez años y no sabes escribir.
El nieto la miraba con cierta resignación, y le decía.
̶   Abuela, yo tengo que cuidarte. Tus hermanos, tus hijos se han quedado en nuestra tierra, a la que no podemos volver.
Hijo mío, le decía ella pasándole la mano por la cabeza.
̶ En esta tabla aprendieron a escribir, cuatro generaciones de nuestra familia, incluso un bisabuelo nuestro dejó un extenso poema escrito y lo hemos ido transmitiendo de forma oral de unos a otros.
El niño entonces, dibujaba una raya horizontal, terminada con dos pequeñas rayas verticales en las puntas y abajo un punto, y gritaba:
̶  Abuela, he dibujado una B en árabe, esta es mi primera letra, la primera que he aprendido a escribir.
Así se pasaban todas las mañanas, mientras el niño tenía que traer garrafas de agua a su abuela de un depósito que estaba a unos 100 metros de su humilde vivienda.
Cuando ella terminó de rezar y encomendarse a Dios como lo hacía todas las mañanas, llegaron unos hombres en un coche y la llevaron al centro de identificación y el censo, para inscribirla.
Su hermano que era el notable que identificaba a las personas para el censo electoral, la vio entrar despacio con la ayuda del niño, tenía la vista débil y su rostro había envejecido de forma acelerada. Antes de preguntarle su nombre, abandonó la silla donde estaba sentado y la abrazó con tanta fuerza que todos en la sala se quedaron sorprendidos. Él lloraba, ella lloraba y el niño decía.
̶  ¿Quién es este hombre?
Muchos años de separación, terminaban en aquella oficina de la que él no podía salir, las autoridades no se lo permitían. Su ropa de color blanco, la mirada profunda y su determinación dejaron a todos, sin aliento, sin palabras.
Una vez que la abuela salió de aquella oficina, su hermano se sintió impotente. Algo en su interior, le decía que no iba a volver a verla, esta vez sería la última.
El niño, llevaba en sus manos el regalo que le dio su tío abuelo, una carpeta llena de libros, lápices y cuadernos. Aquel encuentro había surgido de la memoria de los recuerdos, de la fuerza del destino.

lunes, junio 24, 2019

Literatura e historia del Sáhara Occidental, en el “Café Moderno” de Logroño


Texto y foto: Ali Salem Iselmu. Blog ¿Y dónde queda el Sahara?, 24 de junio de 2019
Bajo el título “El Sáhara en La Memoria”, la Universidad de La Rioja, celebró una mesa redonda el pasado 21 de junio, en el Café Moderno en la Plaza Francisco Martínez Zaporta. La ciudad de Logroño acogió el encuentro que empezaba con el pésame al escritor asturiano José Luis Caramés, uno de los invitados que iba aportar su experiencia sobre el Sáhara. Carolina Taboada profesora de la universidad y moderadora del debate, pensó en suspender el encuentro, pero al final dijo que el mejor homenaje que podíamos hacer a José Luis Caramés era hablar del Sáhara.
En su novela “La Croqueta” José Luis Caramés Lage nos retrata “el desierto, el calor, el siroco, los cambios extremos de temperatura, el agua salubre, la soledad y los inicios de locura, la solidaridad, los camellos, las palmeras, el cielo siempre azul”, se ha ido pero su huella a través de la literatura y el compromiso han quedado para siempre en la memoria de quienes amamos el Sáhara.
El vicerrector de la Universidad de Logroño Juan Antonio Martínez Berbel, inauguro la mesa redonda reafirmando el compromiso solidario desde el mundo académico con el pueblo saharaui. Carolina Taboada le cedió la palabra al periodista aragonés Luis Granel, miembro de “la Asociación Um Draiga de Amigos y Amigas del Pueblo Saharaui en Aragón”. Luis nos devolvió a los años 70 a través de unas exquisitas fotografías que mostraban la realidad colonial del Aaiún. Por una parte, estaban los militares y funcionarios de la colonia, mientras la otra cara eran los saharauis vivían en los barrios más modestos de aquella ciudad, que había surgido en los años 40. Convirtiéndose en la capital del Sahara Occidental. Habló de su experiencia solidaria y su apoyo a los refugiados saharauis, mediante el desarrollo de huertos en la ciudad de Tifariti.
Finalmente dijo que Marruecos se había apoderado de una tierra rica en recursos naturales. Presionando y violando el derecho internacional.
Después intervino por la parte saharaui, Ali Salem Iselmu. Haciendo un especial énfasis sobre la literatura saharaui y sus orígenes. Habló del libro “La Luz de Cuatro Velas en EL Sahara” y explicó el punto de vista de los colonizados. Su lengua, sus costumbres y las raíces nómadas de su cultura.
Carolina Taboada, cedió la palabra al escritor Teo Basterra nacido en Bilbao y vive actualmente en la ciudad de Alfaro en la Rioja Baja. Él nos habló de su encuentro con el Sáhara, cuando vio por primera vez “El Muro de La Vergüenza”, entones se quedó impactado de que en el mundo existía una barrera de arena, minas y alambradas que dividía a un pueblo. Investigó y encontró bastante información en Internet, luego conoció la quema del campamento de Gdeim Izik en el año 2010. Hechos que inspiraron su novela “El Largo Invierno Saharaui” en la que comienza hablando de la ejecución de un hombre en la ciudad de Barcelona por parte del Majzén. Ese es el argumento con el que arranca la novela mediante una investigación policial sobre esa muerte.
El delegado saharaui en la Rioja Abdelahi Jalil, agradeció al público su presencia y compromiso con la situación que se vive actualmente en el Sáhara Occidental.
Literatura e historia fueron las protagonistas en “El Café Moderno” de Logroño, donde el público pudo acercarse a uno de los conflictos silenciados por los medios de información. Donde Marruecos intenta borrar la historia y la memoria del pueblo saharaui.

sábado, junio 15, 2019

Tengo fe en el tiempo


Texto: Bahia MH Awah. Ilustración: Fadel Jalifa
Cuando escribo poesía es porque hay algo imperante que me lo estimula. A veces sobreviene de la indignación y otras, simplemente en mi caso, por el hecho de llevar el peso de esa losa que sentimos los exiliados en nuestra condición de desterrados. No existe poesía sin la concatenación de hechos que transcurren de forma objetiva de una manera u otra, y que afectan en nuestra vida emocional, personal o colectiva. Escribo la poesía para dialogar en un hemiciclo donde hay muchos que me escuchan y muchos a los que les soy indiferente.
Los que tienen la conciencia abierta al dolor de los demás aplauden y los que se cierran en su reaccionario mundo, tampoco me inquietan. Dejo fluir mi sentir expresado en un verbo aprendido en tiempos del dominio colonial y las posteriores circunstancias que nos han golpeado a los pueblos que fuimos subalternos. Escribo un verso que tiene rastro y que a veces está lleno de rabia, pero también de amor y paz. Vallejo afirma que «no hay cifra hablada que no sea suma». 
En este contexto “Tengo fe en el tiempo” es resultado de una profunda reflexión y suma de muchas circunstancias que nos tocó vivir a los saharauis en nuestro proceso sociopolítico. Dialogar con la historia es saldar deudas que los individuos deben a sus procesos sociales y políticos. Aportes a la biblioteca nacional que inmortalizan a los y a las que pueden ser recordados en la memoria colectiva de cada pueblo. En este sentido, y como ejemplo es bueno recordar que en noviembre de 1975 el dirigente saharaui, y poeta anónimo, Uld Haidug, convencido de su paso por la historia, constataba ese pensamiento. Un gigante que vivió poco tiempo y dejó marcadas sus huellas en la historia. Él sí que existió.
يلخاوى زدون تدريب        و املي زدون فكر
لهي نمشو عنكم قريب     و انخلو موران ذكر
Oh, hermanos argelinos,
dadnos más enseñanza
y también más ideas.
Pronto nos marcharemos
y atrás dejaremos recuerdos.
Estos versos los encontré mucho después de escribir “Tengo fe en el tiempo” y me di cuenta de lo premonitorio del verso saharaui en nuestra vida, los que fuimos desterrados.
Me resulta difícil imaginar cómo se explica la poesía, salvo en su recitación o performance. Estos días revisando mi cuenta de Facebok [Libros de Bahia Mahmud Awah] me encontré con un video performance que el autor Blas Vicente Beltran Marmol tituló Mis composiciones. En poco más de dos minutos recorre el poema con un formato de imágenes y sonidos de lo más acertado en su interpretación sobre “Tengo fe en el tiempo”. Y pensando en los que no creen en los principios sólidos he querido compartir y disfrutar con el lector este Video-Poema. Muy agradecido. 

sábado, junio 01, 2019

El helicóptero de la ONU


Por Chejdan Mahmud
… Tayara tarat tarat[1]
… shofu shofu ya salam
Cada vez que resuena el zumbido estruendoso del helicóptero de la ONU, salen mis hijos corriendo para avistarlo y gritan en voz alta y saltando, el avión el avión y en seguido mi hija, que es la más pequeña, empieza a cantar la canción del avión.
… Tayara tarat tarat
… shofu shofu ya salam
Es inevitable esta escena cada vez que viene y cuando se va el helicóptero blanco de la ONU. Nosotros muchas veces nos sumamos a dicho jolgorio y otras veces nos quedamos en la penumbra de la jaima observándolos y siempre se nos salta una que otra sonrisa y, en otras ocasiones somos nosotros los que les advertimos que se oye a lo lejos el ruido del helicóptero, que, claro, para ellos es un avión, hasta el insecto que merodea por la lámpara es un avión.
Nosotros estamos afincados a quinientos metros de la sede de la ONU, donde aterriza cada dos o tres días el helicóptero que trae las provisiones a dicha sede. Nos separan de la sede de la ONU, el imponente “rio Miyek”, y al fondo de todo, se yergue el majestuoso “galb[2] Miyek”, como señor, omnipotente y omnipresente.
“Galb Miyek” es alargado y muy alto, pero de donde quiera que lo mires tiene la misma forma, es algo mágico, sus dos puntas, la este o la oeste, nunca desaparecen a la vista, sea cual sea el punto cardinal en el que te encuentres. Al amanecer, es un espejo, limpio, transparente y mágico a la vista, puedes estar horas observándole sin apartar la mirada. Mediado el día, se convierte en áspero, bravuco y hasta amenazante, con su falda de arena luminosa que desafía a la vista y su cima  pedregosa que enseña sus dientes afilados. Al atardecer, Miyek, ya no es bueno, inspira miedo, se reconvierte en monstruo, que escupe calor o frio, depende de la estación, y salen sus fantasmas que ladran sin estupor, y, cuando se adentra la noche, su silueta se convierte en el fantasma más temido que exista.
Galb Miyek, es un guardián temible que genera riqueza a su alrededor. Los saharauis campan a su alrededor, en busca de amparo y en busca de riqueza, porque, a su sombra crece agua y crece vegetación, todo lo que necesita un nómada.
Pero Miyek también es un rio, un rio gigante y caudaloso, sin agua, pero parce que siempre está ahí. Sus árboles frondosos verdes y ramas gruesas y largas, parece que te quieran ahorcar o azotar sin remedio, sus arenas movedizas son trampas y, si no andas con cuidado, te pueden tragar hasta el cuello y luego los millones de bichos que lo habitan, terminan la faena. Miyek, es largo y ancho, aunque no tenga agua, solo se puede atravesar por los puntos señalados y de manera rápida, porque, sus trampas no tienen fin y tampoco tienen amistad  o predilección con nadie.
Miyek, es gal, es rio y es región, todos bastos como el cielo que les cubre.
También Miyek es sinónimo de Tiris, esa región saharaui, lejana en el tiempo y en la distancia. Es amada y querida por todos los que la conocen, sin distinción, los pastores de Mauritania y los autóctonos saharauis, la aman por igual. Quien conoce a Miyek y conoce su valor, le mima, le canta, la ofrece al sediento al hambriento y al de paso. Sabe que su valedor es Dios y y la ha dado al hombre, sin distinción, es tierra sin dueño y sin amigo, solo tiene amantes y nostálgicos cantores.
El helicóptero de la ONU, sobrevuela Miyek cuando viene y cuando se va, aunque no le guste a nadie que otros tengan privilegios sobre su propia tierra y montañas.
Y ese helicóptero que trae víveres y material a la misión de la ONU, trae también personas y las lleva, personas non gratas y privilegios no aceptables. Nadie quiere a la ONU, ni su helicóptero, ni muy de lejos, sus potentes focos de luz que no se apagan ni de día ni de noche.
Esa especie miniciudad en medio de Miyek, que rompe con todo, es un oasis de la modernidad en medio del desierto y en el corazón de Miyek. Sus vehículos todoterreno con sus ruedas especiales y nuevas, se jactan de la vida sedentaria de las gentes de Miyek.
La miniciudad de la ONU, que, por la noche se avista a cientos de kms, no es más que un despropósito que no tiene nombre. Parece una nave extraterrestre estacionada en la nada y sus tripulantes hablan una lengua ininteligible y visten una ropa arrogante. A veces la gente se distrae en sus menesteres y olvidan que existe ese monstruo vivo e ineficaz que tienen de vecino, pero es imposible, cada dos días o tres, el helicóptero de la ONU, ondea sus hélices en el cielo nuevamente, y mis hijos salen corriendo de la pequeña jaima a tararear su canción. Al fondo, en la sombra, nos reímos, porque nuestros hijos ya aprenden a hablar y cantar con fluidez en su lengua materna. De momento, la ONU y su helicóptero invaden nuestra tierra y nuestra vida, de forma ininterrumpida, en contra de nuestra voluntad.
Mi primo es combatiente de la región militar de Miyek y en una ocasión me comentó que su fusil siempre apunta al cielo.              
Me quedé pensando en aquel instante cuando me lo dijo. Años más tarde, cuando visité Miyek, recordé sus palabras, pero no estoy seguro de lo que quiso decir. Quizás, si yo fuera militar y las dijera, lo tenga muy claro e incluso, una bala no se pierda en el infinito.
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[1] Vuela y vuela el avión, mirad qué paz.
[2] Montaña en hasania o hassaniya, lengua hablada en el Sahara Occidental y Mauritania. Un híbrido de la lengua senhaya, zenaga africana y el árabe clásico.