sábado, noviembre 16, 2019

Inauguración de la tienda online Um Draiga con literatura saharaui en español

Atención a los lectores de literatura saharaui en español. Se trata de varios libros de poesía y prosa de la Generación de la Amistad Saharaui editados por Um Draiga (Amigos del Pueblo Saharaui de Aragón).
UM DRAIGA
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La fuente de Saguia, La música del Siroco, Um Draiga, Un beduino en el Caribe, (Generación de la Amistad Saharaui)La fuente de Saguia, La música del Siroco, Um Draiga, Un beduino en el Caribe
“La música del Siroco”, libro de poemas de Ali Salem Iselmu
La música del siroco es la música del alma cuando peregrina ajena a la realidad y en la fusión de los sentimientos renace para arrancar al aire la arena y esparcirla en pequeños versos que desbordan la conciencia, es allí cuando cala inmersa y se sumerge para hundirse en cada uno que la adopta como suya.
Es tan profunda una duna como un poema o una canción que entra en nuestros cuerpos y desaparece como lo hace el siroco cuando se funde con el agua, la palabra es belleza cuando la elevamos al orgasmo del verso y es allí donde vuela inequívoca y desafiante para brotar de nuestros labios.
Dejemos que la palabra acompañe a la imagen y desde el exilio de cada uno seamos capaces de sentir el movimiento de los ojos cuando besan el espejismo del desierto.
“Um Draiga”, antología de poesía saharaui en español. Generación de la amistad saharaui
Este libro pretende ser un homenaje a las víctimas de Um Draiga y a los poetas saharauis que desde su poesía consiguen emocionarnos y acercarnos su cultura.
No podemos olvidarnos de los saharauis que viven en las zonas ocupadas del Sáhara Occidental y que con el ejemplo de su Intifada pacífica nos anima a seguir luchando por un Sáhara Libre con las únicas armas que tenemos: la verdad y la justicia.
“La fuente de Saguia”, relatos saharauis en español. Generación de la amistad saharaui
Un niño que perdió la vida corriendo hacia la vida, un buscador de dromedarios bondadoso en el inhóspito desierto, las travesuras de unos niños en el internado o las dificultades de un inmigrante al que llaman extranjero, cuando en el Sahara al extranjero se le llama huésped, son algunos de los relatos que habitan estas páginas.
Relatos que hacen reír, reflexionar, o que provocan alguna lágrima, relatos con historias sorprendentes.
La fuente de Saguia nos ofrece historias para conocer el Sahara de la mano de ocho escritores saharauis que nos acercan al sufrimiento y la esperanza de este pueblo hermano que pretende seguir escribiendo su propia historia.
“Un beduino en el Caribe”, relatos de Ali Salem Iselmu
“Ali Salem nos ofrece una crónica de su vida con las sencillas palabras del poeta y el análisis del periodista que es y nos retrata su mundo desde la infancia que sesgó la guerra hasta nuestros días, pasando por la vida y la historia de los pobladores del Sahara, sus sueños y sus desgracias. Hoy los niños siguen corriendo y gritando y llorando y riendo… y el siroco sigue soplando. Y aquel niño sigue en el exilio”. Prólogo de “Un beduino en el Caribe”, de Mohamed Salem Abdelfatah Ebnu.

viernes, noviembre 15, 2019

El último erudito del cielo


Texto: Ali Salem Iselmu. Ilustración: Fadel Jalifa
Cuando lo vi estaba temblando de frío, tenía la cara cansada después de una larga noche en la que se quedó sólo sujetando las cuerdas de la jaima, en aquella tormenta de arena.
Él conocía de memoria cada estación. Sabía que la estrellas cuando caían inclinadas al sur, anunciaban los vientos del Este que solo traían una arena oscura y espesa en la que nadie podía orientarse.
Cuando él perdía toda esperanza en aquel cielo, que había salvado a sus antepasados, entonces acudía a las palmeras de los oasis y empezaba a rezar con las manos abiertas, buscando milagro en el Este, sin olvidar nunca los vientos húmedos del Sur. Aquellos que traían el olor del agua y hacían correr a los animales, cuando intuían que una nube salvadora se precipitaba de aquel cielo lleno de colores enigmáticos.
En aquella confusión de nubes y tormentas, él miraba con la mano izquierda apoyada sobre su frente, haciéndole una pequeña sombra. Dirigía sus ojos al sur-este, oteaba el horizonte una y otra vez. Sabía que no podía equivocarse.
De su mirada dependía la vida de aquellos hombres que habían aprendido a observar e interpretar el cielo, pero él tenía la última palabra, el primer paso de aquella estirpe de hombres y mujeres.
Un error le suponía la vida o la muerte. Empezaba a caminar descalzo sobre la fina arena. Cuando se sentía perdido e inseguro. Cogía con su mano derecha un cuenco y bebía, hasta llenar su boca. Miraba al Este y expulsaba de sus labios un chorro de agua[1], para detener el viento de arena.
Él era el guía, el hombre que conocía la sombra de los árboles y el brillo de las estrellas. Sabía distinguir cada estación.
Cuando cesó la tormenta, observó los pequeños montículos de arena que se habían formado alrededor de los arbustos. Sabía que no estaba perdido.
Un viento suave y húmedo empezaba a soplar, los animales caminaban decididos. Sabían que aquel viento había dejado sobre la tierra pequeñas charcas de agua.
El bochorno desaparecía del cielo, un sol de color intenso anunciaba el fin de la estación de verano.
Después de la tormenta de arena, la lluvia volvía a penetrar en la seca tierra dándole vida. El último sabio del cielo, volvía a colocar su turbante sobre su cabeza, tapando sus labios. En su mano derecha llevaba un rosario que movía suavemente con sus dedos, mientras iba recordando los años de lluvia y sequía.
Su estirpe de la que aprendió los colores del cielo, las gotas de agua y los granos de arena, le había encomendado un último deseo, seguir descifrando las huellas que dejaba el viento sobre la tierra.
Ese año, se advertía en sus ojos pintados de rojo. Es el año en que el agua volvió a correr sobre las dunas, deteniendo el feroz viento de arena y salvando al último erudito del cielo. Cuando él empezó a respirar el aire húmedo tocó la arena mojada, miró a su alrededor y con tono pausado dijo:
– Aquí acamparemos, este será el año de la hierba Etmara[2].
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[1] Tradición entre los nómadas saharauis cuando veían el peligro de un vendaval que avanzaba hacía sus jaimas. Llenaban la boca de agua y la escupían hacía la dirección desde donde le venía las tormentas del siroco para desviarlas o detenerlas.
[2] Hierba que da nacimiento a una flor blanca. Cuando se seca, se convierte en una costra de espinas.

martes, noviembre 12, 2019

Poema del escritor y poeta saharaui Ali Salem Iselmu en recuerdo y homenaje a Badi Mohamed Salem

Isabel Gomes, Juan Carlos Gimeno, Badi Mohamed Salem y Ali Salem Iselmu, en la jaima de Badi en el exilio 2016
Poema del escritor y poeta saharaui Ali Salem Iselmu en recuerdo y homenaje a Badi Mohamed Salem, erudito y poeta saharaui que se marchó para siempre el pasado sábado 9 de noviembre de 2019 en su largo exilio en Argelia.
Badi, el poeta del viento de arena.
Cuánta sabiduría,
había en sus ojos
el dromedario blanco del Tiris
el jinete que buscaba
la sombra de la acacia.
Él conocía las raíces
de la pequeña duna
que abrazaba
el tronco del solitario árbol.
Sus manuscritos
su leve sonrisa,
su palabra profunda.
Auserd, Dumes y Dajla,
te lloran.
Poeta del viento de arena,
de la nubes del sur,
Tiris te espera
en el interior de Leyuad.
Te canta el agua
de los Achguig[1]
Badi, turbante negro
darra[2] azul
melena de versos,
no te has ido.

Las montañas del Tiris
esperan las palabras del poeta
que conoce
el olor de la arena,
la música del viento,
cuando sopla
de los acantilados blancos
del oeste.
Badi, el verso en hasania[3]
la metáfora de la nostalgia,
te has llevado contigo
los secretos de la badia[4].









[1] Agua de lluvia que se forma entre cavidades de unas rocas en la falda de una montaña o en el lecho de un río seco.
[2] Túnica larga que usan los hombres en el Sáhara Occidental y Mauritania.
[3] Hibrido de lenguas africanas de Senhaya y árabe clásico que se habla en el Sáhara Occidental y Mauritania.
[4] Lugar donde hay agua y pasta donde viven los nómadas.

sábado, noviembre 09, 2019

Ali Salem Iselmu, escritor saharaui: “Los protagonistas de mi libro van de exilio en exilio”

El escritor saharaui anima a conocer mejor la literatura africana, sin fijar estereotipos previos
*Fuente: La Nueva España. M. J. I. 07.11.2019. Foto: DUNAI PEDROUZO
"Los protagonistas de mi libro van de exilio en exilio y buscan un lugar al que llegar". Lo dijo ayer en el Club Prensa Asturiana el escritor saharaui Ali Salem, autor de "La luz de las cuatro velas del Sahara".
Salem, que participó en la mesa redonda organizada con motivo del Día de los escritores africanos, que se celebra hoy, animó a los lectores a conocer mejor la literatura africana, sin fijarse estereotipos. Inmaculada González Carvajal, presidenta de la Fundación El Pájaro Azul, destacó que Asturias es, junto con Cataluña, la única comunidad de España que se une a la celebración. Vicente Montes, experto en literatura francófona, destacó la calidad de la obra de Ali Salem.


viernes, noviembre 01, 2019

El tidinit y la africanidad saharaui


Texto y foto: Bahia Mahmud Awah
El componente cultural es uno de los elementos antropológicos que resulta diferenciador para el Sahara con respecto a otros países del norte africano, como Marruecos, Argelia, Túnez y Libia. Hago hincapié en la lengua hasania y su literatura, la vestimenta africana la darraá[1], la melhfa[2], la música houl o El houl[3] y sus instrumentos, el tidinit[4], el ardin[5] el tabal[6] y la neifara[7].
Sin embargo, la presencia de estos rasgos en algunas geografías transfronterizas se ha convertido en un puente de unión entre África del Norte y África subsahariana. Estos rasgos culturales específicos de la cultura saharaui y mauritana son un nexo donde convergen varias culturas, la árabe, la africana y la hispana, esta última con la introducción de la guitarra española en la música saharaui en el siglo XX.
El clásico griot mauritano, Sidahmed Uld Ahmed Zeidan, nacido en la región de Tembedgha en El Haud Eshargui de Mauritania en 1945 y conocido como uno de los grandes clásicos de la música tradicional hasaní, explica que el tidinit tiene su origen en el laúd árabe original y fue creado por el músico iraquí Ishagh Almufsali. Más tarde este instrumento pudo llegar a la música del África negra a través de un discípulo de Ishagh llamado Zariat.
El tidinit está considerado entre los grandes clásicos de la música mauritana como “símbolo de la historia” para las culturas hasaníes, es decir Mauritania y el Sahara Occidental, porque era su voz de arenga patriótica ante las gestas y epopeyas que cantaban los igauen[8] y los juglares para ensalzar a los bravos guerreros anticoloniales y en épocas de batallas intertribales.
El tidinit tiene cinco cuerdas, denominadas تشبطن tishibten. Según cuenta Uld Ahmed Zeidan en sus orígenes tenía cuatro cuerdas y el propio Ishagh Almufsali fue el que añadió una quinta cuerda de color rojo elaborada de seda, a la que llamó  وتر الدم wáter Edam, “cuerda de sangre”. Esto sucedió durante la época de los  العبسين Abasies, finales del mandato del califato de Harun Arashid años 786–809.
En 1969 el clásico del houl hasaní, el mauritano, Cheij Uld Abba emprendió una gira por algunos enclaves del Sahara Occidental, aún bajo dominio español, y en un concierto en la localidad costera de El Aargub, el poeta saharaui Ahmed Baba Uld Budbuda Uld Abdelaziz, bisnieto del sabio Chej Mohamed Elmami, le improvisó en pleno recital estos versos, impresionado por la voz del griot y el toque de su tidinit. Versos que fueron inmortalizados por el clásico al ser musicalizados, y que han sido memorizados durante generaciones, tanto en el Sahara Occidental como en Mauritania.
تدنتك و اردين زين     و الردات امعها
والل بعدن بعد اخلين         يلوما كلنها
Bellos son tu tidinit y ardin,
hermosa  es tu voz,
y no me resisto a expresártelo.
En mayo de 2016 en los campos de refugiados saharauis tuve una charla con el poeta y erudito Salma Brahim, alias Belgha. Conversando en su jaima sobre la cultura e identidad de los saharauis como pueblo que la bibliografía colonial y su vecino del norte intentaron desdibujar a pesar del innegable argumento de su existencia como pueblo afro-árabe, Belgha me dijo:  “Cuando investigamos la historia de los saharauis como pueblo e identidad que existía mucho antes de que España ocupara el territorio, debemos saber el por qué los saharauis han vivido siete siglos en jaimas; siete siglos hablando hassaniya, hasnia, como su lengua y durante siete siglos su medio de transporte era el camello. Esto tiene alguna razón”. (Belgha, 2016)
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[1] Vestimenta del hombre saharaui. Atuendo de procedencia de los países del África negra.
[2] Vestimenta de la mujer saharaui y mauritana. Túnica de procedencia africana.
[3] Música de la cultura de las sociedades hasaníes en el Sahara Occidental y Mauritania. El nombre igual procede de las lenguas africanas de senhaya o zenaga.
[4] Instrumento tradicional de la música El Houl saharaui y mauritano, de origen arabo-africano, solo es tocado por el hombre.
[5] Instrumento de cuerda tradicional que combina cuerdas y tambor usado exclusivamente por la mujer, tiguiuit.
[6] Tambor fabricado artesanalmente de un árbol africano y cubierto por cuero curtido del camello. El tambor sus laterales suelen ser repujados con distintas geometrías de la artesanía tradicional de las escuelas de Tiris y Chengueti.
[7] Instrumento tradicional de viento, se trata de una flauta de uso pastoril en la cultura saharaui y mauritana.
[8] Plural de iguiu, cantante griot de la música houl en el Sahara Occidental y Mauritania.

martes, octubre 15, 2019

Sueños del exilio


Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista reflexiona en verso desde los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia. Ilustración: Fadel Jalifa
De esta reflexión en verso que surge desde el largo exilio que padece el alma del desterrado, caso del poeta Mohamidi y de los saharauis, quiero detenerme a pensar en lo escrito por Edward Said: “El exilio no es, después de todo, una cuestión de elección: uno nace en él y le sucede a uno. Pero dado que el exiliado se niega a mantenerse al margen de sus heridas, hay que aprender cosas. Él o ella deben cultivar una subjetividad escrupulosa (ni indulgente ni malhumorada)”.
Sueños blancos durmientes
en los párpados de la noche, temerarios,
delirantes, esgrimiendo las notas de un bohemio.
Despertar de trincheras a solas,
clamando los estribillos de granizos.
¡Ilusionistas héroes entristecidos!,
fuera de las horas de fulgores
con destello de candiles.
El dolor comulga en los tiempos,
aún sin miedo.
El borde del limbo se presta
con murmullos de sujetos desconocidos.
Océano muerto en el influjo
de lejanas olas desérticas con muros.
Un tambor de regocijo
colapsa el temblor de una tímida sonrisa.
Los balcones siguen llevando tu nombre,
y las grietas esconden una melodía
de violín enloquecido.
Corazón mudo ligado a la soberbia,
caldea inquieto el universo.
Tras amaneceres,
rayan los cielos de un día sin prisa.
Pincelada gris que oculta el rostro de la luna.
El barro retracta la frialdad en el nido,
sumando recuerdos despiertos,
y otros que han sido despedidos.

martes, octubre 08, 2019

Regreso


Surgirán preguntas sin respuestas. Veremos morir la vida, recordaremos a los que ya no están y dejaremos las maletas en la frontera. Entraremos limpios de penas y agravios, con la mirada puesta en el horizonte del oeste. Quizá una lágrima nos avise que estamos regresando, los años no han pasado en vano, somos gigantes en un mundo de hipócritas y el cielo sigue siendo hermoso aunque estemos desnudos. Comenzaremos de nuevo, aprenderemos a caminar y olvidaremos el dolor. El largo viaje terminará y sabremos que en el desierto manchado de sangre volveremos a sonreír en la mirada de los niños, que serán el futuro. Quizá oiremos en un susurro, la voz y las risas de nuestras madres. Flotará en el aire alguna canción de Mariem Hassan, animándonos a seguir luchando.
Bachir Ahmed Aomar.
Bojador, 2 de octubre de 2019

domingo, octubre 06, 2019

Nouakchott, la ciudad de las incógnitas bibliotecas

Texto y fotos: Bahia MH Awah 2019

Dice el proverbio hasaní
 امشي الين اتشوف ابعينك“viaja y lo verás con tus propios ojos”, en el mismo sentido de aquella expresión de la epopeya de Roma pronunciada en latín por Julio Cesar tras volver victorioso de la Batalla de Zela, librada en el año 47 a.c: Veni, vidi, vici, que expresa “Vi, vine y vencí”. Ambos aforismos me introducen a este texto sobre mi viaje a Nouakchott, la ciudad refugio de bibliotecas y bibliófilos hasanófonos. La primera vez que visité a esta ciudad fue en el verano de 1994, cuatro años después del acuerdo del cese el fuego en el Sahara Occidental. Entonces conocí una ciudad detenida en el tiempo donde la vida latía a su particular ritmo entre el mar y el desierto africano. Debo confesar que aquella visita para mí fue ocasional. Me he criado en una sociedad genuinamente beduina, atenta a todo cuanto le rodea. Sin embargo, en aquel viaje aún ignoraba los procedimientos metodológicos y herramientas que acompañan un antropólogo cuando va observando un sujeto desde su condición de objeto de estudio.

En mi apartamento redactando mis impresiones para la crónica "Nouakchot, la ciudad de las incógnitas bibliotecas" 
En septiembre de este año 2019, tras veinticinco años, he regresado a Nouakchott por cuestiones de investigación y encuentro familiar. Todo ha sucedido en un momento en el que estoy entregado al trabajo de mi tesis doctoral; condición que me obligaría a estar más atento a todo proceso que observaran mis ojos y oyeran mis oídos, cumpliendo la virtud del beduino “atento a todo cuanto le rodea”, una peculiaridad cantada en versos que atribuyen al amir de Adrar, Sidahmed Uld Ahmed El Aida, y también al beduino poeta saharaui Omar Uld Mreizig.
عيشتي في الساحل بطيش           اتمر ؤ ورك انيش
بالق الكمح ؤ دهن الريش       و افاك المزازي (...)
Mi vida en el Sahara es gozo
me alimento de tishtar[1]
dátiles,
hojas de anish[2],
feliz reboso de trigo,
rica manteca de avestruz
y olor al orín del mazazía (…)
Mi viaje fue de esos que se dan cuando menos están previstos, aunque en mis instintos de persona inquieta siempre ha estado muy presente en mí la vuelta a Mauritania. Un periplo en el tiempo de esos que resultan muy fructíferos, donde se cosechan saberes, se descubren procesos invisibilizados y se revelan cualidades humanas. En esta ocasión he podido conocer anónimas personalidades de las letras hasanófonas mauritanas y saharauis que velan por tutelar de manera familiar y anónima relevantes obras del registro del pasado cultural e histórico, tanto de Mauritania como del Sahara Occidental. 


Sin este viaje no me hubiera sido posible llegar a conocer interesantes datos sobre lo incógnito de esa ciudad, en el contexto que decía el místico poeta anticolonial saharaui Bahia Uld Mohamed El Alem, tras un viaje a lomo de camello que le llevó a compartir evidente experiencia con los hijos del sabio y teólogo Chej Malainin, El Heiba y Mohamed Laghdaf, a principios del siglo XX.
Retrato del poeta Bahia Uld Mohamed El Alem, del pintor Fadel Jalifa
هيبتنا بعد ؤ محمد بلعينين                 امعايل مسند للقلذ ؤللدين
نعرفهم كنت امخابرهم  وابذ           يشهد لمجاورهم و امخابرهم
في السفر عيل معلومين                           فقد سافرت معاهم
A nuestro Heiba / y a Mohamed Ben Malainin/ innegables mozos eruditos, / fuentes de generosidad y de devoción. / A ellos les conocí y / con ellos me relacioné, / y esto lo atestiguan / los que fueron sus vecinos / y los que con ellos / compartieron saberes. / Si viajaras junto a ellos / observarás que son / gentiles y magnánimos mozos.
               Volviendo al aforismo hasaní امشي الين اتشوف ابعينك “viaja y lo verás con tus propios ojos”, debo decir que vi una nueva vieja ciudad, de esas que no fueron heredadas del periodo colonial, sino surgida del tiempo posterior a la independencia del país. Una villa cuyos orígenes me llevan a los prolegómenos de Ibn Jaldun, en su concepto Al Hadara Albadawiya,  الحضارة البدويةla civilización nómada. Una parte de la historia de Mauritania que representaron y registraron las seis امرات imarat[3] que existieron sin núcleos urbanos, como Imaret Oulad Embarec, Imaret Trarza, Imaret Ida Wi Ish, Imaret Lebrakna, Imaret Mashduf e Imaret Oulad Yahya Ben Ozman. O en el caso del Sahara Occidental con دولة البادية Dawlat Albadía, el País del Nomadeo, entidad política pantribal precolonial que estudió el sabio saharaui Chej Mohamed El Mami en su obra Qitab Albadia.
Nouakchott para el inquieto observador es una ciudad recóndita que no pasa desapercibida; una urbe horizontal caótica con visible rostro del pasado y del presente. Huérfana del origen del que emergieron las antiguas ciudades, sin alcazaba ni un casco viejo donde buscar el pasado de la ciudad. Tampoco se asienta sobre lujosos barrios que habrían surgido de un posterior proceso de modernización urbana, simplemente es heterogénea y se extiende a la horizontalidad en su espacio donde socialmente coexisten africanos bidan[4], negros, ricos y pobres.

Librería Al Islah, una de las más antiguas de Nouakchott
Sin embargo, al pasear por las calles de Nouakchott uno podría percatarse de un cierto equilibro, donde la pobreza y la riqueza en paz y armonía se mezclan en el polvoriento y húmedo ambiente que domina el calor desértico tropical de los meses de agosto y septiembre; un antagonismo climatológico que subsiste y dialoga entre las costas del Océano Atlántico y los límites del gran desierto saheliano del África. Y cuando uno conversa con los apacibles habitantes al son del ritual اتاي té cargado del aroma de انعناع naana[5] se le desprenden muchas incógnitas sobre el origen de una nueva ciudad que tiene sus inicios en la memoria de los viejos habitantes que la vieron nacer de la nada. “En los años sesenta de la independencia del país, recuerdo que el gobierno y la Asamblea, parlamento, montaban jaimas para hacer sus sesiones. Solo había un pequeño edificio donde se alojaba el presidente Mojtar Ould Dadah y su esposa”, afirmaba uno de mis familiares que fue funcionario e intérprete en la primera infraestructura de esta antigua y reciente nación africana. “Francia no dejó construido nada en absoluto para este país”. La misma lacra del pasado colonial que advirtió Frantz Fanon a los dirigentes poscoloniales, “Muchos de los africanos aprendieron que esa lucha para la libertad, la democracia y los derechos humanos son llevadas contra los gobernantes del orden neo-colonial que los protege, los utiliza para robar los recursos y los descarta cuando ya su tiempo se acaba”.  Sin embargo, parece que estos últimos años el país ha ido progresando hacía un mejor futuro para sus habitantes.

De izquierda a derecha el antropólogo Juan Carlos Gimeno de la UAM, Mohamed Uld O. Uld Awah exinterprete de la independencia de Mauritania y Bahia MH Awah
Durante mi estancia en el barrio Tafragh Zeina, “La vida acaba y es bella”, nombre que denota parte de la idiosincrasia de la cultura hasanófona saharaui y mauritana, descubrí las puertas por donde acceder a un sujeto en estudio. En este distrito me alojé en el acogedor hospedaje Maison Jeloua, donde tuve la ocasión de conocer investigadores mauritanos a través de los que pude revelar lo que esconde Nouakchott, desde la existencia de milenarias bibliotecas familiares y cofradías que con sumo entusiasmo aún cuidan y mantienen amorosamente familiares descendientes directos de sabios y de eruditos de siglos atrás.


Marta Cabré, una antropóloga que lleva varios años trabajando en el país saheliano, siempre generosa, me propuso visitar una biblioteca personal, y sin dudarlo enseguida acepté, partiendo del proverbio saharaui المئ ما يرتفد منو لعوين es decir “del agua no te limites a llevar lo suficiente”. Antes había oído en más de una ocasión en la British Broadcasting Corporation, más conocida con las siglas “BBC” de Londres, en sus emisiones lengua árabe afirmar que “Mauritania es el país del millón de poetas”. Un dato subjetivo que también induce pensar en la existencia de miles de bibliófilos omitidos en ese país, desde herederos de sabios, eruditos, morabitos, poetas hasta de emires guerreros anticoloniales… Especial mención para el bibliófilo Ahmed Mahmud Ould Mohamed, alias Yamal, vinculado a la Cellule BIBLILMOS Mauritanie, con quien mis compañeros y yo tuvimos la suerte de conversar. Pude visitar su biblioteca que es un auténtico fondo patrimonio de la hasanofonia y compartir una distendida charla al son del té y la degustación de la recolecta del apetitoso teglaa[6] de Elgueytna[7] racimado en julio de ese mismo verano. 



Este amante de los antiguos manuscritos atesora en la segunda planta de su casa, cientos de volúmenes de antiguos fondos bibliográficos, libros y manuscritos que integran parte de ese registro ancestral de la historia de ambos pueblos, mauritano y saharaui. Tratados de los sabios de ambos pueblos que el pensador y politólogo ghanés Ousmane Kane define en su obra “África y la producción intelectual no eurófona” como “La biblioteca nacional africana”, esa de autor africano no eurófono que ha sida omitida por la bibliografía colonial.

Mohamed M. Yamla; Bahia MH Awah, Marte Cabré, Lopez Alberto Bargados, Quique Bengochea y Abdelkader
Los fondos de la biblioteca se componen de obras de casi todos los eruditos y sabios mauritanos y saharauis de los siglos XVII al XXI. Fondos que integran desde manuscritos originales de la literatura aljamiada de hasania y obras producidas en árabe clásico, incluyendo la producción de autores saharauis y mauritanos contemporáneos. Las estanterías de la biblioteca de Yamal rebosan cuidadosamente relevantes reliquias encuadernadas con pieles y decoradas con cuadros de dibujos geométricos tradicionales en colores rojos, amarillos y verdes, de las escuelas de la artesanía del Tiris saharaui y del Chenguetti mauritano.
 Todos ellos son manuscritos y se trata de obras casi descatalogadas en la memoria colectiva de la hasanofonía. Me llamó la atención que algunas de esas obras son expuestas en librerías de la ciudad a un reducido coste, cuando tenían que rozar el precio de un tulipán en la Constantinopla de aquellos siglos. Grata sorpresa y a la vez perplejidad cuando, por recomendación del antropólogo mauritano Abdel Wedoud Ould Cheikh, visité las librerías del zoco المرسى Almarsa en compañía del antropólogo Juan Carlos Gimeno Martin y pude adquirir el tratado sociológico كتاب البادية, Qitab Albadia yدوان محمد ولد الطلب اليعقوبي  la antología poética del clásico tirseño Mohamed Uld Tolba, sin el desorbitado precio que  alcanzarían en Occidente, lejos de nuestro alcance.

Libreria Al Islah, una de las mas antiguas de Nouakchot, en mis manos un ejemplar de la obra Antología de Mohamed Uld Tolba
En la biblioteca de Yamal mientras charlábamos un grupo de amigos en compañía con su hermano, Abdelkader, hubo un momento en el que no pude resistir a echar una ojeada, y me levanté para observar las estanterías de libros y objetos de la antropología de la cultura africana que llenaban el acogedor espacio. Pude ver objetos y fotos de incalculable valor posados en las estanterías y paredes de la biblioteca que atrapan el ojo del observador. Bien organizados y clasificados por secciones, descubrí una estantería con el rótulo “Sahara Occidental”. Me detuve en ella y pude ver las dos obras del difunto diplomático e intelectual saharaui Mohamed Fadel Uld Smail, entre otros autores. “¿Cómo has podido reunir todos esos importantes fondos bibliográficos?” pregunté a Yamal, quien me respondió, “Desde mi infancia tuve especial amor y obsesión por el libro, los objetos de arte, todo lo que se relaciona de cerca o de lejos con el país y el espacio sahariano. Y debido a eso, mi desafío fue recolectar, archivar y mantener cualquier registro bibliográfico y objetos de la antropología cultural que caen en mis manos”. Y concluyó, afirmando con sosiego, “Y gracias a Dios al realizarme en mi vida profesional, pude cumplir gran parte de mi sueño, tener todo esto aquí". No es extraña la vinculación de este bibliófilo y su relación con el saber y los libros. Yamal resultó ser descendiente del sabio saharaui fundador de la primera universidad itinerante del Tiris, Chej Mohamed Uld Mohamed Salem, muerto en 1884 en Tiris, más concretamente en el monte Dumes.


Librería de los hermanos descendientes del sabio y erudito Mohamed Uld Mohamed Salem, Yamal y Abdelkader
En cuanto al uso de este espacio privado, Yamal, me comentó “Esto es una biblioteca café para los amigos a fin de reflexionar e intercambiar opiniones y saberes de forma general. Interactuamos con préstamos con el objetivo de dar a conocer el patrimonio cultural, la historia y los antiguos manuscritos”. Tras la interesante velada con Yamal y su hermano nos despedimos con la intención de no dejar de volver a visitarle.
Una noche en el acogedor patio de Jeloua, donde las mesas desbordan la vista con sus agradables manteles de vivos colores africanos, me senté a conversar con el antropólogo mauritano Abdel Wedoud Ould Cheikh, persona con la que tuve especial sintonía desde el primer día que nos presentamos en Nouakchtt y también porque seguía su trabajo intelectual de mucho antes. Esa empatía puede deberse a que es el único antropólogo que tiene Mauritania, aunque reside en Europa, y porque él se declara de manera consciente y crítica “producto de la escuela colonial francesa en Mauritania”.
Junto al antropólogo e intelectual y académico mauritano Abdel Wedoud Ould Sheikh

El patio de Maison Jeloua con sus acogidos y alegres colores de tonos africanos
Le comenté sobre este caso de los bibliófilos y sus fondos de registro invisibilizados y sin apoyo ninguno. Así descubrí que estos casos no se limitan a Nouakchott sino también están presentes en las ciudades antiguas mauritanas como Chenguetti. En la ciudad descubrí durante mis charlas con profesores de la Universidad de Noukchott la biblioteca de Mohamed Mahmud Ould Wadadi, exministro de cultura, un hombre jubilado que aprendió de su padre la importancia de recolectar registros de la historia. La sede de su fondo bibliográfico está en su propia casa, que reúne muchas obras descatalogadas y manuscritos de los sabios y eruditos de la hasanófonia. Otras bibliotecas personales de igual relevancia que las anteriores son la del exembajador de ese pais en la ONU Mohamed Said Ould Hmoudi o la Cofradía del sabio saharaui Chej Mohamed El Mami, de la que pude saber a través de uno de sus biznietos en la ciudad, con quien compartimos una extensa cena y con quien tuve la ocasión de charlar y descubrir mucha información en compañía de varios investigadores de universidades españolas

Si buscamos la historia de los fundadores de esas bibliotecas nuakchoteñas, probablemente encontramos similitudes en cómo emergió en el siglo pasado la biblioteca de Tombuctú y la historia de su fundador, Mamma Haidara. Una ilustre figura de la historia del libro y sus autores del Sahel africano, nacido a finales del siglo XIX en Bamba, ciudad del entonces Sudán francés. Este personaje según el libro “Los contrabandistas de libros y la epopeya para salvar los manuscritos de Tombuctú” fue un hombre bibliófilo que tuvo una vida viajera y estudiosa. Tras un largo viaje fuera de su pueblo regresó desde Sudán, Egipto, Nigeria y Chad con diversos manuscritos y coranes “iluminados”, algunos de un valor enorme, y las sumó a la colección que su familia había recogido en el siglo XVI. Más tarde se estableció en Tombuctú, donde escribió sobre astrología y genealogía de los clanes de la ciudad, según cuenta el autor de esa obra, el periodista estadounidense de Newsweek, Joshua Ives Hammer.
Si hacemos una analogía con la historia de los bibliófilos mauritanos y la de Mamma Haidara, encontramos que éstos son de descendencias eruditas y que habían heredado obras y prestigio de sus antepasados, con los que asentaron interesantes espacios de saberes que hoy son accesibles al mundo de la investigación centrado en el registro de autor africano no eurófono de la hasanofonía. El mérito de Haidara fue el de salvar de la destrucción fanática más de trescientos mil volúmenes en Tombuctú, cuando la ciudad fue ocupada por Al Qaeda y destruidas parte de sus bibliotecas y monumentos históricos. Al mismo tiempo el esfuerzo y labor de los bibliófilos mauritanos como Ahmed Mahmoud Ould Mohamed, Yamal, y los otros, es de enorme consideración patrimonial y merecen ser visibilizados por el mundo académico y de investigación. Saldar la deuda con ellos es escribir sobre ellos, haciéndolo en el sentido de las palabras del escritor y poeta estadounidense William Faulkner, “Los que pueden actúan, y los que no pueden y sufren por ello, escriben”. Así podemos actuar visibilizando a los invisibilazados que conservan y aportan sus fondos bibliográficos al bien de la humanidad.






[1] Exquisitas cecinas secas de la carne del camello, llamadas Tishtar, pero el poeta solo usó la primera sílaba Tish de la palabra en busca de ritmo y asonancia en los versos
[2] Brotes de las ramas de la acacia cuando está en su máximo afloramiento
[3] Principados o emiratos
[4] Raza blanca mayoritaria de orígenes árabes y antiguos pobladores de Sanhaya o Zenetas.
[5] Hierbabuena
[6] Mezclas de las dos variedades de los dátiles de las palmeras de Mauritania. Leblah de color rojo intenso y dulce que es la primera fase de los dátiles antes de madurarse y convertirse en un dátil de color negro y sabor dulce y tesura suave.
[7] Recolectas de frescos dátiles de las palmeras autóctonas mauritanas que se realizan entre los meses de junio a agosto.