domingo, septiembre 15, 2019

El dulce encuentro sin cita previa, [a una generación]


Texto: Mohamidi Fakala, periodista y escritor saharaui, que escribe desde los campamentos de refugiados saharauis en el sur de Argelia. Ilustración: Fadel Jalifa
A veces las coincidencias encierran un profundo sentir, sobre todo, cuando se trata de algo o de alguien que representa toda una vivencia que aún sigue latente en el corazón de la melodía del recuerdo. Por cierto, toda esta motivación se relaciona con personas, lugares y circunstancias dispares.
En todo caso, es reconocible destacar esa falta de desfallecimiento en la persecución de un sueño, convertido en una concatenación de hechos heredados por tantos otros. Un sueño, lejos de ser perezoso o abandonado a causa de las inclemencias del tiempo, la separación, o el destierro. Toda una relación vivida con apuro para no perder las ligaduras, acuñadas por una eterna amistad y materializadas por el resorte del poder del afecto.
Fue uno de esos encuentros, sin cita previa, que dejaban los planes sujetos a un devenir momentáneo; embebido en el arranque de la precisión del momento. Nada se detenía en la memoria, pero de ella brotaba un flujo imparable, más bien igualable al desplazamiento intranquilo del barco de Balearia, que iba cruzando el Mediterráneo, removiendo sus hélices las olas del norte. En ese diáfano sentido, el influjo tenue se vislumbraba aferrado para sus adentros; aliviándose para apoderarse de sí mismo, como la mismísima noche que poco a poco, se desconocía cómo, se había ido diluyendo entre los albores del día, con la llegada a otro puerto diferente. Un embrujo seductor y sedante, causado quizás por el encuentro, las sinceras conversaciones que giraban en torno a muchas temáticas, coherencia e incoherencia de nuestro tiempo.
Fue más bien una semblanza de un retrato de viejos amigos, a los que la casualidad les tendió su propia jaima de nuevo, pero esta vez sobre el intranquilo oleaje de un desierto de mar, después de tanto tiempo sin poder encontrarse en tierra firme, tanto aquí como allá. No importaba tanto el escenario, lo esencial fue que se mantuvieron encerrados en un estrecho camarote, descarnando el pasado, alrededor de la aromatizada evasión de un excelente té, marcado por la discreción de la tranquilidad de la madrugada.
En aquel arrebato nostálgico no faltaron los nombres de amigos de ahora y de entonces; vivos o muertos; unidos todos por un sublime ideal. Probablemente todo esto no es más que un reflejo inconsciente que las últimas pinceladas de la noche, en aquel largo viaje, quiso testimoniar a su manera.

jueves, septiembre 12, 2019

Entrevista a Ali Salem Iselmu. La palabra y el verso: herramientas eficaces para elevar la voz del pueblo saharaui


Magnífica entrevista al escritor saharaui Ali Salem Iselmu en Radio Argelia Internacional a cargo de la periodista Wahibi Miri, quien realiza un gran trabajo de información sobre el Sahara Occidental, destacando sus entrevistas sobre cultura y literatura
*Fuente: Radio Argelia Internacional, 09/12/2019. Entrevista realizada por Wahiba  Miri
Les invitamos a viajar con nosotros  a  Tiris,   territorios liberados del Sahara occidental   a través  de la obras y poemas del escritor y periodista saharaui  sr AlI Salem  Iselmu,  quien estima que   la palabra y el verso son dos herramientas eficaces para elevar la voz del pueblo saharaui y para  dejar  su  memoria  su  historia y su  literatura presentes  en  muchas partes del mundo.

viernes, septiembre 06, 2019

Encuentro de profesores de antropología con el intelectual mauritano Ahmed Mahmud (Jamal)


Encuentro de profesores de antropología con Ahmed Mahmud, (Jamal) exembajador mauritano y uno de los intelectuales que cuenta con una de las bibliotecas más importantes en Mauritania, además de ser descendiente de una familia de sabios y eruditos mauritanos.
El escritor y antropólogo saharaui Bahia Uld Awah entregó dos ejemplares de sus obras a este fondo bibliotecario de Jamal y su hermano para que pasen a formar parte de la bibliografía que concierne a la historia del Sahara Occidental. El libro "Tiris, rutas literarias" y la antología bilingüe "Generación de la Amistad", editada en Francia.
Fue una tarde de charla y contacto con varias de las obras más relevantes de los sabios mauritanos y saharauis, en compañía del intelectual mauritano, su hermano y algunos investigadores académicos especializados en la hasanofonia.
"Descubrí que aquí en Nouakchott aún persiste sabios de la talla de sus antepasados eruditos", afirma Bahia Awah, y añade "Pude obtener la obra Qutab Albadia de Chej Mohamed El Mami, la antología del gran poeta tirseño Mohamed Uld Tolba... los adquirí en un un día de ajetreo nouagchoteño buscando la libreria Al Islah en el centro de la capital. Regreso con cosas muy imprescindibles del saber y los saberes..."

domingo, septiembre 01, 2019

Voces del viento


Texto: Mohamed Salem, Ebnu. Foto: AeA
Una manada de enormes elefantes pastando petrificada en el tiempo, dinosaurios, anatomías deformes, hombres y mujeres, familias de pastores fosilizadas manteniendo un milenario abrazo desafiando al sol y al viento, bustos exuberantes, corazones desechos, todas las figuras que la imaginación, la fantasía y la poesía puedan concebir. Monumentales rocas de plata, majestuosas y altivas que se juntaron creando el paisaje más amado y a la vez el más temido por todos aquellos que en algún momento de sus vidas pasaron por ahí.
Los generosos, Layuad, así fueron bautizados como un deseo, como una intención evidente de que el nombre fuera a apaciguar cualquier furia o enemistad de los vecinos del frig más conocido de Tiris.
Layuad eran los espíritus que habitaban esas hermosas montañas.
Dicen que en las noches se escuchaban sus voces, sus cantos, sus tambores, sus palmas, los sonidos de sus animales y que incluso se habían observado sus hogueras. Se dice que cada vez que alguien intentaba sacar agua del pozo escavado entre las montañas salían bandadas de aves extrañas y lo obligaban a alejarse.
Por las noches nadie se atrevía a cruzar entre las montañas y menos acampar entre ellas, los camellos cuando se acercaban a Layuad se mostraban nerviosos como si de repente tuvieran prisa y apuraban sus largos pasos para alejarse. Los nómadas, los beduinos, las caravanas, todo el mundo quería pasar por los generosos, quería admirar la magia y la belleza del lugar pero nadie quería que la noche lo sorprendiese cerca.
Dicen que son “las voces del viento” le comenté, en un viaje a Tiris, a un veterano poeta. Cuentan que expertos españoles que estudiaron el lugar explicaron que todos los sonidos que se escuchaban eran producidos por el viento, porque según concluyeron las montañas están dispuestas de tal manera que el viento al pasar entre unas y otras producía diferentes sonidos que pueden parecer lo que no son, sobre todo en las oscuras noches cuando el temor anida en los corazones.
El poeta sonrió y me dijo: si son las voces del viento, por qué ya no se han vuelto a escuchar, por qué, siendo Tiris una región de mucho viento, no se han escuchado las voces en los últimos cuarenta años; ¿sabes por qué?, porque los generosos se fueron al exilio y no volverán hasta el día en que regrese la paz, solo entonces regresarán los espíritus de Layuad o las voces del viento que dicen los españoles.
Volverán las añoradas y temibles noches oscuras de los generosos que, como gran parte del pueblo saharaui, emprendieron el camino del destierro huyendo de las balas asesinas y de los bombardeos de los aviones marroquíes.
¿Dónde habrán ido a anidar, dónde fueron a instalar su jolgorio, sus fiestas nocturnas y sus tambores, por qué montañas o llanos deambulan entreteniendo sus pasos mientras esperan el día del retorno?
Tal vez están acompañándonos en los campamentos de refugiados, tristes, silenciosos e impotentes.
Tal vez tengan su propio campamento mudo y ausente por donde nunca corre el viento y desde ahí esperan como nosotros el día del retorno, el día del regreso a su patria, a Tiris para reanudar su fiesta interrumpida por la guerra.

jueves, agosto 22, 2019

Tiris en el recuerdo. Un poema de Ali Salem Iselmu


En el recuerdo permanecen quietas,
las entrañas del Tiris,
su cielo vibrante de estrellas
sus dunas blancas
sus cumbres oscuras.

Del Tiris nació la arena
el agua transparente,
el viento que penetra en la tierra
y hace cantar a las montañas.

Los diablos y diablesas
son lagartos,
que hablan mirando la luna
en busca del calor del fuego.

martes, agosto 20, 2019

Malada. El Sahara y nada más


Texto y foto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista que escribe desde los campamentos de refugiados saharauis en el sur de Argelia. 
Cuatro óleo de M. Moulud Yeslem
Malada nunca se paró frente a una administración pública para tramitar papel alguno. No los necesitaba, porque le bastaba con ser una saharaui, motivo que esgrimía para residir en un palmo de tierra liberada.

Cuando se recrudecieron los enfrentamientos entre los saharauis y los marroquíes allá por los años ochenta a sus padres casi les alcanzaban los obuses en el interior de la jaima. Por tal motivo, se vieron obligados a refugiarse en las cercanías de la ciudad argelina de Tinduf. Sin embargo, Malada se encargó del cuidado de los rebaños de cabras en la parte oriental del Sahara, a pesar del peligro que suponía su permanencia a solas en el desierto. Por tanto, la destreza de esta mujer no se limitaba únicamente a la manera con qué regía el pastoreo de los animales que llevaban la marca de fuego del longevo padre, Ali Salem Hmad, que le había encargado responsabilizarse de ellos, antes de partir hacia otras tierras lejanas. En la zona de Zemur, hoy en día, Malada es conocida como una mujer estoica, valiente y entregada.
La vivienda saharaui en la que residía desde hace ya más de tres decenios miraba, como es tradicional, hacia el sur y los rayos del sol incidían en el interior de una jaima que albergaría no más de cuatro personas. Un hogar reducido, ligero y de pocos utensilios, los necesarios. Pero todo se ajustaba a un orden milimétrico, bajo el caballete de madera del que se colgaba un odre rellenado con agua fresca. Un cuadro que dejaba al visitante inmerso en la obstinada calma del desierto. La señora salía y entraba, faenando incansable, y el cayado dorado en la mano hasta que el sol se perdiese en las tinieblas de los mares. El asno, el perro y las cabras representaban para ella la mejor compañía, tanto en tiempo de fertilidad como de sequía. El olor del arsa, estiércol, de la majada era bien notable en las cercanías.
La jornada no llegaba a su fin hasta que regresaban los rebaños, a toda prisa, de los parajes donde apacentaban. Malada, una beduina de carne y hueso escueta en el habla, al tomar la palabra hacía énfasis en todo aquello que le gustaba al son de un indetenible ademán de manos. No renunciaba a la serenidad del desierto con facilidad, una elección de vida o muerte. Esa era la promesa hasta que todo tocase fondo definitivo. Hablaba, sin tapujos ni miramientos. Y de niña a mujer había aprendido con el ensueño de un hada solitaria los difíciles entresijos de un mundo implacable. Es cierto que Malada no poseía alas para volar. Sin embargo, tenía puestos los ojos en el cielo, persiguiendo en qué horizonte caerían las últimas gotas de las nubes. La tierra, el cielo y los animales se reunían con esmero bajo la senda nómada de Malada.
Mujer ya de edad avanzada, no mostraría atisbo alguno de desilusión en el rostro a pesar de la difícil tarea que se le había encomendado. En cambio, las huellas de los años eran más que evidentes en el enjuto cuerpo tostado por el sol y las soledades. El tiempo le había enseñado que los infortunios de la vida  en el desierto solo se podrían superar con la constante movilidad de un lugar a otro, excepto en días cálidos, cuando la sombra y el agua se convirtiesen en un vergel desconocido. Malada beatifica el alma con tranquilidad para poder superar las inclemencias que imponía, a veces, la naturaleza del desierto. Una mujer descomunal. Se llamaba Malada.

sábado, agosto 17, 2019

'La luz de cuatro velas en el Sahara' – reciente obra del escritor saharaui Ali Salem Iselmu Abderrahaman

Fadel Jalifa

LIBROS Y LECTORES
la editora Ediciones Wanafica en su pagiana web, destaca comentarios de lectores que hayan disfrutado de libros de autores saharauis. 
–– Comentario de Cristina Orwell (IG: @cristinaorwell)
"Lo que a nuestro ojos parece igual y estéril, guarda muchas diferencias. Dicho de otra manera, en la sabiduría popular saharaui, "un viejo sentado muchas veces ve lo que no puede ver un joven de pie". Antes de hablar hay que observar y aprender a escuchar el silencio, de allí nace buena parte de nuestra sabiduría".
Marta es una niña saharaui con muchas dudas respecto a su origen, el por qué de su nombre tan diferente al de sus amigas y de por qué siempre ha sido criada también en español. Aprovechando el amor de la niña por viajar y conocer la variedad étnica de nuestro planeta, su abuelo Sidati toma este precedente para hacer viajar a Marta por sus orígenes.
El anciano traslada a la niña y al lector a tres extremos de la tierra para así explicarle su origen y las distintas culturas y costumbres que coexisten en el mundo, todas ellas con pilares fundamentales en común.
Dentro de cada una de las estas "velas", que no son más que divisiones, se nos cuentan numerosos relatos breves que nos acercan a las distintas culturas tales como es el caso de la joven Alia en el desierto del Sahara, los paseos de Taleb por los malecones de La Habana o el hogar de Antonio en una región española.
Entre los relatos hay historias realmente conmovedoras que más allá de nuestro lugar de procedencia, sea España, el Sahara, Cuba, Jordania o Japón, todos somos iguales y compartimos muchísimas semejanzas, la constante mezcla de culturas, religiones, creencias y costumbres son los que nos dotan de gran riqueza. Considero este mensaje de una relevancia vital, más aún en la realidad en la que vivimos donde parece que hemos olvidado los tesoros que aporta la diversidad y que en algún momento todos hemos tenido un antepasado común.

jueves, agosto 15, 2019

Tiris y los versos profundos


Por: Ali Salem Iselmu
Los galaba[1] de Tiris[2] son una expresión genuina de una tierra que nos da la bienvenida desde los galb[3] de Agzumal[4] y Tagzumalet[5]. La lluvia esta vez solo ha bañado la parte sur de ese inmenso desierto, cuyo askaf[6] y el agua de sus pozos sirven de sostén a los animales.
La arena blanca y fina es transparente, y las montañas de color negro y macizo son sus puntos de referencia, mientras las caravanas de camellos cruzan de forma desesperada hacia Agüienit[7], Dugech[8], Faleklak[9[ y Kerachiat[10]. Esta vez la lluvia ha caído en la parte sur de Tiris y hacia allí los nómadas se han dirigido como lo han hecho sus antepasados; buscan las yerbas y las plantas que devolverán a su ganado la energía perdida durante los duros meses de verano en el que la vida depende exclusivamente del agua. 
Recorrer la tierra de Tiris es imaginar al gran poeta y erudito Chej Mohamed El Mami cantarle su famoso verso en el que nos dice:
Tiris no acepta las mezclas
y si acampo en otro lugar diferente,
allí están los Galaba de Mades[11] y Tangat[12]
y la poesía sobre sus cumbres.
Los lagartos conocidos en lengua hasania[13] como dab[14] proliferan con la lluvia al igual que las cabras y los camellos, los beduinos te ofrecen la leche recién ordeñada en preciosos cuencos de madera, y la luz de las estrellas te devuelve al pasado que inspiró a muchos hombres que regaron con su canto la historia de una tierra al que acudían los nómadas de diferentes zonas del Sáhara, buscando la lluvia y el pasto para sus animales.
Leyuad[15] conocida como la cueva del diablo, se encuentra situada a unos 16 kilómetros del muro de la vergüenza que divide el Sáhara Occidental y en su entrada las plantas de acacias y de atil[16] están verdes, mientras la planicie que la rodea se encuentra seca.
Existe una historia que cuenta que Leyuad es la capital de Tiris, es el punto al que se dirigen los hombres que buscan refugio y descanso en su cueva y se sienten a contemplar las dunas que se forman a su alrededor, mientras el viento que sopla desde el norte crea un precioso eco en la montaña que se mezcla con la voz de los hombres y animales que buscan su magia.
Así transcurre la vida de los nómadas que siguen buscando el inexplicable milagro del agua en el cielo, siguen pidiendo baraka[17] a las nubes que han dado vida a sus rebaños y plantas.
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1. Montañas formadas de rocas, características del relieve del Sáhara.
2. Región que se encuentra en la parte sur este del Sáhara Occidental.
3. Es singular de  montaña de roca en hasania, la lengua que hablan los saharauis.
4. Es el nombre de una montaña que quiere decir león en lengua bereber.
5. Es el nombre de una montaña que quiere decir leona en lengua bereber.
6. Arbusto que crece en la planicie y lo consume mucho los dromedarios.
7. Parte sur-este del Tiris, cerca de la frontera con Mauritania, que cuenta con varios construcciones entorno a un pozo de agua donde bebe el ganado.
8. Conjunto de montañas que se encuentran situadas en la zona sur de Tiris.
9. Zona plana con pocas acacias y muchos arbustos que se encuentra en la zona sur de Tiris.
10. Zona de Tiris que se encuentra con la frontera de Mauritania.
11. Montaña que se encuentra en el límite de Tiris con Adrar Sutuf, zona sur-oeste del Sáhara Occidental.
12. Montaña que se encuentra en el límite de Tiris con Adrar Sutuf, zona sur-oeste del Sáhara Occidental.
13. La lengua-dialecto que se habla en el Sáhara Occidental y Mauritania.
14. Es un lagarto típico del Sáhara Occidental.
15. Conjunto de montañas que se encuentra en la zona centro de Tiris.
16. Planta característica del Sáhara cuyos palos usan los nómadas para limpiarse los dientes.
17. Es un término de la lengua árabe relacionado con la suerte y la gracia.

jueves, agosto 01, 2019

Muerte a la intemperie


Texto: Ali Salem Iselmu. Ilustración: Fadel JalifaCuando salió de su casa aquella noche de verano sabía que no iba a volver. En una pequeña caja llevaba sus objetos de mayor valor y los guardaba para que nadie pudiera verlos. Antes de dejar su tierra, miró el horizonte para captar la luz de la luna con sus ojos. Las piedras afiladas de la llanura, eran extrañas estatuas que iba observando. El coche que conducía, buscaba de forma desesperada un pequeño poblado en el que vio por primera vez un eclipse solar.
A medida que se alejaba, una extraña nostalgia lo dominaba. El paisaje cambiaba. Los árboles empezaban a escasear y las temperaturas subían unos cuantos grados. La brisa del mar que penetraba en su ciudad, estaba lejos. Aquellas flores con pétalos amarillos que solía regalar a sus amigos, las había dejado en su jardín, expuestas al paso inevitable del tiempo.
Delante de sus ojos, vio la tierra cubierta de una extraña capa de color oscuro que le recordaba los caminos que recorría de pequeño.
Cuando llegó a la meseta seca y salda. Sus ojos se cerraron. Todo el miedo que sentía cuando dormía de noche cerca de las tumbas de sus antepasados, era un recuerdo lejano. Estaba ahora frente a una tierra agrietada de color rojizo. En su interior se veían restos de caracoles fosilizados.
La ciudad de paredes blancas, y de casas anchas, no estaba ya a su alcance. Cuando llegó a aquel pozo rodeado de palmeras, se dio cuenta que el poblado del eclipse solar estaba lejos. La travesía de un camino que aparece y desaparece, lo había llevado a otro lugar.
 Bajó del coche y vio entonces a su mujer, sus hijos y su mejor amigo, habían subido en los asientos de atrás, sin que él se diera cuenta. Cogió las mantas y las tendió cerca del tronco de una palmera. Sentó a sus hijos y a su mujer. Se fue con su amigo a buscar leña para combatir el frío de aquella noche gélida.
Su hijo pequeño estaba temblando, su madre lo cubría con una manta. Cuando cogió aquel tronco seco se dio cuenta que estaba lejos. Había llegado al lugar más caliente y frío, donde su abuelo iba a comprar pieles curtidas.
Preguntó a su amigo si tenía cerillas para encender la yesca, entonces se dio cuenta que no llevaban nada. Miró las piedras, la escasa vegetación que le rodeaba y se sintió impotente. La madre seguía abrazando a su hijo, mientras los temblores del niño aumentaban.
Buscaron aceite de cabra que llevaban en una garrafa. El padre se lo dio a su mujer para que lo frotara sobre el cuerpo de su hijo, y lo tapara con la manta del intenso frío que caía de forma incesante aquella noche.
Después de pasarle el aceite por todo el cuerpo y taparlo con una manta, el niño siguió temblando. Su cuerpo estaba helado. Sus ojos se abrían y se cerraban. Pronunciaba constantemente el nombre de sus padres y llevaba su mano al ombligo quejándose de un fuerte dolor.
La madre sacó pequeños restos de hojas secas que llevaba en el interior de una tela. Las machacó entre dos piedras. Cogió el polvo, y lo batió en el agua, que echó en un pequeño vaso. Después dijo unas palabras en voz baja, susurrándolas en los oídos de su hijo. Levantó la cabeza del niño con la ayuda de su mano y lo obligó a beber aquel líquido de sabor agridulce.  El niño tragó un poco y el resto se derramó sobre su cara. Ella lo limpió, mientras el padre y su amigo estaban sentados sujetando los pies y las manos. En ese instante su cuerpo sufría una constante turbulencia.
Después de un silencio total, se cerraron sus ojos, se detuvieron los latidos de su corazón. El aire ya no entraba por su nariz. La madre cayó desmayada en los brazos de su esposo. Aquel hombre que los acompañaba, se dirigió hacia el este con sus manos pegadas y abiertas, próximas a su boca. Iba diciendo palabras en medio del frío, mientras las palmeras iban quedando a su espalda.
La madre seguía tendida en el suelo. Los ojos del padre permanecían estáticos mirando la cara de su hijo y a la vez sujetaba su brazo izquierdo que estaba caído sobre la manta. Intentaba localizar con sus dedos, una última señal de vida que le devolviera algo de esperanza. Empezó a soplar un aire frío y seco, las copas de los árboles se movían. Dos bidones estaban unidos a los troncos formando una línea que servía de cobijo en aquella tormentosa y fría noche.
Entonces levantó el cuerpo de su hijo con sus manos y sus brazos, mientras escuchaba el llanto de su mujer. Pensó en la tumba de su padre, larga y estrecha. Ahora tenía que enterrar al niño que le enseñó a caminar cerca del océano, cuando observaba el agua penetrar en sus huellas. Las lágrimas iban cayendo de sus ojos y luego recorrían sus labios.

lunes, julio 15, 2019

El derecho cultural y de identidad conculcado por Marruecos en el Sahara Occidental como CULTURICIDIO


El derecho cultural y de identidad inculcado por Marruecos en el Sahara Occidental como CULTURICIDIO
Texto ponencia: Bahia Mahmud Awah y fotos Ana Pulido
Ponencia y debate en el V Congreso Internacional de Antropología AIBR 2019. Pensar culturas cambiar mundos. El pasado jueves 11 de julio presenté en este congreso de la antropología celebrado en la Universidad Autónoma de Madrid un tema que me preocupa sobre el culturicidio cultural que practica impunemente la administración marroquí en las ciudades saharauis ocupadas, El Aaiun, Smara, Dajla y Bojador.  
Debo señalar que este tema llamó mucho la atención entre ponentes, estudiantes e investigadores que trabajan en el continente africano. “Investigadores, antropólogos, sociólogos e historiadores, los saharauis claman vuestra conciencia académica en visibilizar y tratar en los foros académicos este tema”. Concluí en mi ponencia apelando la conciencia del científico social.
En el pueblo saharaui “Hay un sello característico en aquellos semblantes que refleja con bastante claridad la diferencia de pueblos, individuos y hasta familias”. (Bonelli, 1887: 124-125)
(…) La fisonomía nos separa de ellos, / los atuendos nos separan, / el ajuar nos separa, / Y la lengua nos separa/ y de ellos nos aísla (…) el poeta Beibuh Uld Biddi Uld El Hach
Me introduje en este complejo y preocupante tema aclarando que: Esta comunicación que voy a presentar, partiendo de su temática, la he titulado “Culturicidio de la ocupación militar, caso Sahara Occidental”. Pero no sin antes aclarar algunos aspectos relacionados con esta categoría, culturicidio, que la antropología entiende en su concepto académico como etnocidio. La expresión “culturicidio” aún no está definida ni incorporada al registro académico como flagrante violación de los derechos culturales y de identidad en conflictos bélicos. Algunos investigadores antropólogos usan culturicidio como análogo del genocidio en el contexto cultural, como en los casos de Guatemala, Argentina y actualmente en la excolonia española el Sahara Occidental, en la parte del territorio que ocupa Marruecos desde 1976. “Si una cultura está sometida a un dominio absoluto de otras sobre ella, puede quedar herida, o deformada, o incluso desparecer”. Ngugi wa Thiong´o en su libro “Desplazar el centro” La lucha por las libertades culturales. Entiendo que los intelectuales saharauis del exilio debemos partir del discurso de nuestros eruditos africanos. Es decir emprender la resistencia a la condenación, como nos apela Wa Thiong´o en «El papel de los intelectuales».
Ese pensador keniata autor del libro “Descolonizar la mente” en este contexto de violación contra la cultura afirma que “La receta para la cura más adecuada depende de un análisis riguroso de la realidad”. Y en este trabajo parto de este planteamiento en el que Ngugi nos insiste en la rigurosidad. Y el erudito y poeta saharaui Badi Uld Mohamed Salem también nos lo reitera en esta frase cuando quiere afirmar sobre un hecho expuesto al debate y que necesita de rigurosidad. “Que Dios me deje sordo si en algún momento he escuchado algo sobre ello”. El rigor en la historia y sus hechos es fundamental para los eruditos saharauis.
Respecto al uso del término culturicidio, consulté con mi director de tesis, el profesor Juan Carlos Gimeno, sobre este emergente concepto en el lenguaje de la antropología, que está buscando su espacio para ser verbalizado como tal en los eventos académicos y tratado en diferentes contextos culturales. Y me aclaró que, “Independientemente de la cuestión teórica o disciplinar hay un elemento muy importante que es la recepción normativa de estos términos en el derecho internacional y la posibilidad de utilizarlos para la denuncia y la defensa de pueblos, comunidades y colectivos particulares”. Y evidentemente es lo que me ha llevado a este tema que está en debate entre los saharauis dispersos entre la ocupación, el exilio y la diáspora.  Gimeno me aclaró también que el “genocidio es un término que se usa para el culturicidio, siempre tratando de delimitar las características de genocidio que hace que una experiencia particular sea definida con este término”.
Por otra parte, en mis indagaciones sobre el concepto he leído que el culturicidio es un debate dentro de los efectos de la violencia en Guatemala y en Argentina. Y con estos antecedentes me he situado en el contexto para poder tratar la categoría etnocidio en un contexto cultural violentado, que en este caso afecta a la cultura afro-árabe-senhaya del pueblo del Sahara Occidental, que vive desde 1976 bajo una administración marroquí de ocupación, de cultura opuesta e impuesta a la suya.
Cuando trabajaba el texto leí un artículo del cineasta y político argentino Jorge Edmundo Coscia, quien desempeñó el cargo de Secretario de Cultura de Argentina. Ese artículo fue publicado en septiembre de 2011 bajo el título de “El culturicidio en Argentina” y aquí Jorge Coscia usa el término para denunciar la hegemonía cultural. Y cito este fragmento de su texto:
“No podemos negar que no puede haber políticas culturales exitosas en países que fracasan, países que no logran encontrar un destino de autonomía, de justicia, un destino, en definitiva, contenedor de la vida de la gente que son esencialmente vidas culturales”. Y concluye afirmando que “la hegemonía cultural es la madre de todas las hegemonías”.
Cuando el poder quiere dominar un pueblo política, geográficamente y borrarle como identidad cultural, lo primero y más eficaz que le aplica es la destrucción de sus particularidades culturales, desnudarle de su esencia cultural en el sentido de Ngugi wa Thiong´o: “En el continente negro empezamos a entender que el poder colonial real no consistía en los cañones de la primera mañana sino en lo que seguía a los cañones. Y detrás de ellos venía la nueva escuela”. Marruecos tras la retirada de España eliminó todos los colegios bilingües hasania-español que habían en el territorio e impuso su nuevo diseño de neocolonización, escuelas donde predomina la dariya marroquí y la lengua francesa. Y esta política de marroquinización hizo que empezarán a erosionarse la lengua saharaui, hasania, y el español, como legado lingüístico heredado de un siglo de convivencia cultural.
Así empezó la praxis de la neocolonización y la ocupación en el Sahara Occidental, borrando lenguas y moldeándolas a su concepto de marroquinidad cultural”. El caso que se da en el Sahara Occidental es atípico, porque Marruecos ha sido colonizado por Francia y tras su independencia comete la atrocidad de convertirse en reproductor de la practica colonial en el continente que sus pueblos predican doctrinas de descolonización y anticonialismo en todas sus formas.
Y aquí quiero destacar que la identidad cultural saharaui comienza a configurarse desde el siglo XI cuando aparece el primer verso en hasania. Y se consolida a finales del siglo XVII tras la guerra Shar Bebba[1] 1466-1674 entre las tribus árabes Beni Hasan venidas a África desde la península arábiga y la confederación bereber africana Maquil en su simbiosis de senhaya, zenata, lemtuna, mezaba y zenaga, que habitaban el territorio mucho antes de la invasión árabe al norte de África.
Las dos culturas, la senhaya africana y la árabe se mezclaron, convivieron y de este mestizaje cultural nació la lengua saharaui y mauritana, hasania, con su muy marcada y distinguida literatura e idiosincrasia social, con notorios rasgos que las distinguen del entorno geográfico africano y árabe.
Respecto a estas particularidades visibles de la identidad cultural saharaui y mauritana, si nos remitimos a finales del siglo XIX encontramos uno de los primeros testigos occidentales que remarcaron los rasgos diferentes de esta cultura con respecto a las otras vecinas. Me refiero al expedicionario colonial español Emilio Bonelli en su viaje al territorio del Sahara Occidental en 1887. Cito un fragmento de su texto:
“Esa raza varonil, sagaz é (sic) inteligente, más altanera cuanto mayor es su decaimiento, y que, no obstante la mezcla consiguiente de individuos de diversas tribus y comarcas, conserva inalterables los caracteres generales con que se la conoce en el orden sociológico. No se encuentra en el Sahara el mismo tipo que en la Tunicia, Trípoli, Argelia ó Marruecos, con los cuales podríamos comparar sus habitantes. Hay un sello característico en aquellos semblantes que refleja con bastante claridad la diferencia de pueblos, individuos y hasta familias. (Bonelli, 1887: 124-125)
Las tesis marroquíes sobre el territorio y sus habitantes intentan tergiversar la historia y exponen que el Sahara Occidental y Mauritania no son más que la prolongación de la cultura marroquí en otros tiempos, mucho atrás. La cita de Bonelli refuta ese planteamiento marroquí inargumentable. Y el tratado sociológico del sabio saharaui Chej Mohamed El Mami (1792-1865), Qitab Albadia, también lo refuta categóricamente en un pasaje de la obra, cuando afirma: “Somos un pueblo nómada que vive situado entre el Reino Ismaelí (en referencia a Marruecos) y el país Albisyabilla” (en referencia al Imperio de Mali) en Rio Senegal.
El fiel registro del pasado de la cultura saharaui y su historia está en el verso. El difunto erudito y poeta nacional saharaui Beibuh Uld El Hach, (1929-2017) al respecto subraya en estos versos los opuestos rasgos culturales saharauis con los de Marruecos. Tesis que va en la misma consonancia que Emilio Bonelli.
(…) La fisonomía nos separa de ellos,
los atuendos nos separan,
el ajuar nos separa,
Y la lengua nos separa
y de ellos nos aísla (…)
Y aquí estoy hablando de la identidad cultural saharaui en su actual situación, expuesta a erosionarse a la fuerza, ser absorbida o destruida por la cultura marroquí, impuesta desde 1976 a la población autóctona saharaui de los territorios ocupados.
Este tema no es la primera vez que ha sido tratado por académicos de las ciencias sociales como denuncia dentro del contexto de etnocidio o culturicidio. El profesor en derecho constitucional Francisco José Palacios de la Universidad de Zaragoza, en un artículo publicado en marzo de 2011 titulado “Sahara y Palestina: Olvidados etnocidios en un siniestro simulacro de soluciones”, afirma que:   
La Resolución 1514 de la ONU que data de 1960 y contempla los derechos políticos y culturales indica que: “La sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extranjeras constituye una negación de los derechos humanos fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y compromete la causa de la paz y de la cooperación mundiales”.
¿Por qué entonces a la población saharaui que vive bajo ocupación marroquí no se le ha respetado ese derecho de existir culturalmente contemplado en la Carta Magna de las Naciones Unidas? ¿Se trata entonces de un etnocidio, culturicidio o genocidio cultural que el mundo y sus convenciones, tanto políticas como académicas, ignoran?
El pensador y académico keniata Ngugi wa Thiong´o en su libro “Descolonizar la mente” cuando estudia las hegemónicas lenguas neocoloniales en África explica cómo el colonizador o el nuevo colonizador intenta destruir un pueblo y su cultura. Y cito sus palabras:
“El efecto de una bomba cultural es aniquilar la creencia de un pueblo en sus nombres, en sus lenguas, en su entorno natural, en su tradición de lucha, en su unidad, en sus capacidades, en último término, en sí mismos”.
Justamente es esto lo que pretende Marruecos con su política de culturicidio que practica en la parte anexionada del territorio. Y partiendo de este planteamiento de Ngugi, a continuación voy identificando aspectos principales de la cultura saharaui que en este caso son violentados por el régimen marroquí durante estos 42 años de administración de facto en el territorio.
Tres núcleos urbanos donde Marruecos ejerce este culturicidio en el Sahara. Veremos en este mapa donde identifico los tres puntos de concentración de la población saharaui, y la coexistencia con la administración de facto que impuso la ocupación con sus colonos traídos desde diferentes zonas de Marruecos para modificar la demografía de la población saharaui.

Elaborando argumentos he recogido testimonios, imágenes cedidas por activistas culturales, pinturas realizadas por artistas saharauis, videos de testimonios recogidos por escritores viajeros de España y también información aportada por miembros de la plataforma Defensores del patrimonio cultural saharaui, que se encuentran en territorios ocupados. Este culturicidio hoy puesto en debate entre los saharauis abarca tanto el patrimonio cultural material como el inmaterial.
Patrimonio cultural inmaterial: el más afectado es el idioma hasania y sus oraturas (literaturas), vehículo principal de la identidad cultural saharaui. El hasania ya no se enseña en el colegio y es sustituido por la dariya marroquí desde una edad muy temprana en las guarderías y los colegios que dirigen y gestionan colonos marroquíes.
Facsímil versos escritos en hasania del poeta y jurista saharaui Sidati Uld Chej Ahmed El Heiba
Ngugi wa Thiong'o afirma que “El cañón violenta el cuerpo y la escuela fascina el alma”. La lengua hasania se ha quedado limitada exclusivamente en el ámbito familiar saharaui. ¿Y por qué? Y esta es la pregunta que le hice al presidente de la Asoc. por la Conservación, Protección y Difusión del Patrimonio Cultural Saharaui, Bachri Uld Ben Taleb residente en los territorios ocupados. Cito textualmente su respuesta: “El maestro, el vendedor, el taxista, el policía, el gendarme, el frutero, el funcionario, el agente secreto hasta el barrendero todos son colonos marroquíes organizados en torno a esta política de destrucción cultural. Esta invasión del espacio social impuesta desde 1976, te obliga a usar el que para ti era un registro extraño; y sin más te ves obligado a dirigirte a ellos minuto, hora, semana, día y año con su dariya. Y así están neutralizando el uso de hasania fuera de la casa. Están destruyendo poco a poco nuestra cultura con métodos desde la escuela y la guardería”.
La nomenclatura sobre cómo se construye el trinomio de apellidos saharauis, que es el puente genealógico que enlaza la persona con sus ancestros, fue eliminada desde 1976 por la administración marroquí. Lo que antes era Mohamed Uld Brahim Uld Salek, hoy es Mohamed El Costurero o El Barrandero o El de Cabeza Grande. En el caso de las mujeres, lo que era Sukeina Mint Yedehlu, hoy es Sukeina El Idrisi, y cito el caso de la hija del gran clásico saharaui Yedehlu Uld Sid. A Sukeina le borraron el apellido familiar saharaui y le impusieron “El Idrisi”, apellido marroquí que no existe en la cultura saharaui.
Facsímil nomenclaturas constitución de los apellidos saharauis con su particularidad Uld o Mint que enlazan el nombre con los apellidos
En cuanto a las prácticas sociales, conocidas como Al Aaraf, caso la fiesta del bautizo, la fiesta del divorcio o la visita a las tumbas de los familiares, también son perseguidos por la administración de ocupación.
Tras los levantamientos saharauis del año 2005 la administración marroquí prohibió la visita a los cementerios, porque esta práctica supone desde tiempo inmemorial un tipo de resistencia pacífica antiocupación. Y cito el caso de la tumba de Hafed Buyema, primera víctima asesinada en 1974 por el franquismo en El Aaiun, que se encuentra en el Cementerio Cuartel del Ejército. Marruecos prohibió el acceso a ese cementerio por las reiteradas veces que la tumba de aquel militante aparecía cubierta con la bandera nacional saharaui.
Los nombres saharauis de Lala, Mulay y Sidi son vetados en los documentos por la administración, porque Lala en la dariya del ocupante es la Princesa, hija, hermana o nieta del Rey. Mulay es el príncipe o nieto del rey y el nombre Sidi es un trato que se da para mencionar al Rey, es decir mi amo, mi señor. Sin embargo, en la cultura saharaui y mauritana son simplemente nombres propios.
Patrimonio cultural material. Se refiere principalmente a los edificios históricos de la época colonial que forman parte del registro de la historia del territorio y su pasado colonial saharaui. Los más emblemáticos fueron derruidos por el régimen, entre ellos El Fuerte de Dajla, el primero que fue construido en el territorio. Otros han sido derruidos o corren grave peligro, como iglesias, fuertes y la primera casa construida por una familia saharaui en El Aaiun, los Moyan.  
Está también el caso de lemsid, recintos tradicionales para la oración, que los saharauis construían frente a sus jaimas o casas, también usados enseñar a los niños a leer y como espacio de reunión de los mayores.
Orantes saharauis haciendo su rezo en un emsid, (lemsid)
Otro rasgo muy distintivo de la identidad saharaui es la vestimenta tradicional, la melhfa de la mujer y la darraá del hombre. Y por ello y como señal de resistencia e identidad, todos los presos políticos saharauis, cuando son presentados en los tribunales, entran luciendo sus darraá o sus melhfa. 
El uso de la jaima tradicional saharaui está prohibido por la administración marroquí tanto para los nómadas del territorio como para la población que suele salir de las ciudades para respirar aire de libertad fuera de los tres núcleos urbanos saharauis. Y para ello ya existe una nueva placa en los códigos de circulación que les prohíbe montar jaimas tanto en las playas y fuera de las ciudades. Hay casos de familias que para usar las jaimas en su vida nómada están obligados a solicitar permiso para montarlas en sus desplazamientos.
La tradicional jaima saharaui prohíbida por la administración de ocupación marroquí en los territorios saharauis, convertida en símbolo de la desobediencia a la ocupación marroquí
En esta comunicación incluyo otro caso de violación de los derechos en cuanto a prácticas sociales de la cultura saharaui inmaterial, referido a la privación de realizar el ritual social de visitar las tumbas de sus antepasados.
Quiero exponer el caso de mi tía, hermana de mi madre, quien me pidió que no mencionara su nombre. Vive en la parte del territorio ocupado desde 1976, la última vez que visitó las tumbas de su padre y de su abuelo fue en noviembre de 1974, siendo el Sahara aún administrado por España. Las visitas se practican de forma familiar y con su día de ritos, como rezos, diálogo con los muertos, alabanzas y una comida compartida por el alma del familiar. Una práctica con tintes religiosos y de tradiciones. En noviembre de 2007, mi familiar decidió reunir a sus hijos y comunicarle su deseo de visitar las mencionadas tumbas en la región central de Tiris. Los cinco hijos y la madre viuda partieron camino hacia el lugar donde está la tumba de su padre Omar y su abuelo Bujari. Y aquí cito los nombres porque como antes había citado fueron apellidos eliminados de los nuevos documentos expedidos por la administración marroquí. Omar, el padre, había muerto en Am Ehkim Eshamis, el Año del Eclipse Solar, 1958. Su tumba está al noroeste del monte Lask, en la ladera este de una pequeña colina que lleva su nombre, conocida por Edleit Omar, la Colina de Omar, en referencia a la vecindad de la tumba. Y por otra parte la tumba de su abuelo dista unos 2 kilómetros al norte del monte Lask, en un lugar llamado Bughrara, situado al sur del destacado monte Dumes donde está la tumba del sabio y fundador de la primera Universidad Itinerante Saharaui del Derecho Consuetudinario, Mohamed Uld Mohamed Salem, muerto en 1884.
La tumba de Omar  recreada por el pintor saharaui Fadel Jalifa rodeada por cercos de púas, campos de minas y carros militares marroquíes en el Sahara ocupado
En palabras de mi tía, y cito textualmente: “Ese día venía con mis hijos y con mucha ilusión a cumplir el deber que siempre hemos practicado en nuestra cultura en recuerdo a los seres más queridos que nos hayan dejado”. El tono de su voz era muy apagado, la imaginé mirando hacia el suelo, al tratar de escenificar cómo fue impedida la visita a las tumbas de sus familiares. “Cuando ya estábamos cerca del monte Lask lo primero que vimos fue una Jashla, cuartel militar, fortificaciones, zanjas, abrigos de refugio y cercos de púas, justo en la ladera de la colina impidiendo el acceso a la tumba de mi padre. Cuando los militares marroquíes nos vieron se acercaron rodeándonos y les dije que quería acceder a rezar por el alma de mi padre, cuya tumba está en la ladera. Burlones y desafiantes me dijeron: “Mejor que os larguéis de aquí cuanto antes con esa ropa salvaje”.
¿Y justo en este momento qué sentiste?, le pregunté a mi tía. “Cuando vi las caras burlonas con que me respondieron los militares, me dolió mucho que también la tumba de mi padre y de mi abuelo estén asediadas por cercos y campos de minas y que mis hijos y yo estamos privados de visitarlas. Entonces ante la intimidatoria mirada de los militares leí en sus ojos que mejor que yo y mis hijos nos marcháramos de allí antes de un mal mayor, porque sabía de casos que fueron agredidos y violados”.
En un momento tras hacerle esta pregunta, mi tía hizo una pausa y me dijo: “¿A que no vas a publicar lo que te estoy contando? Ya sabes que de hacerlo me podrías hacer daño a mí y a mis hijos”.
Le prometí que no lo publicaría, pero que lo hablaría con investigadores y académicos que se interesarían para su estudio.

Y con estas breves conclusiones concluyo y dejo el tema abierto al debate entre los científicos sociales:
1.      Lo que acabéis de escuchar ¿es culturicidio, etnocidio, genocidio cultural?
2.      ¿En qué lado al respecto debe estar el mundo de la investigación que trabaja en esa área del continente africano, en especial el mundo académico español y portugueses?
3.      “Investigadores, antropólogos, sociólogos e historiadores, los saharauis claman vuestra conciencia académica en visibilizar y tratar en los foros este tema”.
4.      Y por último y con esto acabo, en 5 minutos os invito a observar estas imágenes que por sí solas documentan lo anteriormente expuesto en mi comunicación.





[1] Bebba fue el nombre de un miembro de las facciones tribales de los senhaya que habitaban esa parte del áfrica saheliana y occidental, es decir Sahara Occidental y Mauritania. Se dice que Bebba poseía un ganado camellar de su propiedad y a la vez cuidaba un pequeño ganado que no era de su propiedad, solo le ha sido confiado por una familia para protegerlo. Ulemas árabes le exigieron que debería dar el tributo de la sharia que correspondía a la cantidad de su ganado y lo hizo como todos los años. Pero también intentaron que entregara el tributo por el pequeño ganado que no es de su propiedad y él rechazo alegando que no es suyo el ganado. Se cuenta que fue agredido por los ulemas árabes y al enterarse los senhaya emprendieron contra los árabes la guerra Shar Bebba que duro 30 años. 

El ATS, “El médico del éxodo”. Mohamed Embarec Facal-la


Texto: Bahia MH Awah. Foto: cedida por Hasana Emhamed
Corría el año 1976, principios de la guerra en el Sahara Occidental. España acaba de abandonar el territorio y Marruecos y la Mauritania de Mojtar Uld Dadah anexionaban militarmente al país.
Yo era menor de edad y me encontraba formando parte de los primeros flujos del éxodo huyendo hacía un lugar seguro, como me habían indicado mi madre y mi hermana. Un día después me recogió una unidad de combatientes del Frente Polisario, y me confiaron a una familia que me acogió en Gleibat Legleya;  me trasladó con ella pasando por el pueblo  de Gleibat El Fula, desde donde nos dirigimos a la localidad mártir de Um Draiga. En el tercer bombardeo de la aviación marroquí a esta localidad estábamos cerca del monte Ziza, y todos los miembros de la familia nos apresuramos a escondernos de los aviones debajo de unas frondosas acacias, momento en que me hirió el ojo derecho las afiladas espinas de una talha[1] donde buscaba protección. En aquellas circunstancias adversas no había ningún remedio para mi herida. Estuvo sin cura varias semanas durante la dificultosa huida hacia la ciudad argelina de Tinduf[2].
En una parada en las fronteras de Argelia, en un lugar conocido como Adam Soixante-quinze[3], recibí la primera atención de un sanitario. Me dijo “mañana cuando llegues a Rabuni, que te vea el médico Mohamed Embarec”. No sabía quién era el “médico”, me lo imaginaba como un especialista argelino que atendía a los primeros heridos y enfermos de los refugiados.
Ese día me presenté frente a unas tiendas de campaña de poliéster color azul, con el logo de Croissant-Rouge algérien. Allí estaba un hombre que frisaba los sesenta años, de barba medio canosa, bien poblada y con una sonrisa constante que no perdía a pesar de la pipa de tabaco saharaui que mordía entre sus dientes. Muchas mujeres se dirigían a él como Dah y otros hombres que trabajaban con él le llamaban Mohamed Embarec. Había unas enfermeras españolas con rostro de preocupación que constantemente consultaban con él en su ir y venir de tienda a tienda atendiendo una decena de pacientes.
Recuerdo que Dah me dijo, “Ven hijo”, cogió mi hombro, me metió dentro de la tienda y me sentó sobre unas cajas de madera, de las que guardaban medicamentos frágiles. Y volvió a preguntarme mirando hacia el exterior de la tienda “¿Dónde está tu madre?”. Como veía la grave inflamación que tenía el ojo y la secreción que desprendía por el lagrimal, quería que la explicación más correcta se la diera mi madre. Durante aquellos días del éxodo cada vez que alguien me preguntaba por mi familia, no podía soportar la interpelación y un nudo ahogaba mi garganta y me temblaban los labios. Era la pregunta más hostigadora que he sufrido durante el éxodo. El ATS cogió mi barbilla, la levantó y fijó mi cara hacia sus ojos… y enseguida llamó a una de aquellas sanitarias españolas y le dijo que me desinfectara el ojo, que me pusiera gotas de colirio y me lo tapara con un vendaje. No había posibilidad de prestarme más atención. Había muchos pacientes más graves y sobre todo bebés desnutridos y madres enfermas.
Años más tarde supe la envergadura humana de aquel ATS del éxodo, del exilio y del refugio que me atendió en aquellas circunstancias. En los años ochenta en La Habana compartí mis estudios con uno de sus sobrinos. Y posteriormente en plena guerra en el Sahara conocí en persona a uno de sus hijos que era sanitario militar. En octubre de 1998 lo acompañé como coordinador con el programa de la Ser “Hoy por hoy”, que realizó desde el campamento de la wilaya de Smara Iñaki Gabilondo y su equipo. Aún guardo su imagen sentado, con su pipa de maneiya[4] saharaui en la mano desprendiendo un especial aroma y mirando hacia el horizonte.
La serena y segura voz de Dah en respuesta a la pregunta de Gabilondo sobre cómo recordaba la casa que había tenido que dejar en La Güera, se fusionaba armónicamente con la música de despedida del programa. “La casa la construí con mis manos y la ayuda de mis hijos y amigos… me sentaba en el portal y desde sus ventanas veía el océano Atlántico y sus olas…”. La voz de Mohamed Embarec suavemente se iba alejando del oyente como si celestialmente se marchara hacia aquella entrañable casa de La Güera que le habían arrancado.
El próximo 14 de diciembre se cumplirá el IX aniversario de su marcha, como el ATS “el médico del exilio”, Mohamed Embarec Uld Fakal-la, el ATS que en 1976 despidió entre sus brazos el histórico dirigente saharaui, el médico Buel-la Ahmed Zein. Era el único ATS que la metrópoli había dejado tras su abandono al territorio. Era el hombre que se enfrentó a las horrendas consecuencias del éxodo de la población huyendo del ejército marroquí y de su aviación. Era el hombre que curaba los heridos del napalm que usó Marruecos contra la localidad de Um Draiga. مِّنَ الْمُؤْمِنِينَ رِجَالٌ صَدَقُوا مَا عَاهَدُوا اللَّهَ عَلَيْهِ ۖ فَمِنْهُم مَّن قَضَىٰ نَحْبَهُ وَمِنْهُم مَّن يَنتَظِرُ ۖ وَمَا بَدَّلُوا تَبْدِيلًا. “Entre los fieles hay hombres que cumplieron en su compromiso con el todopoderoso. Algunos corrieron su suerte, otros esperan fieles y sin renuncias”, sura del Corán sobre el compromiso.
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[1] Acacia del desierto.
[2] Tinduf se construyó en 1852 en un antiguo emplazamiento de unos pozos llamados Tendefes, acuíferos citados por el geógrafo y viajero onubense Al Bacri y de los que se dice que desaparecieron a finales del siglo XV. El nombre de Tinduf, en lengua de senhaya significa “la acogedora”, según cuenta en su obra Angel Domenech, en “Chej Ma El Ainin señor de Semara”, sic.
[3] Planicie dentro de las fronteras de Argelia con el Sahara Occidental, que lleva en nombre topográfico Planicie setenta y cinco. Lugar donde paraban convoyes de los primeros flujos de refugiados saharauis perseguidos por las tropas de ocupación del ejército marroquí durante los primeros meses de la invasión al territorio saharaui.
[4] Tabaco natural que fuman los saharauis y los mauritanos en tres tipos de pipas, llamadas طوب Tuba, اعظم   Edaam y سكى Siga.