martes, mayo 25, 2010

Mi Madre



Y la vida sigue igual para mí y mis hermanos cuando ella nos abandonó definitivamente. Nuestra madre hace tiempo que decidió dejarlo todo, hasta sus propios hijos. Solo su penetrante mirada la delataba que aún vivía. Sus sentimientos y su persona los aparcó al otro lado de la vida; quizás junto a su marido, que se apresuró a dejarnos.
Mi madre poco aguantó. Se quedó entre dos aguas, sin él y sin nosotros, simplemente se volvió loca. Mucha pena en muchos años, hasta que al final dejó de respirar en una noche aciaga. Gran pena sentimos sus hijos, cuando la vimos en el limbo de los incomprendidos. La llamaron urgentemente del paraíso, según oí decir a mi tía. Mis hermanos y yo empezamos a vivir ya sin su cuerpo y sin su alma.
Muchas veces nos dijo, en serio y no tan en serio, que se arrepentía de haber venido al exilio y que odiaba a la mayoría de su familia, siempre maldecía al infortunio que nos tocó vivir y de ninguna manera quería compartirlo, era más fuerte su desgano por luchar y se hibernó, temporada tras temporada.
Cuando se fue al más allá, en cuerpo y alma, se fueron con ella, algunos fantasmas, se llevó el hado de los desalmados que pernoctan con la caridad de los fieles y los no tanto y, se llevó la inconsciencia de la paranoia.
Me apresuré a casarme luego, temía al desamparo. Mi vida se hizo un poco más lógica y me desarmé de algunas culpas.
Ahora soy más sensato, aunque huérfano. Mis hermanos sucumben en otras penas y otras glorias. La verdadera vida está al cruzar la esquina o al ir al mercado o, como no, en el paraíso celestial, a donde fue nuestra madre. Ya nos contará y le contaremos, donde quiera que nos encontremos. Espero que esa vez me reconozca.
Ella vivía porque sí, pero estaba loca, muy loca.

Mi madre loca

Mi madre cuerda
nació antes que yo,
en un día azul
sobre una alfombra amarilla.

Mi madre es de sangre
turbia y venas vagas.
Tuvo el honor de vivir
adulada por su vecino,
odiada por su ropa
y enamorada de su abuelo

Loca
loca, loca, loca, loca, loca.
así vivió en mi ausencia.
Cuando volví,
Estaba rematadamente loca.




Chejdan M. Yazid