jueves, mayo 03, 2007

Las huellas de una herida



Nacerá de este triste y herido corazón la historia y la razón de una leyenda que alimenta la memoria de los pájaros peregrinos, en una mañana de octubre las masas enfurecidas sometidas a la autoridad de un rey tirano cruzaron desesperados la frontera, querían recuperar la tierra prometida con cánticos sagrados y promesas de paz, pero ellos alteraron el equilibrio de la sabia naturaleza, arrojaron desde el cielo un fuego encendido y desde la tierra envenenaron el paso de los dromedarios y el pasto fértil del Sahara, mataron cualquier esperanza de acogida en nuestras jaimas.

Los sabios beduinos cuentan que no hubo clemencia ni bondad, nuestra conquista se realizó bajo la espada del fuego y no tuvimos tiempo de elegir, se nos impuso ser súbditos de un reino nacido de la eterna disputa territorial, fuimos victimas de mercenarios y piratas, cuando nuestra leyenda se inspira en la libertad de movimiento persiguiendo las estrellas, las nubes y el sol. Nos encerraron entre minas, radares y alambradas, no se nos permitió cruzar el desierto como antaño, como lo habían hecho nuestros padres y abuelos porque ellos mediante los versos encendidos de Tiris acampaban de frig en frig entre los tres vasos del té, hablaban con los zorros, con las avestruces y con las gacelas.

Esta macabra destrucción dura demasiado tiempo y no tiene un desenlace definitivo, el agredido sigue pidiendo justicia y el juez toma nota de sus palabras lo escucha atentamente, mientras el agresor no descansa un minuto en su empeño ciego de continuar humillando y sometiendo a la víctima. Este juicio es injusto no tiene nada de imparcial porque acepta la condena agónica del más débil y las secuelas psicológicas y físicas que quedan como cicatrices necesitan de un reconocimiento oficial por parte de la justicia, sino estaremos aceptando la escena de un nuevo crimen organizado.

Se reúnen y hablan en busca de devolverle el aliento a un cuerpo roto por quienes han negado su existencia, pero este cuerpo abandonado pide un sorbo de justicia para no deshidratarse en medio del desierto. Basta de palos y zanahorias, nuestra razón de existencia se llama libertad y esa equivale a la vida o la muerte porque así esta demostrado en los pasos nómadas de la historia.


Ali Salem Iselmu