domingo, noviembre 15, 2015

«Los saharauis gritan en español: '¡Fuera Marruecos!'». Bahia Mahmud Awah

«Nunca la hemos considerado una lengua colonial de imposición», explica el poeta Bahia Mahmud Awah, cuando se cumplen cuarenta años del abandono de la provincia africana
España se desprendió del Sáhara Occidental hace ahora cuarenta años, y lo hizo, además, de una forma muy poco honrosa: el 14 de noviembre de 1975, firmó un acuerdo por el que cedía el territorio, que entonces tenía categoría de provincia, a Marruecos y Mauritania. Los civiles españoles fueron evacuados apresuradamente y los últimos militares se marcharon del país dos meses después, llevándose la bandera que acababan de arriar. Pero algo permaneció: el idioma español, que para entonces tenía ya casi un siglo de tradición en el territorio, sobrevivió al abandono de la metrópoli y se convirtió además en un símbolo de resistencia contra el ocupante marroquí. Los turistas desprevenidos suelen quedarse atónitos al toparse, en mitad del desierto, con algún pastor de dromedarios que se dirige a ellos en un castellano que más parece de Salamanca, e incluso en los campos de refugiados de Argelia, a pesar de las décadas de exilio, ha pervivido el idioma.
También se sigue produciendo literatura saharaui en español, con representantes como la denominada Generación de la Amistad, un colectivo del que el poeta Bahia Mahmud Awah es miembro fundador. Hijo de una familia nómada, Awah nació en 1960 en la región de Tiris, en la zona de Río de Oro, y se formó en La Habana y Madrid. Además de numerosas obras literarias, es coautor del libro 'El porvenir del español en el Sahara Occidental'.
¿Por qué se ha mantenido el español en el Sáhara Occidental?
Nosotros los saharauis nunca hemos considerado el español como una lengua colonial de imposición, como sucedió en otras partes de nuestro continente africano, como Senegal, por citar un ejemplo. El español convivió con nuestra lengua hasania durante un siglo y dejó raíces de su presencia tanto cultural como literaria. Fue una coexistencia lingüística y cultural que, tras el abandono vergonzoso y de traición de la metrópoli, hemos considerado un patrimonio lingüístico y un factor más de nuestra identidad histórica, en un espacio geográfico donde predomina la política de la francofonía. Nuestra dirección nacional así lo considera y lo fomenta como segundo idioma que ha llevado nuestra lucha a los pueblos latinoamericanos e hispanos en general.
¿Ha sido una supervivencia difícil?
El régimen marroquí, al ocupar los territorios saharauis, eliminó totalmente el español para confundir la naturaleza y estatus del Sáhara Occidental como excolonia española, registrada en la ONU como uno de los 17 territorios no autónomos que faltan por ejercer su derecho a la independencia. Persiguió a los saharauis que lo hablaban en las ciudades ocupadas y practicó represalias contra toda una generación de saharauis que lo compaginaban con nuestro hasania. Impuso en su lugar la verdadera y, por ello, no aceptada lengua colonial, que es el francés, e intentó doblegar también a los saharauis a través de la política de francofonía impuesta en muchos países africanos. Pero los saharauis no sucumbieron a esa política de adoctrinamiento marroquí. Enseñaron la lengua española a sus hijos de forma clandestina en sus casas y en el desierto, y en sus manifestaciones contra el régimen gritan en español «¡Fuera Marruecos!» y «¡Chiquillo, chiquilla el rey Yahrag beyu!», es decir, «¡reyezuelo, reyezuelo y su padre al infierno!».
Estos días se cumplen cuarenta años de la traicionera marcha de España. En este tiempo, ¿cómo han evolucionado los sentimientos de la población hacia nuestro país?
Es cierto que son ya cuarenta años de lucha. Pero, a pesar del dolor y el largo exilio, los saharauis no guardamos ningún rencor hacia los pueblos de España. Todo de lo contrario: les tenemos gran cariño, solidaridad y aprecio por acompañarnos durante todos esos años de nuestro proceso de liberación. Si no hubiese sido por el apoyo y la solidaridad de estos pueblos hermanos, nos habría resultado difícil seguir luchando contra los vientos y mareas de la injusticia colonial y de ocupación.