Texto del escritor, editor y director de la revista ARIADNA. Antonio Polo
EL XX
ANIVERSARIO DEL GRUPO DE ESCRITORES Y ESCRITORAS SAHARAUIS GENERACIÓN DE LA
AMISTAD
“La poesía, cuando nace del pueblo, nunca se extingue”. Antonio Polo
Hace ya veinte
años, en una mañana calurosa, luminosa y decisiva, nació algo más que un grupo
poético: nació una manera de estar en el mundo desde la palabra compartida. La
Generación de la Amistad se creó en un tiempo de espera y resistencia, cuando
un grupo de jóvenes saharauis, unidos por la lengua, la memoria y la necesidad
de decirse, entendieron que la poesía podía ser también un acto de afirmación
colectiva. No fue un gesto aislado ni una iniciativa efímera, sino el comienzo
de un proyecto cultural sostenido, consciente y profundamente comprometido con
la identidad del pueblo saharaui. Desde sus inicios —tal como recogen los
testimonios y materiales del blog oficial de la Generación de la Amistad— el
grupo se configuró como un espacio de encuentro entre tradición y modernidad,
entre la herencia oral en hassanía y la escritura en lengua española, heredada
de la historia colonial pero convertida, por estos autores, en herramienta de
expresión propia. La elección del español no fue casual: fue una forma de
diálogo con el mundo, de apertura y de comunicación, pero también de
reapropiación cultural.
La Generación
de la Amistad entendió desde el primer momento que escribir era preservar, y
que preservar era resistir. Este aniversario nos devuelve inevitablemente a uno
de los momentos fundacionales de ese camino: el número especial de la revista
Ariadna, “La memoria en la cultura saharaui”, presentado en 2004 en la
Biblioteca Joaquín Leguina. Aquella publicación supuso un hito: por primera
vez, un conjunto amplio y diverso de voces saharauis se reunía para mostrar,
sin intermediarios, la riqueza literaria, poética y simbólica de su cultura. No
era solo una revista: era una declaración de existencia.
La presentación
de Ariadna fue, además, un acto de complicidad y apoyo. Bahía M. Awah y Conchi
Moya ofrecieron entonces un respaldo generoso e imprescindible a la difusión de
la poesía saharaui, tendiendo puentes entre autores, lectores y espacios culturales.
Aquella tarde se respiraba la conciencia de estar participando en algo que iba
más allá de lo literario: se estaba tejiendo una red de afectos, compromisos y
responsabilidades compartidas.
Recordar hoy
ese proceso, los nombres vuelven con la fuerza de lo vivido. Aparecen los
poetas que dieron cuerpo a la Generación de la Amistad y que, con estilos
diversos, compartieron una misma urgencia expresiva: Bahía M. Awah, con su
mirada crítica y su profundo conocimiento de la tradición; Zara Hasnaui, con su
voz firme y necesaria; Ebnu, grabando versos en la madera como quien fija la
memoria en lo tangible; Chejdaj Mahmud; Ali Salem Iselmu; Luali Leshan, Mohamed
Sidati Y, de manera muy especial, Limam Boisha, compañero de caminos y de
libros, con quien tuve el honor de compartir el poemario “A los cuatro vientos”,
símbolo de una poesía que no acepta fronteras ni silencios impuestos.
Recordamos
también a Brahim Cheij Breih, sabio en la palabra y en el gesto, que nos enseñó
que “la verdad dicha con el corazón no duele”, porque nace de la honestidad y
no del rencor. Sus palabras siguen resonando como una ética de la escritura y
de la vida. Aquel día memorable, la poesía se hizo también documento político y
cultural. Christine Spengler leyó la carta de Mohamed Sidati, un texto que
permanece como una de las formulaciones más claras del sentido de aquella
empresa colectiva. “Me siento orgulloso y feliz por mi pueblo — decía— al ver
por primera vez tantas contribuciones saharauis entusiasmadas para dar una
muestra de talento poético y literario, muestra de la riqueza y profundidad de
lo que es y emana la cultura saharaui”. Frente a quienes han negado
sistemáticamente al pueblo saharaui su derecho a la existencia y han intentado
despojarlo de identidad, cultura e historia, aquella edición respondía con
hechos: “Sin embargo, esta edición toma contrapartida a tales pretensiones
haciendo revivir su cultura y restituyendo, con las distintas contribuciones,
elementos con respecto a la riqueza, la diversidad y la profundidad que
caracterizan la cultura saharaui”.
La música de Marien Hasen, ofrecida con la generosidad de Nube Negra, envolvió aquel acto y le dio un pulso emocional inolvidable. La palabra hablada, la palabra cantada y la palabra escrita se unieron en una misma afirmación de dignidad. Pero quizá el recuerdo más intenso sea el de la mañana en la que, de forma casi natural, se terminó de fraguar el grupo que hoy celebramos.
Fue un día
largo, emocionante, lleno de debates y acuerdos. Alrededor de una mesa redonda,
aquellos jóvenes sentaron las bases de lo que sería la Generación de la
Amistad: un colectivo abierto, solidario, consciente de su responsabilidad
cultural. Mientras algunos ultimaban ese “concordato” fundacional, otros
aguardábamos —Ana Rosetti, Conchi Moya, Cristina Montes, Cristina del Valle y
Juan Carlos Jimeno— en medio del estío, cerca de la Plaza de España. Allí, bajo
los pies de Sancho Panza y de su señor, quedó sellada simbólicamente la
existencia de un grupo de poetas que, con el tiempo, se revelarían infinitos. A
lo largo de estas dos décadas, la Generación de la Amistad ha publicado libros,
participado en encuentros internacionales, mantenido vivo su blog como espacio
de memoria y reflexión, y ha demostrado que la poesía puede ser un lugar de
resistencia serena pero firme. Su trabajo ha contribuido decisivamente a que la
literatura saharaui en lengua española sea hoy una realidad reconocida y
respetada.
Celebrar estos
veinte años no es sólo mirar atrás con emoción y gratitud; es también reconocer
la vigencia de un proyecto que sigue interpolándonos. La Generación de la
Amistad nos recuerda que la amistad puede ser un principio estético y político,
que la memoria es una forma de justicia y que la poesía, cuando nace del
pueblo, nunca se extingue. Hoy, como ayer, la palabra saharaui sigue diciendo:
estamos aquí, somos cultura, somos historia, somos amistad.



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