martes, enero 13, 2026

“XX Aniversario de la Generación de la Amistad"


Del artista saharaui Fadel Jalifa

Texto del escritor, editor y director de la revista ARIADNA. Antonio Polo 

EL XX ANIVERSARIO DEL GRUPO DE ESCRITORES Y ESCRITORAS SAHARAUIS GENERACIÓN DE LA AMISTAD

“La poesía, cuando nace del pueblo, nunca se extingue”. Antonio Polo

Hace ya veinte años, en una mañana calurosa, luminosa y decisiva, nació algo más que un grupo poético: nació una manera de estar en el mundo desde la palabra compartida. La Generación de la Amistad se creó en un tiempo de espera y resistencia, cuando un grupo de jóvenes saharauis, unidos por la lengua, la memoria y la necesidad de decirse, entendieron que la poesía podía ser también un acto de afirmación colectiva. No fue un gesto aislado ni una iniciativa efímera, sino el comienzo de un proyecto cultural sostenido, consciente y profundamente comprometido con la identidad del pueblo saharaui. Desde sus inicios —tal como recogen los testimonios y materiales del blog oficial de la Generación de la Amistad— el grupo se configuró como un espacio de encuentro entre tradición y modernidad, entre la herencia oral en hassanía y la escritura en lengua española, heredada de la historia colonial pero convertida, por estos autores, en herramienta de expresión propia. La elección del español no fue casual: fue una forma de diálogo con el mundo, de apertura y de comunicación, pero también de reapropiación cultural.

Del artista Fadel Jalifa

La Generación de la Amistad entendió desde el primer momento que escribir era preservar, y que preservar era resistir. Este aniversario nos devuelve inevitablemente a uno de los momentos fundacionales de ese camino: el número especial de la revista Ariadna, “La memoria en la cultura saharaui”, presentado en 2004 en la Biblioteca Joaquín Leguina. Aquella publicación supuso un hito: por primera vez, un conjunto amplio y diverso de voces saharauis se reunía para mostrar, sin intermediarios, la riqueza literaria, poética y simbólica de su cultura. No era solo una revista: era una declaración de existencia.

La presentación de Ariadna fue, además, un acto de complicidad y apoyo. Bahía M. Awah y Conchi Moya ofrecieron entonces un respaldo generoso e imprescindible a la difusión de la poesía saharaui, tendiendo puentes entre autores, lectores y espacios culturales. Aquella tarde se respiraba la conciencia de estar participando en algo que iba más allá de lo literario: se estaba tejiendo una red de afectos, compromisos y responsabilidades compartidas.

Recordar hoy ese proceso, los nombres vuelven con la fuerza de lo vivido. Aparecen los poetas que dieron cuerpo a la Generación de la Amistad y que, con estilos diversos, compartieron una misma urgencia expresiva: Bahía M. Awah, con su mirada crítica y su profundo conocimiento de la tradición; Zara Hasnaui, con su voz firme y necesaria; Ebnu, grabando versos en la madera como quien fija la memoria en lo tangible; Chejdaj Mahmud; Ali Salem Iselmu; Luali Leshan, Mohamed Sidati Y, de manera muy especial, Limam Boisha, compañero de caminos y de libros, con quien tuve el honor de compartir el poemario “A los cuatro vientos”, símbolo de una poesía que no acepta fronteras ni silencios impuestos.

Recordamos también a Brahim Cheij Breih, sabio en la palabra y en el gesto, que nos enseñó que “la verdad dicha con el corazón no duele”, porque nace de la honestidad y no del rencor. Sus palabras siguen resonando como una ética de la escritura y de la vida. Aquel día memorable, la poesía se hizo también documento político y cultural. Christine Spengler leyó la carta de Mohamed Sidati, un texto que permanece como una de las formulaciones más claras del sentido de aquella empresa colectiva. “Me siento orgulloso y feliz por mi pueblo — decía— al ver por primera vez tantas contribuciones saharauis entusiasmadas para dar una muestra de talento poético y literario, muestra de la riqueza y profundidad de lo que es y emana la cultura saharaui”. Frente a quienes han negado sistemáticamente al pueblo saharaui su derecho a la existencia y han intentado despojarlo de identidad, cultura e historia, aquella edición respondía con hechos: “Sin embargo, esta edición toma contrapartida a tales pretensiones haciendo revivir su cultura y restituyendo, con las distintas contribuciones, elementos con respecto a la riqueza, la diversidad y la profundidad que caracterizan la cultura saharaui”.

La música de Marien Hasen, ofrecida con la generosidad de Nube Negra, envolvió aquel acto y le dio un pulso emocional inolvidable. La palabra hablada, la palabra cantada y la palabra escrita se unieron en una misma afirmación de dignidad. Pero quizá el recuerdo más intenso sea el de la mañana en la que, de forma casi natural, se terminó de fraguar el grupo que hoy celebramos.

Foto El Pais

Fue un día largo, emocionante, lleno de debates y acuerdos. Alrededor de una mesa redonda, aquellos jóvenes sentaron las bases de lo que sería la Generación de la Amistad: un colectivo abierto, solidario, consciente de su responsabilidad cultural. Mientras algunos ultimaban ese “concordato” fundacional, otros aguardábamos —Ana Rosetti, Conchi Moya, Cristina Montes, Cristina del Valle y Juan Carlos Jimeno— en medio del estío, cerca de la Plaza de España. Allí, bajo los pies de Sancho Panza y de su señor, quedó sellada simbólicamente la existencia de un grupo de poetas que, con el tiempo, se revelarían infinitos. A lo largo de estas dos décadas, la Generación de la Amistad ha publicado libros, participado en encuentros internacionales, mantenido vivo su blog como espacio de memoria y reflexión, y ha demostrado que la poesía puede ser un lugar de resistencia serena pero firme. Su trabajo ha contribuido decisivamente a que la literatura saharaui en lengua española sea hoy una realidad reconocida y respetada.

Celebrar estos veinte años no es sólo mirar atrás con emoción y gratitud; es también reconocer la vigencia de un proyecto que sigue interpolándonos. La Generación de la Amistad nos recuerda que la amistad puede ser un principio estético y político, que la memoria es una forma de justicia y que la poesía, cuando nace del pueblo, nunca se extingue. Hoy, como ayer, la palabra saharaui sigue diciendo: estamos aquí, somos cultura, somos historia, somos amistad. 


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