"En nombre de Dios clemente y misericordioso
El hijo de Mohamed bin Abdelaziz es Mohamed El Alem, apodado Awah, que tuvo cuatro hijos: Mohamed, Omar, Bahia y Hamadi.
Un grupo de poetas saharauis que pretenden transmitir el sufrimiento de su pueblo, unidos por historias de pastores que se perdieron persiguiendo sus sueños tras una nube
Texto del artista Walad Mohamed Awah
En junio de 2016 recibí una llamada que hoy resuena con fuerza en
mi memoria. Era Federico Guzmán. Yo me encontraba en la Ciudad de México y su
voz, urgente y firme, me pedía que bajara a los campamentos saharauis. No era
una invitación cualquiera: quería que juntos dejáramos una huella en el muro principal, fachada del Ministerio de Cultura Saharaui, un mural que hablara de dignidad,
de resistencia y de belleza en medio del desierto del exilio saharaui.
Días después, sin dudarlo, movió cielo y tierra y me consiguió los
billetes desde Ciudad de México hasta Tinduf. Así era Fico: decidido, generoso,
incapaz de quedarse quieto cuando el arte podía convertirse en puente entre los
pueblos.
Cuando empezamos a pintar, me miró y dijo con esa mezcla suya de
ironía y ternura:
“Tú haz la parte izquierda, donde están los dromedarios. Nadie los
conoce mejor que los saharauis. Yo me encargo de la derecha, donde hay un
olivo… porque los mejores olivos están en Andalucía y yo soy andaluz”.
Y en aquella pared, entre arena y viento, quedaron unidos el
desierto y el Mediterráneo, el Sáhara y Andalucía, la memoria y la esperanza.
Fuimos juntos comisarios del Festival Internacional de Arte y
Derechos Humanos en el Sáhara Occidental, Artifariti. Caminamos las mismas
calles de arena, compartimos jaimas, conversaciones interminables y sueños
enormes. Y en cada gesto suyo estaba el mismo amor radical por el arte y el
mismo compromiso profundo con el pueblo saharaui.
Fico no miraba desde lejos: se entregaba. Pintaba, escuchaba,
defendía, abrazaba. Su corazón estaba hecho de colores, de justicia y de
lealtad.
Hoy el pueblo saharaui pierde a un hermano, Andalucía pierde a uno
de sus hijos más luminosos y su familia pierde a un ser irreemplazable.
Nosotros los saharauis perdimos a un compañero de lucha y de belleza.
Descansa en paz, hermano.
Tu nombre quedará escrito en los muros del desierto y en la memoria
de quienes creemos que el arte puede cambiar el mundo.
Gloria eterna
Volver a recordar es volver a reencontrar
lo que se ha vivido. Hay recuerdos imborrables que permanecen quietos a lo
largo de la vida, te acompañan en cada paso que das, en cada momento. Uno de
esos momentos que queda para siempre en la memoria es aquel día caluroso en la
ciudad de Madrid. Era un nueve de julio de 2005. Varios escritores y poetas
decidieron crear la Generación de la Amistad Saharaui. Llevar entonces la
palabra convertida en verso a otros lugares del mundo. Luchar contra la
desmemoria y el olvido. Convertir el lenguaje en un territorio irreductible capaz
de desafiar fronteras y barreras.
Los versos de la Generación de la
Amistad Saharaui se convirtieron en libros, en un nuevo oasis que bebe de los
pozos de Tiris, de sus parajes interminables y de sus cumbres oscuras que
emergen en el espejismo. La hasanía se funde con el castellano, los versos de
Beibuh y Badi nacen después de una lluvia, de una tormenta de arena, cerca de
la luz de una hoguera. Allí es donde la generación del exilio dialoga con otro
lenguaje nacido en los poemas de Limam Boicha, de Zahra Hasnaui o de Bahía
Mahmud Awah.
Los recuerdos de la Radio Nacional
Saharaui desde el exilio resuenan como voz nítida que unió a los poetas de la
Generación de la Amistad para siempre. El programa Poemario por un Sahara Libre
mantuvo la esperanza en la tierra perdida al convertirse en ese territorio
intangible. Desde Madrid la periodista y escritora Conchi Moya Fernández se
convirtió en la antologa que acompañó a este grupo de poetas saharauis,
transmitió su literatura y la desmenuzó desde una mirada profunda.
Jamás un grupo de poetas saharauis
pensó que sus versos iban a ser leídos en la lengua de Shakespeare, de moliere,
de Dante Aligieri o de Bernardo Atxaga.
Nunca la palabra estuvo tan ligada al
exilio, a la perdida de forma dolorosa de un territorio como en los versos saharauis
de la Generación de la Amistad. La imagen de una acacia, un árbol de Ignin, las
huellas de un dromedario, un pozo de agua, nos llevan hacia la inmensidad donde
el calor de una hoguera nace en una noche estrellada.
Palabras como Aagla, Tiris, Dajla,
Aaiún nacen en cada verso, se mezclan como un susurro que busca en la memoria
de la poesía la identidad perdida. El territorio como poesía traspasa
fronteras, florece en un árbol de mangos y olivos, descubre la humedad, la
escarcha o la nieve. Nada escapa a este viento de arena, a esta lluvia que se
precipitó hace veinte años en la ciudad de Madrid.
Nunca una Generación había luchado
tanto para no ser borrada por el olvido. Son sus versos los que señalan el
camino hacia el mar, hacia el territorio que habita en la memoria de cada poeta
y no perece.
Veinte años de antologías, libros y
universidades han acompañado la voz de un pueblo al que quieren robar el
relato, desterrar sus versos en hasanía y castellano. Quieren hacer desparecer
sus raíces, enterrar la historia de sus eruditos.
En el “Libro del nomadeo” “Kitab Albadía”
del sabio Chej Mohamed Elmami, vemos como la tierra de los saharauis queda
cubierta de versos que viajan como la arena hacia la montaña de Tangat, se
alzan sobre su cumbre como una esperanza que no perece.
La Generación de la Amistad Saharaui
deja un legado de veinte años de memoria, versos y poesía. Una melodía que
reposa en las entrañas del Tiris, viaja sobre cada cumbre, de la que nace un
eco que susurra en cada grano de arena.
Tiris en el recuerdo
En el recuerdo permanecen quietas,
las entrañas del Tiris
su cielo vibrante de estrellas
sus dunas blancas
sus cumbres oscuras.
Del Tiris nació la arena
el agua transparente,
el viento que penetra en la tierra
hace cantar a las montañas.
Los diablos y diablesas
son lagartos
que hablan mirando la luna
en busca del calor del fuego.
"La historia arranca desde ahí con amor, valentía, resiliencia ..."
Mucha historia se describe quizás sin recelo de un verso apropiado como un poema para el canto. Ese llamamiento podría ser discreto o llamativo depende de la ocurrencia del tiempo que marcaría su conjugación lingüística, pero también en su propio matiz con el que se llevaría a cabo un himno totalmente igualitario para que no sea diferente en su contexto. Entonces, la historia arranca desde ahí con amor, valentía, resiliencia, ganando espacio en el tiempo para volver a evocar otro medio siglo de ocupación, de exilio y silencio cómplice.
De hecho, la
prosa, el verso y la lírica en el Sáhara occidental se sitúan perfectamente en
esa vertiente literaria en las que se enmarcan las raíces tanto africanistas
como ibéricas, por su proximidad e influencia. Una relación consensuada con el
mismo tono que descifra la guitarra y el canto. Una extraordinaria convivencia
cultural que se ha visto forjada en los mismos límites de una tierra sosegada
como su propia gente. En efecto, es entonces una cultura que solo se podría
catalogar como endémica abierta a lo universal sin dejar de poseer sus propias
características que la difieren en algunos aspectos de sus vecinos.
Con la prosa,
el verso y la narrativa se describen los paisajes más rústicos y naturales,
plenos de cotidianidad y realidad de un pueblo que se debate entre el exilio y
la ocupación de su tierra. En este sentido resurge todo un embrujo artístico y
folklórico que avala con destreza la marcha mancomunada de todo un pueblo en
aras de su independencia.
Desde antaño
reluce todo un despertar silencioso, pero también omnipresente en todas las
esferas del encanto. El ensueño y el verso como legado histórico. Por su fuerza
el verso suena dignamente trazando estelas en medio de un océano de dunas que
sus aires retumban como un lejano tambor en medio del desierto.
En esa soledad
resurge inesperadamente un grupo de escritores y poetas beduinos por naturaleza
como sus ancestros. Hoy sin embargo plasman otra lección con voz y pluma
incomparable de dignidad y resistencia. Veinte años, un aniversario más que
habita en la memoria de una Generación de la Amistad confiada en una pluma
precisa, en arte y leyenda para siempre. Entonces cuando se vea la obra
literaria del Sáhara queda para la posteridad una historia de resiliencia y
amor donde sólo hay cabida para el triunfo. Hoy por hoy los poetas y escritores
saharauis continúan caminando detrás de los atajos de sus rebaños, mirándose en
el cielo, mirando las nubes. Esperando con paciencia a que llueva una vez para
siempre, una ilusión, una esperanza.
A finales de 1975 cuando el fuego y
el miedo empujaron a nuestro pueblo hacia el este, la familia Ahel Afnido caminó
entre el dolor del éxodo. Dejaron atrás hogares y tierras quemadas, pero
llevaron consigo algo que ninguna invasión podía destruir: la fe y la justicia.
De ese polvo y esa resiliencia
emergió la figura de Badda Hammadi.
En la dureza de los campamentos de
Tinduf, donde faltaba todo, él ofreció lo esencial. Se erigió como pilar de
justicia, reconciliando familias rotas y uniendo lo que la guerra intentaba
separar. Cuando no había escuelas, su voz fue refugio; decenas de niños
aprendieron las primeras letras del Corán bajo su tutela, encontrando luz en
tiempos de oscuridad.
Pero más allá del juez y el erudito, recordamos al padre.
Recordamos las noches de invierno en
la jaima, cuando nos vencía el sueño al arrullo de su voz recitando versículos
sagrados junto a nuestras cabezas. Y recordamos despertar en el calor del
verano para encontrarlo igual, inamovible, en vigilia permanente, rogando a
Dios por la libertad de su pueblo y la protección de los muyahidines.
Fueron cincuenta años de servicio
inquebrantable. Cincuenta años construyendo pozos para la sed, mezquitas para
el alma y una biblioteca de jurisprudencia para la mente. Vivió con la mirada
puesta en el retorno, deseando descansar en la tierra libre del Sahara.
Hoy, aunque su cuerpo descansa en el
exilio su espíritu ha regresado. Vive en cada estudiante que formó en cada
sentencia justa que dictó y en la memoria de un pueblo que no olvida a sus
sabios.
Que Dios le conceda los jardines más
altos del Paraíso.
HOMENAJE A LA GENERACIÓN DE LA AMISTAD: XX Aniversario (2005–2026)
Por: B.Lehdad.
Hoy, 22 de enero de 2026, coincidiendo con el dia mundial del
abrazo, se cumplen veinte años de un acontecimiento profundamente significativo
para la historia cultural del pueblo saharaui: el nacimiento de la Generación
de la Amistad Saharaui. Veinte años de palabra, memoria y compromiso; veinte
años demostrando que la cultura también es una forma de resistencia.
Cuando ya habían pasado tres décadas en las que la lucha del
pueblo saharaui era contada, en gran medida, por amigos solidarios y también
por voces hostiles o interesadas, un grupo de jóvenes saharauis decidió dar un
paso firme y necesario: la historia, la cultura y la lucha de su pueblo debían
ser narradas por los propios saharauis. No como gesto de exclusión, sino como
acto de dignidad y madurez colectiva.
Así comenzó a aflorar una voz propia, diversa y consciente.
Una voz que habló de ocupación y exilio, pero también de amor, memoria,
infancia, desierto y futuro. Una voz que entendió la cultura no como adorno,
sino como espacio de afirmación identitaria y como herramienta para dialogar
con el mundo.
La Generación de la Amistad Saharaui supo además convertir la
lengua española en un patrimonio vivo del pueblo saharaui. Lejos de ser una
herencia pasiva, el español se transformó en un elemento determinante de la
personalidad cultural saharaui y en un factor diferenciador en el Magreb árabe.
A través de él, la poesía y la narrativa saharauis encontraron nuevos lectores
y nuevas complicidades, sin renunciar nunca a sus raíces, a la hassanía ni a la
tradición oral del desierto.
Como síntesis de ese espíritu colectivo, valgan estos versos:
Escribimos para que el polvo no venza,
para que el exilio no borre nuestra voz,
porque un pueblo existe en la memoria
y en la palabra fiel que describe su dolor.
Durante estas dos décadas, la Generación de la Amistad ha
mantenido viva y actualizada la causa saharaui, especialmente desde el ámbito
cultural, sin estridencias, pero con constancia; sin dogmatismos, pero con una
firme conciencia histórica. Y lo ha hecho siempre tendiendo puentes,
reconociendo y agradeciendo la solidaridad sincera que, ayer como hoy, sigue
acompañando al pueblo saharaui.
En este camino, es de justicia destacar la inestimable
presencia, muchas veces discreta y entre bastidores, de la periodista y
escritora; ya una saharaui más, Conchi Moya, cuyo compromiso constante, honesto
y profundo con la causa saharaui la ha convertido con pleno derecho en parte
de esta travesía colectiva de palabras y memoria.
Hoy celebramos veinte años de una generación que eligió la
amistad frente al olvido, la palabra frente al silencio y la cultura frente a
la negación. Celebramos a quienes entendieron que un pueblo también sobrevive
escribiéndose.
Y cerramos con la voz de uno de sus poetas, Limam Boicha,
porque en ella late el deseo profundo de todo un pueblo:
“A veces los deseos
son inmensos
como los latidos
de este espectro vacío.”
Convencido de que, con este grupo y sus sucesores, la palabra
permanecerá. Y con ella, la dignidad de un pueblo que no se rinde.
¡Feliz aniversario, herman@s!

EL XX
ANIVERSARIO DEL GRUPO DE ESCRITORES Y ESCRITORAS SAHARAUIS GENERACIÓN DE LA
AMISTAD
“La poesía, cuando nace del pueblo, nunca se extingue”. Antonio Polo
Hace ya veinte
años, en una mañana calurosa, luminosa y decisiva, nació algo más que un grupo
poético: nació una manera de estar en el mundo desde la palabra compartida. La
Generación de la Amistad se creó en un tiempo de espera y resistencia, cuando
un grupo de jóvenes saharauis, unidos por la lengua, la memoria y la necesidad
de decirse, entendieron que la poesía podía ser también un acto de afirmación
colectiva. No fue un gesto aislado ni una iniciativa efímera, sino el comienzo
de un proyecto cultural sostenido, consciente y profundamente comprometido con
la identidad del pueblo saharaui. Desde sus inicios —tal como recogen los
testimonios y materiales del blog oficial de la Generación de la Amistad— el
grupo se configuró como un espacio de encuentro entre tradición y modernidad,
entre la herencia oral en hassanía y la escritura en lengua española, heredada
de la historia colonial pero convertida, por estos autores, en herramienta de
expresión propia. La elección del español no fue casual: fue una forma de
diálogo con el mundo, de apertura y de comunicación, pero también de
reapropiación cultural.
La Generación
de la Amistad entendió desde el primer momento que escribir era preservar, y
que preservar era resistir. Este aniversario nos devuelve inevitablemente a uno
de los momentos fundacionales de ese camino: el número especial de la revista
Ariadna, “La memoria en la cultura saharaui”, presentado en 2004 en la
Biblioteca Joaquín Leguina. Aquella publicación supuso un hito: por primera
vez, un conjunto amplio y diverso de voces saharauis se reunía para mostrar,
sin intermediarios, la riqueza literaria, poética y simbólica de su cultura. No
era solo una revista: era una declaración de existencia.
La presentación
de Ariadna fue, además, un acto de complicidad y apoyo. Bahía M. Awah y Conchi
Moya ofrecieron entonces un respaldo generoso e imprescindible a la difusión de
la poesía saharaui, tendiendo puentes entre autores, lectores y espacios culturales.
Aquella tarde se respiraba la conciencia de estar participando en algo que iba
más allá de lo literario: se estaba tejiendo una red de afectos, compromisos y
responsabilidades compartidas.
Recordar hoy
ese proceso, los nombres vuelven con la fuerza de lo vivido. Aparecen los
poetas que dieron cuerpo a la Generación de la Amistad y que, con estilos
diversos, compartieron una misma urgencia expresiva: Bahía M. Awah, con su
mirada crítica y su profundo conocimiento de la tradición; Zara Hasnaui, con su
voz firme y necesaria; Ebnu, grabando versos en la madera como quien fija la
memoria en lo tangible; Chejdan Mahmud; Ali Salem Iselmu; Luali Leshan, Mohamed
Sidati Y, de manera muy especial, Limam Boisha, compañero de caminos y de
libros, con quien tuve el honor de compartir el poemario “A los cuatro vientos”,
símbolo de una poesía que no acepta fronteras ni silencios impuestos.
Recordamos
también a Brahim Cheij Breih, sabio en la palabra y en el gesto, que nos enseñó
que “la verdad dicha con el corazón no duele”, porque nace de la honestidad y
no del rencor. Sus palabras siguen resonando como una ética de la escritura y
de la vida. Aquel día memorable, la poesía se hizo también documento político y
cultural. Christine Spengler leyó la carta de Mohamed Sidati, un texto que
permanece como una de las formulaciones más claras del sentido de aquella
empresa colectiva. “Me siento orgulloso y feliz por mi pueblo — decía— al ver
por primera vez tantas contribuciones saharauis entusiasmadas para dar una
muestra de talento poético y literario, muestra de la riqueza y profundidad de
lo que es y emana la cultura saharaui”. Frente a quienes han negado
sistemáticamente al pueblo saharaui su derecho a la existencia y han intentado
despojarlo de identidad, cultura e historia, aquella edición respondía con
hechos: “Sin embargo, esta edición toma contrapartida a tales pretensiones
haciendo revivir su cultura y restituyendo, con las distintas contribuciones,
elementos con respecto a la riqueza, la diversidad y la profundidad que
caracterizan la cultura saharaui”.
La música de Marien Hasen, ofrecida con la generosidad de Nube Negra, envolvió aquel acto y le dio un pulso emocional inolvidable. La palabra hablada, la palabra cantada y la palabra escrita se unieron en una misma afirmación de dignidad. Pero quizá el recuerdo más intenso sea el de la mañana en la que, de forma casi natural, se terminó de fraguar el grupo que hoy celebramos.
Fue un día
largo, emocionante, lleno de debates y acuerdos. Alrededor de una mesa redonda,
aquellos jóvenes sentaron las bases de lo que sería la Generación de la
Amistad: un colectivo abierto, solidario, consciente de su responsabilidad
cultural. Mientras algunos ultimaban ese “concordato” fundacional, otros
aguardábamos —Ana Rosetti, Conchi Moya, Cristina Montes, Cristina del Valle y
Juan Carlos Gimeno— en medio del estío, cerca de la Plaza de España. Allí, bajo
los pies de Sancho Panza y de su señor, quedó sellada simbólicamente la
existencia de un grupo de poetas que, con el tiempo, se revelarían infinitos. A
lo largo de estas dos décadas, la Generación de la Amistad ha publicado libros,
participado en encuentros internacionales, mantenido vivo su blog como espacio
de memoria y reflexión, y ha demostrado que la poesía puede ser un lugar de
resistencia serena pero firme. Su trabajo ha contribuido decisivamente a que la
literatura saharaui en lengua española sea hoy una realidad reconocida y
respetada.
Celebrar estos
veinte años no es sólo mirar atrás con emoción y gratitud; es también reconocer
la vigencia de un proyecto que sigue interpolándonos. La Generación de la
Amistad nos recuerda que la amistad puede ser un principio estético y político,
que la memoria es una forma de justicia y que la poesía, cuando nace del
pueblo, nunca se extingue. Hoy, como ayer, la palabra saharaui sigue diciendo:
estamos aquí, somos cultura, somos historia, somos amistad.
A la Cueva del verso de Uld Tolba[1]
He venido en busca del
verso
que aun duerme en tus solariegos
párpados,
he venido inquiriendo
antiguos estrofas
que posan entre los húmedos
labios
de tu pasado.
Íntimos instantes en la
cuenca de tus ojos
me refugie,
extendí mi absorta mano
sobre tu vientre
y sentí el verso dialogar:
epopeyas cien años del lodo
cubierta
en tu hierático costado.
Cuan invoqué dioses y
santos librarte
años del olvido,
y cuan quisiera de nuevo
cincelar los cauces
del verso aun jadeante
entre tus labios,
y oculto en tus milenarias
paredes de gemas.
Bahia MH Awah
[1]
Cueva en una colina en la región sur de Tiris, donde el erudito y poeta
saharaui Mohamed Uld Tolba en el Siglo
XVIII, pasaba sus ratos de reflexión contemplando la belleza de Tiris,
escribiendo y enseñando poesía. Dejó en
esta cueva versos registrados en sus paredes que han ido desapareciendo por
causa del tiempo y el lodo que ha ido revistiendo las paredes de la cueva
ocultando y destruyendo ese rastro del verso de Uld Tolba.
Jueves 29 mayo
Proverbio saharaui: اللي ماه امسافر امعاك ما اشدلك “A quien no comparte contigo el viaje no le dejes ensillar tu montura”. Los saharauis sienten el dolor de los palestinos porque sus causas y enemigos son comunes.
El texto de Farah Dih
“Me imagino a una madre con su bebé en brazos, intentando darle un pecho vacío, desnutrido. La reacción instintiva de alguien que se niega a ver a su hijo morir. Me la imagino tarareando una canción de Fairuz para que deje de llorar, aunque sea inútil.
Veo
a un pequeño rebuscar entre las ruinas el cuerpo inerte de su hermana. A un
padre sentado entre los escombros, con el cuerpo inmóvil y la mirada perdida.
Y
yo aquí, viendo como estalla otra bomba desde la pantalla del móvil. Como quien
ve un anuncio que no puede saltar. Como quien quiere detener la gravedad”.