La ciberred Waharawi Voice toma un té de aroma cultural con el antropólogo y escritor el Dr. Bahia MH Awah
Generación de la Amistad saharaui
Un grupo de poetas saharauis que pretenden transmitir el sufrimiento de su pueblo, unidos por historias de pastores que se perdieron persiguiendo sus sueños tras una nube
viernes, octubre 09, 2026
La ciberred Saharawi Voice, a través de su representante Abidin Salec entrevistan al Dr. Bahia MH Awah
Radio Vitoria, charla con el escritor Ali Salem Iselmu sobre su reciente obra poética "Tierra desnuda"
Escuchar entrevista en este enlace: https://drive.google.com/file/d/1C_4_rHk0pmUjnv0wgBO1Bkt-bfxGFXUk
miércoles, junio 24, 2026
Uno de los poemas líricos más bellos de la literatura saharaui en lengua hasanía: la talaa “Bu Lautad”, del juez y poeta Sidati Uld Cheij Ahmed El Heiba
Persiguen a los caballeros,que Dios [...] les ha dadotodas las joyas que tiene.Y yo y mis joyas,[...] y ellos con su acecho,a mí no me podrán expulsar.
¡Qué lejos está Bu Lautad esta vez!,y más lejos aún está Uad Eyenay cuán lejos está Bu Lariahy lejos está Leglat y Aghailás. (…)
Poema Bu LautadSí, todavía hoy amo el monte Bu Lautad, como en aquel tiempoen que por primera vez lo conocí;y juro que a quien no ame Bu Lautadtampoco yo podré amarlo.Desde el fresco amparo de esta acacia contemplo Bu Lautad,hacia el suroeste de los majestuosos montes Leyuad;y la colina de Agheilás,desde donde lo vi antes de bordear mi destino.Fueron, sin duda, lugares de moradas y de amores,y, aunque hayan cambiado, no quiero maldecir los tiempos ingratos.El Bu Lautad que hoy contemplo se alza al nortede Imutlan,y en su ladera escondida reposan las bellas colinas de Iniyan.Veo todos estos parajes;veo la vida marcharse,veo las acampadas beduinasque les daban vida, partir hacia otros destinos.Hoy aquí me encuentro, triste, en Tiris,sin hallar a quien abrazar;me despido de estos montes,y aún con mayor pena de Bu Guetalla.Allí guardo recuerdos de otros tiempos y, sobre todo,de quien ocupa un lugar en mi corazón,con quien compartí mi juventudy a quien aún debo saldar deudas de aquellos años mozos.Su nombre se oculta y se revela en letras:una eme, una i, otra eme y una a.Ahora ignoro dónde podría estar aposentado:si permanece en su acampada habitualo si se ha trasladado hacia otro lugar.Han pasado ya dos meses desde que me despedí de ella,al descubrir la plenitud de su belleza.Cuerpo esbelto, hermoso y de virtud impoluta;el ángel del amor me lo reveló y aún me susurra su memoria.Sí, todavía hoy amo el monte Bu Lautad, como en aquel tiempoen que por primera vez lo conocí;y juro que a quien no ame Bu Lautadtampoco yo podré amarlo.
بولوتاد اليم اللي عاد نبقيه افضهر اعرفتو فيهو اللي مايبقي بولوتاد ولاهي ينا ما نبقيهبولوتاد اعريش امنمكاد اللي كبلت ساحل لجوادو اقيلاس ؤ هذا فحداد بولولاتد ؤ جيت امجوليهبل الديار الوكر ؤ لوجاد من شي ماني متقشمي فيه(...)
lunes, junio 08, 2026
Estaban solos
Óleo del artista saharaui Fadel Jalifa.
Por Ali Salem Iselmu, escritor, poeta y periodista
Estaban solos encima de
una duna descansando, alejados del ruido del mundo, buscando su propia libertad
en aquel interminable paisaje. Querían abrazarse con mucha fuerza sobre la fina
arena, y mezclarse con ella. Sentir su
propia soledad, derrumbarse sobre sus cuerpos.
No querían unirse a ningún grupo. Querían
caminar, correr, y dibujar sus huellas en aquel lugar virgen. Convertir sus
voces en los ecos del viento.
Cuando el imponente sol
empezó a ocultarse, sus sombras se hacían más largas. Podían ver desde lejos,
los movimientos de sus manos, el tamaño de sus cabezas. Caminaban descalzos y
despacio, mientras sus ojos despedían el último rayo de luz.
La noche irrumpió con
sus majestuosas estrellas, la oscuridad era total. A lo lejos se veía la luz de
una linterna, la única señal a muchos kilómetros.
Ellos se adentraron en
aquella cueva, cuyas paredes estaban cubiertas por figuras de extraños
animales, animales tan antiguos que hoy serían difíciles de encontrar. Por el
otro lado, vieron figuras de hombres largos y delegados, que cazaban en la sabana.
Con la luz de la
linterna fueron mirando, todo lo que les rodeaba. Sentían miedo y a la vez
felicidad. Eran los únicos humanos, los primeros conquistadores de un
territorio de lagartos negros y escarabajos.
Abrieron sus dos bultos.
Primero tendieron una manta de color verde, sobre la superficie de la cueva.
Desde el lugar donde colocaron sus cojines, sábanas y sacos de dormir. Podían
ver las estrellas, contemplar el silencio de la noche.
Tenían ganas de besarse,
de fundir sus labios y volver al origen del mundo. Caminar por aquel valle de
árboles verdes, invadido por pequeñas dunas que han ido avanzando con el paso
de los años.
Decidieron entonces dar
un paseo en medio de aquella oscura noche, dejando en el lugar donde iban a
dormir, la luz de una vela. Agarrados de la mano y acompañados de la luz de una
linterna, atravesaron la escasa vegetación, mientras tenían la sensación de ser
observados, de ser vigilados. El cielo era su mejor aliado, las estrellas
rompían la oscuridad, indicaban el camino y le daban un color extraño a las
montañas. Los árboles parecían fantasmas, dispuestos a hablar, a interrumpir la
soledad de aquellas palabras.
Todo era tan bonito, tan
salvaje, tan primitivo en aquel valle que los dos decidieron vencer sus miedos,
besándose intensamente. Dejándose caer sobre aquella duna, cerca del tronco de
un árbol. Se desnudaron y juntos experimentaron el temblor de sus cuerpos, La
inseguridad de aquella naturaleza virgen.
Volvieron sobre sus
pasos. La luz de la vela era la única señal que les podía devolver al interior
de aquel abrigo, en el que se dice que los diablos dibujaron las pinturas
rupestres para asustar a los hombres.
Antes de cerrar sus
ojos, vieron una luz atravesar el cielo, fueron solo unos instantes. En aquel
momento, el sonido de algún pájaro de hábitos nocturnos se oía en el interior
de la cueva. Ellos estaban tan cansados que abrazaron un dulce sueño, lleno a
veces de extraños fantasmas.
domingo, junio 07, 2026
Tiris y el eco del poeta Badi, Mohamed salem
Tiris. Nunca tuve la oportunidad de conocerla, más allá de lo que
cuentan las voces de poetas y cantantes. Me avergüenza reconocerlo, pero es a
través de ellos como he llegado a su arena.
Uno de los poetas que más la amó fue Badi, que en paz descanse. Su
poema Lembeidii[1]
le delata. Es un testimonio de ese vínculo; un canto dedicado a su amor con el
pudor y el recato de quien fue respetuoso con la cultura, la moral y la ética
del auténtico bidani.
El escritor saharaui Bahia Mahmud Awah lo definió como «nuestro
gran referente y poeta nacional» al evocar una frase célebre de Badi: «La
poesía saharaui existió con su rol social mucho antes que nuestra música».
Sus versos no buscaban adornar la realidad, sino conservarla, para
protegerla del olvido. En su obra convivían la melancolía del nómada, el
orgullo de la resistencia y un amor inmenso por la tierra saharaui. Fue un
poeta de imágenes sobrias pero profundas, donde el desierto, los pozos, las
montañas y el viento se transformaban en símbolos vivos de memoria y
permanencia.
Esta tarde, mientras escuchaba al difunto cantautor mauritano,
Aljalifa Uld Eidda, entonar la canción “Bulautad”, el recuerdo de Badi, padre
de la poesía saharaui, volvió a mí con fuerza. He querido honrar su memoria con
los versos en rigurosa prosa que siguen, consciente de que no logran rozar
siquiera su retórica ni su profundidad.
[1] Famoso monte
en la geografía saharaui ubicado en la mítica región del verso, Tiris. Muy recurrido
en la poesía del clásico saharaui Badi Mohamed Salem (1936 – 2019)
Al vigilia de la memoria
Me he subido de nuevo al lomo del Galb[2] Lembeidii,
donde el silencio tiene nombre y la arena, memoria.
El viento del Tiris me golpea con la misma terquedad
con la que tu recuerdo se empeña en reescribir nuestra historia.
Desde este altar de granito, que fue guía de tus penas,
clavo los ojos en el oeste, reclamando lo que el tiempo nos robó.
Allí recortan el cielo los montes de Layuad, majestuosos y quietos,
como el pacto eterno que entre tu juventud y estas piedras nació.
A lo lejos, las sombras de Agailás parecen llamarte;
centinelas de roca que custodian el secreto de lo que fue.
Dicen que desde estas alturas aún se divisa el rastro de tus pasos,
y que el aire, si se sabe escuchar, todavía exhala el aroma de tu ser.
Fue aquí, bajo la sombra esquiva de este noble galb,
donde tus versos se hicieron único y verdadero horizonte.
Lembeidii fue testigo del nudo, del canto y del vínculo,
cuando el sol se hundía tras el perfil del monte,
vistiéndose un selham de luces ocres y blanco.
Hoy el paisaje sigue intacto, hermoso y severo,
pero el vacío de tu ausencia pesa más que la roca
y que ese muro maldito que hiere la tierra.
Miro hacia Layuad y me siento un extranjero
en la misma arena que una vez bendijo tu boca.
¡Oh, Galb Lembeidii! Tú que todo lo miras desde tu altura,
¿Puedes ver a Wankarat, Dumes y Galb El Id...y el eco de las voces de Layuad?
Dime si en Aghailás[3] el viento todavía susurra tu nombre.
Pues desde que Badi calló,
este desierto que respiramos,
es solo un mapa de ausencias,
un eco que ya no responde.
Se apaga la luz sobre el cauce seco del wad,
y en la penumbra me quedo,
a solas con mi lealtad,
mirando hacia el oeste,
donde el horizonte se deshace,
buscando el verso perdido que aún late en Lembeidii.
[1] Famoso monte en la geografía saharaui ubicado en la mítica región del verso, Tiris. Muy recurrido en la poesía del clásico saharaui Badi Mohamed Salem (1936 – 2019)
[2] Monte.
[3] Colina conocida entre la población de Tiris por Emdeinit Aghailás, situada al sur de los montes de Auserd. Tiene un pozo de mampostería antiguo, rodeada por pequeños grupos de acacias. La administración de ocupación marroquí creó entorno al pozo un pequeño pueblo abandonado, sin habitantes.
martes, abril 21, 2026
Lenguas y tradiciones literarias norteafricanas en california
martes, marzo 17, 2026
Defensa tesis doctoral de Bahia MH Awah en la UAM: "Una espléndida tesis: original, rigurosa y llena de aportaciones diversas", Carlos Gimenez Romero
"En nombre de Dios clemente y misericordioso
El hijo de Mohamed bin Abdelaziz es Mohamed El Alem, apodado Awah, que tuvo cuatro hijos: Mohamed, Omar, Bahia y Hamadi.
miércoles, febrero 11, 2026
Un comprometido artista se fue dejando desiertos y olivares
Texto del artista Walad Mohamed Awah
En junio de 2016 recibí una llamada que hoy resuena con fuerza en
mi memoria. Era Federico Guzmán. Yo me encontraba en la Ciudad de México y su
voz, urgente y firme, me pedía que bajara a los campamentos saharauis. No era
una invitación cualquiera: quería que juntos dejáramos una huella en el muro principal, fachada del Ministerio de Cultura Saharaui, un mural que hablara de dignidad,
de resistencia y de belleza en medio del desierto del exilio saharaui.
Días después, sin dudarlo, movió cielo y tierra y me consiguió los
billetes desde Ciudad de México hasta Tinduf. Así era Fico: decidido, generoso,
incapaz de quedarse quieto cuando el arte podía convertirse en puente entre los
pueblos.
Cuando empezamos a pintar, me miró y dijo con esa mezcla suya de
ironía y ternura:
“Tú haz la parte izquierda, donde están los dromedarios. Nadie los
conoce mejor que los saharauis. Yo me encargo de la derecha, donde hay un
olivo… porque los mejores olivos están en Andalucía y yo soy andaluz”.
Y en aquella pared, entre arena y viento, quedaron unidos el
desierto y el Mediterráneo, el Sáhara y Andalucía, la memoria y la esperanza.
Fuimos juntos comisarios del Festival Internacional de Arte y
Derechos Humanos en el Sáhara Occidental, Artifariti. Caminamos las mismas
calles de arena, compartimos jaimas, conversaciones interminables y sueños
enormes. Y en cada gesto suyo estaba el mismo amor radical por el arte y el
mismo compromiso profundo con el pueblo saharaui.
Fico no miraba desde lejos: se entregaba. Pintaba, escuchaba,
defendía, abrazaba. Su corazón estaba hecho de colores, de justicia y de
lealtad.
Hoy el pueblo saharaui pierde a un hermano, Andalucía pierde a uno
de sus hijos más luminosos y su familia pierde a un ser irreemplazable.
Nosotros los saharauis perdimos a un compañero de lucha y de belleza.
Descansa en paz, hermano.
Tu nombre quedará escrito en los muros del desierto y en la memoria
de quienes creemos que el arte puede cambiar el mundo.
Gloria eterna
jueves, enero 29, 2026
GENERACIÓN DE LA AMISTAD SAHARAUI: VEINTE AÑOS DE VERSOS Y EXILIO
Texto: Ali Salem Iselmu, periodista y escritor saharaui
Volver a recordar es volver a reencontrar
lo que se ha vivido. Hay recuerdos imborrables que permanecen quietos a lo
largo de la vida, te acompañan en cada paso que das, en cada momento. Uno de
esos momentos que queda para siempre en la memoria es aquel día caluroso en la
ciudad de Madrid. Era un nueve de julio de 2005. Varios escritores y poetas
decidieron crear la Generación de la Amistad Saharaui. Llevar entonces la
palabra convertida en verso a otros lugares del mundo. Luchar contra la
desmemoria y el olvido. Convertir el lenguaje en un territorio irreductible capaz
de desafiar fronteras y barreras.
Los versos de la Generación de la
Amistad Saharaui se convirtieron en libros, en un nuevo oasis que bebe de los
pozos de Tiris, de sus parajes interminables y de sus cumbres oscuras que
emergen en el espejismo. La hasanía se funde con el castellano, los versos de
Beibuh y Badi nacen después de una lluvia, de una tormenta de arena, cerca de
la luz de una hoguera. Allí es donde la generación del exilio dialoga con otro
lenguaje nacido en los poemas de Limam Boicha, de Zahra Hasnaui o de Bahía
Mahmud Awah.
Los recuerdos de la Radio Nacional
Saharaui desde el exilio resuenan como voz nítida que unió a los poetas de la
Generación de la Amistad para siempre. El programa Poemario por un Sahara Libre
mantuvo la esperanza en la tierra perdida al convertirse en ese territorio
intangible. Desde Madrid la periodista y escritora Conchi Moya Fernández se
convirtió en la antologa que acompañó a este grupo de poetas saharauis,
transmitió su literatura y la desmenuzó desde una mirada profunda.
Jamás un grupo de poetas saharauis
pensó que sus versos iban a ser leídos en la lengua de Shakespeare, de moliere,
de Dante Aligieri o de Bernardo Atxaga.
Nunca la palabra estuvo tan ligada al
exilio, a la perdida de forma dolorosa de un territorio como en los versos saharauis
de la Generación de la Amistad. La imagen de una acacia, un árbol de Ignin, las
huellas de un dromedario, un pozo de agua, nos llevan hacia la inmensidad donde
el calor de una hoguera nace en una noche estrellada.
Palabras como Aagla, Tiris, Dajla,
Aaiún nacen en cada verso, se mezclan como un susurro que busca en la memoria
de la poesía la identidad perdida. El territorio como poesía traspasa
fronteras, florece en un árbol de mangos y olivos, descubre la humedad, la
escarcha o la nieve. Nada escapa a este viento de arena, a esta lluvia que se
precipitó hace veinte años en la ciudad de Madrid.
Nunca una Generación había luchado
tanto para no ser borrada por el olvido. Son sus versos los que señalan el
camino hacia el mar, hacia el territorio que habita en la memoria de cada poeta
y no perece.
Veinte años de antologías, libros y
universidades han acompañado la voz de un pueblo al que quieren robar el
relato, desterrar sus versos en hasanía y castellano. Quieren hacer desparecer
sus raíces, enterrar la historia de sus eruditos.
En el “Libro del nomadeo” “Kitab Albadía”
del sabio Chej Mohamed Elmami, vemos como la tierra de los saharauis queda
cubierta de versos que viajan como la arena hacia la montaña de Tangat, se
alzan sobre su cumbre como una esperanza que no perece.
La Generación de la Amistad Saharaui
deja un legado de veinte años de memoria, versos y poesía. Una melodía que
reposa en las entrañas del Tiris, viaja sobre cada cumbre, de la que nace un
eco que susurra en cada grano de arena.
Tiris en el recuerdo
En el recuerdo permanecen quietas,
las entrañas del Tiris
su cielo vibrante de estrellas
sus dunas blancas
sus cumbres oscuras.
Del Tiris nació la arena
el agua transparente,
el viento que penetra en la tierra
hace cantar a las montañas.
Los diablos y diablesas
son lagartos
que hablan mirando la luna
en busca del calor del fuego.
lunes, enero 26, 2026
MUCHA HISTORIA, texto del escritor y periodista Mohamidi Fakala
"La historia arranca desde ahí con amor, valentía, resiliencia ..."
Mucha historia se describe quizás sin recelo de un verso apropiado como un poema para el canto. Ese llamamiento podría ser discreto o llamativo depende de la ocurrencia del tiempo que marcaría su conjugación lingüística, pero también en su propio matiz con el que se llevaría a cabo un himno totalmente igualitario para que no sea diferente en su contexto. Entonces, la historia arranca desde ahí con amor, valentía, resiliencia, ganando espacio en el tiempo para volver a evocar otro medio siglo de ocupación, de exilio y silencio cómplice.
De hecho, la
prosa, el verso y la lírica en el Sáhara occidental se sitúan perfectamente en
esa vertiente literaria en las que se enmarcan las raíces tanto africanistas
como ibéricas, por su proximidad e influencia. Una relación consensuada con el
mismo tono que descifra la guitarra y el canto. Una extraordinaria convivencia
cultural que se ha visto forjada en los mismos límites de una tierra sosegada
como su propia gente. En efecto, es entonces una cultura que solo se podría
catalogar como endémica abierta a lo universal sin dejar de poseer sus propias
características que la difieren en algunos aspectos de sus vecinos.
Con la prosa,
el verso y la narrativa se describen los paisajes más rústicos y naturales,
plenos de cotidianidad y realidad de un pueblo que se debate entre el exilio y
la ocupación de su tierra. En este sentido resurge todo un embrujo artístico y
folklórico que avala con destreza la marcha mancomunada de todo un pueblo en
aras de su independencia.
Desde antaño
reluce todo un despertar silencioso, pero también omnipresente en todas las
esferas del encanto. El ensueño y el verso como legado histórico. Por su fuerza
el verso suena dignamente trazando estelas en medio de un océano de dunas que
sus aires retumban como un lejano tambor en medio del desierto.
En esa soledad
resurge inesperadamente un grupo de escritores y poetas beduinos por naturaleza
como sus ancestros. Hoy sin embargo plasman otra lección con voz y pluma
incomparable de dignidad y resistencia. Veinte años, un aniversario más que
habita en la memoria de una Generación de la Amistad confiada en una pluma
precisa, en arte y leyenda para siempre. Entonces cuando se vea la obra
literaria del Sáhara queda para la posteridad una historia de resiliencia y
amor donde sólo hay cabida para el triunfo. Hoy por hoy los poetas y escritores
saharauis continúan caminando detrás de los atajos de sus rebaños, mirándose en
el cielo, mirando las nubes. Esperando con paciencia a que llueva una vez para
siempre, una ilusión, una esperanza.
Adiós al erudito y juez saharaui Badda Hammadi fallecido en su largo exilio en Argelia
Texto del hijo Maaruf Badda Hammadi
A finales de 1975 cuando el fuego y
el miedo empujaron a nuestro pueblo hacia el este, la familia Ahel Afnido caminó
entre el dolor del éxodo. Dejaron atrás hogares y tierras quemadas, pero
llevaron consigo algo que ninguna invasión podía destruir: la fe y la justicia.
De ese polvo y esa resiliencia
emergió la figura de Badda Hammadi.
En la dureza de los campamentos de
Tinduf, donde faltaba todo, él ofreció lo esencial. Se erigió como pilar de
justicia, reconciliando familias rotas y uniendo lo que la guerra intentaba
separar. Cuando no había escuelas, su voz fue refugio; decenas de niños
aprendieron las primeras letras del Corán bajo su tutela, encontrando luz en
tiempos de oscuridad.
Pero más allá del juez y el erudito, recordamos al padre.
Recordamos las noches de invierno en
la jaima, cuando nos vencía el sueño al arrullo de su voz recitando versículos
sagrados junto a nuestras cabezas. Y recordamos despertar en el calor del
verano para encontrarlo igual, inamovible, en vigilia permanente, rogando a
Dios por la libertad de su pueblo y la protección de los muyahidines.
Fueron cincuenta años de servicio
inquebrantable. Cincuenta años construyendo pozos para la sed, mezquitas para
el alma y una biblioteca de jurisprudencia para la mente. Vivió con la mirada
puesta en el retorno, deseando descansar en la tierra libre del Sahara.
Hoy, aunque su cuerpo descansa en el
exilio su espíritu ha regresado. Vive en cada estudiante que formó en cada
sentencia justa que dictó y en la memoria de un pueblo que no olvida a sus
sabios.
Que Dios le conceda los jardines más
altos del Paraíso.
Carta del escritor Bachir Lehdad a sus paisanos de Generación de la Amistad en su 20 aniversario. Rezuma amistad y apoyo …
HOMENAJE A LA GENERACIÓN DE LA AMISTAD: XX Aniversario (2005–2026)
Por: B.Lehdad.
Hoy, 22 de enero de 2026, coincidiendo con el dia mundial del
abrazo, se cumplen veinte años de un acontecimiento profundamente significativo
para la historia cultural del pueblo saharaui: el nacimiento de la Generación
de la Amistad Saharaui. Veinte años de palabra, memoria y compromiso; veinte
años demostrando que la cultura también es una forma de resistencia.
Cuando ya habían pasado tres décadas en las que la lucha del
pueblo saharaui era contada, en gran medida, por amigos solidarios y también
por voces hostiles o interesadas, un grupo de jóvenes saharauis decidió dar un
paso firme y necesario: la historia, la cultura y la lucha de su pueblo debían
ser narradas por los propios saharauis. No como gesto de exclusión, sino como
acto de dignidad y madurez colectiva.
Así comenzó a aflorar una voz propia, diversa y consciente.
Una voz que habló de ocupación y exilio, pero también de amor, memoria,
infancia, desierto y futuro. Una voz que entendió la cultura no como adorno,
sino como espacio de afirmación identitaria y como herramienta para dialogar
con el mundo.
La Generación de la Amistad Saharaui supo además convertir la
lengua española en un patrimonio vivo del pueblo saharaui. Lejos de ser una
herencia pasiva, el español se transformó en un elemento determinante de la
personalidad cultural saharaui y en un factor diferenciador en el Magreb árabe.
A través de él, la poesía y la narrativa saharauis encontraron nuevos lectores
y nuevas complicidades, sin renunciar nunca a sus raíces, a la hassanía ni a la
tradición oral del desierto.
Como síntesis de ese espíritu colectivo, valgan estos versos:
Escribimos para que el polvo no venza,
para que el exilio no borre nuestra voz,
porque un pueblo existe en la memoria
y en la palabra fiel que describe su dolor.
Durante estas dos décadas, la Generación de la Amistad ha
mantenido viva y actualizada la causa saharaui, especialmente desde el ámbito
cultural, sin estridencias, pero con constancia; sin dogmatismos, pero con una
firme conciencia histórica. Y lo ha hecho siempre tendiendo puentes,
reconociendo y agradeciendo la solidaridad sincera que, ayer como hoy, sigue
acompañando al pueblo saharaui.
En este camino, es de justicia destacar la inestimable
presencia, muchas veces discreta y entre bastidores, de la periodista y
escritora; ya una saharaui más, Conchi Moya, cuyo compromiso constante, honesto
y profundo con la causa saharaui la ha convertido con pleno derecho en parte
de esta travesía colectiva de palabras y memoria.
Hoy celebramos veinte años de una generación que eligió la
amistad frente al olvido, la palabra frente al silencio y la cultura frente a
la negación. Celebramos a quienes entendieron que un pueblo también sobrevive
escribiéndose.
Y cerramos con la voz de uno de sus poetas, Limam Boicha,
porque en ella late el deseo profundo de todo un pueblo:
“A veces los deseos
son inmensos
como los latidos
de este espectro vacío.”
Convencido de que, con este grupo y sus sucesores, la palabra
permanecerá. Y con ella, la dignidad de un pueblo que no se rinde.
¡Feliz aniversario, herman@s!








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