miércoles, junio 24, 2026

Uno de los poemas líricos más bellos de la literatura saharaui en lengua hasanía: la talaa “Bu Lautad”, del juez y poeta Sidati Uld Cheij Ahmed El Heiba



Texto del Dr.Bahia MH Awah

من أجمل القصائد الغنائية في الأدب الصحراوي باللغة الحسانية: طلعت: بو لوتاد. للقاضي, العلامة والشاعر سيداتي ولد الشيج أحمد الهيبة

Resulta evidente que la literatura saharaui escrita en lengua hasanía desarrolló sus propias escuelas, periodos de esplendor, edades de oro y figuras de referencia, tanto en el ámbito épico como en el lírico. Es precisamente este último campo el que motiva la presente reflexión. Antes de adentrarnos en ella, conviene recordar lasمحاظر maḥāḍir literarias de Tiris, representadas por Mohamed Uld Tolba[1], Chej Mohamed Elmami[2] y Chej Ma El Ainin[3] en la alcazaba de Smara. Aquel periodo de auge fue posteriormente definido como la primera Edad de Oro de la literatura saharaui escrita en su propia lengua, lhasaniya o hasania. Estas escuelas literarias formaron a eminentes poetas y eruditos, quienes difundieron sus conocimientos por la región saharaui de Tiris, así como por el Adrar en las medinas de Chinguetti y Wadan. En el marco de ese auge de erudición y poético-literario posterior a las maḥāḍir eruditas, cabe destacar la figura del erudito y poeta Sayed Uld Buseif[4], autor del presente poema lírico, compuesto tras su participación en una celebración nupcial abierta. Al advertir su presencia, las autoridades coloniales francesas en Mauritania intentaron detenerlo, en tanto que poeta vinculado a la resistencia anticolonial:

Persiguen a los caballeros,

que Dios [...] les ha dado

todas las joyas que tiene.

Y yo y mis joyas,

[...] y ellos con su acecho,

a mí no me podrán expulsar.

NT: Recreación al castellano del poema original en hasanía, realizada por Bahia Mahmud Awah.

También destaca Mohamed Uld Ahmed Merhba[5], cuyos versos y estilo de caballero resuenan en este poema, donde evocaba lugares y moradas de Tiris que recorrió y cantó en su poesía lírica, aún viva en la memoria colectiva de su cultura.

¡Qué lejos está Bu Lautad esta vez!,

y más lejos aún está Uad Eyena

y cuán lejos está Bu Lariah

y lejos está Leglat y Aghailás. (…)

NT: Recreación al castellano del poema original en hasanía, realizada por Bahia Mahmud Awah.

En los años ochenta, los líderes saharauis, entre ellos Bachir Uld Mustafa Uld Sayed —entonces segunda figura del Frente Polisario y responsable de su organización política, convocaron un encuentro dedicado a la promoción de la literatura y la cultura desde una perspectiva transversal.

Para aquella cita eligieron tema central la belleza de la poesía en hasanía dentro de sus géneros literarios, ابحور. En torno al encuentro se reunieron poetas de prestigio social, como Badi Moh. Salem, Bachir Uld Ali Uld Abderrahman, Beibuh Uld Buddi Uld El Hach, El Cori Uld Labid, Sidi Uld Moulud Uld Sidi Abdala alías Budjertala, Sharfa Uld Daf, Abeh Uld Salahi, Mohamed Salec Uld Buzeid, Husein Moulud y Bunana Uld Buseif, entre otros.

Durante los debates se preguntó a los asistentes cuál era, a su juicio, el poema lírico más bello que habían compuesto o escuchado de otros autores. Se recitaron varios poemas de cada participante. Entre los poemas líricos mencionados figuró un talaa del juez y poeta Sidati Uld Cheij Ahmed El Heiba[6], titulado “Bu Lautad”, según me reveló el poeta Bunana Uld Buseif. Esta iniciativa constituye, a mi entender, una de las experiencias culturales más significativas pensadas y desarrolladas en el marco del proceso de resistencia cultural del pueblo saharaui, más allá de la dimensión estrictamente política. Desde este encuentro comenzó a fraguar el inicio del Festival internacional de cultura y artes populares saharaui, FICAPS.

Poema Bu Lautad

Sí, todavía hoy amo el monte Bu Lautad, como en aquel tiempo

en que por primera vez lo conocí;

y juro que a quien no ame Bu Lautad

tampoco yo podré amarlo.

Desde el fresco amparo de esta acacia contemplo Bu Lautad,

hacia el suroeste de los majestuosos montes Leyuad;

y la colina de Agheilás,

desde donde lo vi antes de bordear mi destino.

Fueron, sin duda, lugares de moradas y de amores,

y, aunque hayan cambiado, no quiero maldecir los tiempos ingratos.

El Bu Lautad que hoy contemplo se alza al norte

de Imutlan,

y en su ladera escondida reposan las bellas colinas de Iniyan.

Veo todos estos parajes;

veo la vida marcharse,

veo las acampadas beduinas

que les daban vida, partir hacia otros destinos.

Hoy aquí me encuentro, triste, en Tiris,

sin hallar a quien abrazar;

me despido de estos montes,

y aún con mayor pena de Bu Guetalla.

Allí guardo recuerdos de otros tiempos y, sobre todo,

de quien ocupa un lugar en mi corazón,

con quien compartí mi juventud

y a quien aún debo saldar deudas de aquellos años mozos.

Su nombre se oculta y se revela en letras:

una eme, una i, otra eme y una a.

Ahora ignoro dónde podría estar aposentado:

si permanece en su acampada habitual

o si se ha trasladado hacia otro lugar.

Han pasado ya dos meses desde que me despedí de ella,

al descubrir la plenitud de su belleza.

Cuerpo esbelto, hermoso y de virtud impoluta;

el ángel del amor me lo reveló y aún me susurra su memoria.

Sí, todavía hoy amo el monte Bu Lautad, como en aquel tiempo

en que por primera vez lo conocí;

y juro que a quien no ame Bu Lautad

tampoco yo podré amarlo.

NT: Recreación al castellano del poema original en hasanía, realizada por Bahia Mahmud Awah.

Se incluyen a continuación extractos de los primeros versos del poema en hasanía, Bu Lautad, útiles para lectores e investigadores, así como para las nuevas generaciones de jóvenes saharauis hasanófonas, necesitadas de este tipo de bibliografía de autoría saharaui.

بولوتاد اليم اللي عاد         نبقيه افضهر اعرفتو فيه

و اللي مايبقي بولوتاد               ولاهي ينا ما نبقيه

بولوتاد اعريش امنمكاد       اللي كبلت ساحل لجواد

و اقيلاس ؤ هذا فحداد       بولولاتد ؤ جيت امجوليه

بل الديار الوكر ؤ لوجاد    من شي ماني متقشمي فيه

(...)

NT: Recreación al castellano del poema original en hasanía, realizada por Bahia Mahmud Awah.

La dicha de haber nacido y de haber educado en Tiris, de la mano de sus maestros y poetas, conduce al pensamiento literario y a la erudición badiana. Badi Uld Mohamed Salem decía que Tiris es “el paraíso telúrico en el día del Juicio Final”. El poeta de la misma generación, Sidi Brahim Uld Salama Uld Eydud, reafirma este planteamiento con la siguiente aserción:

– Bahia, respondiendo a la pregunta que has hecho a Mohamed Salem[7], ¿sabes por qué el verso está tan arraigado entre nosotros? Antes en el Sahara el niño, junto con los primeros versículos que aprendía para hacer la oración, aprendía a recitar versos de un poeta, y al cabo de poco tiempo se convertiría él mismo en poeta. Yo escribí mis primeros versos con doce años. Mahmud Awah, Bahia (2016: 319-320)

Desde un análisis discursivo-literario, este talaa de Sidati revela la profunda relación del poeta con Tiris, entendida no solo como paisaje, sino como pertenencia, memoria e identidad. Los montes, colinas y parajes concretos convierten el territorio en una topografía sentimental, cargada de memoria colectiva, desde la cual el poeta dialoga consigo mismo y con las generaciones posteriores. La mirada del poeta sobre el paisaje nace de la nostalgia y del amor, no de la distancia. Compuesto en el contexto de la lucha anticolonial de 1958, cuando la dispersión afectó a los nómadas y a sus espacios habitados. El poema tiene como eje central el canto a una mujer amada, que más tarde sería compañera de vida de Sidati Uld Cheij Ahmed El Heiba. Así, la evocación del territorio se enlaza con una memoria íntima: la juventud, la deuda sentimental y la presencia implícita de ese amor que sostiene la fuerza lírica del texto.

El poema alcanza su clímax al retomar el primer gaf y repetir el motivo inicial —“amo Bu Lautad…”—, creando una estructura circular que devuelve el texto a su punto de partida. Así, toda la evocación confirma la fidelidad del poeta a Bu Lautad y a Mima, مما . La voz poética es marcadamente subjetiva, y la belleza de este talaa se articula desde la mirada del hablante, condensada en verbos como “amo”, “veo”, “me despido” y en su búsqueda dice “desconozco” donde podría estar. El exilio forzoso y el destierro desorbitan el corazón.

Conclusiones

El texto de Sidati Uld Cheij Ahmed El Heiba, “Bu Lautad” remarca una expresión lírica profundamente vinculada a Tiris, concebida no solo como espacio geográfico, sino también como territorio de memoria, pertenencia e identidad. La composición poética alcanza su fuerza expresiva mediante una estructura circular que retoma el gaf[8] inicial del amor por Bu Lautad, reafirmando la fidelidad del poeta al territorio y a su memoria afectiva.

Bibliografía escrita y oral

Caro Baroja, Julio. (1990). “Estudios saharianos”. Editorial Júcar. Segunda edición publicada originalmente en 1955.

Moulud, Husein, (2026) Conversación telefónica desde la ciudad de Barcelona Catalunya,

Mahmud Awah, Bahia, (2016). Tiris, rutas literarias, Editorial Ultima línea. Sección memorias del Sahara Occidental.

Uld Ahmed Uld Buseif, Bunana, junio (2026). Conversación telefónica desde la ciudad de Bilbao, País Vasco.

Uld Abderrahman Uld Ali, Bachir, (2026) Conversación telefónica desde los campos del exilio saharaui en el sur de Argelia, Tinduf.


[1] Mohamed Uld Tolba, nombre que en algunas bibliografías aparece también como Emhamed Uld Tolba o simplemente Uld Tolba, fue una excelsa figura de las letras hasanianas que cantó en el siglo XIX a Tiris, la tierra que tanto amó y que lo inspiró. Nació en Tiris en 1774 y murió en 1856 en el monte Ntiyat, en la región de Tiris Sur.

[2] El erudito Chej Mohamed Elmami vivió entre 1792 y 1865 y describió la belleza de Tiris en su obra poética Jlil, “El delfín”.

[3] Chej Ma El Ainin, teólogo y erudito saharaui-mauritano, vivió entre 1830 y 1910. Fue fundador de la ciudad cultural y religiosa de Smara. Falleció y fue enterrado en Tiznit, en el sur del territorio de Marruecos.

[4] Seyid Uld Buseif fue un referente en la literatura saharaui y también en la lucha de resistencia anticolonial contra Francia. Nació en 1915 en Tiris y murió el 12 de febrero de 1993 en la ciudad de Dajla, antigua Villa Cisneros.

[5] De este gran vate tirseño, Mohamed Uld Ahmed Merhba, (1870 – 1929) enterrado enكرف اكمين Garf Akmin en las cercanías del monteكلب اظليم Galb Edlim. Gran poeta y guerrero saharaui de mitad del siglo XX. Una admirada figura, cuya vida estuvo relacionada con muchas anécdotas en batallas de la resistencia anticolonial saharaui. El antropólogo Julio Caro Baroja en su obra Estudios Saharianos, recogió en 1953 anécdotas biográficas de su vida: “En cierta ocasión por ese periodo de enfrentamientos y guerras tribales le preguntaron a Mohamed Uld Ahmed Merhba. – ¿Por qué huiste delante de los Ulad Bu Sbaa? Y éste respondió: – Yo escapé delante de las balas (Sic)”.

[6] Erudito, juez y poeta anticolonial tirseño saharaui-mauritano, (1847 – 1906) formó parte de la resistencia anticolonial saharaui-mauritana. Poseía cualidades excepcionales entre los poetas y caballeros de su época, destacando la sinceridad de sus emociones y su profundo sentido de identidad nacional. Fue un humanista dotado de humildad y generosidad. Su poesía se distingue por su fluidez lingüística, la gran coherencia de sus significados, sus descripciones precisas y su ferviente emotividad.

[7] Se trata del gran orador y registro de la historia de la poesía oral hasania y sus autores saharauis, Mohamed Salem Uld Abdelmayid (1944 – 2022) Fue el autor que provocó en los años sesenta y setenta el primer debate poético entre los clásicos Salama Uld Eydud y Yedehlu Uld Esid, sobre el modo de vida sedentarización y nómada. Durante los últimos años del periodo colonial en el Sahara Occidental fue guía, traductor y garganta profunda del Frente Polisario dentro del cuerpo militar español del Sahara conocido por Agrupación de Tropas Nómadas, ATN, hasta el abandono de la metrópoli en 1976 cuando se incorporó a las primeras filas del Frente Polisario.

[8] Verso corto.

lunes, junio 08, 2026

Estaban solos


Óleo del artista saharaui Fadel Jalifa. 

Por Ali Salem Iselmu, escritor, poeta y periodista                                                                

Estaban solos encima de una duna descansando, alejados del ruido del mundo, buscando su propia libertad en aquel interminable paisaje. Querían abrazarse con mucha fuerza sobre la fina arena, y mezclarse con ella.  Sentir su propia soledad, derrumbarse sobre sus cuerpos.

No  querían unirse a ningún grupo. Querían caminar, correr, y dibujar sus huellas en aquel lugar virgen. Convertir sus voces en los ecos del viento.

Cuando el imponente sol empezó a ocultarse, sus sombras se hacían más largas. Podían ver desde lejos, los movimientos de sus manos, el tamaño de sus cabezas. Caminaban descalzos y despacio, mientras sus ojos despedían el último rayo de luz.

La noche irrumpió con sus majestuosas estrellas, la oscuridad era total. A lo lejos se veía la luz de una linterna, la única señal a muchos kilómetros.

Ellos se adentraron en aquella cueva, cuyas paredes estaban cubiertas por figuras de extraños animales, animales tan antiguos que hoy serían difíciles de encontrar. Por el otro lado, vieron figuras de hombres largos y delegados, que cazaban en la  sabana.

Con la luz de la linterna fueron mirando, todo lo que les rodeaba. Sentían miedo y a la vez felicidad. Eran los únicos humanos, los primeros conquistadores de un territorio de lagartos negros y escarabajos.

Abrieron sus dos bultos. Primero tendieron una manta de color verde, sobre la superficie de la cueva. Desde el lugar donde colocaron sus cojines, sábanas y sacos de dormir. Podían ver las estrellas, contemplar el silencio de la noche.

Tenían ganas de besarse, de fundir sus labios y volver al origen del mundo. Caminar por aquel valle de árboles verdes, invadido por pequeñas dunas que han ido avanzando con el paso de los años.

Decidieron entonces dar un paseo en medio de aquella oscura noche, dejando en el lugar donde iban a dormir, la luz de una vela. Agarrados de la mano y acompañados de la luz de una linterna, atravesaron la escasa vegetación, mientras tenían la sensación de ser observados, de ser vigilados. El cielo era su mejor aliado, las estrellas rompían la oscuridad, indicaban el camino y le daban un color extraño a las montañas. Los árboles parecían fantasmas, dispuestos a hablar, a interrumpir la soledad de aquellas palabras.

Todo era tan bonito, tan salvaje, tan primitivo en aquel valle que los dos decidieron vencer sus miedos, besándose intensamente. Dejándose caer sobre aquella duna, cerca del tronco de un árbol. Se desnudaron y juntos experimentaron el temblor de sus cuerpos, La inseguridad de aquella  naturaleza virgen.

Volvieron sobre sus pasos. La luz de la vela era la única señal que les podía devolver al interior de aquel abrigo, en el que se dice que los diablos dibujaron las pinturas rupestres para asustar a los hombres.

Antes de cerrar sus ojos, vieron una luz atravesar el cielo, fueron solo unos instantes. En aquel momento, el sonido de algún pájaro de hábitos nocturnos se oía en el interior de la cueva. Ellos estaban tan cansados que abrazaron un dulce sueño, lleno a veces de extraños fantasmas. 

                                                                                                             

 

domingo, junio 07, 2026

Tiris y el eco del poeta Badi, Mohamed salem

Por: Bachir Lehdad, intelectual saharaui

​Tiris. Nunca tuve la oportunidad de conocerla, más allá de lo que cuentan las voces de poetas y cantantes. Me avergüenza reconocerlo, pero es a través de ellos como he llegado a su arena.

​Uno de los poetas que más la amó fue Badi, que en paz descanse. Su poema Lembeidii[1] le delata. Es un testimonio de ese vínculo; un canto dedicado a su amor con el pudor y el recato de quien fue respetuoso con la cultura, la moral y la ética del auténtico bidani.

El escritor saharaui Bahia Mahmud Awah lo definió como «nuestro gran referente y poeta nacional» al evocar una frase célebre de Badi: «La poesía saharaui existió con su rol social mucho antes que nuestra música».

​Sus versos no buscaban adornar la realidad, sino conservarla, para protegerla del olvido. En su obra convivían la melancolía del nómada, el orgullo de la resistencia y un amor inmenso por la tierra saharaui. Fue un poeta de imágenes sobrias pero profundas, donde el desierto, los pozos, las montañas y el viento se transformaban en símbolos vivos de memoria y permanencia.

​Esta tarde, mientras escuchaba al difunto cantautor mauritano, Aljalifa Uld Eidda, entonar la canción “Bulautad”, el recuerdo de Badi, padre de la poesía saharaui, volvió a mí con fuerza. He querido honrar su memoria con los versos en rigurosa prosa que siguen, consciente de que no logran rozar siquiera su retórica ni su profundidad.



[1] Famoso monte en la geografía saharaui ubicado en la mítica región del verso, Tiris. Muy recurrido en la poesía del clásico saharaui Badi Mohamed Salem (1936 – 2019)


Al vigilia de la memoria

​Me he subido de nuevo al lomo del Galb[2] Lembeidii,

donde el silencio tiene nombre y la arena, memoria.

El viento del Tiris me golpea con la misma terquedad

con la que tu recuerdo se empeña en reescribir nuestra historia.

​Desde este altar de granito, que fue guía de tus penas,

clavo los ojos en el oeste, reclamando lo que el tiempo nos robó.

Allí recortan el cielo los montes de Layuad, majestuosos y quietos,

como el pacto eterno que entre tu juventud y estas piedras nació.

​A lo lejos, las sombras de Agailás parecen llamarte;

centinelas de roca que custodian el secreto de lo que fue.

Dicen que desde estas alturas aún se divisa el rastro de tus pasos,

y que el aire, si se sabe escuchar, todavía exhala el aroma de tu ser.

​Fue aquí, bajo la sombra esquiva de este noble galb,

donde tus versos se hicieron único y verdadero horizonte.

Lembeidii fue testigo del nudo, del canto y del vínculo,

cuando el sol se hundía tras el perfil del monte,

vistiéndose un selham de luces ocres y blanco.

​Hoy el paisaje sigue intacto, hermoso y severo,

pero el vacío de tu ausencia pesa más que la roca

y que ese muro maldito que hiere la tierra.

Miro hacia Layuad y me siento un extranjero

en la misma arena que una vez bendijo tu boca.

​¡Oh, Galb Lembeidii! Tú que todo lo miras desde tu altura,

¿Puedes ver a Wankarat, Dumes y Galb El Id...y el eco de las voces de Layuad?

Dime si en Aghailás[3] el viento todavía susurra tu nombre.

Pues desde que Badi calló,

este desierto que respiramos,

es solo un mapa de ausencias,

un eco que ya no responde.

​Se apaga la luz sobre el cauce seco del wad,

y en la penumbra me quedo,

a solas con mi lealtad,

mirando hacia el oeste,

donde el horizonte se deshace,

buscando el verso perdido que aún late en Lembeidii.

[1] Famoso monte en la geografía saharaui ubicado en la mítica región del verso, Tiris. Muy recurrido en la poesía del clásico saharaui Badi Mohamed Salem (1936 – 2019)

[2] Monte.

[3] Colina conocida entre la población de Tiris por Emdeinit Aghailás, situada al sur de los montes de Auserd. Tiene un pozo de mampostería antiguo, rodeada por pequeños grupos de acacias. La administración de ocupación marroquí creó entorno al pozo un pequeño pueblo abandonado, sin habitantes.

martes, abril 21, 2026

Lenguas y tradiciones literarias norteafricanas en california



Relato crónica de un viaje del escritor y periodista saharaui Ali Salem Iselmu

Cuando empecé mi largo viaje desde Vitoria pasando por Madrid para ir a Frankfurt, nunca pensé que iba a recorrer miles de kilómetros del hemisferio norte de nuestro planeta. El continente europeo desparecía ante mis ojos, después aparecían las islas del Reino Unido e Irlanda, luego Islandia estaba más al norte rodeada de un inmenso océano. Observé desde el avión las interminables tierras de Groenlandia, una enorme isla de color blanco, la azafata me ofrecía el desayuno, yo estaba inmerso leyendo mi traducción de los poemas de Badi sobre el Tiris. Leía del hasanía al castellano, volvía a releer la ubicación de las dunas, de las montañas negras, el paisaje desnudo acompañado de las huellas de un dromedario o una gacela. “Qué lejos estoy”, pensaba en ese momento.

El avión seguía avanzando en dirección California, hacia la ciudad de los ángeles. Yo conocía el paisaje de Groenlandia a través de los viajes de los inuit, su modo de vida basado en la domesticación del caribú y sus técnicas de pesca. Había leído el cuento de Jack London “Como encender una hoguera”, sentía el frío penetrar en mis huesos cuando observaba en la pantalla del avión la temperatura exterior de menos 56 grados. Estaba decidido a alcanzar la ciudad californiana de Claremont para exponer los orígenes de la literatura saharaui, participar del simposio “Twenty-First Century North African Writers Their Language” ese era mi objetivo. Quería conocer a la profesora Fazia Aitel, catedrática del Departamento de Literatura Moderna de la Universidad Claremont Mckenna College. Le había traído de regalo mi última novela acompañada de una melhfa de colores vivos que visten las mujeres en el Sahara Occidental.

Leía el cuaderno de presentación del simposio dedicado a escritores del Norte de África. Allí estaba el nombre de Ali Akkache de la Universidad de George Washington, las lenguas que hablaba eran Tamazight, árabe e inglés, Lynda Chouiten profesora de literatura inglesa de la Universidad de Boumerdes y Belkacem Mezghouchen escritor en varias lenguas como el francés, tamazight y el inglés. Todos ellos les unía Argelia con sus diversidad cultural y lingüística, un país nacido de las montañas del Aurés hasta las montañas del Hoggar. El desierto, el mediterráneo, el árabe, tamazight, francés, inglés, dariya y el tuareg son sus señas de identidad. La tradición de la diversidad lingüística en Argelia era un testigo que el tiempo y la historia habían conservado a la largo de los siglos.

Otra poeta y traductor de Túnez, a la vez de Rhode Island, Milad Fazia. En sus palabras se mezclaban el árabe clásico, el inglés y la lengua dialectal de su tierra. En sus poemas aparecían los habitantes originarios de Palestina y su éxodo, el sufrimiento de varias generaciones que sobreviven en la memoria de cada verso.

De repente apareció la palabra exilio en mis versos, el poema “limpiaré mis lágrimas”. Allí estaba el recorrido de Lehdia Mohamed Dafa como médico y escritora, el Sahara Occidental de la infancia, de los parajes perdidos. Una tierra prohibida y violentada desde el océano hasta las montañas de Zemmur y Tiris. Yo hablaba de mis primeros poemas, de la mezcla de versos en hasanía y castellano. Dos lenguas, dos tradiciones que habían permanecido en mi interior mezclándose con palabras en euskera que me recordaban la lluvia de diminutas gotas.
Crónica publicada por el periódico vasco Gara en su suplemento cultural


Apareció el océano pacífico ante mis ojos, primero lo oteé con mi mirada, quise abrazar el agua, pero en mí había un verso que me obligaba a tocar las olas, a sentir aquel océano en la playa “Manhattan Beach”, ver como su fuerza te llevaba hacia dentro.

Vicente el hombre que me había acompañado, vigilaba con su mirada el impacto de las olas sobre la arena. En ese momento supe que el Caribe y el Atlántico estaban lejos, los mares que acompañaron mis versos desde la infancia.

Cuántas lenguas, cuántas palabras en aquel simposio que organizó la profesora Fazia Aitel junto con Bassam Frangiech. Los estudiantes escuchaban atentos cada palabra, los versos viajaban de una lengua a otra, Bassam me invitaba a su clase a hablar en hasanía y castellano, a buscar los versos en los granos de cada duna.

En ese momento supe que algún estudiante de Claremont Mckenna College había aprendido la palabra Sáhara, la palabra hasanía. Entonces llegué a la conclusión que las montañas negras, los dromedarios y las dunas son los poemas saharauis que quedan siempre en la memoria.

Volví envuelto del paisaje de California, su primavera de flores amarillas, sus anchas calles y aquella ardilla del desierto de Mojave que se desplazaba de árbol en árbol. El avión de Lufthansa alzó sus alas sobre el Nuevo Mundo en busca del Viejo Mundo, un mundo en el que se libraba una nueva guerra que nadie entendía.

 

martes, marzo 17, 2026

Defensa tesis doctoral de Bahia MH Awah en la UAM: "Una espléndida tesis: original, rigurosa y llena de aportaciones diversas", Carlos Gimenez Romero

Cum Laude para Bahia MH Awah en su defensa de tesis doctoral en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid. Tesis titulada, "Vida y obra del poeta Bahia Uld Mohamed El Alem (Bahia Uld Awah 1891 - 1989). Destierro colonial e invisibilización social"

D a I: Dr. Isaías Barreñada, Dra. Farah Dih, Dra. Margarita Alfaro, Dr. Juan Ignacio Robles, Dr. Bahia MH Awah, escritora y periodista Conchi Moya Fernández, Dr. Carlos Giménez Romero, Dr. Juan Carlos Gimeno Martín y Dra. Vivian Solana Moreno.

Viernes 13/03/2026 “(…) Una tesis original, rigurosa, llena de aportaciones diversas (…)” Carlos Giménez Romero, presidente del tribunal de la tesis.

Desde muy temprana edad, mi madre —la poeta y maestra Jadiyetu Omar— nos inculcó a mis hermanas y a mí un principio fundamental que repetía incansablemente en hasanía: الجهل عار و العلم نور —“la ignorancia es aberración y el saber es esplendor”. La guerra del Sáhara Occidental en 1975 nos separó cuando yo apenas tenía quince años. A partir de entonces, pasaron largos años sin que ella supiera nada de mí. Durante aquel período de éxodo y exilio, recorrí distintos internados en el norte de Argelia, donde completé mis estudios de bachillerato, para posteriormente iniciar mi formación universitaria en La Habana.

Las palabras de mi madre, que con el tiempo se convirtieron en un desafío personal, resonaban en mis oídos con la constante inquietud de no defraudar su confianza. Mi vida en el exilio y la diáspora fue transcurriendo, como escribió el poeta Limam Boicha, entre “años abandonados, esqueletos trágicos, como grandes tormentas…”. Sin embargo, cada vez que esas tormentas amainaban, el horizonte se despejaba y mi determinación para alcanzar mis objetivos se fortalecía.

El pasado viernes 13 de marzo, en la sala de juntas de la Facultad de Filosofía y Letras de mi universidad, UAM, defendí con seguridad y rigor académico mi tesis doctoral. Fue una auténtica batalla intelectual-académica en el marco de una antropología comprometida y descolonizada. El profesor emérito Carlos Giménez Romero —una figura destacada en el ámbito académico— valoró el trabajo con las siguientes palabras, que deseo compartir con mis paisanos, amistades, familiares y todas aquellas personas interesadas en las ciencias humanas:

Hola, colegas.

Una vez más, una espléndida tesis en nuestro programa de doctorado: original, rigurosa y llena de aportaciones diversas. Muy necesaria esta labor de visibilización, profundamente implicada con el proyecto nacional saharaui y de clara orientación pública. Será de recomendable lectura una vez publicada.

Como en otras ocasiones, la presentación de la tesis de Bahía —nuestro colega y profesor honorario— fue un acto académico y científico vibrante y hermoso.

Enhorabuena al nuevo doctor, a Juan Carlos y Juan Ignacio, directores de la tesis, y al Departamento.” (Giménez Romero, Carlos, 2026)


Los directores de la tesis de Bahia, Juan Carlos Gimeno y Juan Ignacio Ribles

Pasajes de la temática etnográfica investigada en la tesis

Genealogía de shurfa-zuaya de la familia del poeta Bahia Uld Awah, Ahel Mohamed El Alem, descendientes de la tribu mauritana,Tafilalet.

El hombre indicado con 1 en la foto es el hermano del poeta y erudito Bahia Uld Awah, se trata del guerrero anticolonial, Omar Uld Awah, quien sirvió de auxiliar de confianza al jefe tribal y anticolonial saharaui-mauritano Mohamed Uld Hammada Uld El Jalil. Foto tomada en 1917 en Saint Louis Senegal.


Documento manuscrito extraído de la obra tratado sociológico sobre las genealogías de familias y tribus mauritanas, "Qitab Al Ajbaar, antología" del sabio e historiador mauritano Harun bin Cheij Sidiya Baba". Obra en la que he descubierto el eslabón perdido de linaje shurfa-zuaya de la familia del poeta Bahia Uld Awah. Reproduzco la traducción del texto original de este documento histórico descubierto en la obra de Harun.

"En nombre de Dios clemente y misericordioso

El hijo de Mohamed bin Abdelaziz es Mohamed El Alem, apodado Awah, que tuvo cuatro hijos: Mohamed, Omar, Bahia y Hamadi.

Encontré un documento que tenía Chej Mrabih Rabu con letra y puño de su hermano Chej Taleb Ajyar donde afirma que Mohamed bin Abdelaziz es descendiente de Tafilalet y que es shrif. Su familia vivió durante un periodo con Ulad Delim y luego con Erguibat. Y en estos se integraron, prefiriendo a los Erguibat que su pertenencia de origen. Fin del texto.

Letra y puño de Harun Bin Chej Sidiya, autor de las letras de este texto. Firma: Harun Bin Chej Sidiya".

Nota
En breve iré publicando interesantes extractos y pasajes del corpus antropológico, histórico y literario de esta tesis. Y para este año saldrán dos libros, la obra poética del poeta y un ensayo antropológico sobre la vida de esta gran figura invisibilizada de las letras hasanianas de la cultura bidan, Bahia Uld Awah. 


miércoles, febrero 11, 2026

Un comprometido artista se fue dejando desiertos y olivares

 

"Tuiza" la jaima de Federico Guzmán, una cita intercultural en el Palacio de Cristal 2015

Texto del artista Walad Mohamed Awah

En junio de 2016 recibí una llamada que hoy resuena con fuerza en mi memoria. Era Federico Guzmán. Yo me encontraba en la Ciudad de México y su voz, urgente y firme, me pedía que bajara a los campamentos saharauis. No era una invitación cualquiera: quería que juntos dejáramos una huella en el muro principal, fachada del Ministerio de Cultura Saharaui, un mural que hablara de dignidad, de resistencia y de belleza en medio del desierto del exilio saharaui.

Días después, sin dudarlo, movió cielo y tierra y me consiguió los billetes desde Ciudad de México hasta Tinduf. Así era Fico: decidido, generoso, incapaz de quedarse quieto cuando el arte podía convertirse en puente entre los pueblos.

Cuando empezamos a pintar, me miró y dijo con esa mezcla suya de ironía y ternura:

“Tú haz la parte izquierda, donde están los dromedarios. Nadie los conoce mejor que los saharauis. Yo me encargo de la derecha, donde hay un olivo… porque los mejores olivos están en Andalucía y yo soy andaluz”.

Y en aquella pared, entre arena y viento, quedaron unidos el desierto y el Mediterráneo, el Sáhara y Andalucía, la memoria y la esperanza.

Fuimos juntos comisarios del Festival Internacional de Arte y Derechos Humanos en el Sáhara Occidental, Artifariti. Caminamos las mismas calles de arena, compartimos jaimas, conversaciones interminables y sueños enormes. Y en cada gesto suyo estaba el mismo amor radical por el arte y el mismo compromiso profundo con el pueblo saharaui.

Fico no miraba desde lejos: se entregaba. Pintaba, escuchaba, defendía, abrazaba. Su corazón estaba hecho de colores, de justicia y de lealtad.

Hoy el pueblo saharaui pierde a un hermano, Andalucía pierde a uno de sus hijos más luminosos y su familia pierde a un ser irreemplazable. Nosotros los saharauis perdimos a un compañero de lucha y de belleza.

Descansa en paz, hermano.

Tu nombre quedará escrito en los muros del desierto y en la memoria de quienes creemos que el arte puede cambiar el mundo.

Gloria eterna

jueves, enero 29, 2026

GENERACIÓN DE LA AMISTAD SAHARAUI: VEINTE AÑOS DE VERSOS Y EXILIO

Dercha a Ida: Saleh Abadalhi, Luali Lehsan, Limam Boicha, Sukeina Ali. T. Fernandez, Ali Salem Iselmu, Bahia MH Awah y Farah Dih

Texto: Ali Salem Iselmu, periodista y escritor saharaui

Volver a recordar es volver a reencontrar lo que se ha vivido. Hay recuerdos imborrables que permanecen quietos a lo largo de la vida, te acompañan en cada paso que das, en cada momento. Uno de esos momentos que queda para siempre en la memoria es aquel día caluroso en la ciudad de Madrid. Era un nueve de julio de 2005. Varios escritores y poetas decidieron crear la Generación de la Amistad Saharaui. Llevar entonces la palabra convertida en verso a otros lugares del mundo. Luchar contra la desmemoria y el olvido. Convertir el lenguaje en un territorio irreductible capaz de desafiar fronteras y barreras.

Los versos de la Generación de la Amistad Saharaui se convirtieron en libros, en un nuevo oasis que bebe de los pozos de Tiris, de sus parajes interminables y de sus cumbres oscuras que emergen en el espejismo. La hasanía se funde con el castellano, los versos de Beibuh y Badi nacen después de una lluvia, de una tormenta de arena, cerca de la luz de una hoguera. Allí es donde la generación del exilio dialoga con otro lenguaje nacido en los poemas de Limam Boicha, de Zahra Hasnaui o de Bahía Mahmud Awah.

Los recuerdos de la Radio Nacional Saharaui desde el exilio resuenan como voz nítida que unió a los poetas de la Generación de la Amistad para siempre. El programa Poemario por un Sahara Libre mantuvo la esperanza en la tierra perdida al convertirse en ese territorio intangible. Desde Madrid la periodista y escritora Conchi Moya Fernández se convirtió en la antologa que acompañó a este grupo de poetas saharauis, transmitió su literatura y la desmenuzó desde una mirada profunda.

Jamás un grupo de poetas saharauis pensó que sus versos iban a ser leídos en la lengua de Shakespeare, de moliere, de Dante Aligieri o de Bernardo Atxaga.

Nunca la palabra estuvo tan ligada al exilio, a la perdida de forma dolorosa de un territorio como en los versos saharauis de la Generación de la Amistad. La imagen de una acacia, un árbol de Ignin, las huellas de un dromedario, un pozo de agua, nos llevan hacia la inmensidad donde el calor de una hoguera nace en una noche estrellada.

Palabras como Aagla, Tiris, Dajla, Aaiún nacen en cada verso, se mezclan como un susurro que busca en la memoria de la poesía la identidad perdida. El territorio como poesía traspasa fronteras, florece en un árbol de mangos y olivos, descubre la humedad, la escarcha o la nieve. Nada escapa a este viento de arena, a esta lluvia que se precipitó hace veinte años en la ciudad de Madrid.

Nunca una Generación había luchado tanto para no ser borrada por el olvido. Son sus versos los que señalan el camino hacia el mar, hacia el territorio que habita en la memoria de cada poeta y no perece.

Veinte años de antologías, libros y universidades han acompañado la voz de un pueblo al que quieren robar el relato, desterrar sus versos en hasanía y castellano. Quieren hacer desparecer sus raíces, enterrar la historia de sus eruditos.

En el “Libro del nomadeo” “Kitab Albadía” del sabio Chej Mohamed Elmami, vemos como la tierra de los saharauis queda cubierta de versos que viajan como la arena hacia la montaña de Tangat, se alzan sobre su cumbre como una esperanza que no perece.

La Generación de la Amistad Saharaui deja un legado de veinte años de memoria, versos y poesía. Una melodía que reposa en las entrañas del Tiris, viaja sobre cada cumbre, de la que nace un eco que susurra en cada grano de arena.

Tiris en el recuerdo

 

En el recuerdo permanecen quietas,

las entrañas del Tiris

su cielo vibrante de estrellas

sus dunas blancas

sus cumbres oscuras.

Del Tiris nació la arena

el agua transparente,

el viento que penetra en la tierra

hace cantar a las montañas.

Los diablos y diablesas

son lagartos

que hablan mirando la luna

en busca del calor del fuego.

 

 

                                                                                    

  

lunes, enero 26, 2026

MUCHA HISTORIA, texto del escritor y periodista Mohamidi Fakala

 

Oleo del artista Fadel Jalifa

"La historia arranca desde ahí con amor, valentía, resiliencia ..."

Mucha historia se describe quizás sin recelo de un verso apropiado como un poema para el canto. Ese llamamiento podría ser discreto o llamativo depende de la ocurrencia del tiempo que marcaría su conjugación lingüística, pero también en su propio matiz con el que se llevaría a cabo un himno totalmente igualitario para que no sea diferente en su contexto. Entonces, la historia arranca desde ahí con amor, valentía, resiliencia, ganando espacio en el tiempo para volver a evocar otro medio siglo de ocupación, de exilio y silencio cómplice.



De hecho, la prosa, el verso y la lírica en el Sáhara occidental se sitúan perfectamente en esa vertiente literaria en las que se enmarcan las raíces tanto africanistas como ibéricas, por su proximidad e influencia. Una relación consensuada con el mismo tono que descifra la guitarra y el canto. Una extraordinaria convivencia cultural que se ha visto forjada en los mismos límites de una tierra sosegada como su propia gente. En efecto, es entonces una cultura que solo se podría catalogar como endémica abierta a lo universal sin dejar de poseer sus propias características que la difieren en algunos aspectos de sus vecinos.

Con la prosa, el verso y la narrativa se describen los paisajes más rústicos y naturales, plenos de cotidianidad y realidad de un pueblo que se debate entre el exilio y la ocupación de su tierra. En este sentido resurge todo un embrujo artístico y folklórico que avala con destreza la marcha mancomunada de todo un pueblo en aras de su independencia.

Desde antaño reluce todo un despertar silencioso, pero también omnipresente en todas las esferas del encanto. El ensueño y el verso como legado histórico. Por su fuerza el verso suena dignamente trazando estelas en medio de un océano de dunas que sus aires retumban como un lejano tambor en medio del desierto.

En esa soledad resurge inesperadamente un grupo de escritores y poetas beduinos por naturaleza como sus ancestros. Hoy sin embargo plasman otra lección con voz y pluma incomparable de dignidad y resistencia. Veinte años, un aniversario más que habita en la memoria de una Generación de la Amistad confiada en una pluma precisa, en arte y leyenda para siempre. Entonces cuando se vea la obra literaria del Sáhara queda para la posteridad una historia de resiliencia y amor donde sólo hay cabida para el triunfo. Hoy por hoy los poetas y escritores saharauis continúan caminando detrás de los atajos de sus rebaños, mirándose en el cielo, mirando las nubes. Esperando con paciencia a que llueva una vez para siempre, una ilusión, una esperanza.

                                                                                                       

Adiós al erudito y juez saharaui Badda Hammadi fallecido en su largo exilio en Argelia

 

Badda Hammadi (1938 - 2026)

Texto del hijo Maaruf Badda Hammadi

A finales de 1975 cuando el fuego y el miedo empujaron a nuestro pueblo hacia el este, la familia Ahel Afnido caminó entre el dolor del éxodo. Dejaron atrás hogares y tierras quemadas, pero llevaron consigo algo que ninguna invasión podía destruir: la fe y la justicia.

De ese polvo y esa resiliencia emergió la figura de Badda Hammadi.

En la dureza de los campamentos de Tinduf, donde faltaba todo, él ofreció lo esencial. Se erigió como pilar de justicia, reconciliando familias rotas y uniendo lo que la guerra intentaba separar. Cuando no había escuelas, su voz fue refugio; decenas de niños aprendieron las primeras letras del Corán bajo su tutela, encontrando luz en tiempos de oscuridad.

Pero más allá del juez y el erudito, recordamos al padre.

Recordamos las noches de invierno en la jaima, cuando nos vencía el sueño al arrullo de su voz recitando versículos sagrados junto a nuestras cabezas. Y recordamos despertar en el calor del verano para encontrarlo igual, inamovible, en vigilia permanente, rogando a Dios por la libertad de su pueblo y la protección de los muyahidines.

Fueron cincuenta años de servicio inquebrantable. Cincuenta años construyendo pozos para la sed, mezquitas para el alma y una biblioteca de jurisprudencia para la mente. Vivió con la mirada puesta en el retorno, deseando descansar en la tierra libre del Sahara.

Hoy, aunque su cuerpo descansa en el exilio su espíritu ha regresado. Vive en cada estudiante que formó en cada sentencia justa que dictó y en la memoria de un pueblo que no olvida a sus sabios.

Que Dios le conceda los jardines más altos del Paraíso.

Carta del escritor Bachir Lehdad a sus paisanos de Generación de la Amistad en su 20 aniversario. Rezuma amistad y apoyo …

HOMENAJE A LA GENERACIÓN DE LA AMISTAD: XX Aniversario (2005–2026)

Por: B.Lehdad.

Hoy, 22 de enero de 2026, coincidiendo con el dia mundial del abrazo, se cumplen veinte años de un acontecimiento profundamente significativo para la historia cultural del pueblo saharaui: el nacimiento de la Generación de la Amistad Saharaui. Veinte años de palabra, memoria y compromiso; veinte años demostrando que la cultura también es una forma de resistencia.

Cuando ya habían pasado tres décadas en las que la lucha del pueblo saharaui era contada, en gran medida, por amigos solidarios y también por voces hostiles o interesadas, un grupo de jóvenes saharauis decidió dar un paso firme y necesario: la historia, la cultura y la lucha de su pueblo debían ser narradas por los propios saharauis. No como gesto de exclusión, sino como acto de dignidad y madurez colectiva.

Así comenzó a aflorar una voz propia, diversa y consciente. Una voz que habló de ocupación y exilio, pero también de amor, memoria, infancia, desierto y futuro. Una voz que entendió la cultura no como adorno, sino como espacio de afirmación identitaria y como herramienta para dialogar con el mundo.

La Generación de la Amistad Saharaui supo además convertir la lengua española en un patrimonio vivo del pueblo saharaui. Lejos de ser una herencia pasiva, el español se transformó en un elemento determinante de la personalidad cultural saharaui y en un factor diferenciador en el Magreb árabe. A través de él, la poesía y la narrativa saharauis encontraron nuevos lectores y nuevas complicidades, sin renunciar nunca a sus raíces, a la hassanía ni a la tradición oral del desierto.

Como síntesis de ese espíritu colectivo, valgan estos versos:

Escribimos para que el polvo no venza,

para que el exilio no borre nuestra voz,

porque un pueblo existe en la memoria

y en la palabra fiel que describe su dolor.

Durante estas dos décadas, la Generación de la Amistad ha mantenido viva y actualizada la causa saharaui, especialmente desde el ámbito cultural, sin estridencias, pero con constancia; sin dogmatismos, pero con una firme conciencia histórica. Y lo ha hecho siempre tendiendo puentes, reconociendo y agradeciendo la solidaridad sincera que, ayer como hoy, sigue acompañando al pueblo saharaui.

En este camino, es de justicia destacar la inestimable presencia, muchas veces discreta y entre bastidores, de la periodista y escritora; ya una saharaui más, Conchi Moya, cuyo compromiso constante, honesto y profundo con la causa saharaui la ha convertido con pleno derecho en parte de esta travesía colectiva de palabras y memoria.

Hoy celebramos veinte años de una generación que eligió la amistad frente al olvido, la palabra frente al silencio y la cultura frente a la negación. Celebramos a quienes entendieron que un pueblo también sobrevive escribiéndose.

Y cerramos con la voz de uno de sus poetas, Limam Boicha, porque en ella late el deseo profundo de todo un pueblo:

“A veces los deseos

son inmensos

como los latidos

de este espectro vacío.”

Convencido de que, con este grupo y sus sucesores, la palabra permanecerá. Y con ella, la dignidad de un pueblo que no se rinde.

¡Feliz aniversario, herman@s!