lunes, mayo 20, 2019

La novia de Güeiret Lalia


La novia de Güeiret Lalia, un corto relato del escritor saharaui Mohamidi Fakal-la, desde los campamentos de refugiados saharauis.
Las elevaciones se apreciaban en la inmensidad, en contraste con un lejano espejismo de tonos grisáceos y pardos. Todos miraban hacia la misma dirección, contemplando en silencio el noreste de Zemur, entre los riachuelos secos de El Uch y Wad Naser.
En la cúspide de una de aquellas colinas el misterio prevalecía, suscitando interés alrededor de las lápidas levantadas sobre las tumbas, clavadas en el suelo de forma semicircular para velar los restos mortales de una mujer. Según la leyenda, fue una bellísima joven, estoica como los pedregales que se apilaban sobre sus restos mortales, a fin de que las fieras no desenterraran la sepultura.
Una terrible odisea que terminó para la novia Lalia en un desenlace fatídico, precisamente en los momentos más felices de su vida. Según la costumbre que imperaba en el seno de la comunidad, la novia estaba sujeta a cumplir con un ritual por el que durante las primeras noches de la boda tenía que ocultarse, lejos de la vista de la gente, y abandonar el campamento donde vivía como muestra de orgullo y como reto de valentía. Era también una forma de enaltecer al novio y sus allegados para que entraran en una enfurecida y alborotada búsqueda a fin de descubrir el escondite de la novia. El descubridor sería agasajado por el mayor trofeo de la celebración conyugal. Se trataba en realidad de un folclórico carnaval lleno de expectativas y en el que no faltarían nunca las bromas y el regocijo desenfrenado que despertaba alegría durante tres días consecutivos de la boda, donde los cánticos se confundían con la exhibición de destreza de sables, que se entrechocaban a la altura de las gibas de los dromedarios. De esta manera mostraban los jinetes su alegría.
Pero lo festivo se trasformó en terrible desgracia al ser localizada la novia sin vida en las faldas del monte donde había sido atacada por una hiena. Un hecho desolador, silencioso y triste para toda la comunidad. Entre lágrimas y gritos de dolor, el campamento le rindió un último tributo, envuelta en su vestimenta de boda, que se había convertido en sudario. El féretro, ceremoniosamente, fue trasladado hasta la cima del montículo para ser enterrada entre un murmullo de rezos y plegarias.
De ahí surgía esa relación intrínseca y fecunda con la tierra. Permanente ligadura en la que se concertasen los sueños de manera poética a pesar de ser hechos indeseables, sin ser relegados a segundo plano por sus valores didácticos. En este sentido se conjugaban la encarnación y el simbolismo de Lalia y la montaña que llevaría su mismo nombre, otorgándole una eternidad casi absoluta, como leyenda mitológica que se cuenta cuando pasa un viajero por la colina que lleva su nombre, Güeiret Lalia. Es el reforzamiento de una historia de amor, mucho más allá de lo histórico y geográfico. De hecho, es una hazaña rubricada en el tiempo para ser abordada como una moraleja, lejos de todo lo idílico.
Es verdad también que las anécdotas se dispersan en la dualidad del tiempo, pero lo cierto, sin duda, es que las caravanas, los ruteros y viajeros toman en sus largas travesías como referencia la colina de Lalia.

miércoles, mayo 15, 2019

El pullover


Texto: Ebnu Abdelfatah. Ilustración: Fadel Jalifa
En el Parque Santa Catalina, me subí a la guagua. Enseguida reparé en su melhfa de flores. No había asientos vacíos y decidí detenerme a su lado, en el pasillo cerca de la puerta de salida. Ella me miró como si mirara a un ser querido en una vieja fotografía, con los ojos de la ternura.
Los primeros días en las Palmas, yo saludaba, Salamaleikum, cada vez que me cruzaba con una darraa o con una melhfa. Aleikumbisalam, me respondían, a veces.
Venía de la península y no estaba acostumbrado a ver tantos trajes típicos saharauis pasearse por una ciudad y el instinto me indujo a acercarme a saludar, a averiguar, a buscar lajbar.
Pero pronto me di cuenta de que la mayoría, ni siquiera eran saharauis y los que lo eran vivían al compás que marcaba una ciudad cosmopolita, cuyos habitantes tenían los colores del arco iris y no había tiempo para detenerse y menos para curiosear o preguntar por Lajbar en este mundo urbano.
“Deja ya de saludar, chico, que no estás en el desierto” me dijo un amigo saharaui canarión, cansado de mis salutaciones.
En una semana dejé de saludar y comencé a ignorar aquellas vistosas vestimentas que me trasladaban a mi orilla del mundo, a mi calle, a mi casa.
Aquella mañana, a pesar de que por mis venas mi sangre hervía por saludar, no lo hice. Me quedé de pie sin saber cómo reaccionar ante aquellos ojos grises y melancólicos que me buscaban el corazón.
Cuando el autobús se detuvo en su parada, la mujer se levantó y antes de bajar se volvió y mirándome a los ojos, dijo con firmeza:
“Si hablas mi lengua, quiero que sepas que le doy gracias a Dios por haberme subido en esta guagua y poder ver esa bandera que llevas en el pecho.”
La mujer de la melhfa de flores desapareció por una calle de las Palmas de Gran Canaria, mientras yo me arrepentía de mi silencio.

miércoles, mayo 01, 2019

Epopeyas del verso saharaui: Biga, Uld Darwich, Moishan, Haidug, Uld Freitis, Uld Elhanshi…


Texto: Bahia Mahmud Awah. Esta leyenda literaria poco conocida de la vida de El Mahyub Uld Freitis, Moishan[1], Hakim Brahim, Uld Lumahad, y Sidi Uld Haidug, la pude recoger  en una charla que tuve el año 2017 con una de las más referentes cantautoras revolucionarias saharauis Beitura Mint Malainin.  Le pregunté acerca de la canción y el verso revolucionario Polisario de aquellos incipientes años del proceso de liberación saharaui. Lo hice sabiendo que había sido la joven que compuso ese verso y lo cantó en la mítica banda musical Grupo Luali, de la que fue miembro fundador. Esta cantautora tuvo estrecha amistad de activismo anticolonial en los setenta con el poeta y comandante Biga Uld Baali y sus compañeros de militancia, los históricos polisarios[2] anteriormente citados.
Partiendo de métodos cualitativos como herramienta de la investigación en la búsqueda del conocimiento y consciente de las pocas veces en el que se dan estos momentos de la antropología de interacción, en busca de una fuente oral fidedigna, le confesé a Beitura que quería saber de estos míticos polisarios y de su verso. Sabía que esa charla inevitablemente me llevaría a otras historias que siempre quise indagar, sobre todo la de los históricos dirigentes saharauis Biga Uld Baali, Brahim Uld Darwich, Moishan Uld Lumahad y Sidi Uld Haidug.
Esta cantautora revolucionaria no pasó por ninguna escuela o academia, como ella decía, salvo la de la propia vida de militancia en las filas del movimiento Polisario, en la que emergió desde su juventud contra el dominio colonial español y posteriormente el éxodo huyendo de la ocupación marroquí que aún le confina en un exilio de 42 años. Vivió con intensidad el proceso desde sus raíces sociales y políticas más largas, y cuando habla sobre ello, su interlocutor percibe que lo hace desde el discurso académico de militancia. Y advierte “sé que lo que memorizo sobre la historia del verso corto revolucionario no está registrado y corre el riesgo de morir el día que nos marchemos, nosotros los que lo hemos vivido y memorizado aquellos sucesos”. Y afirma “la cultura saharaui adolece de no dedicar tiempo a nuestro verso de gesta revolucionaria”.
Volviendo sobre los tres personajes de verso revolucionario escrito y compuesto desde los principios éticos de liberación, emancipación y progreso, la cantautora me obsequió con esta anécdota basada en la belleza del verso rebelde, inédita en la memoria de generaciones saharauis.
"Esos tres amigos de los que te he hablado dialogaron mucho en verso. En los años setenta, cuando se incorporaron a las filas del Frente Polisario, se enfrentaron con muchas dificultades alzados a los montes. Eran cosas que antes no se contaban, eran secretos íntimos del revolucionario saharaui. Había un enorme desafío para superar las circunstancias y ganar al enemigo al precio que fuera, afrontando cualquier dificultad. Biga, Moishan y Sidi en las primeras batallas contra las primeras incursiones de la invasión marroquí tuvieron que caminar mucho; tenían un asno que usaban para trasladar sus municiones y armas. Y en un momento de descanso Ehyeiba Uld Fraitis creyendo que Sidi Uld Haidug no podía seguir, porque era el más joven y no tenía mucha experiencia, le insinuó con este gaf[3] que debería aguantar los primeros y difíciles momentos de una revolución incipiente".
للمناضل وسع الافاق             ينكر ذتية و اطماعو
لهي اخوض النضال الشاق      وفهم لشعب اوضاعو

Los amplios horizontes
deben guiar al militante,
despojarse de su ego
y de su avidez,
porque se enfrentará
a la perseverante militancia
y porque guiará al pueblo en su lucha.
Biga, sin quedarse al margen del inesperado duelo poético entre los dos amigos, al escuchar el verso de inmediato subió su gaf, es decir desarrolló la misma temática de los versos de Ehyeiba como respuesta al surgido debate sobre el proceso nacional y su arduo y largo camino:
التاريخ اتمش ينصاع          بيه اجيال اكتب بسباعو
و المناضل من لقتناع                  اكد احدد سراعو

Nuestra historia ha hecho
en su andar leyendas,
la nueva generación
ya sabe escribir más allá
de sus dedos.
Y el militante desde su convicción
sabrá acotar con determinación
expectativas e incertidumbres.
A Uld Haidug le gustaba mucho la música y la poesía y creía en su papel en cualquier proceso social o político. Un rol que también le dio Mahmud Darwich, “la poesía puede ser considerada como demasiado débil (…) pero a menudo es tan buena como la dinamita (…) fortalece la resistencia popular y proporciona eslóganes comunes”. Pero Sidi advertía en no caer en la utopía teórica o emocional que a veces embriaga con fervor a los militantes. De los siguientes versos se puede observar su filosofía práctica de actualidad revolucionaria.
الهول و لغن و اللعين           مايبر لشعب اوجاعو
طب الشعب امال صعيب     فيه الموتي و الضياعو

La música, el canto
y el amor
no curan el dolor del pueblo.
La cura del pueblo
es difícil,
porque sufre la muerte
y resiste en contra del exterminio.
El poeta y erudito Badi Mohamed Salem cuando habla de cómo el poeta debe ser tajante en la belleza de su verso, dice: “los poetas son los príncipes de las palabras, las consumen como desean y en ellas se les permite lo que a nadie le está permitido”. Y para contar esta gesta de lo más hermoso que se produjo en la historia del verso revolucionario saharaui, me remito a este gaf de Brahim Uld Darwich, conocido en sus años revolucionarios con el seudónimo de “Hakim Brahim”.
La epopeya revolucionaria de Brahim Uld Darwich es otra historia situada en el mismo contexto de estos versos de su autoría. Tiene que ver con ese diálogo de resistencia literaria con el que se caracterizó el proceso nacional saharaui en todo su largo tránsito. Puede ser también un estudio a los discursos de políticas de identidad cultural y a la vez de pensamiento revolucionario saharaui anticolonial. Un texto épico de epopeya digno de relacionar con la Odisea o la Ilidada de Homero. 
Uld Darwich desciende de una familia donde la poesía está muy enraizada como principal eslabón en la educación del individuo y de ahí su emancipación en el complejo contexto social que define la personalidad dentro y fuera del espacio familiar o colectivo. Se había educado desde su infancia en lo más profundo de la cultura hasania en Tiris, región del Sahara Occidental, y en Mauritania y no le era ajeno componer un verso revolucionario de profundo calado literario. Un gaf que al ser expuesto ante los grandes de las letras saharauis o mauritanas creó especial asombro. Mi pretensión en este texto sólo trata de enfatizar la belleza de un verso revolucionario reconocido y convertido en una epopeya literaria homérica, dentro de la literatura del proyecto de liberación nacional saharaui.
En aquellos años de auge revolucionario, el Frente Polisario en la guerra, en la diplomacia y en la resistencia en los territorios ocupados se coronaba con éxito frente a la malograda maquinaria bélica marroquí. Los saharauis no dejaban de sorprender al propio adversario y a la población saharaui con su imparable proceso de logros sobre la escena nacional e internacional. Habitualmente en aquellos años los encuentros entre los amigos de esa generación suscitaban muchas reflexiones que surgían en torno a sus esporádicos momentos de compartir un té, música revolucionaria y el calor de la amistad del destino en común.
La política es una herramienta de razonamiento humano que se da, bajo la etiqueta de la diplomacia, para obrar por la paz. Pero muchas veces no tienen sentido sin la acción catalizadora que se sustenta en la legalidad de la causa y logra conquistar la razón de manera más contundente. En los años ochenta el ejército invasor marroquí en los territorios saharauis estaba sufriendo una debacle militar nunca vivida en su breve historia como nación. Jugaban en su contra muchos factores para seguir su hecatombe en el terreno militar y diplomático a escala internacional, frente al Ejército de Liberación Popular Saharaui, ELPS. En estos factores hay que destacar el reconocimiento de la Organización de la Unidad Africana (OUA) a la República Saharaui, la simpatía internacional que despertaba el Frente Polisario en Latinoamérica, Asia, África y entre los pueblos de Europa, más los principios de convicción con los que cuentan los saharauis en su justa lucha frente a los motivos que movían a un soldado marroquí a morir en una guerra injusta y en una tierra y cultura que desconoce.
Argumentando lo dicho anteriormente, hubo episodios literarios inscritos en las epopeyas del verso saharaui que pueden ser comparados con las gestas más conocidas en la historia de la literatura universal. Epopeyas de autores que fueron casi anónimos en su verso como los anteriormente citados, Biga Uld Baali, Ehyeiba Uld Freitis, Moishan Uld Lemahad, Sidi Uld Haidug, Brahim Uld Darwich y Salma Uld Elhanshi, entre otros autores de epopeyas literarias hoy casi olvidadas en la memoria colectiva. Si nos detenemos a estudiar la composición de estos versos de Uld Darwich en su contexto histórico revolucionario se nos desprendería lo opuesto en doctrina de lucha entre dos corrientes ideológicas: la reaccionaria colonial y la revolucionaria liberadora de los pueblos, dos filosofías totalmente opuestas.
Someter este histórico gaf de Uld Darwich a un análisis literario puede hacernos caer en el riesgo de no lograr hacerlo con los matices que ha suscitado asombro en la literatura hasania y entre sus más relevantes sabios. Sin embargo, el sesgo es una herramienta que considero necesaria para la aproximación al estudio del verso en cuestión. Se trata de un profundo sentido literario en el que se ha acotado todo recurso bello para hacer que un verso revolucionario en hasania llegue a su clímax final según los críticos literarios, como lo reconoció el difunto poeta nacional Beibuh Uld El Hach.
Las cuatro sura usadas en forma de recursos literarios como metáforas o retóricas con los que el autor sintetiza el final de sus versos son de una profunda imaginación al tratarse de pasajes del libro del Corán. La sura Sabih, que llama al creyente a que rece en su rosario los nombres de Dios; la sura Amma, que versa sobre la posterioridad del juicio final, paraíso o infierno; la sura Rahmaan, que trata sobre el dominio del mal en sus manifestaciones y la sura Ghadsamiu Ghuluhilla que son palabras en las que Dios arremete contra la traición y el embaucamiento. Y aquí en este trabajo nada es extraño ni inexplicable en la poesía. El lector es soberano sobre lo que confiesa el autor y el lector interpreta. La gesta de estos versos la culminó definitivamente Brahim Uld Darwich con estos históricos versos.
هذ الجيش احلف مايليان         كلتها نظر علمي
سبيح وعما و الرحمان          قدسمعو قولوحي

Este ejército jura no doblegarse
porque se fundamenta
en principios revolucionarios.
Tú, Todopoderoso, protégele
con las sura Sabih, Amma,
Rahman y Ghadsamiu Ghuluhilla.
Para acotar la historia de este cuarteto gaf, la trayectoria de los autores que lo provocaron y el contexto en el que fue puesto en boga, musicalizado y recitado, uno no encontraría tiempo para emborronar páginas y alimentar las sedientas almas que saben del verso íntegro y bello cuando la conciencia de una persona es conmovida desde la convicción en los principios revolucionarios, como estos versos de Uld Darwich. Y en la poesía siempre anidan los misterios.
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[1] Ahmed Salem Uld Mohamed Embarec Uld Lemohad, conocido por Moishan, seudónimo de militancia clandestina.
[2] Acrónimo del Frente Po.li.sa.ri.o: Frente Popular Liberación Saguia El Hamra y Río de Oro.
[3] Verso corto en hasania.
* Foto cedida por los hijos del periodista español Miguel De la Cuadra Salcedo. Foto del histórico poeta y dirigente saharaui Biga Uld Baali, [Mohamed Lamin Aba Chij Aba Ali]

jueves, abril 25, 2019

En recuerdo a mi madre, “La maestra”, en el Día del Libro, Sant Jordi 2019


Testo de Bahia MH Awah
Tenía un baúl de metal de esos azules que usaban las productoras para guardar y trasladar los materiales frágiles,  y que en el Sahara le llaman sandug lehdid, lleno de libros. Había de religión, manuscritos de poesía y tratados sociológicos. Mi curiosidad a veces me llevaba a abrir el baúl, y ahí solo observaba libros encuadernados con piel y bien adornados con geometrías tradicionales de colores rojos, negros y amarillos. Me llamaban la atención pero como ella cada vez que iba a cogerlos, lo primero que hacía era lavar sus manos, posarlas sobre una limpia y fina tierra cristalina y luego las pasaba por su rostro como si estuviera rezando.  Este ritual que ella practicaba me hacía entender que no podía tocar aquellos libros. Lo tenía muy claro ya que pasaba el día jugando en la arena llenándome de polvo.
Pero la curiosidad de un niño beduino me devoraba infinitamente. ¿Por qué mi madre guardaba cuidadosamente esos libros? Yo por entonces no veía su valor. No eran algo material de valor inmediato como una túnica, una tela, un turbante, un pilón de azúcar, un talego de té, de arroz o de grano. Cuando empecé a los cinco años frecuentar por primera vez las clases de louh[1] de un mrabet[2] que daba clase muy cerca de nuestra jaima, volví a ver aquellos baúles azules repletos de libros en la casa de Uld Beddi. Entonces pude entender para qué servían a mi madre. Para guardar como poeta y erudita sus inmaculados libros. La recuerdo, imbuida en la lectura de libros tan viejos que sus páginas caían cada vez que los abría. Algunos eran de la poesía preislámica, de Imru Qais, Qais Ibnu Al Mulauah y otros. No recuerdo con certeza los títulos pero le prestaba atención cuando ella los leía con voz suave y modulada. Así me fui familiarizando con los nombres de Majnun Laylá, Qais Ubnu Al Mulawah y con los manuscritos de clásicos saharauis como Uld Tolba, Salama Uld Eydud y Yedehlu Uld Esid, entre otros.
Los viernes eran sus días de lectura y buscaba estar sola hasta que alguien de la familia le interrumpiera con la hora del té al mediodía, o con la aparición de mi padre preguntándole de alguna cosa con voz grave. Leía unos tratados sociológicos de la jurisprudencia islámica como Dalil Al Bujari[3], o  Dalailu Al Jairat, recopilación de selectos versículos que oran por el profeta Mahoma y recogen pensamientos de conducta social atribuidos a él.

En esta semana en toda España se ha celebrado el día del libro, San Jordi en Cataluña, La Noche de los Libros en Madrid, las lecturas continuadas del Quijote o la entrega del Premio de Cervantes. Y precisamente el 23 de abril recibí un correo de una amiga académica estadounidense en el que me daba una noticia sobre uno de mis libros “La maestra que me enseñó en una tabla de madera” que no podía ser más oportuna, un indiscutible homenaje a mi madre, “La maestra”. Sentí que dialogaba con ella sobre la buena noticia, volví acordarme del baúl azul, de sus manuscritos, de sus libros y del ritual cuando se aseaba para tocar sus inmaculados libros.



[1] Tabla de madera de color castaño oscuro con la que aprenden a leer los niños en la cultura del Sahara Occidental y en Mauritania.
[2] Maestro que da clases de iniciación en la lengua árabe y posteriormente en la memorización de pasajes del libro del Corán.
[3] Libro que recoge palabras del profeta Mahoma recopiladas por teólogos que pudieron registrar a través de notables que memorizaban su pensamiento.

lunes, abril 15, 2019

Antropología: Verano en la cultura del pueblo del Sahara Occidental


La cultura del verano y sus ingredientes antropológicos, un factor más de identidad que define y diferencia el pueblo del Sahara Occidental de su entorno geográfico-cultural.
Vídeo: Ali Salem Iselmu.
La abuela sin agua en el desierto. Extractos del libro "La maestra que me enseñó en una tabla de madera", de Bahia Mahmuh Awah. Editorial Sepha-Última Línea.
(…) Mi abuela Nisha fue una mujer que desde muy joven se curtió en los azotes e inclemencias de la naturaleza de la badia[1] y conocía perfectamente la geografía del territorio, su fauna y flora. Era el centro sobre el que giraba toda la familia, al quedarse viuda siendo aún joven y fuerte. Contaba mi tío Moulud que una vez la familia tenía su acampada en la región de Eselb, cerca de la localidad de Bir Enzaran, debía ser hacia el año 1971, y era un verano muy caluroso y fuerte en Tiris Central.
Los hijos mayores de Nisha, Alati y Mohamed, prepararon sus dromedarios para traer agua desde muy lejos, lo que llaman los beduinos errualla[2]. El viaje en busca de agua a veces dura un día si los pozos no están lejos y a veces se complica la búsqueda y tardan más de lo previsto.
Nisha se quedó con el resto de la familia y los dos nietos pequeños, mi primo Ehmoidilat y Muhamiyu, mi hermano, que fue criado de pequeño por la abuela. Pasados varios días no llegaba errualla y el agua que tenía la abuela se había ido agotando, a pesar de la severa racionalización que ella llevaba, intentando ganar tiempo mientras regresaban sus hijos con el agua.
Pero el calor y su irifi[3] de smayem[4] podían con los más intrépidos y cautos, especialmente durante esa estación del verano, deshidratando los animales y poniendo en riesgo a sus amos. Los dos niños no cesaban de llorar para que les diera de beber y ella intentaba calmarlos con sorbitos en un vaso de los pequeños con los que preparamos el té para que no se deshidrataran. Finalmente decidió enterrar a los dos pequeños debajo de su amsakab[5] porque allí no llegaba tanto sol y siempre guardaba un poco de humedad. (…)
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[1] Campos verdes con pastos y agua en el desierto del Sahara Occidental y Mauritania.
[2] En la cultura saharaui, errualla es la misión de búsqueda de agua para la familia que realiza uno o varios hombres a lomos de camellos.
[3] Vientos que soplan con aire caliente en los veranos desde julio a agosto.
[4] Aparición en el cielo de unas constelaciones en el verano, donde el calor alcanza sus máximas temperaturas dejando inevitables víctimas entre los animales y las personas.
[5] Montura femenina del camello. Cuando se acampa sirve de armario en la jaima para guardar comida y enseres.

domingo, abril 07, 2019

Bujari Uld Ahmed Uld Barical-la, el ilustre intelectual y dirigente saharaui del s. XX

Bujari Uld Ahmed Uld Barical-la 1952-2018 carismático intelectual y diplomático saharaui

HOMENAJE/Nuevo libro "Sahara Occidental. Del abandono colonial a la construcción de un estado".
Son varios los intelectuales saharauis en sus más versátiles facetas, época y contexto, que nos dejaron a lo largo de estos años. Algunos consagraron su vida a la diplomacia intelectual, otros a la erudición y literatura y también los hubo que además de ser dirigentes revolucionarios destacaron como poetas que cantaron el proceso de liberación saharaui. El 3 de abril de este año hemos conmemorado el primer aniversario de la desaparición física del que fuera durante décadas Representante saharaui ante la ONU, Bujari Uld Ahmed Uld Barical-la. El 19 de octubre de 2017 nos dejaba el poeta nacional Beibuh Uld Buddi Uld El Hach; el 20 de octubre de 2006 perdimos a la erudita y poeta Jadiyetu  Mint Omar Uld Ali; y en la segunda mitad del siglo XX cayeron en combate los dirigentes y poetas Moichan Uld Lumahad, el 07 de mayo de 1980 y Biga Uld Abaali, el 26 de julio de 1982.
Mañana lunes 8 de abril se presenta en Zaragoza el libro “Sahara Occidental. Del abandono colonial a la construcción de un estado”, editado por Pregunta Ediciones. Se trata de una obra en la que participan los autores siguientes autores por orden de aparición: Bahia Mahmud Awah, Ana Camacho, Carmelo Feleh, Javier A. González Vega, Pablo Jiménez, Pepe Revert, Ana Sebastián, Leonardo Urrutia Segura y Carlos Villán Durán. El prólogo de este nuevo libro es del Observatorio Aragonés para el Sahara Occidental, organización que ha promovido la publicación de este libro. Tuve la ocasión de iniciar el corpus de esta obra con un este texto que a continuación comparto con vosotr@s en homenaje a Bujari Uld Ahmed, “El ilustre intelectual saharaui del s. XXI”. Pero también quiero dejar un recuerdo a las destacadas figuras de la historia saharaui mencionadas anteriormente y con las que ilustro este texto.
El poeta nacional saharaui Beibuh Uld El Hach Uld Buddi 1929- 2017

La erudita y poeta Jadiyetu Mint Omar Uld Ali Uld Embarecfal, DETU 1944-2006

El dirigente y poeta Ahmed Salem Uld Mohamed Embarec Uld Lumahad, MOICHAN

El poeta y dirigente Mohamed Lamin Uld Aba Chij Uld Aba Ali, BIGA


Bujari Uld Ahmed Uld Barical-la, el ilustre intelectual y dirigente saharaui del s. XX (artículo de Bahia Mahmud Awah escrito para el libro “Sahara Occidental. Del abandono colonial a la construcción de un estado”)
En la filosofía saharaui se dice que Tiris, región sur del Sahara Occidental, es la cuna de los eruditos, sabios y poetas anticoloniales. La evidencia de este planteamiento son las tumbas y antiguos lugares de moradas, como cuevas y pozos, aún hoy visibles, puntos de referencia en la memoria y en la geografía y las obras de pensamiento que en ella se produjeron. El intelectual y diplomático Bujari Uld Ahmed Uld Barical-la, vino al mundo según el calendario pastoril saharaui en Am Neym Um Shaual[1], [el año de la estrella de rabo], en Tiris, concretamente en la península de Dajla, Villa Cisneros, antigua capital del territorio. Tal vez aquella estrella fue una señal cósmica que anunciaba el nacimiento de una principal figura saharaui, que nos dejó un decálogo de mandamientos nacionalistas y revolucionarios. 
Reflexionar sobre la envergadura de Bujari, que ha transcendido más allá de lo que sabemos como dirigente e intelectual del pasado siglo, no se puede entender sino como una parte indivisible de la historia del continente africano, sobrevenida en el Sahara Occidental. Escribir sobre él es recordar el rápido e intenso paso de los forjados hombres que se dieron en la historia de África entre los siglos XIX y XX. Esos que formaron parte de la columna principal de la historia, comenzando como subalternos durante un convulso periodo caracterizado por las políticas de dominio colonial y las luchas revolucionarias, nacionalistas y progresistas por la descolonización en todos los continentes, pero en especial en África.  
En este contexto se me ocurre citar a Kwame Nkrumah, un ejemplo a escala africana e internacional a comparar con la talla de Bujari Uld Ahmed; los dos se formaron en universidades de sus respectivas metrópolis. Nkrumah, líder ghanés, fue el promotor intelectual y líder carismático de la primera independencia de un país africano, en 1957. Y no solamente fue el precursor de la lucha por la independencia de África, sino un referente para todo el movimiento de liberación nacional africano como se puede observar en su pensamiento, situado en el debate de los estudios postcoloniales y decoloniales. “Es nuestro deber, puesto que somos la vanguardia, dar toda la ayuda posible a esos que libran actualmente los combates  que nosotros hemos llevado por el buen camino; nuestra tarea no será concluida ni nuestra seguridad afianzada hasta que los últimos vestigios del colonialismo sean borrados del continente africano”. El mismo ideal y acción por el que Bujari Ahmed luchó hasta los últimos días de su vida. El Sahara Occidental, territorio tipificado por el Comité de Descolonización de la ONU como unos de los diecisiete territorios no autónomas que faltan por ejercer su derecho a la autodeterminación, aún sigue siendo una lacra que se arrastra como lastre, lejano ya el tiempo de las descolonizaciones.
Un artículo de Bujari Ahmed del año 1972 ya le colocaba a la altura de los jóvenes ilustrados e inquietos de su tiempo, inspirado en los padres de las luchas africanas como Nkrumah, Lumumba o Mandela. Esta reflexión, que yo calificaría de prematura para su época, la escribió cuando estudiaba tercer año de derecho en la Universidad de La Laguna (Tenerife). Se trataba de un extenso ensayo que apareció publicado en la revista Irifi que editaba el Instituto “General Alonso” en la ciudad de El Aaiun, entonces aún bajo dominio español. Afirmaba Bujari que “Dos clases de hombres, dos clases de personalidades se reflejan en el acontecer histórico del Sahara Occidental; el hombre tradicional de ayer y el hombre que quiere ser hijo del siglo XX, el hombre de hoy[2]. Y matizaba al respecto que son, “Encarnaciones de dos mundos distintos y por naturaleza antagónicos”. Es evidente que él era ese hombre del siglo XX que quiso romper con los estigmas del pasado para irrumpir en ese presente que clamaba su generación de líderes africanos alzados contra el colonizador, en el sentido de Lumumba cuando decía “Sabemos cuáles son los objetivos de Occidente. Ayer nos dividieron en tribus, clanes y aldeas”. Bujari presentía y reivindicaba el nuevo hombre saharaui y su papel, retando el fin de la descolonización a través de ese nuevo “hombre del siglo XX” a quien apelaba el rol que inequívocamente protagonizó su generación, la del “73 Saharaui”, de la que me habló en varias ocasiones cuando la investigaba para mi libro “El sueño de volver”.
Bujari era un intelectual que producía pensamiento político y estadístico con el que retaba los frentes de lucha que llevaba por su causa, como Frantz Fanon o Kwame Nkrumah. “Lo fundamental es, en toda aproximación a un conflicto o problema, sobre qué principios lo debemos abordar para encarar su solución. Yo dije que la solución fue encontrada y está y estará ahí, y el Polisario no renuncia ni hoy ni en cien años ni en doscientos años a ese derecho a la independencia, y debe quedar claro”[3].
Sus argumentos para defender y exponer el alegato saharaui son claros, recogiendo pasajes de la historia y de la literatura para esquematizar sus evidencias, como en este planteamiento, “Seremos como el Guadiana, aparecemos y desaparecemos, la lucha armada puede volver y puede no volver, pero nuestra convicción está ahí y nadie debe llevarse a engaño, y esto debe quedar claro”[4]. El término “realpolitik” que los “entendidos” think thank en órbita con el lobby marroquí comenzaron a usar como estrategia para tergiversar la naturaleza del proceso de descolonización del Sahara Occidental, Bujari lo desenmascaraba calificándolo de ineficaz ante la determinación del pueblo saharaui. “Para aquellos que creen en el desgaste, se desgasta un material químico, un material hecho de hierro bajo la oxigenación del tiempo, pero un pueblo en busca de su libertad no es consumible y lo vuelvo a decir, las tropas españolas entraron en Granada después de setecientos ochenta años de resistencia, y no tenemos absolutamente ninguna carrera contra el tiempo y estaremos ahí y nuestros hijos estarán ahí”[5]. Frantz Fanon en su obra  ‘Los condenados de la tierra’, reafirmaba lo anteriormente reiterado por Bujari, “Cuando la nación se impulsa definitivamente, el hombre nuevo no es un producto ‘a posteriori’ de esa nación, sino que coexiste con ella, se desarrolla con ella, triunfa con ella.
Como dirigente africano, aparecido y curtido desde los años setenta en la escena internacional, de sus discursos se desprende un dirigente, un intelectual, un académico, un estadista y un sabio en la doctrina de las aspiraciones de su pueblo, de la misma intensidad y fuerza similar a la que predicaron y esparcieron Nelson Mandela, Julius Nyrere, Kenneth Kaunda, Eduardo Mandlane, Amilcar Cabral, Agosthino Neto, Oliver Tombo, Patricio Lumumba, Hauari Boumediene, entre otros.
Bujari era una extensa enciclopedia en la lengua española y hasania, su temprana desaparición no nos dio tiempo a empaparnos de su caudal humano, rica sabiduría y erudición. Un hombre que se cultivó para estar y aportar mucho y saldar su deuda como intelectual en el marco académico político nacional, regional e internacional. África del siglo XXI en su actual auge necesita de hombres de su talla, de liderazgo y sabia producción. Su capacidad, coeficiente intelectual, diplomacia y convicción en sus principios eran insuperables, como encontramos reflejado en muchas citas suyas, “Aquellos que crean que los saharauis van a ser víctimas del paso del tiempo no conocen la naturaleza del desierto. Podemos morir, otros continuarán”[6]. Estas palabras me llevan a mi poema “Tengo fe en el tiempo”. Voy huyendo a la infinidad del tiempo. /Voy huyendo de los principios frustrados. /Voy huyendo de los que no levantan /polvo al caminar. /Voy huyendo de los que no creen /en el día que nacerá mañana. /Porque yo sí creo en ti, /hoy, mañana y los próximos siglos /y por eso /mi evasión a la infinidad del tiempo.
Fue un ilustrado líder africano encarnado en sus antecesores, de visión universalista muy adelantada a su tiempo. Poseía y predicaba el pensamiento revolucionario y nacionalista de aquellos líderes africanos que fueron perseguidos o asesinados por el colonialismo francés,  el español o el belga. Cuando se leen sus escritos y se escuchan sus conferencias encontramos una dialéctica de discurso convincente, atractivo, embriagador, brillante, suculento en matices y metáforas y elocuentes alusiones como lo hacían Mandela, Nkrumah o Lumumba, autor de este pensamiento, “Sin dignidad no hay libertad, sin justicia no hay dignidad, y sin independencia no hay hombres libres”, que converge en estas palabras de Bujari, “Solamente la juventud que va a las escuelas, a los institutos o a las universidades, puede tener conciencia de su misión”[7]. Y alegaba que el primordial rol que deberían sostener los pueblos africanos era derrocar en todas sus manifestaciones el yugo colonial que aún persiste en algunos países del continente. Un contexto en el que Bujari apelaba a los pueblos a contribuir para romper las cadenas del yugo, ya sean de los regímenes de corte neocolonial, reaccionarios, expansionistas, y sin dejar de citar el desfasado patriarcado transferido a través del tribalismo estratificador.
En este ordenamiento de pensamiento y lucha primaba para Bujari erradicar el atraso y el sometimiento, como anotaba en estas líneas, “Se necesita una juventud que tenga las manos desatadas, pues no se puede trabajar en una obra de arte con una «camisa de fuerza»”[8]. Porque tenía claro su rol en la emancipación de los pueblos africanos en su lucha por librarse de las garras del explotador que se manifestaba en sus mil formas. La revolución, lo nuevo en progreso en derechos y libertades, es lo contrario al atraso, al estancamiento, y es la negación del pasado que ha consistido en dominio y explotación del hombre por el hombre. El tribalismo fue y sigue siendo una lacra del pasado colonial que ha enfrentado ideales de progreso en muchos rincones de África, un nefasto obstáculo que Bujari ya advirtió a inicios de los años setenta, Este ideal está limpiamente enfasado con la juventud; una juventud que se desvincula de todos los prejuicios del pasado que no son útiles, y es más, son un freno para ese ideal”[9]. El líder zambiano Kenneth Kaunda, cuando se decidió a desempeñar un papel de activista político, reflexionaba, “(…) Toda nuestra vida aquí estaba dividida en secciones raciales bien delimitadas: los blancos allá, los indios o las personas de origen asiático por su lado, los mestizos, los de sangre mezclada y la mayoría negra que era el último eslabón. Por lo tanto en toda la nación éramos un pueblo dividido según la tribu, según el color. (…) algunos jóvenes de aquellos días no podíamos aceptar esto”[10]. Y Bujari Ahmed reflejó en su ideario que los saharauis vivieran libres y sin ningún tipo de disgregación racial o tribal, tras esa «camisa de fuerza» que lo impedía y que él entrecomillaba advirtiendo su letal expansión. En eso también consistió el proyecto revolucionario del Frente Polisario y su proyección en la República Saharaui, que aquella “Generación del 73 Saharaui” había asumido con un alto nivel y entrega.
El diplomático saharaui lideró una lucha desigual con el adversario, es decir con el ocupante marroquí durante más de tres décadas en los estrados, tribunas y pasillos de la sede de las Naciones Unidas. Una lucha casi bíblica, de un David contra Goliat y en ella venció a pesar del asedio del poderoso lobby promarroquí en los Estados Unidos, la despiadada postura colonial de Francia y la reaccionaria órbita del petrodólar saudita. Pero nadie pudo vencerle. Su mirada seductora, sus justicieros vocablos en inglés, hasania y español, sus sentenciadoras pausas y el uso de poderosas metáforas eran sus más temibles armas, porque su convicción de lucha era inamovible, lo que siempre hacía sentir muy pequeño a su adversario. “En África ha habido una época colonial durísima y los pueblos africanos han pagado el tremendo precio de un baño de sangre. Yo no creo que haya intelectuales y gobiernos en este siglo XXI que nos obliguen a decir que nunca tuvo lugar esa noche o ese precio que resultó ser una lección histórica, cuál es el derecho de los pueblos a tener la oportunidad de decidir su destino. Y ese es el centro de gravedad y no Rabat, Madrid, París, o Washington.”[11].
En el año 2007, mientras yo escribía el libro que consagré a su generación, “El sueño de volver”, intercambié varios correos con Bujari recabando su testimonio. Cuando concluí los trabajos del libro nos vimos en Madrid en una conferencia sobre la actualidad del proceso en Naciones Unidas que él impartía. Aproveché entonces la ocasión, tomando con él un café, para pedirle que me hiciera el prólogo del libro, como destacado miembro de su generación. Se ofreció amablemente y me escribió en su tarjeta la dirección de su apartamento en Nueva York para enviarle el borrador. Pero más tarde pensé que Bujari no tendría tiempo para leer casi trescientas páginas y prologar el libro. Rectifiqué mi abusiva petición y le escribí un correo para no quitarle el mínimo de su necesario tiempo que consagraba diariamente a su difícil misión en las Naciones Unidas. Cuando salió el libro le pedí a la editora que le regalara un ejemplar. Estábamos en una conferencia en Círculo de Bellas Artes en Madrid. Yo le recordé que era el libro que quería que me prologara, a lo que me contestó sonriente, “Bahia, seguro que no habría tenido tiempo para ello”. Fue entonces cuando le dije que era justo lo que yo había pensado y por eso no llegué a enviarle el borrador del libro. Sin embargo, sus testimonios me sirvieron para documentar y argumentar sobre su irrepetible generación, que escribió el primer verso en español cantando a la patria saharaui, llamándola a despertarse contra el yugo extranjero, e inició el proceso de descolonización del territorio y proclamó la República Saharaui.
Ahora que Bujari se ha ido, los saharauis saben que el vacío que ha dejado es irrecuperable. Sin embargo, partiendo del clamor de su generación, estoy seguro que su referencia seguirá siendo el punto de convergencia para todas las generaciones saharauis como lo pregonó el histórico poeta y dirigente Biga  Uld Baali[12] en estos versos. 
 التاريخ اتمش ينصاع          بيه اجيال اكتب بسباعو
و المناضل من لقتناع                  اكد احدد سراعو
Nuestra historia ha hecho/ en su andar leyendas,/ la nueva generación/ ya sabe escribir más allá / de sus dedos,/ y el militante desde su convicción/ sabrá acotar con determinación/ expectativas e incertidumbres.  
Estos versos de Biga parten de la misma ilusión que tuvo este gran intelectual en el proceso de liberación que unió a los saharauis y les está conduciendo hacia el buen puerto que él preconizó con determinación y esperanza, cuando decía, “La coyuntura internacional es como lo que decía Bismarck,  el manto de Dios pasa una vez delante de tu puerta cada mil años”. Y Bujari zanjaba el planteamiento, “Nosotros estaremos preparados para el paso del manto de Dios”[13]. En 2014 tuve la suerte de escuchar de cerca al histórico dirigente sudafricano, compañero de celda de Nelson Mandela, Andrew Mlangeni dirigiéndose a los saharauis desde la misma filosofía y liderazgo de la generación de Bujari, “Si los saharauis que están aquí en los campamentos no la consiguen, la conseguirán sus hijos”. Y matizaba esperanzando a los saharauis en su lucha, “Nosotros en 1952 decíamos que queríamos ser libres ya, y lo decíamos en serio, y tuvimos que esperar hasta 1994. El pueblo saharaui está preparado para lo mismo”.
Ojalá que este recuerdo de Bujari Uld Ahmed Uld Barical-la,  les sea útil a las nuevas generaciones saharauis y a aquellos amigos de la causa que no tuvieron la ocasión de conocerle en persona. Espero que sea un provechoso acercamiento a esa irrepetible figura de la contienda nacional del Sahara Occidental y de África que dieron en unas circunstancias en que se necesitaba y quitaron cuando menos se esperaba. Pero “vendrán otros”, de su talla, tal y como él decía.


Sobre el autor:
Bahia Uld Mahmud Uld Awah, escritor, antropólogo, poeta natural del Sahara Occidental. Autor de varias obras, ensayos académicos; profesor honorario en la Universidad Autónoma de Madrid y miembro del Centro de Estudios Afro-hispánicos, CEAH, de la UNED.


[1] “Año de la estrella de rabo” según el calendario pastoril saharaui aparece citado en la obra del antropólogo Julio Caro Baroja, Estudios Saharianos. Corresponde a 1952 en el calendario gregoriano. Fue un acontecimiento astrológico registrado en la memoria colectiva saharaui por el avistamiento de una estrella que arrastraba una cola en su recorrido.
[2] “Cambio de vida en el Sahara”. Revista Irifi, nº 11. Curso 1971-72. Instituto General Alonso de El Aaiun.
[3] Intervención de Bujari Ahmed en “Diálogo a dos bandas: “¿qué soluciones para Sahara Occidental?”. IV Jornadas de las Universidades Públicas Madrileñas. 26 de mayo de 2010. Recogido en el libro Memoria y tiempo presente del Sahara Occidental. p. 138.
[4] Ibid, p.138.
[5] Ibid, p.138.
[6] Intervención de Bujari Ahmed en el debate “El escenario internacional: Naciones Unidas y el Sahara Occidental”. III Jornadas de las Universidades Públicas Madrileñas. 26 de mayo de 2009. Recogido en el libro Memoria y tiempo presente del Sahara Occidental. p. 72.
[7] “Cambio de vida en el Sahara”. Revista Irifi. Op. cit.
[8] “Cambio de vida en el Sahara”. Revista Irifi. Op. cit.
[9] “Cambio de vida en el Sahara”. Revista Irifi. Op. cit.
[10] Oramas, Oscar. “La descolonización de África y sus líderes”. Editora Política. La Habana, 1990. p. 103
[11] Intervención de Bujari Ahmed en la mesa redonda “Un proyecto político para el Sáhara Occidental: referéndum y autodeterminación vs. autonomía”. I Jornadas de las Universidades Públicas Madrileñas. 8 de mayo de 2007. Recogido en el libro Universidad y Sahara Occidental. Reflexiones para la solución de un conflicto. p. 85.
[12] Dirigente y poeta integrante de la “Generación del 73 Saharaui”, caído en combate en los años ochenta contra la invasión marroquí.
[13] Intervención de Bujari Ahmed en “Diálogo a dos bandas: “¿qué soluciones para Sahara Occidental?”. Op. cit. p. 143.