lunes, febrero 15, 2021

La libertad y la lluvia


Por: Mohamed Salem Abdelfatah Ebnu. Ilustración de Roberto Maján
La lluvia casi siempre cae lejos, quizá es su manera de hacer que siempre estemos en movimiento. Su escasez nos despierta, nos incita a emprender la marcha, o a salir en busca de lo desconocido; nos obliga a mantener la vida. Llueve lejos, siempre lejos, como si alimentara una ilusión, nuestra esperanza. Ella juega y se esconde, ella es libre y se divierte. Le  seguimos el rastro, las huellas que deja una nube peregrina, señales que sólo el corazón de un nómada percibe, interpreta: como la arena al abrigo de un pequeño arbusto, o la orientación de la entrada de un hormiguero, como una imperceptible fragancia o la fuerza del batir de unas alas de mariposa.
Un día cae, sin previo aviso, y nos precipitamos en un abrazo de humedad y tormenta…y aunque a veces nos sorprende con su cólera, nuestro amor es más grande que la rabia, los lamentos y lágrimas que su paso con dolor nos arranca.
La lluvia y la libertad, dos anhelos, dos sueños que nos acompañan y que vamos heredando generaciones tras generaciones. La lluvia, aunque tarda, suele llegar y cambiar, generalmente para bien, nuestros ánimos y renueva nuestras esperanzas. La libertad, sin embargo, sigue lejana, vedada, dolorosamente ausente.
¿Ha caído la lluvia? Pregunta que se repite por todos los caminos, en todos los encuentros, en todos los saludos.
¡Bendito sea quien tiene la respuesta afirmativa!
¡Sí, ha llovido!
(…Ha llovido también en Bashabshub
y ha llovido en las gargantas de Shergan.
Y desde allí hasta Argub
Laglat y las espaldas de Dirramán…)
El poeta, Salama Uld Ydud, en un poema conocido “Díganle a Yidehlu” anuncia la llegada de la lluvia a varios parajes del Sáhara.
En estos tiempos la llegada de la libertad, sería la mejor noticia.
¡Bendito sea quien la anuncie!
¡Una lluvia de libertad!
Mientras tanto seguimos, y aunque se hace de rogar, la lluvia cuando nos visita nos distrae, nos alienta. Y por unos breves momentos podemos sentir la pasión del efímero paso del agua, acariciando la tierra sedienta, fecundando con prisa las semillas de la espera.

lunes, febrero 01, 2021

El Hombre del Norte



Por: Limam Boisha
La tormenta abrió el día, los anfitriones no pudieron agasajar al ilustre visitante con los dos cuencos: uno lleno de leche de camella y el otro de dátiles. El cuenco de leche es símbolo de buenos deseos. Paz líquida que se ordeña y es ofrenda. El dátil es el fruto sagrado, la semilla que nutre, el complemento perfecto.
Dicen que el viento de arena que siempre acompaña esas visitas es el espíritu de un lamento colectivo que alza la voz y se viste de tormenta y es también azar desnudo, en su eterna fuga, que vuelve y se va.
Esa mañana los refugiados llegaron de todas partes, y como hogueras alumbraron ese trozo de desierto, donde iba a ser recibido El Hombre del Norte.
Rama de dolor es la anciana que permaneció sentada horas y horas encima de una piedra pintada de cal con su rosario de ébano, latido de plegarias y ruegos, para narrar su épica de sobreviviente. Al borde del camino un grupo de niños esperaba con sus darráas blancas. El pelo de las muchachas de túnicas negras y nila sembrado de coloridas perlas danzaba agitado por la furia del viento.
La tormenta afeaba el día, tanto si aflojaba como si se intensificaba. Arrugaba los rostros, cegaba las gargantas y aplacaba los gritos de la multitud. La arena se colaba en los ojos, entre los dientes, en los oídos, en los pliegues de la ropa. Alcanzaba los poros, se filtraba por las venas y batía en el reseco cuenco de la mente los sueños y los secretos.
Y llegó El Hombre del Norte la fuerza de su Pájaro de Hierro, levantó un rabo de tempestad que cubrió más si cabe, el apagado camino. Bajó y ajustó bien sus gafas, también lo hizo su mujer que estaba a su lado. Caminaron sobre esa tierra prestada, alfombra de arena y piedras.
– “Dios mío, ¿quién puede sobrevivir aquí?”
El pensamiento de la dama anidó una fracción de segundo. Enseguida lo apartó como una mosca por temor a incubar en su mente un destello de compasión.
El séquito de trajes y corbatas, cruzó el mar de olas verdes, blancas, rojas y negras. Cruzó tropas y armas. Hombres de pie encima de sus dromedarios. Cruzó rostros, simples rostros sin badía, deshojados, abrasados por la sal del destierro y hermosos y tristes y desafiantes y alegres y misteriosos. Cruzó manos que sonreían en el aire y dedos que raspaban las escamas del viento.
Al final del camino el visitante bajó de su lujoso coche y saludó a los ancianos vestidos todos con sus mejores darráas y turbantes de sombra y sed. Saludó a una fila de cataratas y venas ya temblorosas, que le miraban directamente a los ojos: "no somos una herida pequeña, somos una herida".
Dentro de la gran jaima habló y arañó más concesiones y ni siquiera probó la leche y los dátiles. Sólo trajo tormenta y se fue.

viernes, enero 15, 2021

Y el Sáhara... ¿está cerca de Islandia?


Por: Larosi Haidar. Ilustración: Hijos del desierto,de Roberto Maján
La primera vez que leí en una novela los términos skyr, skald y gothi, y sus respectivas definiciones, supe que los pueblos, en su esencia, se parecen mucho más de lo que parece y sus historias suelen diseñarse de forma semejante y paralela. Las palabras hacen referencia, respectivamente, a una bebida de leche cuajada, al cantor de odas y al jefe de clan en la Islandia medieval, lo que de manera espontánea activó en mi mente los términos saharauis zryg, igguiu y shij, y que salvando los matices vendrían a ser las traducciones de los primeros.
Otra similitud que descubrí entre los dos pueblos es el uso del patronímico para identificarse, algo así como Juan, hijo de Pedro. Así, encontramos nombres islandeses como Alnaldur Indridason, Alnaldur hijo de Indrid; Ava Ólafsdóttir, Ava hija de Olafs, al igual que saharauis como Mohamed wald Brahim, Mohamed hijo de Brahim, o Jadiyettu ment Baba, Jadiyettu hija de Baba. También está el hecho de la utilización exagerada del diminutivo en su lenguaje cotidiano, algo también notable en nuestra lengua hassaní y que enriquece su fina ironía benévola al igual que su cruel sarcasmo cáustico.
Sin embargo, la coincidencia que me pareció más reveladora del espíritu igualitario imperante en las dos sociedades es la casi inexistencia del tratamiento de cortesía usted, pues su uso es rarísimo y pedante. Lo que es una evidencia clara de la igualdad de los individuos en el seno de ambos sistemas sociales, independientemente del cargo o título que ostenten, pues se tratarán entre sí de tú a tú. Es de suponer que se debe, en los dos casos, a la escasa población y a la rudeza del hábitat que les ha tocado vivir, donde la solidaridad anclada en el respeto entre individuos era condición indispensable para la supervivencia. Eso sí, cuando esta última peligraba, los clanes y grupos se veían obligados a realizar incursiones en territorios remotos para saquear y pillar lo que se ponía en su camino. Los islandeses se hacían vikingos y se hacían a la mar en sus temibles drakkars, mientras que los saharauis se unían a los ghazzis, de allí razias, y montaban sus inquebrantables dromedarios y caballos para atacar a poblados lejanos que asolaban en un abrir y cerrar de ojos.
Más cerca en el tiempo y de manera más anecdótica, las coincidencias curiosamente persisten. El 20 de mayo, ese mayo beduino nacido por cesárea un lustro después del mayo galo, los saharauis iniciaron la vía de la lucha armada para alcanzar la tan ansiada libertad. Como si fuera ayer, sin embargo, acaban de celebrar con cierta amargura y frustración el cuadragésimo aniversario de tan simbólico acontecimiento en la historia moderna del Sáhara Occidental. Mas sí, también para los islandeses esa fecha es muy significativa, dado que fue un veinte de mayo, concretamente del año 1944, cuando el pueblo de Islandia votó en un referéndum  para acabar definitivamente su vinculación a la monarquía danesa.
Varios años antes de recurrir a las armas, los saharauis habían intentado autodeterminarse de manera pacífica y partiendo del diálogo y la negociación cívica y civilizada. Pero la metrópoli no lo permitió y puso todo tipo de trabas ante dicho proyecto recurriendo, incluso, a las malas artes de la corrupción y compra de conciencias. La gota que colmó el vaso fue la disolución a balazos de una manifestación pacífica llevada a cabo en el barrio aiunense de Zemla, manifestación que el historiador Pablo Dalmases denominó atinadamente El grito de Zemla. Como es de esperar, esa fecha igualmente es simbólica y significativa para el pueblo saharaui, por lo que cada año se celebra su festividad el día 17 de junio y, curiosamente, también lo es para los islandeses, pues es el día en que su país se convirtió oficialmente en una República: el 17 de junio de 1944.
Llegados aquí, lo mismo no es tan descabellado decir que el Sáhara Occidental está, de alguna manera, cerca de Islandia. Lo está por la similitud y la afinidad subyacente que caracteriza al género humano, pero también, y desgraciadamente, por la lejanía causada por el desconocimiento y la ignorancia de todo lo relativo a la que hace poco, muy poco, era la provincia 53 de España. Y aunque a muchos les suene a Reikiavik, esa bella Bahía humeante capital islandesa, en realidad su capital es Aaiún, esos Manantiales que beben de las entrañas de Saguia al-Hamra, Acequia Roja que surca el desierto para besar el Atlántico, mientras sus Ojuelos acarician llorosos las antaño blanquecinas paredes de las moradas vecinas de su ribera sur. Hoy, sin embargo, esas mismas paredes tiemblan rojizas bajo el peso humillante de un rojo sangre venido del norte. Mientras, en lares no tan lejanos, la relaxing indiferencia hacia todo lo saharaui campa a sus anchas.
Y sí, aunque parezca mentira, el Sáhara está cerca, muy cerca, de Islandia.

lunes, enero 04, 2021

El verso y la tierra


Por Bahia Mahmud Awah. Cuando el verso se hace tangible en su canto por la tierra
El poeta tirseño Mohamed Uld Ahmed Merhba y el amor a la patria saharaui
Resulta difícil encontrar tanto amor expresado hacia una tierra, como el que han vertido por el Sahara Occidental y durante siglos, eruditos y poetas saharauis en el verso que dejaron registrado en la memoria colectiva de su sociedad, como este gaf[1] de tres hemer[2] y su talaa[3] del poeta tirseño Mohamed Uld Ahmed Merhba, uno de los grandes clásicos de la literatura saharaui. El vigor con el que guerrero anticolonial y poeta evocó lugares de su patria y la solemnidad de su verso evocativo me lleva a la fuerza descriptiva de estos extractos del poema Campos de Soria de Antonio Machado.
(…) En la memoria mía
tu recuerdo a traición ha florecido;
y hoy comienza tu campo empedernido
el sueño verde de la tierra fría.
O a los preislámicos versos de امرؤ القيس Imru Kais que forman parte de “Las siete maravillas” de la literatura árabe preislámica, conocidas como  المعلقات السبعة في الشعر الجاهلي   simpar composiciones en las que Imru Kais cantó con prosopopeya desde el lomo de su caballo a los viejos lugares, morada donde acampaban las jaimas de Laila, la joven  que tanto amó y por la que perdió la razón.
قفا نبك من ذكرى حبيب و منزل    
(...) بسقط اللوى بيين الدخول فحومل
Detente y juntos lloremos
efemérides de mi amor,
aquí en Sukti Aliwa entre Dujulí, en Haumali (…)
En el mismo contexto donde el binomio hombre-patria converge para fundirse en uno, están los versos que escribió Walt Withman, en los que celebraba sus treinta y siete años formando parte de la tierra que consideraba su cuerpo y alma.
(…) “Mi lengua, cada molécula de mi sangre formada por esta tierra y este aire.
Nacido aquí de padres cuyos padres nacieron aquí y
cuyos padres también aquí nacieron”. (…)
Sin embargo Uld Ahmed Merhba en estos versos que inició literalmente con esta expresión tan arraigada y profunda en la lengua hasania,  يَلالي   “¡ay de mí!”, desborda cualquier imaginación cuando interpretamos el profundo sentir del poeta al usar este recurso tan intrínseco al dolor por algo que tanto se ama o que se teme perder inesperadamente con tanta tristeza. El apego del saharaui a esta tierra árida, inmensa y de costas desiertas y ojos abiertos hacia el cielo es tan profundo que casi todos los clásicos saharauis del siglo XVIII a la actualidad lo han cantado en sus obras poéticas.
Y estos versos de Mohamed Uld Ahmed Merhba evidencian este indestructible lazo del hombre saharaui con su propia y marcada geografía.
يَلالي مَبــــــعدْ بولوتادْ             ذي النوبَ عادْ ومبعدْ وادْ
الجنَى عاد  ْو مبعدْ عادْ            بُولريَاحْ و معبدْ لَـﯖـــلاتْ                
وَ اقيلاس و مبعدْ لجوادْ           واﯖـليب الشـﯔ و لبـــيراتْ             
منْ فمْ انكش و فمْ الوادْ             لبيظ و افامْ التِيـــــــدراتْ
¡Qué lejos está Bu Lautad esta vez!,
y más lejos aún está Uad Eyena
y cuán lejos está Bu Lariah
y lejos está Leglat y Agailas
y qué lejano es Leyuad,
Gleib, Eshig y Leboirat,
de Fum Anagsh[4],
Fum El Uad Labiad[5] 
y la desembocadura de Itidarat[6].
Y me atrevo a decir, a excepción de los mencionados autores, que pocos son los poetas en la historia de la literatura universal que han cantado con esa intensidad su relación de amor y desplazamiento geográfico en términos de patria como lo hicieron los clásicos saharauis.
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1. Verso en hasania.
2. Los tres primeros versos sobre los que se construye la talaa, es decir el poema.
3. Poema que arranca con los tres primeros versos.
4. Lugar de la geografía mauritana donde se encontraba por circunstancia del poeta saharaui, lejos de su patria.
5. Lugar en la geografía de Mauritania donde por circunstancia se encontraba el poeta saharaui Uld Ahmed Merhba.
6. Otro remoto lugar de la geografía mauritana.

martes, noviembre 17, 2020

Carta de los escritores saharauis en el exilio, adhesión a la lucha de liberación nacional bajo la dirección del Frente Polisario y el gobierno de la República Saharaui.

El mártir comandante poeta Biga Uld Baali. Foto tomada por el periodista Miguel de la Quadra Salcedo en 1975

Nosotros los escritores saharauis en el exilio, la diáspora y los campos de refugiados en las actuales circunstancias de “Toda la patria o el martirio”, nos movilizamos desde nuestro frente intelectual y nos unimos al pueblo en su lucha. Se terminó la paciencia, se agotaron los caminos, el pueblo saharaui ha decidido, tras largos años de promesas incumplidas, empuñar nuevamente las armas por su libertad. Muchas decepciones, frustraciones, sufrimientos, esperando por una solución que la comunidad internacional le ha negado. Una causa justa avalada por el derecho internacional y las aspiraciones de un pueblo de ejercer ese derecho, simplemente el derecho a la libre determinación, darle una oportunidad para definir libremente su destino. Sin embargo, después de 45 años de prudencia, concesiones por la paz y espera el pueblo saharaui se ha levantado para emprender el doloroso camino hacia la libertad.

Todos los saharauis, donde quiera que se encuentren, están en la misma trinchera en el frente de batalla. Cada cual desde su lugar combate en esta guerra necesaria por la libertad y la soberanía de la patria. “Seremos como el Guadiana, aparecemos y desaparecemos, la lucha armada puede volver y puede no volver, pero nuestra convicción está ahí y nadie debe llevarse a engaño, y esto debe quedar claro”, como afirmaba el desaparecido líder y pensador saharaui Bujari Ahmed Barikal-la.

Los escritores saharauis, respondiendo al llamado de la patria, reafirmamos nuestro compromiso con la nación y acudimos prestos para defender los derechos innegociables de nuestro pueblo y reafirmar nuestro total apoyo a las decisiones del Frente POLISARIO y del estado saharaui en esta decisiva etapa de nuestra lucha de liberación. 

Nuestra voz estará en la calle junto a nuestros hermanos de las ciudades ocupadas, en las cárceles marroquíes apoyando a nuestros presos políticos, en los campamentos de refugiados con nuestra población en el exilio y en el frente de batalla con nuestro Ejército de Liberación Saharaui.

Desde diferentes frentes estaremos todos enfrentándonos al enemigo hasta las ultimas consecuencias.

“Al que espera le llegará la sombra”, reza un proverbio saharaui. Esperábamos la paz y llegó la guerra o acaso esperábamos la guerra para llegar a la paz. Bujari Ahmed decía que, “La coyuntura internacional es como lo que decía Bismarck: El manto de Dios pasa una vez delante de tu puerta cada mil años. Nosotros estaremos preparados para el paso del manto de Dios”. Y ese momento acaba de llegar.

 

Firman: Escritores Saharauis en el exilio de Europa, América Latina, y África. 

lunes, noviembre 16, 2020

La segunda guerra de liberación en el Sahara Occidental, Ali Salem Iselmu, escritor saharaui

Foto: A.B
La segunda guerra de liberación en el Sahara Occidental, Ali Salem Iselmu, escritor saharaui

El escritor saharaui reacciona en la visibilización y acompañamiento en la nueva guerra de liberación nacional contra Marruecos en el Sahara Occidental. “Los ghalam[1] saharauis ahora han de hablar en estos momentos del grito de la patria.

Se ha desencadenado la guerra en el Sahara Occidental, después de la violación flagrante del ejército marroquí del cese el fuego la pasada madrugada del 13 de noviembre. Una acción que ocurrió en la brecha ilegal de El Guerguerat, cuando Marruecos irrumpió de forma desesperada desde el muro para romper la protesta pacífica que llevaban a cabo los civiles saharauis.

29 años después de aquel 6 de septiembre de 1991 y la promesa de un referéndum de autodeterminación, la ONU y su misión de paz toleraron la violación del acuerdo militar número uno, al permitir a Marruecos invadir las zonas liberadas de la República Árabe Saharaui Democrática y cambiar a la fuerza, la situación que había permanecido sin ningún cambio significativo hasta la fecha de hoy.

El Frente Polisario y el Ejército de Liberación Popular Saharaui, respondieron a la provocación marroquí, atacando a sus unidades militares e impidiendo la ocupación de la zona que separa Mauritania del Sahara Occidental.

A lo largo de estos años, el conflicto del Sahara Occidental se quedó inerte y la ONU le dio a Marruecos suficientes argumentos para desentenderse del Plan de Paz, firmado entre las partes, con el objetivo de cerrar la descolonización inconclusa y permitir al pueblo saharaui expresarse a través de las urnas.

El derecho de veto de Francia y la actitud pusilánime del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, permitió a Marruecos rechazar cualquier solución e imponer su ocupación como hecho consumado a la comunidad internacional. Los saharauis siguieron todo este proceso de decepción en decepción. Cada resolución del Consejo de Seguridad, es una prórroga técnica de un año, sin ningún tipo de resultado tangible. Baker, Ros, Van Walsum y Köhler todos renunciaron sin conseguir mover la posición de Marruecos, una posición de ocupación y violación constante de los derechos humanos.

España la potencia colonizadora del Sahara Occidental, ha intentado aproximarse a las tesis marroquíes sin exigir la celebración del referéndum pactado y obligando al Frente Polisario a involucrarse en una solución política que Marruecos usa para ganar tiempo y desgastar cualquier intento de negociación.

Estados Unidos, ha tenido un papel titubeante al no imponer una solución basada en el derecho internacional y permitir a Marruecos afianzar su ocupación del territorio. Los saharauis no pueden permitir ser despojados de su tierra, convertidos en eternos apátridas. Cuando su tierra y mar, encierran uno de los caladeros de pesca más ricos del mundo, junto a las minas de fosfato. El paso constante de camiones llenos de todo tipo de mercancías hacia Mauritania y el resto de África por el Sahara Occidental era una violación evidente y un paso para consolidar la situación actual. Miles de colonos marroquíes ocupan hoy las ciudades de Smara, Aaiún y Dajla, mientras los saharauis languidecen en los campamentos de refugiados y el exilio. Una situación injusta que a la larga iba a derivar en una guerra de liberación más feroz que su antecesora.

Nada está dicho, la última palabra será de los saharauis, aunque la ONU se posicione con un lenguaje tibio e incoherente, alejado del sufrimiento y la desesperación que ha provocado esta paz agónica. Una paz cimentada sobre la fuerza y el desafío constante de Marruecos. Los saharauis son un pueblo tenaz, la historia nos dice que nunca aceptaron la negación de sus derechos en una mesa de negociación.

Quiénes creían que el tiempo era el mejor aliado de Marruecos, se han equivocado. Otra generación empuñará las armas, decidida a escribir otra página de la larga historia de resistencia del pueblo saharaui. Una historia de lucha constante por la libertad y el fin del colonialismo en este rincón de África.

Marruecos sabe de cada batalla militar, sabe de cada prisionero de guerra, sabe de cada bala saharaui. Los hombres y mujeres del Sahara nunca dejarán su destino en manos de un grupo de países que ejercen el derecho de veto en función de sus intereses. Un conflicto mal resuelto y una razón que permanece viva, son las armas más poderosas al alcance del pueblo saharaui.

La historia de un Territorio no Autónomo que ha sufrido la guerra, la ocupación y la violación de sus derechos desde aquella Marcha Verde marroquí, hasta la fecha de hoy. Esta es una herida profunda que queda abierta en la lucha por la autodeterminación y la libertad de la última colonia africana.

 



[1] Pluma estilográfica tradicional hecha de ramos de la acacia con la que escribían los eruditos saharauis.

martes, septiembre 01, 2020

El viaje en la distancia


Texto: Mohamidi Fakala, periodista y escritor saharaui que escribe desde los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia. Foto Biblioteca de Chej Malainin, Smara: Archivo/Mili en el Sahara
Por muy larga que sea la distancia siempre ha tenido el valor de una impronta de  estaciones dispares que han hecho del viaje una sola transcurrencia, y los pasos jamás se percibieron  cansados en la inmensa senda que llevaba a buen arribo. Las llanuras por muy altas que sean terminaban en las crestadas de las dunas, con golpes de los vientos. Y los ríos, morían de sed sin que abandonaron los cauces, mas también no cambiaban de nombre a fin de dejar las evidencias bien claras. En esa geografía de hechos y accidentes. Nunca faltaron aquellos cuerpos juncos de los hombres del desierto, afanados desde muy temprano en un vaivén por los caminos más lejanos a fin de no alterar los prodigios que la   naturaleza les brindaba. En esa concordia con el tiempo, y por mucho que las piedras y las arenas se aunaban en contra, nunca fueron un obstáculo ante todo intento. Las proezas y las enseñanzas sin embargo eran el móvil de una razón, y un apretón de manos igualable a los ladridos de la vida misma. De esa simpleza, que no tenía nada de anacrónica, nació el esplendor de los desierto en el corazón de muchos hombres y mujeres, que se agruparon consistentemente entorno a una fe inquebrantable, y una pacificidad aguerrida, que de la misma hicieron un módulo de identidad existencial a pesar de los desafíos.
Una consecuencia humana de pobladores que lograron con el tiempo adentrarse en los lugares menos sondeados del Imperio desierto. Es otra señalización de las rutas inexplorables, pero también como entendimiento de una pasión inevitable. En ese sentido, Los símbolos jeroglíficos, relanzaron las conquistas, abrieron por igual otros caminos. Para que más tarde, en los albores del siglo III a.c. apareciese el abecedario consonántico de los líbicos, que revolucionó en parte el entendimiento, a través de unas líneas que se leían de derecha a izquierda. De esta manera la escritura tifinag dejaba plasmadas las huellas en toda la región desértica. Los orígenes de esta civilización aún se constataban con sus sepulturas bajo un acopio de piedras. Sin embargo, desaparecieron con el tiempo sin juicio ni ruido, pero no antes de haber esculpido sobre relieve de piedras los nombres de los ríos, montes, páramos y pozo de las regiones de Tiris y de Zemur.
Motivados quizás por otros afanes, llegaron posteriormente los primeros ejércitos árabes con su lengua materna. De hecho, se consumaba la conquista del norte de África en el siglo VII por los hombres venidos de la península arábiga. En efecto, la escritura, el conocimiento y las letras se habían expandido por todas las direcciones, como los grandes ejércitos. Y a raíz de toda esa evolución, se consagraba con el transcurso de los tiempos pactos en aras de conquistas territoriales. Y en 1885 se concretaba de hecho la colonización española a los territorios del Sahara occidental. Pero uno de sus principales implementos como potencia colonizadora: la lengua de Cervantes no fue aceptada en principio con ese deseo mayor por parte de los pobladores autóctonos, hasta la consecución real del proceso de sedentarización, que coadyuvó en la propagación de un nuevo idioma venido más allá de los mares, y que se leía totalmente diferente, es decir de izquierda a derecha. Es la diversidad de una coincidencia que ha hecho girar las ruedas de la emancipación de una sociedad, que ha optado en orientar la dirección de su propio viaje con acento hasani en el que no faltarían, por supuesto, aquellos ingredientes de raíces híbridas.

miércoles, junio 17, 2020

En homenaje al líder del nacionalismo anticolonial saharaui, Sidi Brahim Basiri, en su 50 aniversario de desaparecido por España

En homenaje al líder del nacionalismo anticolonial saharaui, Sidi Brahim Basiri, en su 50 aniversario de desaparecido por España
Texto del escritor y poeta saharaui Limam Boicha


BASIRI
Hay una foto. Allí estás tú.
Tus dedos largos y delicados sujetan una escuálida placa.
Número: B-2875.
Tu mirada está perdida como en el horizonte.
¿Sabes que tu hora está cerca?
Y no viene de tus ojos negros.
No de tu negra barba. No de tu pelo oscuro.
¿Dónde aguardan tus huesos?
Como una onda quedó tu sueño. Una onda inmensa que avanza.
Inexorablemente avanza.
Empujada por un deseo libertario, terrenal, vivo.

Algún día, un gesto suave ante una fosa, un cepillo,
una mano amorosa
traerá a la memoria del viento tus restos.
Quizás jirones de tu ropa,
quizás el casquillo de la bala con la que segaron tu vida.
Algún día, se desmoronará el largo invierno de silencio
con el que aquella pala te sepultó.
¿Dónde?

Algún día,
el pueblo desgarrará el velo con sus ojos,
disipará la niebla con su conciencia pura
y dejará al descubierto la ligereza
con que te arrojaron al hacha de los verdugos.
El hierro con el que te quemaron.
El verbo con el que te inmolaron.
La alegría con la que te traicionaron.
La indiferencia con la que- aún -te siguen martirizando.

Algún día, Basiri. Algún día…

Muchos son los obstáculos
y vigorosos han de ser los esfuerzos,
pero hay que ir removiendo
las entrañas del mundo
hasta encontrar la verdad.

Aunque quieran borrar todos los rastros,
y escondan el horror de los cuerpos desprovistos de saliva y sangre.
Aunque la verdad les sepa a hiel,
y no aparenten más que indiferencia y desprecio.

Aunque tú a veces tengas miedo,
y otras disfraces tus palabras para que no te entiendan,
y otras veces alces tu rostro al cielo,
y terribles recuerdos vuelvan a tu memoria,
y supliques, y te sientas abandonado.

Y aunque escuches elogiar a tus verdugos.
Y a veces solo veas hilos de una esperanza ya harapienta.
Aún entonces,
no dudes de que, algún día,
cobrará aliento la memoria inocultable.
La canción de tus sueños, al fin desvelada.

Y cada día de largo silencio,
por más que intenten extinguir el eco
de los disparos en la plaza de Zemla,
por más arena que descarguen sobre el cuerpo de Basiri,
la verdad se hará más fuerte, estruendosa y vital.




lunes, junio 01, 2020

La estación en la que eclosionan libros, flores y crecen amigos

Por: Bahia M.H Awah (Feria del Libro 2014)| Ilustración de Bahia M. Awah
Desde hace varios años, en esta cosmopolita y hermosa Villa y Corte que es Madrid, me he familiarizado con este evento cultural que es la Feria del Libro. Una manifestación cultural que al menos en nuestra cultura saharaui, sobre todo la tradicional registrada en la memoria de la sociedad, no existía. Y no es porque no nos gusten los libros, simplemente un evento así no ha tenido lugar como tal en nuestra sociedad, como no ha existido en la cultura de los tuareg o en la de la vecina Mauritania. Sobran las razones por las que se podría llegar a una conclusión del por qué se da esta particularidad antropológica y social en algunos pueblos. Aunque en estas culturas que asentaron sus cimientos sobre la vida del nomadeo y su filosofía del libre tránsito geográfico siempre han existido mercaderes de libros ambulantes a lomos de sus camellos. Lo hemos vivido hasta mediado del siglo XX; estos mercaderes solían entrar al territorio, procedentes del este, de Mauritania y del Sudán.
Mi madre contaba que a finales de los años cincuenta pudo adquirir su primer libro, cuando era una niña de catorce años, a través de un mercader de libros nómada que llegó a su frig cargando su preciada mercancía a lomos de su poderoso camello. Y yo diría que si mi madre hubiera leído a Miguel de Cervantes, entonces yo entendería que su amor por el libro se lo hubiera inspirado el manco de Lepanto y su famosa cita: “El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”. Y esta historia de mi madre y el vendedor nómada de libros, la interpreto como un antecedente para sostener esta teoría del por qué no ha existido esta especial estación primaveral del libro en nuestra cultura.  Todo me conduce a esta reflexión contextualizada en tiempo y espacio. Pero a la vez, el hecho de que aquellos mercaderes recorrieran tantos días en el desierto en busca de un frig para ofrecer sus libros, me da entender que era la única manera de hacer una feria de iniciativa individual en la entonces sociedad beduina saharaui.
Dicho esto desde otra óptica beduina me halaga haber soñado y ver mi sueño hecho realidad. De niño el libro para mí siempre fue una tabla de madera que un riguroso maestro que llamábamos lemrabet o la imprevista maestra o maestro me llenaba de letras. En este caso fue mi madre, quien emborronaba mi tabla de madera de letras libres, quiero decir abecedario, luego palabras sencillas para saber componer una frase, cortos versículos del Corán; más adelante toda la superficie de la madera, a veces por las dos caras, me la llenaba de hermosos versos para memorizar. Esta era la imagen que pronto tuve del libro, que me cautivó en tan temprana edad. Desde muy niño supe hacer coexistir en mi mente la tabla de madera con las primeras cartillas y cuadernos de papel que nos trajo la metrópoli para enseñarnos la lengua de Cervantes en su día. Y empezó a crecer en mí el pensamiento de que todo es posible en la vida, todos podemos convivir culturalmente y aprender mutuamente unos de otros. Junto a otros amigos de la infancia, atraídos por la curiosidad en la lectura recogí novelitas que tiraban los oficiales y reclutas españoles de la época en los cubos de la basura de mi pueblo. A veces olían un poco mal, a causa de los restos de comida que se tiraban en los grandes barriles de metal, que antes llevaban petróleo u otros combustibles… y que llamábamos bramil elcaba y se usaban como cubos de basura. Aún en mis recuerdos de esa edad tengo en mi memoria a un chaval al que llamábamos Jaimito y a veces Mohamito, una dulce criatura, el único niño de raza negra que iba al mismo colegio con nosotros en aquellos ya lejanos años sesenta.
A principio de los ochenta por vez primera vi una feria del libro. Y sucedió en un lugar que desde mi cultura nunca imaginé. Era en 1982 en El Morro de La Habana, un histórico castillo que esconde terribles huellas del pasado colonial de la Corona española; construido en 1774 como fortaleza militar, era donde se hacinaban los esclavos llevados del África. Luego ya más tarde, a través de muchas lecturas, conocí la Feria del Libro de muchas capitales de África, Europa y de otros lugares. Ahora pensando en los que hacen posible este importante evento en la cultura de nuestra humanidad, de escritores e intelectuales en general, mi conciencia me dice que el verdadero poder con el que se pueden cambiar las cosas, tal vez y humildemente son la pluma y la conciencia de miles de hombres y mujeres que escriben estos libros y convierten en realidad cultural esta estación cada año. En varias ocasiones he podido participar como autor en la Feria del Libro de Madrid y mi cometido como saharaui es dar a conocer mi cultura y la historia de mi tierra; ese es el compromiso que siempre he tenido conmigo mismo y con mi sociedad. 
La importancia de este encuentro anual que se celebra en la más bella eclosión primaveral tiene su especial magia para el lector, el escritor y los asiduos al libro. Este año, una vez más me encontré compartiendo gratamente el momento que me correspondía como autor en la caseta de Casa Árabe.
Firmé alguno de mis libros anteriores, conocí nuevos lectores y estuve acompañado por inolvidables personas muy queridas de mi entorno. Nos quedaba mucho tiempo por delante para disfrutar la feria, recorriendo de arriba a abajo su única arteria, rebosante de lectores, fluyendo entre las ideas y principios desprendidos por los libros.
Muchas veces, cuando intento buscar una idea, me detengo en alguna frase o proverbio de nuestra cultura saharaui y encuentro con qué arrancar. كل ريظ  و اهله “Cada estación de brotes verdes tiene sus buenos habitantes”. La generación de saharauis a la que pertenezco pudimos vivir con suficiente conciencia los últimos años del periodo colonial en el territorio, bebimos buena parte de nuestra cultura en su mejor esplendor y más tarde crecimos intelectualmente inmersos en pleno proceso de liberación nacional, lo que nos mantuvo sujetos a nuestra identidad. Históricos acontecimientos a los que hemos consagrado nuestra vida. Tal vez el proverbio anteriormente mencionado es la referencia con la que podemos definir y entender lo que voy a exponer sobre el escritor e intelectual que ha estado siempre apoyando la lucha del pueblo saharaui.
Entre los destacados escritores presentes en la Feria del Libro de Madrid de este año, muchos de ellos son simpatizantes y solidarios con la causa saharaui. Ocho días estuve recorriendo la feria de arriba a abajo en busca de autores que me fueran familiares por su implicación en muchos procesos sociales o políticos en el tercer mundo y con los que mantengo buenas relaciones. Mi propósito era saludar, comprar algún que otro libro de interés mío o relacionado con el tema del Sahara Occidental y conversar con el autor. También quería medir hasta qué nivel la causa saharaui está presente en la pluma y los principios de estos autores, que acaparan la atención de miles de lectores atraídos por sus novelas, libros de ensayos, poesía, literatura infantil etc.
Y lo cierto que ese barómetro intelectual que intenté explorar superó mis expectativas y me resultó asombroso por la envergadura intelectual de tantos amigos que respaldan a la causa saharaui. Y pienso que si el mundo tuviera en cuenta ese aval a favor de los saharauis, no estaríamos aún sufriendo un proceso de descolonización inacabado y una ocupación ilegal e impunemente actual.
Saludé en la caseta donde firmaba sus libros a Javier Reverte, autor de varios libros sobre el Sahara Occidental y amigo del pueblo saharaui; conversé un rato con la escritora Inma Chacon, amiga de este proceso saharaui y compañera de viaje en el FiSahara 2014. Manuel Rivas otro amigo de la causa saharaui, contaba con interminables colas de lectores a la espera de su firma, por lo que sólo pude tomarle unas fotos. Intenté llegar a la caseta de Almudena Grandes, otra amiga de este proceso saharaui, pero tampoco pude. Me uní a un interesante encuentro con el escritor y periodista Pablo Dalmases quien fue en los años setenta director de la RTV Sahara y el periódico La Realidad, que se editaba aquellos años en el territorio. Pude saludar a la poetisa y escritora Ana Rossetti con la que mantengo estrecha relación y que presentaba su nuevo libro. De igual forma me acerqué a la caseta donde firmaba su último libro Laura Casielles, espléndida poeta estudiosa del mundo árabe. Busqué el stand donde firmaba Ricardo Gomez, de Escritores por el Sahara, pero me indicaron que había firmado aquella mañana. Caminé entre la multitud hacia la caseta donde firmaba el cantante y poeta Angel Petisme, con quien tomé algunas fotos y hablé un rato sobre el Sahara. Inma Chacón me había avisado que la voz femenina de la megafonía pertenecía a la actriz Ana Wagener, con quien también compartí que estuve este año 2014 la XI edición del Festival Internacional de Cine del Sahara. Los rostros de la solidaridad eran muchos, no pude pasar de largo ante el stand donde firmaba su libro Julio Anguita, un histórico amigo del pueblo saharaui; le saludé y le agradecí su apoyo. Me respondió, cordialmente, “siempre he sido amigo de vuestra lucha y lo seguiré siendo”.
En la Feria muchos eran los escritores e intelectuales que respaldan la lucha del pueblo saharaui. Me llamó la atención un cartel con el rostro del gran Eduardo Galeano, y pensé cuanto me hubiera gustado que estuviera presente en la Feria, para estrecharle la mano y agradecerle lo mucho que hace por el pueblo saharaui. Y los amigos, como dijo Ed Cunningham, “son aquellos extraños seres que nos preguntan cómo estamos y se esperan a oír la contestación”. Me di cuenta que cuando tienes la razón, y vives con la fuerza de esta razón, tus amigos suelen ser buenos, eficaces y sinceros en su palabra de aliento. Una vez más sentí que los saharauis no estamos solos en este largo camino hacia la vida que hemos anhelado desde entonces. La Feria, un año más, eclosionaba de flores, brotes verdes, de primavera y de incondicionales amigos.


viernes, mayo 15, 2020

Laboratorio de Derechos Humanos


Por: Ali Salem Iselmu | Fotografía de Santiago Barrio, perteneciente a la serie El teatro de las dunas
Laboratorio de derechos humanos es una magnífica idea para defender los derechos del pueblo saharaui y de otros pueblos oprimidos, cuyas riquezas son numerosas, pero solo sirven para generar mayor pobreza en la población.
Dónde están las universidades en el Sáhara Occidental, dónde están las carreteras que estén en buenas condiciones para comunicar a las principales ciudades saharauis, cuántos saharauis trabajan y cuántos están en el paro con formación universitaria, estás y muchas más preguntas deben estar en la mente de muchos.
Realmente los recursos naturales entre los cuales están las minas de fosfatos y el banco de pesca, sirven para mejorar las condiciones de vida o son expoliados por empresas extranjeras con la ayuda de Marruecos; en una carrera frenética para agotarlos y dejar un territorio pobre y sin infraestructuras. Cuando por otra parte, la realidad que se vive en el territorio es la de una población saharaui sin derecho al trabajo, a la formación profesional y vive pendiente en espera de una ayuda que el Gobierno marroquí, ofrece como contrapartida por esta política de marginación, mientras tanto las Naciones Unidas siguen buscando una solución a este conflicto.
En la provincia de Álava, la Asociación de Amigos y Amigas de la R.A.S.D, desarrolló varios talleres sobre el tema de los derechos humanos, recursos naturales y feminismo con el objetivo de acercar la realidad saharaui en Euskadi y llevar a cabo una labor de sensibilización tan necesaria para comprender la dura situación que se vive en los campamentos de refugiados saharauis y las zonas ocupadas del Sáhara Occidental.
Los derechos humanos empiezan por un reparto justo de las riquezas, invertido en el desarrollo social del pueblo saharaui, haciendo a los saharauis los verdaderos protagonistas en su tierra, no unos ciudadanos de segunda que esperan las remesas que otorga la administración marroquí de la explotación ilegal de una riqueza que solo sirve para anular la capacidad de los ciudadanos para crear, trabajar y sacar su vida con la actividad económica que se genera en su tierra.
El origen de las violaciones de los derechos humanos viene del intento de apropiarse a la fuerza de los recursos naturales del Sáhara que son explotados por empresas como Jealsa, FMC Foret y la flota de pesca europea que desarrolla sus actividades debajo del paralelo 27º, intentando legitimar la presencia de Marruecos en el Sáhara Occidental.
El verdadero laboratorio de los derechos humanos, es el que ayuda a que el desarrollo de un pueblo esté conectado directamente con sus recursos naturales, permitiendo el surgimiento de un capital humano que permita una mejor defensa de la dignidad de las personas; personas que deben tener oportunidades laborales para alcanzar todos sus derechos en libertad.
Un pueblo es libre en la medida que pueda gestionar sus recursos y disponer de ellos para cubrir sus necesidades y así podrá alcanzar su verdadera autodeterminación.