domingo, junio 07, 2026

Tiris y el eco del poeta Badi, Mohamed salem

Por: Bachir Lehdad, intelectual saharaui

Tiris y el eco del poeta Badi, Mohamed salem

Por: Bachir Lehdad, intelectual saharaui

​Tiris. Nunca tuve la oportunidad de conocerla, más allá de lo que cuentan las voces de poetas y cantantes. Me avergüenza reconocerlo, pero es a través de ellos como he llegado a su arena.

​Uno de los poetas que más la amó fue Badi, que en paz descanse. Su poema Lembeidii[1] le delata. Es un testimonio de ese vínculo; un canto dedicado a su amor con el pudor y el recato de quien fue respetuoso con la cultura, la moral y la ética del auténtico bidani.

El escritor saharaui Bahia Mahmud Awah lo definió como «nuestro gran referente y poeta nacional» al evocar una frase célebre de Badi: «La poesía saharaui existió con su rol social mucho antes que nuestra música».

​Sus versos no buscaban adornar la realidad, sino conservarla, para protegerla del olvido. En su obra convivían la melancolía del nómada, el orgullo de la resistencia y un amor inmenso por la tierra saharaui. Fue un poeta de imágenes sobrias pero profundas, donde el desierto, los pozos, las montañas y el viento se transformaban en símbolos vivos de memoria y permanencia.

​Esta tarde, mientras escuchaba al difunto cantautor mauritano, Aljalifa Uld Eidda, entonar la canción “Bulautad”, el recuerdo de Badi, padre de la poesía saharaui, volvió a mí con fuerza. He querido honrar su memoria con los versos en rigurosa prosa que siguen, consciente de que no logran rozar siquiera su retórica ni su profundidad.



[1] Famoso monte en la geografía saharaui ubicado en la mítica región del verso, Tiris. Muy recurrido en la poesía del clásico saharaui Badi Mohamed Salem (1936 – 2019)


Al vigilia de la memoria

​Me he subido de nuevo al lomo del Galb[2] Lembeidii,

donde el silencio tiene nombre y la arena, memoria.

El viento del Tiris me golpea con la misma terquedad

con la que tu recuerdo se empeña en reescribir nuestra historia.

​Desde este altar de granito, que fue guía de tus penas,

clavo los ojos en el oeste, reclamando lo que el tiempo nos robó.

Allí recortan el cielo los montes de Layuad, majestuosos y quietos,

como el pacto eterno que entre tu juventud y estas piedras nació.

​A lo lejos, las sombras de Agailás parecen llamarte;

centinelas de roca que custodian el secreto de lo que fue.

Dicen que desde estas alturas aún se divisa el rastro de tus pasos,

y que el aire, si se sabe escuchar, todavía exhala el aroma de tu ser.

​Fue aquí, bajo la sombra esquiva de este noble galb,

donde tus versos se hicieron único y verdadero horizonte.

Lembeidii fue testigo del nudo, del canto y del vínculo,

cuando el sol se hundía tras el perfil del monte,

vistiéndose un selham de luces ocres y blanco.

​Hoy el paisaje sigue intacto, hermoso y severo,

pero el vacío de tu ausencia pesa más que la roca

y que ese muro maldito que hiere la tierra.

Miro hacia Layuad y me siento un extranjero

en la misma arena que una vez bendijo tu boca.

​¡Oh, Galb Lembeidii! Tú que todo lo miras desde tu altura,

¿Puedes ver a Wankarat, Dumes y Galb El Id...y el eco de las voces de Layuad?

Dime si en Aghailás[3] el viento todavía susurra tu nombre.

Pues desde que Badi calló,

este desierto que respiramos,

es solo un mapa de ausencias,

un eco que ya no responde.

​Se apaga la luz sobre el cauce seco del wad,

y en la penumbra me quedo,

a solas con mi lealtad,

mirando hacia el oeste,

donde el horizonte se deshace,

buscando el verso perdido que aún late en Lembeidii.

[1] Famoso monte en la geografía saharaui ubicado en la mítica región del verso, Tiris. Muy recurrido en la poesía del clásico saharaui Badi Mohamed Salem (1936 – 2019)

[2] Monte.

[3] Colina conocida entre la población de Tiris por Emdeinit Aghailás, situada al sur de los montes de Auserd. Tiene un pozo de mampostería antiguo, rodeada por pequeños grupos de acacias. La administración de ocupación marroquí creó entorno al pozo un pequeño pueblo abandonado, sin habitantes.

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