miércoles, enero 11, 2017

Los retoques de una pincelada

El pintor saharaui Larbi Lehbib en su taller
Ruge el viento tras la lona de la jaima. Hoy ha sido un día más de calor. En su interior, nuestro hombre saca una libreta donde anota recuerdos, inventa historias y relata la vida en el campamento. A veces le gusta pensar cómo era la vida en la ciudad, el ajetreo, el ruido, sus gentes y el olor a mar. Escribe a mano para luego trasladarlo al bloc de notas de su Samsung Galaxy, con paciencia y esmero. Y entonces, cuando todos duermen, mientras  los escarabajos excavan túneles en la tierra, camina hasta un lugar elevado en busca de un poco de cobertura. Consigue enviarnos su crónica, su relato, su historia. Memoria viva de todo un pueblo que deja escapar los días en un campamento de refugiados en el más inhóspito de todos los desiertos. Mi admiración y respeto a nuestro compañero, Mohamidi Fakal-la, un valiente caballero del desierto.
Esta entrada ha sido escrita por Mohamidi Fakal-la desde los campamentos de refugiados saharauis.
Retenido por las horas hasta muy entrada la noche, en el angosto taller artístico bajo una nube de incienso que se entremezcla con olores de pintura acrílica y óleo, va configurando con ligereza sobre lienzo el rostro de una anciana mujer, con un último retoque de pincelada de la mano diestra del pintor Larbi Lehbib. Licenciado en Artes Plásticas en el extremo occidental de la isla de Cuba, hace ya más de una década, desde entonces vive con sus allegados en un campamento de refugiados en el inhóspito desierto de la hamada.
Desde un exilio implacable se debate con entusiasmo propio para dar una imagen positiva y a la vez emotiva, en la que se queden plasmados con técnica y estilo los colores, la cal y el agua que componen con majestuosidad el valor indeleble de un gigantesco cuadro de vivencias, amor, tristeza, entusiasmo, esperanza, soledad y separación, bajo la bóveda de lona de una inmensa jaima.
"La anciana" no resulta ser el primer cuadro del pintor saharaui en su aval artístico. Debutó en el año 2002 en las galerías del Ministerio de Cultura saharaui en Rabuni. De hecho, con una escultura de lefrena1 y complementos del ritual té tradicional el pintor pretende cerrar su labor anual y fijar nuevas metas de futuro. Está trabajada a base de material reciclado, pieza a pieza, de los residuos del vertedero de uno de los mayores campamentos de refugiados saharauis. Son destacables también las exposiciones que montó con anterioridad en la localidad liberada de Tifariti, así como en La Habana, Argel y en la ciudad española de Santander.
En las raquíticas paredes sin revestir del taller se amontonan cuadros, libros, dibujos sobre relieve, serigrafías, ilustraciones de cuentos, revistas, tela, pintura, entre otros trabajos que exhibe con esmero, y relucen las siglas de un hombre que quiere llevar el noble mensaje de su pueblo mucho más allá de las habituales salas de conferencias de matiz político. Detrás de cada rúbrica se esconde todo un rigor de imaginación de una historia, o alguna leyenda, cuyo protagonista principal podría ser un niño, una mujer, un hombre, una tormenta de arena, un calor extremo o un grito de libertad que encierra con su eco el espacio comprendido entre la tierra y el universo, en un rincón insólito, invicta la gente que lo habita desde hace muchos años, esperando justicia.
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1 Especie de brasero donde se prepara el té y pinchitos de carne y que también sirve para calentar el cuarto o echar lebjur, incienso saharaui