sábado, julio 17, 2010

Aichatu


*Relato aparecido en el último número de la revista Shukran


Aichatu nació temprano, apenas llegados los saharauis a Tinduf. Su suerte desde entonces, depende de unos y de otros. Creció como cualquier niña saharaui, entre dunas, piedras y jaimas, tropezando de vez en cuando con juguetes roídos por el uso. Aichatu es bonita, su cara y su suave sonrisa la delatan, sus ropas heredadas la abrigan debidamente y a veces la hacen elegante.

Es muy risueña y vergonzosa, agacha la cabeza con cada gesto o mirada extraños. Aichatu es una semilla que brotó en el exilio y aunque nació en tierra extraña y bebió agua también extraña, la mano que sembró esa semilla y la hizo crecer es tan saharaui como la tierra que perdieron.

No conoce otra tierra ni otro mundo más que el lugar donde nació, la “hamada” argelina y, que jamás podrá ser suya. Su suerte es esperar a que pase algo. Su Sahara, está al otro lado de la frontera, a ambos lados del muro, a pie de playa, de acantilados y donde las dunas juguetean día y noche con la mar. Su Sahara donde vienen a hacer un alto en el camino y aprovisionarse cuanto ser desee y, ver y saludar al sol de más cerca inclusive pasearse con él, sin pedir hora; su Sahara donde la noche invita a contemplar el espectáculo natural más bello del mundo, las estrellas, un espectáculo interactivo que se repite cada noche.

Aichatu, apenas es una niña y su primer viaje, lo vivió temprano irremediablemente. Se fue a un viaje a la amistad, se fue a encontrarse con otra familia de otra cultura, para prestarle su corazón y contarle cuentos inverosímiles que sus superprotagonistas le son muy cercanos, viven en su propia jaima y en la del vecino. Ella apenas conoce su realidad y menos otras.

En Barcelona, rehuyó de todos cuantos la rodeaban, su atención estaba fija mirando un rascacielos, lo contemplaba de arriba abajo y de repente solo pudo exclamar, sin apartar la mirada y señalándolo:

-¡¡¡Vaya qué cocina más grande tiene esa familia, es mucho más grande que la de mi madre!!!

Más allá de esta inocente reflexión, hay otra y muchas más que Aichatu irá desvelando o exclamando, inclusive cuando tenga mayoría de edad y las jaimas echen raíces en la mismísima Barcelona. Su inocencia entonces, irá al clan de los concientes guerreros por la independencia y el café después de la manifestación. En otro lugar la sombra es más densa y la vida se viste de Té.

Chejdan Mahmud

Chejdan ha sido galardonado en el Festival Internacional de la Palabra del Mundo –que se ha celebrado en Méjico- por su excelente poema “Basta