viernes, diciembre 18, 2009

Aminatu, La Libertad






Resulta verdaderamente increíble que hasta hoy (y no parece que ello cambie) haya personas a las que solamente se les permite ver la luz de un nuevo día, a través de las estrechas rejas de una ventana. Y mucho más increíble es que los haya que se les niega terminantemente abrir los ojos, aunque sea para ver la nada.

Es en la noche cuando las almas solitarias acusan su soledad, sienten el abandono, y sufren en silencio las inclemencias de este injusto mundo. Es durante las oscuras noches cuando los corazones lloran las amargas lágrimas de la impotencia.

Noche tras noche, mientras la vida duerme, en nuestro lado del mundo miles de corazones continúan su latir triste y cansado esperando la luz del amanecer.
Los saharauis, desgraciadamente, conocen bastante bien la oscuridad de las celdas de cloacas, infestadas de maldad y de injusticia, además de insectos y roedores.

Actualmente hay cientos de saharauis totalmente desaparecidos, de los que no hay noticia, de los que no se sabe nada más que eso, que no aparecen. ¿Dónde están?

No hay respuestas. Ojalá, algún día podamos saber lo que les ha pasado o lo que les está pasando. Ojalá ellos mismos nos puedan decir, algún día, dónde han estado durante estos malditos años. Estamos esperándoles y les seguiremos esperando hasta saber la verdad de lo que les ha ocurrido.

Miles de saharauis han sufrido las consecuencias de la represión marroquí en el Sahara ocupado, miles de saharauis, en estos momentos, están sufriendo las inclemencias de la represión continuada durante más de treinta y cinco años del régimen marroquí.

Lo sabe todo el mundo, pero a los gobiernos de Occidente, los campeones de la democracia en el mundo, los que se prodigan como el paradigma de los derechos humanos, se hacen la vista gorda o miran a otra parte, porque por muy democráticos y por muy respetuosos que sean con los derechos humanos, no antepondrán a sus intereses comerciales, estratégicos, o los que sean el derecho de justicia de una población que está lejos de sus fronteras, lejos de sus casas, lejos de sus mesas.

Hace más de dos meses que siete activistas saharauis sufren nuevamente la cárcel del enemigo y pueden ser condenados a muerte por un tribunal militar marroquí, por el simple hecho de viajar a los campamentos de refugiados saharauis. Occidente y sus siervos mantienen su silencio cómplice

Tuvo que ser una valiente y decidida mujer la que de manera pacífica, sin ofender a nadie y de forma sutil, obligada por la injusticia, optara por dejarse morir poco a poco para que su tenue y melosa voz les despertase y les enfrentase a la realidad, la misma de hace tantos años, la que conocen pero prefieren ignorar por el bien de su democracia, por el bien de sus derechos humanos.

Aminatu Haidar, La Libertad, no quiere morir, su voluntad ha sido siempre vivir pero con dignidad. Tanto es su amor a la vida y a la libertad que más de cuatro años de cárceles, torturas y vejaciones, más de cuatro años de intimidaciones y agresiones, no han podido acabar con sus aspiraciones a un futuro mejor para ella y para su pueblo. Más de cuatro años con los ojos vendados intentando borrar su mirada, más de cuatro años de muertes y desapariciones, no han conseguido doblegar su indestructible fe en la vida, no han podido con su sonrisa de paz y primavera.

Aminatu, La Libertad, ama tanto la vida, que es capaz de morir por ella.


Ebnu

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