martes, noviembre 06, 2007

¡Fuego!


Estaba yo distraído en no se qué pensamientos, cuando escuché gritos, eran gritos alterados que me volvieron a la realidad.

- ¡A-nnar¡…¡A-nnar! – clamaba una mujer.

- “Ey, hombre, ayúdame, si eres hombre, ayúdame”, me increpó la mujer, mientras movía sus manos, arañando el cielo con gestos bruscos.

Cuando me acerqué a ella, me tiró fuerte del brazo, de la desesperación, de la histeria, su actitud me dejó consternado. “Yo sólo pasaba por allí”, quise decirle. La mujer me empujó, mejor diría me arrastró, y en el camino ya me imaginaba carbonizado por las llamas. Cuando entré en el patio de su casa de adobe, la mujer me señaló el peligro que me aguardaba detrás de una puerta que estaba cerrada, ví que a través de las rendijas salía humo, mucho humo. Abrí la puerta. El olor de gas mezclado con el humo me iba a asfixiar, asumí. Pude ver que algunas llamas trepaban alcanzando las estanterías y devoraban lo que encontraban a su paso.

Entré. Tuve un acusado temblor en las manos. Una inesperada flaqueza, como una ola de mar recorrió mi cuerpo, pensé en retroceder, pero ya no podía, tropecé con un cubo lleno de sobras de comida, seguramente preparado para las cabras. Durante la caída mi mano impactó contra un objeto duro de hierro que me provocó un calambre. La mujer no paraba de gritar, a pesar de quedarse fuera. El miedo me paralizó, y justo enfrente mío estaba la bombona. Entre la vida y la tragedia sólo había la distancia unos segundos. Le di vuelta a la llave y se paró el gas, también pararon los gritos desesperados de la mujer.

Enseguida llegaron dos hombres, uno vestía una camiseta roja, y el otro iba casi desnudo, jadeaban como si vinieran desde el fin del mundo. Por una parte me sentí héroe y por otra, victima. Héroe, porque aunque estaba cegado por el miedo y la mujer casi me obligó, pude evitar una tragedia, y víctima, por la astucia de esos hombres que se esconden hasta que haya pasado el peligro, y después entran corriendo, como si acabasen de enterarse del fuego, y luego se comportan como si fueran ellos quienes hubieran cerrado la llave del gas.

Limam Boisha
*Foto: Oskarweb