jueves, abril 19, 2007

El corazón de la música



Esta noche mi cuerpo viaja despacio sobre los copos de nieve y se acuerda de cómo la arena caliente quema los pies y en medio de los contrastes el ritmo obsoleto de las cosas continúa, mientras la húmeda lluvia en las calles de Santiago de Cuba es una tormenta tropical.

Esta vez contaré las partes que están dentro de mí, hablaré de mis noches caribeñas bajo el diluvio de la lluvia y en medio del carnaval santiaguero escuchando a Isaac Delegado, a grupo Moncada y a la Original de Manzanillo con el contagioso ritmo de la Conga Orienta. Hablaré también de los músicos saharauis de sus canciones desterradas y de esa enorme jaima en la que se mezclan los ritmos sonoros del tbal y el tidinit, contaré la historia de pequeños pueblos perdidos en Guipúzcoa que tocaban la Txalaparta para comunicarse unos con los otros.

Intentaré contar las anécdotas de este pequeño periplo sintiendo la música de cada lugar y a partir de esa sensación me comunicaré conmigo y con los demás procurando ser fiel con cada situación.

El sudor de la noche empapa el cuerpo, suenan los timbales, suenan las maracas y la alegría del momento es desbordante todo el mundo olvida las dificultades diarias del “Periodo Especial” que es como llaman en Cuba la crisis económica después de la desaparición del campo socialista, la multitud entretenida baila y bebe de forma desenfrenada combate la escasez con el buen humor y toda la gente intenta ser feliz por un momento a pesar de las dificultades; mantener el movimiento, la sonrisa, la cara de optimismo y esperanza forma parte de la idiosincrasia de la sociedad cubana; pues toda esa magia esta en los sonidos y colores de una fiesta guajira que empieza con esta bella canción “de donde son los cantantes, son de la loma compay pero cantan en el llano”.




En medio del silencio irrumpe el sonido del tambor y la guitarra se escuchan los cánticos sobre la tierra anhelada, se canta la vuelta a El Aaiun bajo el ritmo de la libertad, se promete a nuestros hermanos la deseada vuelta del reencuentro, el exilio se hace menos desesperante porque el sonido de la protesta es también música. Los cantantes saharauis han dado su voz, sus sentimientos a la causa de su pueblo desde canciones dedicadas a los guerrilleros, a las zonas ocupadas y en ellas queda reflejada la paciencia, la desesperación y la falta de libertad que se transmite en esta melodía cantada desde el exilio.

Bajo el sonido de la txalaparta un dantzari vasco da muchas vueltas baila y baila con su indumentaria blanca y al final tira su txapela negra al público entregado al sonido de un instrumento que viajando en el viento lleva su voz de un lugar a otro. Antiguamente muchos pueblos perdidos en el País Vasco se comunicaban con este instrumento y a su alrededor establecían el contacto.

Cuando uno profetiza en su interioridad cada situación vivida, el deseo invade su mente y a partir de allí queda la impronta del recuerdo y la capacidad de sentir cada ritmo que conquista su corazón para confundirse con la fantasía de la imaginación.

Ali Salem Iselmu



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