lunes, julio 15, 2019

El derecho cultural y de identidad conculcado por Marruecos en el Sahara Occidental como CULTURICIDIO


El derecho cultural y de identidad inculcado por Marruecos en el Sahara Occidental como CULTURICIDIO
Texto ponencia: Bahia Mahmud Awah y fotos Ana Pulido
Ponencia y debate en el V Congreso Internacional de Antropología AIBR 2019. Pensar culturas cambiar mundos. El pasado jueves 11 de julio presenté en este congreso de la antropología celebrado en la Universidad Autónoma de Madrid un tema que me preocupa sobre el culturicidio cultural que practica impunemente la administración marroquí en las ciudades saharauis ocupadas, El Aaiun, Smara, Dajla y Bojador.  
Debo señalar que este tema llamó mucho la atención entre ponentes, estudiantes e investigadores que trabajan en el continente africano. “Investigadores, antropólogos, sociólogos e historiadores, los saharauis claman vuestra conciencia académica en visibilizar y tratar en los foros académicos este tema”. Concluí en mi ponencia apelando la conciencia del científico social.
En el pueblo saharaui “Hay un sello característico en aquellos semblantes que refleja con bastante claridad la diferencia de pueblos, individuos y hasta familias”. (Bonelli, 1887: 124-125)
(…) La fisonomía nos separa de ellos, / los atuendos nos separan, / el ajuar nos separa, / Y la lengua nos separa/ y de ellos nos aísla (…) el poeta Beibuh Uld Biddi Uld El Hach
Me introduje en este complejo y preocupante tema aclarando que: Esta comunicación que voy a presentar, partiendo de su temática, la he titulado “Culturicidio de la ocupación militar, caso Sahara Occidental”. Pero no sin antes aclarar algunos aspectos relacionados con esta categoría, culturicidio, que la antropología entiende en su concepto académico como etnocidio. La expresión “culturicidio” aún no está definida ni incorporada al registro académico como flagrante violación de los derechos culturales y de identidad en conflictos bélicos. Algunos investigadores antropólogos usan culturicidio como análogo del genocidio en el contexto cultural, como en los casos de Guatemala, Argentina y actualmente en la excolonia española el Sahara Occidental, en la parte del territorio que ocupa Marruecos desde 1976. “Si una cultura está sometida a un dominio absoluto de otras sobre ella, puede quedar herida, o deformada, o incluso desparecer”. Ngugi wa Thiong´o en su libro “Desplazar el centro” La lucha por las libertades culturales. Entiendo que los intelectuales saharauis del exilio debemos partir del discurso de nuestros eruditos africanos. Es decir emprender la resistencia a la condenación, como nos apela Wa Thiong´o en «El papel de los intelectuales».
Ese pensador keniata autor del libro “Descolonizar la mente” en este contexto de violación contra la cultura afirma que “La receta para la cura más adecuada depende de un análisis riguroso de la realidad”. Y en este trabajo parto de este planteamiento en el que Ngugi nos insiste en la rigurosidad. Y el erudito y poeta saharaui Badi Uld Mohamed Salem también nos lo reitera en esta frase cuando quiere afirmar sobre un hecho expuesto al debate y que necesita de rigurosidad. “Que Dios me deje sordo si en algún momento he escuchado algo sobre ello”. El rigor en la historia y sus hechos es fundamental para los eruditos saharauis.
Respecto al uso del término culturicidio, consulté con mi director de tesis, el profesor Juan Carlos Gimeno, sobre este emergente concepto en el lenguaje de la antropología, que está buscando su espacio para ser verbalizado como tal en los eventos académicos y tratado en diferentes contextos culturales. Y me aclaró que, “Independientemente de la cuestión teórica o disciplinar hay un elemento muy importante que es la recepción normativa de estos términos en el derecho internacional y la posibilidad de utilizarlos para la denuncia y la defensa de pueblos, comunidades y colectivos particulares”. Y evidentemente es lo que me ha llevado a este tema que está en debate entre los saharauis dispersos entre la ocupación, el exilio y la diáspora.  Gimeno me aclaró también que el “genocidio es un término que se usa para el culturicidio, siempre tratando de delimitar las características de genocidio que hace que una experiencia particular sea definida con este término”.
Por otra parte, en mis indagaciones sobre el concepto he leído que el culturicidio es un debate dentro de los efectos de la violencia en Guatemala y en Argentina. Y con estos antecedentes me he situado en el contexto para poder tratar la categoría etnocidio en un contexto cultural violentado, que en este caso afecta a la cultura afro-árabe-senhaya del pueblo del Sahara Occidental, que vive desde 1976 bajo una administración marroquí de ocupación, de cultura opuesta e impuesta a la suya.
Cuando trabajaba el texto leí un artículo del cineasta y político argentino Jorge Edmundo Coscia, quien desempeñó el cargo de Secretario de Cultura de Argentina. Ese artículo fue publicado en septiembre de 2011 bajo el título de “El culturicidio en Argentina” y aquí Jorge Coscia usa el término para denunciar la hegemonía cultural. Y cito este fragmento de su texto:
“No podemos negar que no puede haber políticas culturales exitosas en países que fracasan, países que no logran encontrar un destino de autonomía, de justicia, un destino, en definitiva, contenedor de la vida de la gente que son esencialmente vidas culturales”. Y concluye afirmando que “la hegemonía cultural es la madre de todas las hegemonías”.
Cuando el poder quiere dominar un pueblo política, geográficamente y borrarle como identidad cultural, lo primero y más eficaz que le aplica es la destrucción de sus particularidades culturales, desnudarle de su esencia cultural en el sentido de Ngugi wa Thiong´o: “En el continente negro empezamos a entender que el poder colonial real no consistía en los cañones de la primera mañana sino en lo que seguía a los cañones. Y detrás de ellos venía la nueva escuela”. Marruecos tras la retirada de España eliminó todos los colegios bilingües hasania-español que habían en el territorio e impuso su nuevo diseño de neocolonización, escuelas donde predomina la dariya marroquí y la lengua francesa. Y esta política de marroquinización hizo que empezarán a erosionarse la lengua saharaui, hasania, y el español, como legado lingüístico heredado de un siglo de convivencia cultural.
Así empezó la praxis de la neocolonización y la ocupación en el Sahara Occidental, borrando lenguas y moldeándolas a su concepto de marroquinidad cultural”. El caso que se da en el Sahara Occidental es atípico, porque Marruecos ha sido colonizado por Francia y tras su independencia comete la atrocidad de convertirse en reproductor de la practica colonial en el continente que sus pueblos predican doctrinas de descolonización y anticonialismo en todas sus formas.
Y aquí quiero destacar que la identidad cultural saharaui comienza a configurarse desde el siglo XI cuando aparece el primer verso en hasania. Y se consolida a finales del siglo XVII tras la guerra Shar Bebba[1] 1466-1674 entre las tribus árabes Beni Hasan venidas a África desde la península arábiga y la confederación bereber africana Maquil en su simbiosis de senhaya, zenata, lemtuna, mezaba y zenaga, que habitaban el territorio mucho antes de la invasión árabe al norte de África.
Las dos culturas, la senhaya africana y la árabe se mezclaron, convivieron y de este mestizaje cultural nació la lengua saharaui y mauritana, hasania, con su muy marcada y distinguida literatura e idiosincrasia social, con notorios rasgos que las distinguen del entorno geográfico africano y árabe.
Respecto a estas particularidades visibles de la identidad cultural saharaui y mauritana, si nos remitimos a finales del siglo XIX encontramos uno de los primeros testigos occidentales que remarcaron los rasgos diferentes de esta cultura con respecto a las otras vecinas. Me refiero al expedicionario colonial español Emilio Bonelli en su viaje al territorio del Sahara Occidental en 1887. Cito un fragmento de su texto:
“Esa raza varonil, sagaz é (sic) inteligente, más altanera cuanto mayor es su decaimiento, y que, no obstante la mezcla consiguiente de individuos de diversas tribus y comarcas, conserva inalterables los caracteres generales con que se la conoce en el orden sociológico. No se encuentra en el Sahara el mismo tipo que en la Tunicia, Trípoli, Argelia ó Marruecos, con los cuales podríamos comparar sus habitantes. Hay un sello característico en aquellos semblantes que refleja con bastante claridad la diferencia de pueblos, individuos y hasta familias. (Bonelli, 1887: 124-125)
Las tesis marroquíes sobre el territorio y sus habitantes intentan tergiversar la historia y exponen que el Sahara Occidental y Mauritania no son más que la prolongación de la cultura marroquí en otros tiempos, mucho atrás. La cita de Bonelli refuta ese planteamiento marroquí inargumentable. Y el tratado sociológico del sabio saharaui Chej Mohamed El Mami (1792-1865), Qitab Albadia, también lo refuta categóricamente en un pasaje de la obra, cuando afirma: “Somos un pueblo nómada que vive situado entre el Reino Ismaelí (en referencia a Marruecos) y el país Albisyabilla” (en referencia al Imperio de Mali) en Rio Senegal.
El fiel registro del pasado de la cultura saharaui y su historia está en el verso. El difunto erudito y poeta nacional saharaui Beibuh Uld El Hach, (1929-2017) al respecto subraya en estos versos los opuestos rasgos culturales saharauis con los de Marruecos. Tesis que va en la misma consonancia que Emilio Bonelli.
(…) La fisonomía nos separa de ellos,
los atuendos nos separan,
el ajuar nos separa,
Y la lengua nos separa
y de ellos nos aísla (…)
Y aquí estoy hablando de la identidad cultural saharaui en su actual situación, expuesta a erosionarse a la fuerza, ser absorbida o destruida por la cultura marroquí, impuesta desde 1976 a la población autóctona saharaui de los territorios ocupados.
Este tema no es la primera vez que ha sido tratado por académicos de las ciencias sociales como denuncia dentro del contexto de etnocidio o culturicidio. El profesor en derecho constitucional Francisco José Palacios de la Universidad de Zaragoza, en un artículo publicado en marzo de 2011 titulado “Sahara y Palestina: Olvidados etnocidios en un siniestro simulacro de soluciones”, afirma que:   
La Resolución 1514 de la ONU que data de 1960 y contempla los derechos políticos y culturales indica que: “La sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extranjeras constituye una negación de los derechos humanos fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y compromete la causa de la paz y de la cooperación mundiales”.
¿Por qué entonces a la población saharaui que vive bajo ocupación marroquí no se le ha respetado ese derecho de existir culturalmente contemplado en la Carta Magna de las Naciones Unidas? ¿Se trata entonces de un etnocidio, culturicidio o genocidio cultural que el mundo y sus convenciones, tanto políticas como académicas, ignoran?
El pensador y académico keniata Ngugi wa Thiong´o en su libro “Descolonizar la mente” cuando estudia las hegemónicas lenguas neocoloniales en África explica cómo el colonizador o el nuevo colonizador intenta destruir un pueblo y su cultura. Y cito sus palabras:
“El efecto de una bomba cultural es aniquilar la creencia de un pueblo en sus nombres, en sus lenguas, en su entorno natural, en su tradición de lucha, en su unidad, en sus capacidades, en último término, en sí mismos”.
Justamente es esto lo que pretende Marruecos con su política de culturicidio que practica en la parte anexionada del territorio. Y partiendo de este planteamiento de Ngugi, a continuación voy identificando aspectos principales de la cultura saharaui que en este caso son violentados por el régimen marroquí durante estos 42 años de administración de facto en el territorio.
Tres núcleos urbanos donde Marruecos ejerce este culturicidio en el Sahara. Veremos en este mapa donde identifico los tres puntos de concentración de la población saharaui, y la coexistencia con la administración de facto que impuso la ocupación con sus colonos traídos desde diferentes zonas de Marruecos para modificar la demografía de la población saharaui.

Elaborando argumentos he recogido testimonios, imágenes cedidas por activistas culturales, pinturas realizadas por artistas saharauis, videos de testimonios recogidos por escritores viajeros de España y también información aportada por miembros de la plataforma Defensores del patrimonio cultural saharaui, que se encuentran en territorios ocupados. Este culturicidio hoy puesto en debate entre los saharauis abarca tanto el patrimonio cultural material como el inmaterial.
Patrimonio cultural inmaterial: el más afectado es el idioma hasania y sus oraturas (literaturas), vehículo principal de la identidad cultural saharaui. El hasania ya no se enseña en el colegio y es sustituido por la dariya marroquí desde una edad muy temprana en las guarderías y los colegios que dirigen y gestionan colonos marroquíes.
Facsímil versos escritos en hasania del poeta y jurista saharaui Sidati Uld Chej Ahmed El Heiba
Ngugi wa Thiong'o afirma que “El cañón violenta el cuerpo y la escuela fascina el alma”. La lengua hasania se ha quedado limitada exclusivamente en el ámbito familiar saharaui. ¿Y por qué? Y esta es la pregunta que le hice al presidente de la Asoc. por la Conservación, Protección y Difusión del Patrimonio Cultural Saharaui, Bachri Uld Ben Taleb residente en los territorios ocupados. Cito textualmente su respuesta: “El maestro, el vendedor, el taxista, el policía, el gendarme, el frutero, el funcionario, el agente secreto hasta el barrendero todos son colonos marroquíes organizados en torno a esta política de destrucción cultural. Esta invasión del espacio social impuesta desde 1976, te obliga a usar el que para ti era un registro extraño; y sin más te ves obligado a dirigirte a ellos minuto, hora, semana, día y año con su dariya. Y así están neutralizando el uso de hasania fuera de la casa. Están destruyendo poco a poco nuestra cultura con métodos desde la escuela y la guardería”.
La nomenclatura sobre cómo se construye el trinomio de apellidos saharauis, que es el puente genealógico que enlaza la persona con sus ancestros, fue eliminada desde 1976 por la administración marroquí. Lo que antes era Mohamed Uld Brahim Uld Salek, hoy es Mohamed El Costurero o El Barrandero o El de Cabeza Grande. En el caso de las mujeres, lo que era Sukeina Mint Yedehlu, hoy es Sukeina El Idrisi, y cito el caso de la hija del gran clásico saharaui Yedehlu Uld Sid. A Sukeina le borraron el apellido familiar saharaui y le impusieron “El Idrisi”, apellido marroquí que no existe en la cultura saharaui.
Facsímil nomenclaturas constitución de los apellidos saharauis con su particularidad Uld o Mint que enlazan el nombre con los apellidos
En cuanto a las prácticas sociales, conocidas como Al Aaraf, caso la fiesta del bautizo, la fiesta del divorcio o la visita a las tumbas de los familiares, también son perseguidos por la administración de ocupación.
Tras los levantamientos saharauis del año 2005 la administración marroquí prohibió la visita a los cementerios, porque esta práctica supone desde tiempo inmemorial un tipo de resistencia pacífica antiocupación. Y cito el caso de la tumba de Hafed Buyema, primera víctima asesinada en 1974 por el franquismo en El Aaiun, que se encuentra en el Cementerio Cuartel del Ejército. Marruecos prohibió el acceso a ese cementerio por las reiteradas veces que la tumba de aquel militante aparecía cubierta con la bandera nacional saharaui.
Los nombres saharauis de Lala, Mulay y Sidi son vetados en los documentos por la administración, porque Lala en la dariya del ocupante es la Princesa, hija, hermana o nieta del Rey. Mulay es el príncipe o nieto del rey y el nombre Sidi es un trato que se da para mencionar al Rey, es decir mi amo, mi señor. Sin embargo, en la cultura saharaui y mauritana son simplemente nombres propios.
Patrimonio cultural material. Se refiere principalmente a los edificios históricos de la época colonial que forman parte del registro de la historia del territorio y su pasado colonial saharaui. Los más emblemáticos fueron derruidos por el régimen, entre ellos El Fuerte de Dajla, el primero que fue construido en el territorio. Otros han sido derruidos o corren grave peligro, como iglesias, fuertes y la primera casa construida por una familia saharaui en El Aaiun, los Moyan.  
Está también el caso de lemsid, recintos tradicionales para la oración, que los saharauis construían frente a sus jaimas o casas, también usados enseñar a los niños a leer y como espacio de reunión de los mayores.
Orantes sharauis haciendo su rezo en un emsid, (lemsid)
Otro rasgo muy distintivo de la identidad saharaui es la vestimenta tradicional, la melhfa de la mujer y la darraá del hombre. Y por ello y como señal de resistencia e identidad, todos los presos políticos saharauis, cuando son presentados en los tribunales, entran luciendo sus darraá o sus melhfa. 
El uso de la jaima tradicional saharaui está prohibido por la administración marroquí tanto para los nómadas del territorio como para la población que suele salir de las ciudades para respirar aire de libertad fuera de los tres núcleos urbanos saharauis. Y para ello ya existe una nueva placa en los códigos de circulación que les prohíbe montar jaimas tanto en las playas y fuera de las ciudades. Hay casos de familias que para usar las jaimas en su vida nómada están obligados a solicitar permiso para montarlas en sus desplazamientos.
La tradicional jaima saharaui prohíbida por la administración de ocupación marroquí en los territorios saharauis, convertida en símbolo de la desobediencia a la ocupación marroquí
En esta comunicación incluyo otro caso de violación de los derechos en cuanto a prácticas sociales de la cultura saharaui inmaterial, referido a la privación de realizar el ritual social de visitar las tumbas de sus antepasados.
Quiero exponer el caso de mi tía, hermana de mi madre, quien me pidió que no mencionara su nombre. Vive en la parte del territorio ocupado desde 1976, la última vez que visitó las tumbas de su padre y de su abuelo fue en noviembre de 1974, siendo el Sahara aún administrado por España. Las visitas se practican de forma familiar y con su día de ritos, como rezos, diálogo con los muertos, alabanzas y una comida compartida por el alma del familiar. Una práctica con tintes religiosos y de tradiciones. En noviembre de 2007, mi familiar decidió reunir a sus hijos y comunicarle su deseo de visitar las mencionadas tumbas en la región central de Tiris. Los cinco hijos y la madre viuda partieron camino hacia el lugar donde está la tumba de su padre Omar y su abuelo Bujari. Y aquí cito los nombres porque como antes había citado fueron apellidos eliminados de los nuevos documentos expedidos por la administración marroquí. Omar, el padre, había muerto en Am Ehkim Eshamis, el Año del Eclipse Solar, 1958. Su tumba está al noroeste del monte Lask, en la ladera este de una pequeña colina que lleva su nombre, conocida por Edleit Omar, la Colina de Omar, en referencia a la vecindad de la tumba. Y por otra parte la tumba de su abuelo dista unos 2 kilómetros al norte del monte Lask, en un lugar llamado Bughrara, situado al sur del destacado monte Dumes donde está la tumba del sabio y fundador de la primera Universidad Itinerante Saharaui del Derecho Consuetudinario, Mohamed Uld Mohamed Salem, muerto en 1884.
La tumba de Omar  recreada por el pintor saharaui Fadel Jalifa rodeada por cercos de púas, campos de minas y carros militares marroquíes en el Sahara ocupado
En palabras de mi tía, y cito textualmente: “Ese día venía con mis hijos y con mucha ilusión a cumplir el deber que siempre hemos practicado en nuestra cultura en recuerdo a los seres más queridos que nos hayan dejado”. El tono de su voz era muy apagado, la imaginé mirando hacia el suelo, al tratar de escenificar cómo fue impedida la visita a las tumbas de sus familiares. “Cuando ya estábamos cerca del monte Lask lo primero que vimos fue una Jashla, cuartel militar, fortificaciones, zanjas, abrigos de refugio y cercos de púas, justo en la ladera de la colina impidiendo el acceso a la tumba de mi padre. Cuando los militares marroquíes nos vieron se acercaron rodeándonos y les dije que quería acceder a rezar por el alma de mi padre, cuya tumba está en la ladera. Burlones y desafiantes me dijeron: “Mejor que os larguéis de aquí cuanto antes con esa ropa salvaje”.
¿Y justo en este momento qué sentiste?, le pregunté a mi tía. “Cuando vi las caras burlonas con que me respondieron los militares, me dolió mucho que también la tumba de mi padre y de mi abuelo estén asediadas por cercos y campos de minas y que mis hijos y yo estamos privados de visitarlas. Entonces ante la intimidatoria mirada de los militares leí en sus ojos que mejor que yo y mis hijos nos marcháramos de allí antes de un mal mayor, porque sabía de casos que fueron agredidos y violados”.
En un momento tras hacerle esta pregunta, mi tía hizo una pausa y me dijo: “¿A que no vas a publicar lo que te estoy contando? Ya sabes que de hacerlo me podrías hacer daño a mí y a mis hijos”.
Le prometí que no lo publicaría, pero que lo hablaría con investigadores y académicos que se interesarían para su estudio.

Y con estas breves conclusiones concluyo y dejo el tema abierto al debate entre los científicos sociales:
1.      Lo que acabéis de escuchar ¿es culturicidio, etnocidio, genocidio cultural?
2.      ¿En qué lado al respecto debe estar el mundo de la investigación que trabaja en esa área del continente africano, en especial el mundo académico español y portugueses?
3.      “Investigadores, antropólogos, sociólogos e historiadores, los saharauis claman vuestra conciencia académica en visibilizar y tratar en los foros este tema”.
4.      Y por último y con esto acabo, en 5 minutos os invito a observar estas imágenes que por sí solas documentan lo anteriormente expuesto en mi comunicación.





[1] Bebba fue el nombre de un miembro de las facciones tribales de los senhaya que habitaban esa parte del áfrica saheliana y occidental, es decir Sahara Occidental y Mauritania. Se dice que Bebba poseía un ganado camellar de su propiedad y a la vez cuidaba un pequeño ganado que no era de su propiedad, solo le ha sido confiado por una familia para protegerlo. Ulemas árabes le exigieron que debería dar el tributo de la sharia que correspondía a la cantidad de su ganado y lo hizo como todos los años. Pero también intentaron que entregara el tributo por el pequeño ganado que no es de su propiedad y él rechazo alegando que no es suyo el ganado. Se cuenta que fue agredido por los ulemas árabes y al enterarse los senhaya emprendieron contra los árabes la guerra Shar Bebba que duro 30 años. 

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