martes, enero 10, 2012

La estampa

Glana levantó su mano derecha y le propinó una bofetada a su hija mayor. El golpe estalló en su rostro como un rallo haciéndole caer en el suelo. Mettu salió corriendo entre sollozos y lágrimas. Era mediodía de un viernes extremadamente caluroso.
Varias veces, la mujer había advertido a su hija, de que les dejara dormir tranquilamente la siesta, pero Mettu no les hacía caso. El desafío iba cada vez más subiendo de voltaje, como la temperatura que no paraba de taladrar las cabezas de los habitantes del desierto. Glana aguantó ante la presencia de sus amigas, pero ese día la hija llegó incluso a cuestionar su autoridad. Después de aquella bofetada, un perturbador silencio se instaló en la jaima. A Glana le dolió mucho lo que hizo a su hija y se sorprendió de su actitud violenta. Una sombra extraña le nubló la vista. A partir de ese momento, sintió que algo se ha roto en su interior y que era inexorablemente tarde para remediarlo.
Glana estaba embarazada, cuando dio a luz, tuvo una niña. En el rostro de la pequeña asomaron dibujados cinco dedos de una mano, que quedaron estampados –para siempre- desfigurando el rostro del bebé.

Limam