jueves, diciembre 14, 2006

El calendario de mi nacimiento


Cuando yo nací en el Sahara, allá por los años setenta nadie festejaba los cumpleaños, en cambio a medida que fui creciendo y adquiriendo las lecciones que imparte la vida me di cuenta que los calendarios eran importantes porque te permiten marcar en cada uno tu fecha de nacimiento, los días laborables y no laborables de cada año.

A mí, mis padres jamás me compraron una tarta para hacerme recordar la tarde en que llegué a este extraño lugar, ni mis abuelos, ni bisabuelos conocen semejante celebración. Recuerdo cuando estaba estudiando el último curso de la secundaria, mi maestro de matemáticas me dijo, “ya que sabes tantas estadísticas sobre el béisbol cubano y conoces el promedio de cada bateador, al menos debes conocer cuantas velas te pondrán en la tarta de tu próximo cumpleaños”, inmediatamenté le miré como quién tiene duda y misterio sobre la velas y le dije, “yo no festejo la fecha de mi nacimiento porque nunca la he celebrado”, aquel hombre no me contestó simplemente se rió un poco de mis palabras y me insistió mucho en hacer bien los deberes en su clase. Pasaron los días y yo olvidé aquellas palabras y seguí enfrascado en mis juegos diarios que eran jugar a la pelota como segunda base y subir a las palmeras para coger cocos.

Tres meses después de aquella conversación mi maestro de matemáticas me invitó a comer el domingo en su casa junto con su mujer, yo fui muy feliz en ese momento, porque pensaba que iba a regañarme o iba a ponerme un ejercicio complicado; pero no, el hombre quería compartir conmigo el calor de su hogar.

Durante toda la semana sólo pensaba en la ropa que debía ponerme y si pedía a algún amigo un pantalón o una camisa, pero lo más importante para mi era disfrutar de ese momento y salir por unas horas del agobio del internado.

Me levanté por la mañana a toda prisa cepillé mis dientes, lavé mi cara y baje corriendo por las escaleras, en el fondo del pasillo estaba él esperándome con un maestro saharaui, mirándome detenidamente me enseñó un copia de mi DNI y me dijo “ tengo una sorpresa para ti”, los dos caminando a paso rápido nos dirigimos a su casa que estaba cerca de la escuela, escondida entre un campo de mangos y pinares; cuando nos aproximamos a ella, yo estaba atónito porque los nervios me traicionaban muchas veces y no sabía controlar el tono de mis palabras; una puerta de madera pintada de rojo se abrió ante nuestros ojos y una hermosa mujer de pelo rubio, ojos verdes y mirada alegre nos saludó a los dos con un par de besos y nos dio la bienvenida, adentrándonos llegamos a la sala en la que había un calendario con algún paisaje cubano color verde olivo y marcada en él la fecha de mi aterrizaje a esta galaxia y en la mitad de la mesa una tarta de chocolate con quince velas.

Miré todo aquello con enorme emoción y supe que en Cuba los años van asociados a las velas que se encienden y se apagan para dibujar por un instante la ilusión de muchos niños; en cambio en el Sahara los años figuran en la memoria histórica de nuestros abuelos a través de los mitos y sucesos.
Ali Salem Iselmu, "Pirri"

1 comentario:

susana ortiz dijo...
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