sábado, noviembre 11, 2006

El Azri. El ocaso del caballero andante de la Badia

Del número de otoño de la revista Ariadna R-C

Caballero es por sus modales y formas de vivir la vida, sin digamos fuertes tropiezos con la tristeza.

El caballero sin escudero y sin yelmo, con una vida que siempre está vinculada con el amor de una mujer en un frig cualquiera. El escenario del caballero se desarrolla en torno a momentos de tranquilidad y sosiego en primavera o el otoño. Buenos años de lluvias para la badia y sus protagonistas.

El Azri, término de caballero en singular y Ezara en plural, suelen ser solitarios libres sin ataduras, salvo un encendido amor por una hermosa mujer hasta que se apague y de nuevo cobre fuerza con otra. El mejor tiempo para el azri es lejrif, el otoño o las noches de rabii, primavera, cuando el calor ha mitigado y la vida ofrece su mejor cara en la badia.

Ellos saben querer con lucidez en determinadas circunstancias de la vida, sin perder el norte en respeto y admiración hacia la amada y su entorno. El Azri suele ser guapo, alto, inteligente y vividor, poseedor de ese don de la oralidad que le permite memorizar cientos de versos de amor o de gestas legendarias. También en muchas ocasiones el azri compone resonantes versos que cantan la belleza de su amada y los lugares de acampada de ésta y el frig de su familia. Con ellos lajabar itshi fi elhaya, la noticia se extiende entre los firgan, (plural de frig o grupos de jaimas), a través de los buscadores de camellos o los pastores jóvenes.

El azri para saber de la amada se refugia en la amistad con los pastores de la familia de su doncella y así traza su estrategia para no molestar a los padres o algún familiar entre los más conservadores, que pueden tener cierto recelo.

Pero con el tiempo la confianza con la familia se gana con ir y venir frecuentándoles más cada vez, con motivos de caza de las gacelas o por alguna boda o festejos religiosos, que también son otros motivos para conocer a los padres y se puede crear buen terreno para no hacer ningún daño y ser aceptado por ellos.

Es capaz de pasar una noche conversando en voz baja, pausada y cordial con la amada sin tocarla, otra muestra de respeto hacia ella y su familia. Este rasgo es común entre casi todos los jóvenes que velan por mantener unos valores morales que la sociedad inculca para que siempre haya confianza en los hijos tanto chicos como chicas.

Las tertulias muchas veces giran al son del ritual té saharaui, siempre acompañado con una amena conversación sobre alguna historia de amor o desamor, suaves carcajadas de complicidad de los asistentes, que suelen ser amigos o familiares de la pretendida.

Ocurre a veces que hay otros contrincantes que en ningún momento llegan a enfrentarse por la chica en cuestión. Sí que entre ellos se entabla un enfrentamiento a través de un género en la poesía que se llama Ligtaa, en el que cada uno trata de resaltar algún rasgo de nobleza o linaje, bravura o hazañas. También intentan persuadir con su hicalla, recitación de sus mejores poemas con referencia a la amada.

En la jaima se recibirá a ambos pretendientes con la misma disciplina y respeto, más bien como huéspedes en la familia que siempre son bienvenidos. Pueden dormir, comer y ayudar en lo que sea sin que molesten dejando siempre espacio de mucha consideración a la familia.

La familia de la chica nunca acepta obsequios, por si el azri trae unas cabezas de camellos o algún otro material que implique compromiso, sabiendo que el caballero andante es un hombre de amor pasajero y circunstancial y además es un gesto rechazado en la sociedad.

He tenido la suerte de conocer algunos de estos personajes en diferentes etapas de mi vida. Incluso he tenido un tío que fue poeta y caballero andante por la badia, quien culminó toda su vida a los noventa y siete años, sin haber tenido lugar fijo donde establecerse.

Fue un gran poeta y viajero recorriendo todo Tiris y el norte del desierto mauritano. Siempre tuvo un buen marcub*, dromedario blanco, preferido color para estos dueños de las soledades y la felicidad del desierto.

Escuché de mi madre muchas historias sobre él, de sus anécdotas con los beduinos habitantes de Tiris, compartiendo relatos sobre su solitaria vida. Muchas veces mi nombre hace resurgir la temática de su caballeresca historia. El se llamaba Bahia Mohamed El Alem Abdelaziz Awah, con su nombre fui bautizado para hacerle un homenaje, como muestra de respeto y admiración hacia su personalidad. Esta es una costumbre que se practica en nuestra sociedad cuando se quiere homenajear a un ser querido, ya sea familiar o amigo que impone algún respeto por su generosidad, inteligencia y valentía.

El primer año del conflicto con Marruecos Bahia ya llevaba años viviendo como exiliado en Argelia. Cuando los primeros asentamientos de refugiados saharauis se instalaron en Tinduf, Bahia volvió a reunirse con sus sobrinos, mi padre y mi tía, trasladándose al campamento de El Aaiun y allí retomó una poesía más comprometida con la causa, conmovido por la realidad de la situación y las noticias diarias que escuchaba a través de la Radio Nacional saharaui.

Pude recoger algunos versos que mi mamá me recitó a través de una comunicación por teléfono desde Argelia y he tratado de trasladar al español de la forma más fiel para no huir del lenguaje y estilo poético de la época, en los primeros años de la guerra, cuando estaba en su punto mas candente.


Juró el Sahara (Sahara halfet habús)

Yo, Sahara le juro a Marruecos
que no tengo
nada para su curación.

Y también le juro que de mí
no cortará ningún palo ni mesuac*



(…) Cuando ya cumplo mi primer año
de guerra,
esa que tú me has impuesto,
en estos tiempos
ya me están
reconociendo otras naciones
que antes de mí nada sabían.


Recuerdo los años ochenta, cuando regresaba de los territorios liberados me acercaba a él para tomar un té charlar y saber de su vida y me decía siempre “cuéntame de los mugatilin (guerrilleros del Polisario), de los duros golpes que están dando a los invasores, he escuchado en la radio que han atacado en la zona tal y que han derrotado a los militares que combaten sin convicción de causa” refiriéndose al ejercito marroquí.

Me preguntaba por varios nombres de lugares del territorio que yo a veces conocía y otras no, justificándome con que a ese lugar nunca había llegado o que estaba ocupado detrás de alguno de los muros que Marruecos construyó en los primeros años de la guerra.

Mucha de su poesía está registrada oralmente entre algunos miembros de mi familia y también por una comisión que el año de su muerte vino a la familia para recuperar algo de su memoria, sobre todo aquellos poemas que dedicó a la lucha contra Marruecos.

Murió el año 1989 cuando contaba con casi de noventa y siete años de edad, sin enfermarse en ningún momento. En sus últimos años de vida, repetía siempre una frase “Dios, mátame sin ser carga para nadie y sano” y creo que cumplió ese deseo.

Tal vez aún sigan existiendo estos hombres a pesar de las consecuencias de la guerra y las circunstancias de la vida. Pero creo que los últimos aún deambulan en Tiris. En sus blancas sabanas y valles siempre habrá poesía con estos caballeros.


*mesuac: un palo del ramos de un arbusto llamado atil que sirve para limpiar los dientes con propiedades antisépticas y también le llaman el palo del romance que intercambian los novios en señal de complicidad.

*marcub: dromedario muy elegante bien adiestrado para montar y hacer largos recorridos. Puede ser blanco, ebiad, o de otro color, ashaal.

Bahia Mahmud Awah