sábado, marzo 31, 2012

Zemur, tierra de sabiduría


Volver al Sáhara y perseguir sus dunas, sus piedras, sus huellas y oler en ellas el pasado más remoto en busca de los antepasados y las leyendas que los acompañaron es una experiencia única, a través de la cual el reencuentro se hace vital y necesario, porque te sitúa frente a quiénes vivieron  y cómo se adaptaron a una tierra dura en la que nada era fácil y sencillo; partiendo de que cada experiencia vivida por un beduino era un acto de supervivencia.
Meheriz, Tifariti y Bir Lehelu, son la expresión más profunda y primitiva de un Zemur que sirvió a los nómadas saharauis como medio en el que encontraron su propio espacio natural, dentro del cual guiaron a sus rebaños hacia la lluvia en busca del pasto, huyendo de la sequía para poner a salvo a sus animales, de los cuales dependía en buena medida su vida y subsistencia.
Zemur acoge en su seno, una variedad de árboles indescriptible, una cantidad de pozos, montañas y de ríos secos llenos de vegetación que posibilita la vida a la cabra, el cordero y el dromedario, ofreciendo múltiples cantidades de pasto.
Los saharauis siguen como antaño persiguiendo su propia leyenda, la leyenda de un pueblo que ha arrancado agua y vida a un medio hostil en el que la supervivencia es un acto permanente de heroísmo.
Los saharauis hablan de sus desplazamientos de los enormes recorridos que hacían cuando la sequía se apoderaba del desierto, entonces los frig enviaban a los oteadores en busca de una oportunidad para sus animales, primero buscaban la información a través de la cual decidían ir hacia el este, oeste, norte o sur. Primero los oteadores a los que estaba encomendado salvar a la gente de la sequía, tenían que encontrar el pasto para el ganado y luego el agua, sin ellos no podían trasladar a su comunidad a otra tierra lejana y desconocida; de día tomaban como referencia las montañas, los arbustos, el color de las dunas para guiarse, de noche tenían como referencia las estrellas así recorrían el desierto calculando siempre sus provisiones de agua y comida.
 Zemur que esta situado en la parte noreste del Sáhara Occidental, sus nómadas tenían un conocimiento profundo de la agricultura, de la ganadería y sabían a que profundidad podían encontrar el agua. En sus desplazamientos usaban los dromedarios para transportar sus enseres.
Una vez instaladas las jaimas en la nueva tierra donde ha caído la lluvia, los nómadas se afanan en buscar el agua y para ello se reúnen varios hombres y estudian atentamente el suelo y deciden donde van a empezar a cavar, a medida que van sacando la tierra forran el pozo con pequeñas rocas y troncos para evitar que se derrumbe. Los antiguos saharauis abrían la tierra con troncos y palos; retiraban la arena en pieles de animales. Así fueron cavados muchos pozos en Zemur que se utilizan hasta hoy para el consumo diario.
La mayoría de los pozos de Zemur tienen menos profundidad que los de Tiris, lo que siempre ha facilitado una mayor presencia de población y ganado en una tierra que siempre ha sido generosa con sus pobladores.  
Sobre esta tierra hay una historia de amor y odio, de compasión y crueldad, pero sobre todo hay una profunda pasión que hace a los habitantes del Sáhara únicos en su lucha por la supervivencia y la dignidad.                    
Ali Salem Iselmu

lunes, marzo 26, 2012

Carta a Rossella


Ahora en tu ingrata ausencia heme aquí dialogando con tu gente desde el corazón de la isla, de la que tantas veces me has hablado, y como me decías a la que llamáis en vuestra lengua, el sardo, sardinnia. Hoy los designios me trasladan de otra manera para estar con tu gente y hablarle de ti, de tus cualidades humanas y de tu entrega por causas que tal vez no te hubieran importado mucho, sino fueras tú misma la del corazón abierto a los demás. Alguien referente en la historia de los pueblos dijo una vez que  “no se trata de desearle al amigo la victoria, sino correr con él la misma suerte de vencer”.
Amigos sardos,
A  Rossella Urru, la conocí hace cuatro años en febrero de 2008 a raíz de un viaje de investigación que hacía en los campamentos de refugiados saharauis en Tinfuf, donde está mi familia. Un destino que hace más de 35 años es el punto de convergencia para muchos solidarios de todo el mundo entregados por las causas del tercer mundo. Todos ellos con sus modestos esfuerzos y proyectos solidarios pretenden mitigar el gemido de dolor de los intestinos de los que de sus casas fueron despojados por la fuerza militar y obligados a abandonar sus patrias. Este es el caso de los saharauis por el que Rossella  ha dejado su preciosa Sardinnia y se marchó un día para ayudar a los más de 200.000 refugiados que necesitaban y necesitan de su labor de ayuda humanitaria.
Para que nos hiciéramos amigos, me la presentó Bárbara Magdaleno del Rey una veterana cooperante española en  los campamentos de refugiados saharauis, amiga común de los dos. Cenábamos una noche en el mismo comedor del Centro de Protocolo que acoge a todos los cooperantes extranjeros en Rabuni, y en seguida congenié con ella y con Elisabeth, una cooperante de Noruega. Recuerdo que me presenté como Bahia, un nombre poco común entre los saharauis, y que tanta gracia le hizo a Rossella aquella noche.
Horas después, bajo un cielo abierto y estrellado, después de la cena conversamos largo rato sobre su proyecto del Comité Internacional Italiano para el Desarrollo de los Pueblos, y sobre mi trabajo de investigación sobre la Memoria oral en la poesía de la cultura saharaui, también Elisabeth nos hablaba de su programa de nutrición para los refugiados. Desde esa momento descubrí una excepcional y humana persona, poco común, honesta, tímida, alegre y sumamente inteligente y culta, con un domino cabal de cinco idiomas. Una joven que no perdía la sonrisa por nada, que recibía en su cuarto a todos los amigos que no tuvieran espacio en el centro hasta que fueran colocados el día siguiente. Mi cuarto estaba enfrente al de ella y me dejaba compartir su cocina individual, y también nos la ofreció al grupo de la Universidad Autónoma de Madrid. Cuántas veces me invitó a cenar los espaguettis y quesos de su tierra. La gastronomía de mi desierto no era tan buena para ofrecerle algo especial en las condiciones de los refugiados, pero siempre después de las comidas un exquisito té lo reservaba para Rossella y Elisabeth, porque nos gustaba mucho compartirlo sentados en los bancos del patio del protocolo a cielo abierto. Cuando se mudó al nuevo centro de protocolo, me llamó y me dijo “Bahia, ya tienes aquí una ducha con agua caliente y un cuarto cuando quieras” dejé entonces por dos meses de ducharme con agua fría, que era lo que tenía en mi viejo cuarto. Todo era gracias a la bondad de Rossella, que me recibía y me ofrecía todo con amistad. Nos llamábamos todos los días para comer juntos y charlar sobre nuestras jornadas de trabajo y compartir ideas. Más tarde, cuando regresé a Madrid, en cierta ocasión me acordé de ella y le envié con una amiga algunos paquetes de sopas de verduras españolas, turrones y otros alimentos que ella no podía conseguir allí. El último correo que me envió fue en junio de 2011 y fue debido a la matanza en la isla noruega de Utoya y Oslo, de donde es natural nuestra amiga Elisabeth Adolfsen, email en el que lamentaba profundamente lo sucedido y me confirmaba que había recibido mi pequeño envío culinario.
En octubre de 2011 viajé a los campamentos saharauis con un grupo de profesores de la universidad Autónoma de Madrid y a poco de llegar fui con el grupo a visitar a Rossella. Fue una sorpresa y una inmensa alegría vernos de nuevo en los campamentos saharauis. Le presenté a los profesores Juan Carlos Gimeno y Juan Ignacio Robles y estuvimos un buen rato con ella hablando sobre su proyecto y su vida en los campamentos. Estaba desbordada de alegría y a la vez triste, porque que en dos meses terminaba su estancia en los campamentos, y me decía “me da mucha pena dejar el pueblo saharaui que me ha acogido tan bien y a quien voy echar de menos cuando me marche de vuelta a mi isla”. Nos despedimos de ella y nos emplazamos a vernos al final de nuestro viaje. El 23 de octubre 2011, ya de regreso, en Tifariti, y en una reunión de trabajo, el comandante militar de la región nos comunicaba la triste noticia que había sucedido esa misma noche en los campamentos saharauis en Tinduf, el sur de Argelia. Recibimos una enorme impresión que nos nubló el ánimo todo el resto del viaje.
Cuatro meses después de su secuestro, ya en Madrid, recibí a través de internet la feliz noticia de de la liberación de Rossella. Durante unas horas pensamos que era cierto, aunque seguíamos tristes pensando en Ainhona y Enric. Le escribí entonces a Rossella un email que aún estará en su bandeja de entrada sin abrir, y que espero que pronto sea abierto y leído por ella misma.
Para los saharauis todos aquellos que han compartido su vida con nosotros siempre quedarán eternos en nuestra memoria y formarán parte de nuestra Historia, porque con ellos hemos dado un paso más hacia el fin del largo túnel al que nos condenó la injusticia.
Rossella, no nos cansaremos de orar por tu pronto regreso a casa en Sardinnia, tras el paso por nuestras jaimas que aún guardan tu recuerdo.

*Carta de Bahia Mahmud Awah, escritor y poeta saharaui, a su amiga Rossella Urru, la cooperante italiana secuestrada, leída por Limam Boicha en el acto de homenaje a los tres cooperantes en la Universidad de Cagliari, Cerdeña.

sábado, marzo 10, 2012

Sukeina Aali Taleb en la mesa redonda "La cultura como resistencia" en la Sala Cuarta Pared


Resistencia, cultura, revolución: el ejemplo saharaui
Lola Blasco – laRepúblicaCultural.es  10 de marzo de 2012
El jueves 8 de Marzo en la madrileña sala Cuarta Pared, tuvo lugar la mesa redonda La cultura como resistencia: el conflicto saharaui a través de las manifestaciones culturales en la que participaron; Sukeina Aali-Taleb, Julio Castro, Eduardo Pérez-Rasilla y José Taboada. Antes de entrar en la sala, algunos comentábamos, en este ambiente apocalíptico que estamos viviendo, si lo que estamos haciendo es lo que querríamos hacer en caso de que el mundo se acabara mañana; nuestra presencia ayer en el teatro, debatiendo cuestiones acerca de este conflicto del que, como españoles, fuimos y somos parte, deja claro el pensamiento general de los participantes de aquel encuentro: ahora, más que nunca, hay que creer que los cambios son posibles.
Y he de decir que no éramos muchos, pero resistíamos, al fin y al cabo, el hecho de que la reunión se diera en un teatro es ya una forma de resistencia que nos habla de personas, ciudadanos, que están comprometidos en la vida social. Castro, que moderaba la mesa, comenzó hablando de cómo la cultura ha sido crucial en la difusión de este problema, que de forma más o menos evidente, ha sido acallado por los sucesivos gobiernos democráticos.
La primera intervención a cargo de Sukeina Aali-Taleb, se centró en la importancia de preservar la cultura saharaui, no sólo conservando la cultura tradicional, sino también favoreciendo la cultura contemporánea de este pueblo. Hizo hincapié en la presencia del español (junto al hassaní) como lengua vehicular en los campos de refugiados. Por lo que, en representación de la Generación de la Amistad, realizó una llamada de atención hacia el Instituto Cervantes pidiendo que, dicha institución, tenga presencia en los campamentos.
Por su parte, Pérez-Rasilla habló del teatro como un arte político inmediato en el que los intérpretes se exponen ante el público poniendo en riesgo sus cuerpos, sus voces, sus ideologías… Incidió en la presencia del actor y del discurso político teatral y su capacidad para crear tensiones con las instituciones y los gobiernos.
Por último, José Taboada, habló de la dignidad del pueblo saharaui y la necesidad de compromiso por parte del pueblo español para con este asunto. Taboada mencionó la deuda y la relación que nos une a los saharauis. De forma emotiva nos recordó cómo este pueblo fue abandonado por España a un genocidio seguro.
Si hubo una idea de la que todos participaron, fue la de la importancia de la cultura como forma de dar voz a aquellos que no la tienen, la cultura como resistencia. Como dice Peter Weiss: la revolución y la resistencia son, prácticamente, la misma cosa. Dicho queda.