domingo, enero 23, 2011

A qué esperamos hermanos



*Del nº 29 de la Revista Shukran

Nosotros que de la arcilla hemos cimentado un sueño,
y fraguado el combate por la justicia
de un retorno triunfal a la patria,
nos damos cuenta, tumbo a tumbo,
del chasco que es la mano ecuánime del mundo.
Mano en la que creíamos a ojos nublados y a pies cautivos.

El enemigo sigue allí y nos exprime.
Ha talado nuestra paciencia  a porrazos,
a gases y a balazos,
frente a la apatía más pusilánime.

La sangre saharaui se desparrama en medio de las jaimas,
fluye en las calles de El Aaiún entre cristales rotos,
en el suelo de las habitaciones.
Se coagula en los ojos, en los estómagos, y en las nalgas,
en la piel enrejada y a trozos,
en los costados despedazados a golpes.

Brota de una dentadura rota a puños,
de la cabellera negra abierta como acequia,
y de una y otra mejía
abofeteada con salvaje furia.

Frente a la apatía pusilánime del mundo,
el enemigo sigue allí,
y clava con sus ruedas nuestros hígados,
la hemorragia salpica los televisores
y orada nuestras conciencias.

A qué esperamos hermanos.

Limam Boisha

sábado, enero 15, 2011

Mi lucha por la hispanidad



Quiero que mi país sea reconocido por los demás naciones hispano hablantes. Quiero en un congreso decirles a todos “Buenos días, señores y señoras” en un perfecto español. Quiero abrazar al mexicano, al guatemalteco, al hondureño, al salvadoreño, al costarriqueño, al ecuatoriano, al panameño y decirle al colombiano, “Vos eres mi hermano. Quiero saludar a los hombres de las tierras del Che, Sandino, Simón Bolívar y los que habitan los países andinos. Quiero estrechar mi mano al filipino, al guineano, al paraguayo, al uruguayo, al alegre puertorriqueño, al amigo dominicano, al solidario español y al compañero cubano.

Quiero recorrer nuestras tierras como si fuesen una sola patria. Iniciar mi andadura por el imperio Azteca, atravesar el imperio Inca y descansar en el Cuzco, en el territorio de los Mayas. Pasearme en las costas del Caribe, visitar la bella Alhambra, tomar té en el desierto de mi Sahara, vagar por los bosques de Guinea Ecuatorial y terminar mi viaje en la hermosa Manila

Somos una gran familia. España es nuestra madre, México el hermano mayor y el Sahara el más pequeño, el hijo de la recba[1] , al que necesita mimarle, darle  cariño y cogerle la mano. Es una pena dejarlo desamparado en las calles.

Este hermano pequeño seguirá tocando el timbre de la casa con la esperanza de ser admitido en su propia familia


Abdurrahaman  Budda

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[1] Término saharaui empleado para designar al menor de los hijos de una misma familia

martes, enero 11, 2011

Chej Luali, poeta y guerrero. Del compromiso moral a la victoria


A los que siguen creyendo en el esperado sol que nos alumbrará mañana, a los amigos de la causa saharaui, a los que en silencio dentro de la Cárcel Negra de El Aaiun y otras en las que están encadenados mantienen su fe en la libertad, a los desaparecidos y a las fosas comunes que guardan sus restos.

Cuando la convicción emana de los valores morales que predica un individuo dentro de su entorno social, éste acaba convirtiéndose en literatura y a la vez un patrimonio universal difícil de dejar entre renglones.

Y en la memoria de los pueblos y civilizaciones están muchos ejemplos de personajes que se inmortalizaron ante su civilización al seguir estas pautas culturales acontecidas en tiempo y espacio de una determinada sociedad. Un fenómeno que sigue teniendo vida y protagonistas en la literatura saharaui en hasania.

La antropología social nos ha enseñado el estudio del comportamiento humano, su cultura y las estructuras de las relaciones que rigen de manera sistemática en nuestra vida, como lo hace la poesía en la cultura saharaui desde muchos siglos atrás. También los rasgos y valores que nos distinguen unos de otros y con los que construimos nuestra personalidad dentro de una particular nomenclatura identitaria, son otro factor o complemento de los que se alimenta la literatura de muchos pueblos nómadas. Dicho esto, cabría señalar que en la poesía de los pueblos nómadas de cultura oral está el árbol genealógico de su esencia moral, y tal vez el eslabón perdido de la historia que muchos de estos pueblos con el paso del tiempo y el incesante proceso de desarrollo han ido perdiendo desafortunadamente. Así queda confirmado una vez más que gracias a la poesía han sobrevivido al olvido interesantes y minuciosas biografías de personajes de la Historia saharaui. Chej Luali, hijo del gran erudito Chej Malainin, es un ejemplo a destacar y estudiar cuando se trata del compromiso moral del individuo saharaui.

Chej Luali y sus hermanos permanecieron fieles a su enemistad contra la Francia colonialista, tras la muerte de su padre Chej Malainin en el exilio, desterrado en una miserable y polvorienta aldea en el sur marroquí, perseguido y aniquilados sus guerreros talamid[1] por las tropas coloniales francesas en 1910. De todos los hijos de Chej Malainin, el que más se destacó en todo el proceso anticolonial fue Chej Luali, el excelente poeta y guerrero. Unido a otras tribus saharauis de la época fue asestando duros golpes a las snag[2] francesas en Tiris y el oeste mauritano, es el caso de sanguet[3] Bermil, Fusht o Wadan [4] entre otras batallas libradas contra los franceses. Dolidos y asombrados por la guerrera ferocidad de los saharauis, desde el este mauritano los altos mandos franceses intentaron una reconciliación con los luchadores saharauis de esa época, entre ellos Chej Luali, al que invitaron a un encuentro de reconciliación.

Pretendían que Chej Luali influyera en los otros dirigentes tribales saharauis y dominarle mediante el soborno material. Los mandos franceses aprovechaban la penosa situación de shida[5] en aquellos años, que afectaba seriamente a esas regiones, querían usarla para atraer a su favor a los chiuj[6] guerreros, tanto en el Sahara como en Mauritania, ignorando el proverbio beduino فرسن اوكلو مايخلط فشدڭ “unas pezuñas y un riñón no se pueden juntar en la misma boca”. En tal contexto el poeta y guerrero Chej Luali recibió la invitación para dialogar con los altos mandos coloniales y aceptó el encuentro en el este mauritano, en la localidad de اندر  Ndar, cercana a Senegal. Allí fue recibido por los altos mandos, quienes le ofrecieron lo que los saharauis llaman الصلح esilih, es decir, reconciliación o pacto de paz, a cambio de renunciar a todos sus principios de lucha contra la Francia colonialista sobre todo en sus intentos de incursiones en los límites al este del territorio saharaui.

El Gover[7] se dirigió a Chej Luali y le ofreció todas las riquezas que quisiera para pactar, decenas de dromedarios, fusiles, telas valiosas y caballos. Chej Luali, descendiente de una familia de mucha reputación religiosa, sorprendió infinitamente con su respuesta al mando militar y en especial al Gover que le hacía el ostentoso ofrecimiento.

- ¿Puede ocurrir que Dios se entere de todo lo que me has ofrecido? - preguntó Chej Luali al Gover. Y éste le respondió:

- Dios está en todas partes y vigila todo lo que hacemos y lo que decimos.

Entonces Chej Luali, seguro de su convicción y principios anticoloniales, respondió plácidamente y sin remordimiento a su interlocutor, con esta frase que ha quedado en la eternidad de la historia saharaui como una de las más representativas de la moral del individuo.

- Señor Gover, entonces si es así, Dios nunca jamás verá ni oirá a Chej Luali vendido o recogiendo un soborno de los franceses.

Ante la contundente, demoledora e inesperada respuesta, el mando francés, temiendo las represalias de las tribus saharauis que seguían atentos el encuentro, no encontró otra solución más que invitarle a que abandonara el lugar. Chej Luali había combatido los franceses en Uadan, Gseir Tershan, Uad Tangarada y en Chengueti.

Así sucedió esta exquisita historia que encontré escuchando hikaya[8] de el houl[9] hasani comentada y recitada por el desaparecido hombre de las letras mauritanas Bucki uld Aleyat. Pero no quedó ahí la hazaña de Chej Luali, que ha perdurado en la memoria saharaui y que nos acerca a quien fuera una de las grandes figuras de las letras saharauis del siglo pasado.

Corrían las noticias y rumores del encuentro de Chej Luali, de frig[10] a frig, de galb[11] a galb, de daya[12] a daya, de pozo a pozo, de dayar[13] a dayar y de boca a boca hasta que llegó a los oídos de un poeta mauritano de la época, llamado Lubba Uld Agrabat, de la tribu Idab Lehsen y de madre descendiente de la tribu Ideyshili, lo que en hasania vendría a ser, لب ولد اقربط  واحد من اداب لحسن و اخول اديشلى [14]

El poeta, al confirmar de varios informadores la respuesta de Chej Luali, fue a su encuentro en su travesía de regreso hacia el Sahara. Y al reunirse con él le obsequió con este hermoso poema en el que celebró su indomable postura anticolonial con una larga talaá[15] de la que he recogido y traducido este deleitable extracto.

يا الشيخ الولى مااكد شيخ اصمم عزيم                        دونك فلاه ولاإرد كاع افهذ تخميم
انت امالك عند ادخل خمم كفر انك تندخل               وعطاك ادني  ماابخل عند ادول لعظيم
ودارك تكبظه الين مل من روقك واتخميم                  كالتل عنك فم ولد شيخ امعاديهم ديم
 وارث من بوك شيخ مل عينين اشيخ الى              ما وافى مراث منسبل مدهش كفت لقديم
الى رسول الله بل العداو لقديم   (...)                                                                  

Oh Chej Luali, ningún notable
puede decidir, amparado en Dios
una hazaña como tú,
sin dudar en su pensamiento.
Porque en Edjal[16] el Gover creyó
que caerías.

Te ofreció grandes tesoros del poderoso estado,
y te imploró hasta la saciedad que lo aceptases,
hasta que se cansó de persuadirte.
Urdido en su confabulación,
comprendió que ahí está el hijo de un chej,
su eterno enemigo.

Heredaste de tu padre, Chej Malainin,
el Chej que no interrumpe su descendencia,
prolongada y transmitida hasta el profeta de Dios,
una historia y una vieja enemistad.

Ese año la gente murmuraba temerosa
cuando iban y venían estas potencias,
que amedrentaban sin motivo.

Algunos al fin se marcharon
por la bendición del profeta que en ti habita de mucho antes,
y con la que tú evitas que alguien profiera
insultos, rumores,
o que abusaran de otros
o que perdieran su dignidad
o que se atropelle el derecho de alguien
o que intentara enemistarse
o que frustrara una fortuna
o que le usurpara valía.
De frente es brazo en defensa para su gente
ante España en Uad Ermima[17].

Leyendo e interiorizando este poema busqué hacer una analogía entre los hombres de honor y los traidores. Me hizo recordar el caso de aquel combatiente saharaui, Lehsen Mohamed Embarek, preso en una cárcel marroquí en los años 90, aquejado de una enfermedad cardiaca causada por los años de mazmorra militar y las torturas en muchas cárceles secretas marroquíes que había sobrevivido. Lehsen debía ser operado de corazón con urgencia para salvar su vida. Trasladado por las autoridades penitenciarias y con la presencia de observadores de la Cruz Roja Internacional que seguían su caso en la cárcel, cuando ya estaba en el quirófano los médicos marroquíes le ordenaron que firmara un documento para ser operado. Al leerlo minuciosamente observó que figuraba como oriundo marroquí. El preso se negó rotundamente a firmar el documento sin que apareciera su verdadera nacionalidad saharaui, y los médicos le dijeron que si no la firmaba como marroquí moriría sin que le hicieran la operación. El preso respondió que prefería morir con el corazón saharaui que sentía en sus entrañas en vez de vivir con una identidad falsa que no era suya.

Lehsen, personaje al que tuve la suerte de conocer tras su liberación en 1996, decidido y convencido de vivir o morir saharaui, hizo que médicos y autoridades se rindieran ante su inequívoca postura. El gesto de Chej Luali y Lehsen me ha recordado que los traidores, durante la época de la antigua Grecia, cuando eran ejecutados o morían, no gozaban ningún derecho de sepultura, eran quemados o servían de carroña para los animales; mientras que homenajeaban a los magnos guerreros, hombres fieles y los grandes poetas con una corona de laurel, unos ramos de olivo o de mirto también llamada arrayán derivada del árabe clásico como arrayhan.

En una ocasión a Mohandas Gandhi, le preguntó un hombre en un mitin, que hasta cuando duraría esa lucha. Y Gandhi le respondió: “Si todos los hombres se mantienen leales a su promesa, sólo puede haber un final y ese es la victoria”.

Bahia Mahmud Awah


[1]  Discípulos
[2] Expediciones de tropas francesas
[3]  Compañía, adaptado al hasania del francés
[4] Lugares donde tuvieron lugar importantes batallas
[5]Gran sequía
[6]Plural de chej, jefe tribal
[7] Se pronuncia “gufer” en hasania, palabra arrastrada del francés. Se refiere al Gobernador militar de la zona
[8] Recitación de poesía histórica, muy del gusto de los saharauis
[9]Estilo musical cantado en el Sahara y Mauritania
[10] Conjunto de jaimas acampadas en la badia
[11] Monte
[12] Charca de agua que dejan las lluvias
[13] Buscador de dromedarios
[14] Lubba Uld Agrabat, uno de Idab Lehsen, y sus tíos maternos de Ideyshili
[15] Poema que se inicia con tres versos
[16] Región mauritana donde tuvo lugar el encuentro entre Chej Luali y el Gover
[17] Río en el sur del Sahara, donde acampó el frig de Chej Luali y en el que negociaba pacíficamente durante las primeras incursiones de España en el Sahara

domingo, enero 02, 2011

Mil veces ¿por qué? Manifiesto



Organización de las Naciones Unidas, Gobierno de España, comunidad internacional y a quien corresponda, hoy pido la palabra para contar una historia de un lugar que huele a mar, a algas y a luna llena. Un rincón del planeta exuberante, afortunado y poblado de gentes nobles que impregnan de color el paisaje.

Les pido a ustedes la palabra con la intención de ser oído, pues no sé a quien acudir. Hoy seré yo, pero no es la primera vez que les pedimos ser escuchados, pues así lo hicieron mis padres y también mis abuelos. Y yo creo en ellos, y en lo que un día decidieron, es decir, ponerse en sus manos, acallar las armas y esperar una solución digna y justa al conflicto que ya se prolonga 35 años.

Como no quiero traicionar la confianza que depositaron en ustedes las anteriores generaciones, en un momento en que se oyen con fuerza voces que piden el retorno a las armas, les pido hoy, que por favor escuchen esta historia de hombres confiados en un complicado entramado de intereses. Una historia tristemente narrada en las portadas de los periódicos y en los informativos de todo el mundo. Una historia que hoy se muestra desgarrada en las calles de El Aaiún, la capital del Sahara Occidental. Un episodio que ustedes contemplan impasibles y que nace de la rabia, de la impotencia y de la desesperanza.

Hablo en nombre de mi pueblo porque está cansado de vivir con miedo, porque está harto de tragarse las lágrimas que podrían llenar un océano, y porque su voz es continuamente silenciada en la tierra que les fue robada. Les pido me escuchen porque el gobierno invasor se salta sistemáticamente las reglas del juego y disfraza con chaqueta y corbata una falsa democracia.

Me dirijo a ustedes porque me contaron que uno de sus cometidos es velar por el respeto de los derechos humanos y por extensión, velar por el derecho a la autodeterminación de los pueblos. ¿Cuántos muertos son necesarios para condenar una masacre llevada a cabo entre la población civil saharaui? ¿Cuántos desaparecidos son necesarios para que ustedes dejen de mirar a otro lado?

Hoy, alzo mi voz y me atrevo a hablarles a ustedes porque mi pueblo ha sido despojado de sus bienes, de sus casas y hace tiempo que no puede disfrutar de la tierra rica y agradecida que les pertenece. Hablo por los que ya no pueden hablar, y que yacen en fosas comunes cavadas precipitadamente por el ejército marroquí para esconder el delito.

Organización de las Naciones Unidas, Gobierno de España, comunidad internacional y a quien corresponda, hoy pido la palabra para contar una historia de un lugar que huele a indiferencia, a represión y a olvido. Un rincón del planeta sitiado, mutilado y poblado de gentes nobles que con valentía enarbolan la bandera de la dignidad pues es lo único que no les han podido arrebatar.

Hoy les cuento esta historia, tal y como se cuentan las historias en El Sahara. No hace falta escribirlas, pues aquel que las escucha ha de estar muy atento y recordarlas para volverlas a contar una vez más. Los saharauis llevan grabada su historia a golpe de sangre y dolor. Por ello, les agradezco que escuchen hoy mis palabras y tan solo les pediré una cosa más. A ustedes miembros de la Organización de las Naciones Unidas, del Gobierno de España, de la comunidad internacional y a quien corresponda, les pido pongan atención y recuerden la historia de los hombres y mujeres del Sahara para que puedan contarla tan solo una vez más con la esperanza de que esta vez sirva para frenar el genocidio de un pueblo que cree en la libertad y en la paz. Y que sirva en definitiva para que el pueblo saharaui de una vez por todas pueda comenzar a construir nuevas historias. Las historia de un pueblo libre, soberano, y protagonista y dueño de su destino.


Sukeina Aali-Taleb Semlali