sábado, agosto 28, 2010

La Güera y el barco de azúcar



Enterrada bajo la arena del desierto quedó la ciudad de La Güera y con ella desapareció su gente, cada uno huyó como pudo de su tierra bajo el fuego de la guerra y lo único que se ha mantenido erguido a pesar del siroco es el Barco de Azúcar, este barco yace hoy abandonado en medio de la soledad reclamando volver a su destino.

Con cierta nostalgia los saharauis recuerdan esta ciudad como una profunda cicatriz que se mantiene abierta en el corazón de cada uno.

Mirando al mar se encuentra la pequeña península de Cabo Blanco y en su extremo occidental se ven las paredes de las casas enterradas por la arena y dos guardias de la frontera vigilan de noche y día los restos de lo que fue La Güera. Por sus calles ya no hay transeúntes, ni comerciantes, ni mujeres, ni niños; todo se lo llevó el exilio y el tiempo. Sus peces y pájaros asombrados de tanta soledad abandonaron sus guaridas y con ellos desapareció el puerto de esta pequeña ciudad que servía para la llegada de muchos productos que se intercambiaban en la frontera con Mauritania.

La Güera sufrió el ataque del ejército mauritano en 1975, cuando este país decidió ocupar la parte sur del Sáhara Occidental, la población resistió en sus casas y luchó por cada metro de la ciudad, pero al final todos los habitantes salieron a pie con las pocas pertenecías que pudieron llevarse con ellos y con el apoyo de los guerrilleros saharauis pudieron llegar a la frontera con Argelia y salvar sus vidas.

Treinta y cinco años han pasado y allí se mantienen los restos de una ciudad que sirvió de punto de encuentro en la frontera y sigue reclamando ser reconstruida y habitada por sus pobladores, pero hasta hoy nadie se acuerda que allí tenemos varios kilómetros de mar y un trozo de territorio liberado que nos permite soñar cerca del Océano Atlántico y enseñarle a las nuevas generaciones una pequeña parte de su tierra que tiene agua, peces y barcos abandonados.

Parece que hemos sufrido la amnesia de la historia, permitiendo al tiempo engullir una parte preciosa de nuestra tierra dejando al Barco de Azúcar abandonado a su suerte, mientras el siroco va ganando metros cada año y las paredes de las casas van desapareciendo, en este lapsus de la vida, la paz es un producto pasajero de la imaginación y nosotros estamos condenados a esperar lejos del olor del océano en medio de la nada.

Mientras tanto aquel barco que llegó un día lleno de azúcar y endulzó nuestras gargantas con su paladar se ha convertido en un raquítico esqueleto lleno de arena, y sus tripulantes unos fantasmas que pululan de noche persiguiendo cada marea en busca de un nuevo puerto donde reine la libertad de aquellas gaviotas que un día persiguieron las estelas de una ciudad perdida que resiste frente al fulgor de las estrellas y la soledad de las dunas.

La Güera sigue indómita y desafiante, en su memoria está grabada la voz de sus pobladores que hasta hoy albergan la esperanza de volver a desenterrar su pasado feliz de comerciantes y pescadores, que un día pasearon por sus calles y vivieron intensamente unos años felices en los que crecieron sus hijos bajo la magia de una punta de tierra rodeada de un dulce misterio.

Ali Salem Iselmu.

martes, agosto 24, 2010

Sophie Caratini y los “Hijos de las nubes”




Cada vez que voy a realizar un viaje de esos largos y me detengo a hacer mi maleta recuerdo cuando de niño me fijaba atentamente en cómo mi padre ensillaba su dromedario cuando se iba de bauah1 en busca de agua, pastos o ejerciendo de dayar2 detrás de las huellas del ganado extraviado. Tres cosas fundamentales preparaba la noche anterior al viaje, un buen guirba3 , un znad4 y su mecha de nur5 y un cuchillo de lemleida6. Claro que los tiempos cambian y cada generación sigue el inevitable curso evolutivo de su sociedad. Yo cada vez que viajo de Europa a África lo primero que guardo en mi mochila es un libro de viaje, un libro que no me aburre, un libro y un autor que me hacen compañía con pasajes literarios como los de Javier Reverte, Ramón Mayrata o Ryszard Kapuscinski. Pero en mi viaje de noviembre del pasado año 2009 elegí, acertando, el libro de otro escritor, Hijos de las nubes (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo) de la etnóloga Sophie Caratini, en su entretenido periplo en busca de la sociedad saharaui en los años setenta.

La primera vez que oí hablar de ella fue en 1994 en Nuagchot, la capital mauritana. Mi tío me dijo:

– Aquí tengo un libro en francés escrito por una historiadora gala y que habla del Sahara. Creo que no te va a gustar, porque enfoca su contenido desde el tribalismo en la sociedad saharaui, pero es muy interesante, léelo.

Su título “Les Rgaybat 1610 - 1934“. Cogí el libro y lo estuve hojeando varios días para determinar cómo la autora quiso proyectar su mirada sobre los saharauis centrándose en el estudio de una tribu. Era una edición en lengua francesa, y no la puede disfrutar por el poco dominio que tengo de esa lengua, pero me llamó la atención. Había fotos del Emir de Adrar mauritano junto con notables jefes tribales saharauis de aquella época, como Mhamed uld Eljalil, entre otros. Mi tío me indicaba que la persona de cabello largo que estaba al lado de ese notable saharaui era mi tío abuelo, Omar uld Awah, que fue su auxiliar cercano.

Dieciséis años más tarde de conocer ese libro llegaba a mis manos otro trabajo de esa misma escritora, “Hijos de las nubes“, sobre las experiencias de aquel viaje para su trabajo de tesis, en 1975. Subrayé en la primera parte del libro este párrafo con el que uno de aquellos jóvenes Polisarios explicaba, al conocer que la joven era una etnóloga francesa, qué pretendían ser los saharauis con su proceso anticolonial y antitribal, “Queremos construir una sociedad justa e igualitaria. Nuestras tradiciones prueban que somos capaces de ello. Los habitantes del desierto siempre practicaron la solidaridad, la ayuda mutua y el sentido del honor. Entre nosotros no hay clases explotadoras ni reyes ni emires. … somos un pueblo libre y orgulloso y en nosotros tenemos con qué construir una sociedad moderna mucho más democrática que la vuestra”.

Sophie en aquellos años, como estudiante recién licenciada, venía con el propósito de estudiar una estructura tribal que sin embargo los saharauis declaraban abolida en su nuevo proceso liberador como un pueblo y no como un conjunto de tribus, algo que las potencias occidentales usaron para perpetuar su dominio colonial en África. Enfrascado en la lectura del libro cuando me lo permitía mi trabajo, seguí con Caratini, su atrevido y desafiante periplo por muchos lugares en el desierto. Alguno de esos lugares llegué a conocer y tengo referencias de otros en esa geografía de fronteras mauritano saharauis. Viví con mucha emoción la gran carga literaria con la que describía sus días y sus noches entre beduinos, muchos de los cuales estaban politizados por aquellas circunstancias, y se sentían arraigadamente bien identificados con su nacionalidad saharaui. Era el caso del joven del párrafo mencionado con anterioridad o del otro joven universitario que la atendió cariñosamente con su botiquín de guerrero. Ambos eran estudiantes, estaban muy influidos por los movimientos de liberación de la época y alzados clandestinamente contra el dominio colonial, porque “hay cosas que para lograrlas han de ser ocultas“.

Cuando Sophie en 1975 buscaba encontrar hueco entre aquellos nómadas saharauis, yo me hallaba expuesto a los nuevos cambios políticos que estaban surgiendo muy cerca de esas fronteras en las que se encontraba la etnóloga, convertido en niño de guerra, huido en aquel éxodo, separado de mi familia por el conflicto, un suceso hacia el que Sophie en aquellos convulsos años no acababa de orientar su atención como etnóloga. Era una estudiante occidental que acababa de adentrarse en lo más profundo del desierto para compartir la vida de los pastores nómadas y vivir su experiencia como etnóloga que iniciaba el largo periplo de un investigador sediento por conocer y reflexionar sobre la teoría de los pueblos nómadas y sus orígenes. Como ella escribía, “pese a todo quise escribir mi tesis, el libro de su historia. Para ellos, en primer lugar, pues creía que no había que ocultar los engranajes de la estructura social, sino analizarlos a fin de poder superarlos“. Leyendo el libro en los campamentos de refugiados saharauis la imaginé muchas veces en aquellos años cerca de los desplazamientos que me condujeron al refugio. Poco tiempo después de que ella abandonara la zona, pasábamos muy cerca nosotros los refugiados sumidos en la pesadilla del éxodo, a veces bombardeados por la aviación marroquí, y otras perseguidos por las tropas mauritanas. Era yo un niño atendido y arropado por los Polisarios, pasando por Um Draiga, Guelta Zemur, muy cerca de Bir Umgrein, Tifariti y Ain Bentili, huidos en dirección al exilio que nos tocaba sufrir y ver cómo injustamente hasta hoy perdura por más de tres décadas. A los que hemos vivido aquella apocalipsis del 75 y 76 sin lugar a dudas que estas líneas itinerantes nos traen ingratos recuerdos, pero a la vez un necesario y merecido repaso a nuestra Historia expuesta con un croquis social etnográfico trazado desde el comienzo de su segunda edad de oro, que surgiría a partir del nacimiento del Polisario hasta nuestros días.

En ocasiones en los campamentos saharauis cuando sacaba “Hijos de las nubes” para seguir su lectura mucha gente se fijaba en su título y me lo pedían para quedárselo. Pero siempre les respondía que no era mío si no de una amiga que me lo había prestado y estaba esperando a que concluyera su lectura y devolverlo. Porque no es un libro que se lee y se abandona o se pasa a otros, es investigación sobre nuestra Historia. Finalmente opté por forrarle la portada para no llamar la atención y complicarme en más respuestas. El lector puede que se enganche desde el primer momento como igual puede que le resulte difícil seguir el hilo en las primeras páginas cuando Sophie narra cómo intentaba salir de Nuagchot en busca de los saharauis nómadas y abandonar una ciudad donde reina la incertidumbre, la búsqueda del buen linaje y la exhibición de lo que aparentan ser las cosas, y no lo que son en realidad. En su lectura viví con dolor su enfermedad, sentí con mi corazón sus días de soledad, tan débil, haciendo el camino de regreso a través de itinerarios pedregosos y polvorientos, desplazándose en coches militares con su fragilidad ante las nuevas circunstancias después de consumir toda la fuerza y vitalidad que desplegó para conversar, entrevistar, meditar, escuchar y reflexionar. Todo el afán por sacar adelante un reto ante su desafío de futura etnóloga que pretendía recoger parte de la historia de aquella sociedad de nómadas del que le hablaba en la Universidad de Nanterre su profesor Ahmed Baba Meska. El hombre que ese mismo año se uniría a los dirigentes saharauis en su lucha.

Destaco el lado humano que se despierta en Sophie cuando se encuentra con el joven médico Polisario de larga melena, símbolo anticolonial y antitribal de la época entre los saharauis aunque ella tal vez desconocía este hecho, que le atendió con su botiquín y los pocos antibióticos de que disponía para sus compañeros que dejó alzados en los montes de Ergueiua, a prestar auxilio a una francesa enferma en un frig de beduinos. Al menos en su peor momento encontró un futuro médico para acompañarla y tratar de salvar su vida, si no con medicamentos al menos con su humanidad y complicidad. A la pregunta de Sophie sobre cómo se llamaba el joven le respondió:

– No puedo decirte mi nombre, basta con que me llames “el compañero de las montañas”7 .

Con eso quería decirle que era un guerrillero Polisario, clandestinos aún en aquellos difíciles años, perseguidos por la metrópoli. Y diría para finalizar que en el libro hay un grato momento cuando Caratini nos retrata a Luali, el mítico dirigente Polisario, sin saber ella entonces quién era. En su encuentro Luali le expone el ideal revolucionario concebido por el pueblo saharaui.

Por todos estos motivos considero que “Hijos de las nubes”, que no pueden ser otros que los saharauis, es una obra para dedicarle un merecido tiempo de lectura, de meditación y reflexión sobre y para el pueblo saharaui y su proceso de descolonización tratado con imparcialidad por una etnóloga francesa.


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1 Persona beduina con mucha inteligencia que se encarga de buscar, montada sobre un dromedario, lugares de nuevas acampadas y pasto para el ganado
2 Buscador de camellos
3 Odre para llevar agua
4 Varita de hierro fundido utilizado tradicionalmente entre los saharauis para encender fuego friccionándola con una piedra silex y una mecha
5 Especie de algodón para hacer la mecha que se obtiene de algunas plantas del desierto. Tiene un olor muy agradable en la combustión
6 Cuchillo usado en la década de los 60 del pasado siglo revestido de nácar
7 Estrofa del himno del Frente Polisario

sábado, agosto 21, 2010

Viudas en melhfas



*Relato aparecido en el número 27 de la revista Shukran

Viudas negras de Chechenia: son esposas, hijas y hermanas de rebeldes caídos en los enfrentamientos con el Ejército Ruso durante la primera y segunda guerra del Caucaso norte, entre los años 1994 y 2000. Estas mujeres conducidas por la ciega venganza perpetraron varias acciones terroríficas, la última de las cuales fue en el metro de Moscú. Dos mujeres suicidas mataron a 38 personas inocentes e hirieron a otros 72.

El presidente Ruso Dimitri Medvedev prometió castigar con mano dura a los responsables.

Los países occidentales, las naciones musulmanas y los demás pueblos del mundo condenaron enérgicamente esta acción.

Sin duda, las viudas negras de Chechenia escogieron un camino sanguinario y prohibido por todas las religiones para lograr su objetivo.

Viudas en melhfas: son las viudas del Sahara Occidental. Ellas también perdieron sus maridos, sus hijos, hermanos y padres durante la invasión de Marruecos a su tierra.

Estas mujeres siempre recibieron sus huéspedes en sus jaimas con mucha hospitalidad. Les ofrecieron leche de camella, dátiles y té. No Les importó si eran colonos o soldados marroquíes o pastores que buscaban sus camellos extraviados, dayara, o emigrantes africanos que atravesaban el desierto hacia las ciudades costeras en busca del cayuco que les llevara al paraíso europeo.

A pesar de su sufrimiento y gemidos de dolor se mantuvieron serenas y pacíficas. Nunca pensaron en colocarse cinturones de explosivos ni arrojar granadas a quienes les arrebataron sus seres más queridos. Dichosas serían si les hubieran permitido los invasores de su tierra salir a las calles y manifestar pacíficamente sus legítimas reivindicaciones.

Sin embargo no figuraron como victimas en las portadas de los periódicos ni en los canales televisivos de los países occidentales, simplemente para no enojar a Marruecos y poner en peligro a los llamados ” intereses económicos”.

Abdurrahaman Boud-da

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Melhfas: Prenda usada por mujeres del Sahara Occidental

lunes, agosto 16, 2010

Exilios, VI "Guidroh" (carretera)


Es lo más sensato que se ha hecho en los campamentos de refugiados saharauis y, desde luego, marca un antes y un después en la cotidianidad de los refugiados saharauis. Su construcción fue una apuesta sabia que vino a colmar la necesidad más básica de una población nómada. Si, es una necesidad básica por el hecho de, quién es el saharaui, que, aún con una terreno bien acotado y delimitado no se resiste a colmar su necesidad de trasladarse, aunque no tenga sentido. Hoy hay muchos más medios que antaño, solo que el parque móvil existente es una ruina de lo que fue y se sigue arrastrando aunque tenga que ir a hombros del mismísimo propietario. Con la llegada de “guidroh ”, el hombre viajante, el nómada, lo es mucho más y más cómodo.

Es difícil entender el porqué de una carretera asfaltada para una población refugiada que algún día se irá de ese lugar. Pero Argelia es generosa y tiene recursos para ello. Aunque algunos nos tememos a la perpetuidad. No, no es menester caer en bobadas a estas alturas de la historia.

Pero una carretera buena, en el lugar adecuado puede ser hasta un poema, una oda, un río o las cuerdas de una guitarra. Al ver una carretera en medio del desierto uno no se queda indiferente, a algo le sonará o hasta le puede inspirar. Mi carretera habitual, la que va del cruce de Rabuni a Smara pasando por el “27 de febrero”, es, en general bonita, con tantas curvas y un paisaje monótono. Nunca me ha parecido gran cosa ni me lo parece ahora, que sea dicho de paso, pero es mi carretera, la que me lleva a mi jaima, a la hora que yo quiera y sin perderme.

El “guidroh”, es delgado y soporta todo lo que le echen sin rechistar, es sin duda un oasis en medio de la temida “hamada” . Yendo en él, te parece que va al infinito y vuelve, se esconde detrás de una colina y aparece, se pierde a veces debajo de una tormenta de arena, pero siempre aparece; a lo lejos, los árboles parece que tienen ruedas y van en él como otro vehículo más; los camellos andan elegantemente a su costado, evitando cualquier colisión. Por las tardes, al ocaso, sus márgenes se llenan de fieles para cumplir con la hora del rezo, esto, es sin duda una de las cosas que fehacientemente se traducen en modas y modos de obligado consentimiento. Mi carretera también es fiel al culto.

Mil y una historias se cuentan de mi carretera y ninguna es cierta y todas lo son. Todas oscuras como si misma, raras y sin sentido, como no tiene sentido vivir en la “hamada”. Cuentan que hay fantasmas de mil caras y patas de burro: Son como un hado de paranoicos en el reino de los muertos que visitan al mundo de los vivos. Asusta y mucho hablar de ellos. Pero de día desaparecen todos los fantasmas y “guidroh”, recobra su esplendor.

A veces me asusta ir por él de noche, es que el desierto inspira respeto y cualquier movimiento es blanco fácil para quien sea; la inmensidad de la nada y el ruido, imaginario o real, se abrazan y se alían en las noches gélidas de la “hamada”. Pero guidroh allí esta, solemne de día y de noche. Mis paisanos y yo, mientras podamos, nunca lo olvidaremos y, desde luego nuestro agradecimiento eterno.

martes, agosto 10, 2010

Los hombres que se marchitan como flores




Mahfud fue un dirigente de principios que creció tejiendo las estructuras de la organización política saharaui desde su nacimiento en los últimos años del ocaso colonial español en el Sahara, después de un siglo de dominio. Treinta y cinco años de su vida los consagró a una lucha de principios que abrazó desde su primera simbiosis estudiantil en los años setenta. En la historia de África, en sus procesos políticos y de liberación, muchas veces se ha repetido el despuntar de genios, guías políticos, que veían terminar felizmente los procesos de liberación de sus países cuando los saharauis empezaban la lucha por su independencia. Personajes como Nelson Mandela, Luali Mustafa Sayed, Julius Nereire, Patricio Lumumba, Amilcar Cabral, Hauari Bu Mediane, Agostinho Neto, Samora Machel u Oliver Tambo, el caso biográfico más parecido en trayectoria política a Mahfud Ali Beiba, el hombre que con su firme visión se marchó viendo con optimismo el futuro de su pueblo. “Veo el futuro con mucho optimismo. Hoy por hoy se ha consolidado la identidad saharaui, el derecho de ésta no se ha podido eclipsar”.

Recordar a Mahfud Ali Beiba en estos términos es señalar uno de los arquitectos dirigentes de la lucha por la independencia de los países africanos en los años de su descolonización anteriormente mencionados, es recurrir a ese periodo de emancipación libertador por el cual estas figuras entregaron toda una espléndida juventud y vida. Mahfud se destacó en la rama política del Polisario desde su primer embrión de Jat Ramla en 1970, un dirigente necesario por sus extraordinaria cualidades de inteligencia y capacidad, virtudes que consagró a la nueva configuración social y política saharaui articulando la creación de todas las instituciones del estado sobre el punto de convergencia que transfería a la recuperación de la soberanía nacional sobre todo el suelo patrio saharaui, a pesar de las diferencias y divergencias políticas que surgen en cualquier proceso de liberación nacional.

Mahfud Ali Beiba fue un político de extraordinaria visión ideológica que sirvió al Frente Polisario desde su nacimiento para organizar y dirigir, desde que en 1974 fue asignado responsable del comité de asuntos políticos tras el II Congreso del Polisario en 1974. Desde esa fecha comienza surgir un joven guía en un proceso que necesitaba un hombre de estado pragmático y proyectado como organizador, reconciliador en los momentos de eclipse sociopolítico, que en ocasiones han acaecido a lo largo del proceso emancipador, causados por las muchas lacras heredadas de un periodo colonial y tribal. Mahfud comenzó humildemente a destacarse entre sus compañeros desde el encuentro de la unidad nacional saharaui en 1974 en Ain Bentili, así Luali Mustafa Sayed lo acercó a su más estrecha colaboración porque veía en él un hombre peculiar a la altura de las circunstancias, como el caso de Nelson Mandela con Oliver Tambo en Sudáfrica.

Desde 1973 a 1976 es asignado a una tarea muy difícil, concienciar a la población, organizarla en torno al movimiento Polisario, aislar en su política a la potencia colonial y frenar el saqueo de los recursos naturales. Así en 1975, junto a sus compañeros de militancia de los que destacaría a Mohamed Luali Akeik, se convertiría en el autor intelectual de la acción que logró paralizar la cinta transportadora de los fosfatos de Bucraa entonces explotada por España. Mahfud fue también el negociador conciliador que acompañó a Luali en 1974 en el primer encuentro en Mauritania con Jalihena uld Rashid, el personaje que la España franquista ideó, en su táctica dilatoria para permanecer en el territorio, como presidente del Partido Unión Nacional Saharaui, PUNS, creado por la metrópoli. Y fue el político que, tras la proclamación de la República Saharaui, diseñó casi todas sus instituciones, con un excepcional hecho histórico que él mismo reconoció en ciertas ocasiones al constituir el parlamento antes de la proclamación de la República convirtiéndose en su primer presidente. “Hay que decir que esa articulación es un poco peculiar porque el hecho de que un Parlamento nazca antes que el propio Estado es una cualidad distintiva de la sociedad saharaui”, afirmaba Mahfud en una entrevista en Rebelión en noviembre de 2008. Fue un negociador duro de roer por sus adversarios marroquíes en las negociaciones de Houston en 1989 y de las distintas rondas negociadoras de Manhasset, Nueva York, entre 2008 y 2010. Para definir su papel como negociador valgan las palabras de Christopher Ross, enviado Personal del Secretario General de las Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, “Mahfud Ali Beiba era un hombre honesto y un negociador sabio”.

La dimensión de la figura de Mahfud no se puede estudiar fuera del marco histórico de los grandes líderes políticos surgidos en África desde los años sesenta y setenta. En una reciente conferencia en Madrid sobre el conflicto saharaui tomé notas de una magistral intervención de la ex esposa del mítico líder surafricano Nelson Mandela, en la que se refirió a la figura histórica de Oliver Tambo. La Sra. Winnie Mandela para acompañar a los saharauis en su lucha tomó de referencia ciertas cualidades del que fuera cofundador del ANC y posteriormente su presidente, Oliver Tambo. Deduje un paralelismo objetivo entre ambas figuras y encontré que Oliver Tambo en su militancia en el seno del ANC fue un auténtico caso a comparar con la vida y trayectoria política de Mahfud Ali Beiba. Mahfud es uno de los grandes políticos saharauis que nunca perteneció al ala militar, sí perteneció al Polisario desde su creación en 1973. Fue un dirigente revelación descubierto por su líder, Luali Mustafa, en la reunión de Ain Bentili tras el abandono español y la disolución de la Yemaa general, que representaba a los saharauis en la Cortes españolas.

Siguiendo con las similitudes entre ambas figuras de la Historia africana, Mahfud señalaba recientemente que a la juventud hay que darle su espacio y crearle su programa de continuidad en el proceso saharaui. Oliver Tambo en los duros años de su militancia contra el sistema del apartheid creó el "Programa de Acción" en el que desde su exilio ideaba cómo boicotear, hacer desobediencia civil, huelgas y la no colaboración con el régimen del apartheid. Mahfud fue el primer bauah[1], emisario que el Polisario envió en los años setenta a las comunidades saharauis que vivían en el sur marroquí y en Mauritania, sobre todo los estudiantes universitarios, para crear un programa de acción en torno al nacionalismo saharaui contra la potencia y las pretensiones extranjeras, como recordaba Mohamed Lamin uld Ahmed, durante el sepelio de Mahfud. A su regreso de esa misión según recordaba Embarec uld Ehdeib, el entonces joven dirigente afirmó “he constatado de mi viaje que todo es posible, adelante compañeros”, como el buen bouah de su frig que fue.

Tambo en 1955 se convirtió en Secretario General del ANC, y Mahfud Ali Beiba, tras la caída en combate de Luali Mustafa Sayed en 1976, ocupó el cargo de Secretario General del Polisario hasta celebrado el III Congreso donde fue elegido Mohamed Abdelaziz como nuevo líder al frente de la organización política y militar del Frente Polisario.

Mahfud en estos últimos años centró su atención en la metodología a seguir para apoyar la lucha pacífica saharaui a través de la instancia legislativa, el Parlamento. La defendió en muchas conferencias y entrevistas con congresistas estadounidenses, parlamentarios y dirigentes políticos de muchos países del mundo. Mahfud tenía una conciencia absoluta de sus ideales y la continuidad en la consecución a las aspiraciones de todos los saharauis. Resumía en éstas líneas su inconfundible apuesta por ese inalienable derecho de su pueblo. “Puedo decir sin que me tiemble el pulso que he invertido 35 de los 55 años que tengo en este proceso y que sé que no ha sido en vano porque en este tiempo se ha consolidado la identidad saharaui. Hoy por hoy, desde La Habana, hasta el golfo arábigo, desde Finlandia, hasta Sudáfrica, toda nuestra gente se sabe parte, no ya del pueblo saharaui, sino parte del POLISARIO, como representante legítimo de este pueblo”.

Tuve la suerte de presenciarle y escucharle en 1998 en una entrevista de aquel histórico programa de la Cadena Ser que realizaba y dirigía Iñaki Gabilondo, un especial realizado desde la wilaya de Smara. En la entrevista con Gabilondo Mahfud afirmaba que nuestro proceso no puede ser sino concebido como en movimiento y transformación hacia su buen puerto. Mahfud en una pregunta que le hacía el periodista sobre el impase del proceso, respondía en una frase que se me ha quedado grabada para siempre, “la naturaleza no admite el vacío, igual que la política, los saharauis alcanzarán con su proceso sus aspiraciones a la libertad y la soberanía sobre todo su suelo patrio”.



En tu memoria, amigo

No lo dudes querido Mahfud,
sereno en tus ideas
con tu certero y profundo sueño,
que un día ejerceremos soberanía
desde las riveras de Saguia
a los confines del Río de Oro.

Siento que te vas tranquilo
y te veo como un verde
arbusto de nuestras acacias,
como los brotes de
ter, de lehbalia y anish
que sentiste crecer
en el barrio Casa Piedra,
en el barrio Pon tu mano,
en el barrio Las Colominas,
en el barrio Los Despojados,
o en el insurrecto Maatala,
en sus callejuelas y esquinas.
La bendición de Dios
que hoy ofrenda tu marcha.

Verás donde estés que El Aaiun aún
tiene las calles cuajadas de tu sangre,
tiene inagotable ansia de libertad.
Hoy alzan tus ideales, hijo del barrio,
al grito de los nuestros.
¡Sacad las banderas a las calles y gritad!
¡La badil La badil an tagrir el masir![2].


A los catorce días de habernos dejado, nos quedamos todos los saharauis con tu mejor legado, tus enseñanzas y tu perseverancia en no cansar ni ceder antes de la recuperación de toda la soberanía sobre la patria saharaui. Recordaremos siempre tus sabios planteamientos y adhesión a la identidad nacional cuando recientemente dijiste algo así como que “si algún día los saharauis quieren ser “otros” yo no seré ese “otro”. Tampoco nosotros queremos serlo.

Bahia Mahmud Awah

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[1] Persona de especial inteligencia y capacidad exploratoria que enviaban los nómadas saharauis a buscar los lugares de agua y pasto para posteriormente trasladar a todo el frig

[2] No hay otra solución que la autodeterminación, lema más escuchado en las manifestaciones pacíficas de la resistencia saharaui en el Sahara ocupado.

sábado, agosto 07, 2010

Ebnu


*Del blog Sahliya

Ebnu, el nombre con el que firmo y con el que me llaman mis amigos, surgió una mañana de invierno de 1976, en la escuela de uno de los primeros campamentos de refugiados saharauis en territorio argelino.

Baba, uno de los maestros del exilio, tenía la tienda-aula llena de niños, e intentaba en medio del alboroto recoger sus nombres para la lista de clase. Cuando me señaló a mí y le dije mi nombre, se quedó mirándome durante unos segundos.

- Eres “Ibnu chahid” dijo mientras ordenaba a los demás niños que hicieran silencio.

Yo que por aquellos días oía mucho la palabra “chahid” asentí, moviendo la cabeza.

- Su padre perdió la vida en un bombardeo de la aviación marroquí. Es hijo de un mártir de la revolución- sentenció el maestro, mientras los niños me buscaban con sus miradas.

Desde ese día el maestro y todos los niños de la escuela empezaron a llamarme por el sobrenombre de “Ibnu chahid”, el hijo del mártir.

Yo comencé a responder al nuevo nombre sin saber que con los años iba a formar parte inseparable de mi vida.

Al principio no me sentía cómodo con el nombre. Me parecía que me estaba apropiando de un nombre que no era sólo mío. Había muchos niños y niñas que habían perdido a sus padres en la guerra y nadie les llamaba por ese nombre, por qué iba a ser yo diferente.

Sin embargo, a medida que iba pasando el tiempo, mi verdadero nombre fue perdiendo la batalla , sólo servía para identificarme en las listas de la escuela, y muchas veces ni siquiera eso, porque en la mayoría de los casos era sólo un número. Salvo mi familia, que nunca dejó de llamarme con mi verdadero nombre, el uso de mi nombre de pila iba a ser relegado exclusivamente a documentos oficiales, o a las innumerables listas donde nos inscribimos, muchas veces sin saber por qué.

Con los años y cuando ya lo tenía asimilado, mis amigos más cercanos comenzaron a llamarme simplemente Ibnu o Abnu, economizando de esta manera el nombre. El primer poema que escribí lo firmé con Ebnu, que era según me parecía, la mejor manera de que su pronunciación en castellano se pareciese a la del Hasanía.

Ibnu era muy árabe y muy clásico y Abnu en español era raro por la sonoridad de la A con relación a las demás letras y se alejaba de la pronunciación en Hasanía.

Así que soy hijo, soy ebnu de una estirpe condenada al martirio, somos cientos de hijas e hijos de mártires, somos miles de hermanos y hermanas de mártires, somos padres, somos madres de cientos de mártires. Los saharauis somos hijos de unas circunstancias incomprensiblemente adversas. Aunque nuestra causa es justa, y objetivamente clara, nuestro destino parece ser el abandono, el olvido.

Nuestra es la tierra, nuestro es el mar, el Sáhara jamás tuvo más corona que un turbante o un trozo de melhfa y la inmensidad de un cielo azul y por su libertad estamos decididos a morir.

¡TODA LA PATRIA O EL MARTIRIO!

Ebnu

martes, agosto 03, 2010

Exilios V. El control



Se vislumbra a lo lejos el “control” sur de Auserd, no parece más, que cualquier construcción de adobe. Dos representaciones de jaimas también de adobe lo presiden. Es un conjunto de tres sencillos cuartos separados, cada uno en una parte y, supuestamente cada uno tiene su función. Es, en esencia un “control”. O sea puesto de vigilancia. En concreto no sabría describirlo, es indescriptible. No inspira ninguna atención ni mucho menos curiosidad.

Es la esencia del colmo, apenas un día tiene guardas y seis no. Por respeto, todos los que salen o entran a Auserd pasan por él. Pero yo creo que su función es más simple y útil, es una especie de faro que orienta a los navegantes del desierto, situado estratégicamente a la sombra de la colina. Eso sí, solo orienta de día, con el resplandor del sol reflejado en una lata de aceite “made in usa”. De noche, es ciego y sordomudo.
Chejdan Mahmud