martes, junio 29, 2010

Exilios, IV. Al marsa (el mercado)




Es sin duda el punto neurálgico de todo en los campamentos de refugiados saharauis. Surgió como imposición de las propias necesidades humanas, ya se sean alimenticias o de otro carácter.

En los campamentos hablar de “al marsa”, no es sinónimo de ir de compras, es más bien, la gran despensa familiar a la que hay que ir a buscar las cosas para hacer el desayuno el almuerzo o la cena del día. El saharaui no hace acopio de comida en casa, no es su costumbre. La comida para el saharaui, aunque parezca ilógico, es el último eslabón de sus necesidades.

Salka, se va a “al marsa” un día si y otro también y, Sidati lo mismo. Algo se cuece allí, tanto de día como de noche y no precisamente comida. Las miradas discretas e indiscretas que revoltean en la penumbra del ocaso y el amanecer se hacen cómplices y se palpan en el gran escenario de los recados.

El gran carnaval se sucede día tras día; el baile de máscaras va al ritmo de cualquier música y, más, del silencio y la oscuridad. Las callejuelas desnudas de “al marsa”, en silencio observan los amoríos furtivos, los tocamientos intencionados, los saludos pesados, las pintas discordantes y el balbuceo cómplice y descarado de los comerciantes.

Salka, busca su suerte a pleno sol. No sabe con quién ni cuando será. Va con el velo tupido; su silueta deja a la imaginación nada y todo, los vientos de la “sahliya”, a veces ayudan a la ya de por si desbordada imaginación. Ella aún virgen tiene que ser, aunque sus andares excitan tanto como su desafiante mente. No es facil contentarle. Cuando habla, lo hace desde el umbral del deseo e inunda de su olor femenino a todos aunque, por detrás su drama ya estaba escrito desde que salio de su jaima.

Sidati, deambula por “al marsa”, preso de sus deseos terrenales, su alma tirita, su angustia es evidente, y su lógica ya merma. Huele todo a Salka. Ella sin apenas pausa, va esparciendo su aroma en cada rincón en cada callejuela, mientras él va olfateando el límpido aire que, de alguna manera le llevará al rincón preciso.

Al final, justo en el momento adecuado ya cuando el mareo es inminente, se encontrarán en el “butig” de algún conocido, cada cual comprará lo suyo. Pero, un dátil o una barra de pan saltará de una mano a otra. Ninguno se atreverá a irse antes, no querrán salir sin intercambiarse un sórdido gesto que, de seguro aliviará una sed, un deseo de algo que no esta escrito en los anales de su cultura, ni religión.

En otro día y otro momento, se buscarán unos a los otros, Fatma a Mohamed, Jatri a Sukeina, Ahmed a Embarka… mientras la gran despensa hace honor a su nombre; la carne fresca y no tanto estará en su sitio cada día, los olores de cada género impregnarán a los hambrientos que deambulan a ras de sus huellas.

Chejdan Mahmud (Acuarela: Isabel Fiadeiro)

sábado, junio 26, 2010

Presentación del poemario "A los cuatro vientos"






La colección "Los libros de Ariadna", de la revista literaria Ariadna R-C, añade un nuevo ejemplar a su estantería

Una selección de 75 poemas conforman el nuevo libro titulado "A los Cuatro Vientos". Poesías de Vicente Araguas, Limam Boicha, José Ignacio Cadenas, Antonio Polo, Juan Antonio Cadenas

El libro se presentó el viernes 25 de junio en la Biblioteca Regional Joaquín Leguina de Madrid



AUTOPOÉTICA. Limam Boicha

Escalas o como estornuda, a veces, el viento.

Autostop. El viento de arena tamborilea pésimos rumores y no sé a qué atenerme, ni en qué lado me planto: si doy la espalda al viento, puede pasar cualquier vehículo sin apenas oírlo, y si sigo en la misma posición, el vuelo de la arena ¿o la pólvora? me va a cegar como un pozo. Después de horas ¿o años? un camión me lleva kilómetros y otros y cientos y miles hacia el norte, hacia ciudades que nunca he visto, hacia el mar blanco, el mar cielo, el mar medio, y hasta más allá del océano.

¡Todo el monte es una cabellera afro-verde! Todos los montes lo son en este apacible hogar, también lo es la tierra, el horizonte; mis ojos se tornan plantas, ríos, saben a frutas mis manos. La brisa es suave, acaricia mi rostro y sonrío. Mis ojos descubren donde empieza y termina la palabra verde. Me adentro en el vientre del bosque, es una inesperada aventura: todo es nuevo, colosal y luminoso y es oscuro y es una colonia infinita, enredadera empapada de rocío. Guarda su reserva de misterio y desasosiego, el agua es diáfana y sabe a helechos, algas, y troncos. Saboreo su infinita carta comestible y florezco y me llevo para siempre sus raíces, su espíritu de isla en isla, de ciudad en ciudad, me esfuerzo y comparto y la curiosidad es un cultivo que abrazo, y sonrío y me impaciento, y me enamoro y pierdo y gano y hambre paso y caigo y me levanto. Y. Pasan los años, termino mis estudios y retorno.

La llanura es un color pardo oscuro, un aluvión derramado, mar de piedras y arena. Un espejismo de cuerpo y alma. Pero cuando la corriente sopla desde el sur se presiente la lluvia, el anciano me señala la ruta de las nubes y yo no veo más que un punto indefinido en el cielo. Recostado sobre una alfombra roja el abuelo llama a su nieto y le agasaja con unos dátiles, el pequeño se levanta, tropieza, el regalo se le derrama sobre la estera y llora. Al anciano se le agua la vista y una corriente cargada de bendición comienza a elevar la jaima.

De antiguas mis raíces bebo y otra vez cruzo los caminos, al mar blanco, al mar cielo, a otros espacios abiertos en busca de bienestar, sin relegar de mi compromiso. En la penumbra el diminuto dedillo apunta la boca del frío metal y aprieta el gatillo en la sien del despertador, salta en pedazos el sueño y me alzo, como sonámbulo voy al aseo y me abrigo y caliento los alimentos y los guardo en el bolso. Mi piel y mi nombre están hechos jirones, no tienen la consistencia de un pasaporte occidental, les falta sangre y oxígeno oficial. La niebla condimenta la oscura callejuela, desde el campo desciendo hasta el término de espera, el aire salado, me rodea el abrazo del mar, pero no es para mí, yo me dirijo a un tétrico cobertizo. Pasan las horas ¿o años? Y retorno del Norte al Sur. Y del Sur al Norte.

Bajo la sinuosa carpa de la ausencia hornean mis versos. En el fondo de la masa palpitan voces resquebrajadas que anhelan y aguardan. La tempestad sigue aposentada en las almas, envuelve los ruidos y los olores, trepa y como ráfaga atraviesa los cuerpos arrumbados bajo la sombra de la espera, revolotea el polvo arenoso y bebe el sudor de la impotencia. Del Sur al Norte y de la Nada al Atlántico.

PD: La poesía crepita a los cuatro vientos, resiste, permite el entusiasmo, clama por el combate y galopa hacia un destello de luz al caer las estrellas.




YA NO ESCUCHO

Ya no escucho
el paso del viento,
se han borrado las huellas
de avestruces,
y los pájaros
que anunciaban afables sucesos
bebieron las palabras
y se marcharon tras los cauces abundantes.

Hacia el camino contrario
fuimos nosotros
desnudos como troncos
sobre cristales rotos.
Nuestros hijos caían
de nuestros brazos
sin poder recogerlos.

Nuestra sangre ha llenado los cauces ausentes
y desde aquél otoño
ya no escucho
el paso de las caravanas
ni las voces de los guerreros
ni el canto de las mujeres.
Las semillas del retorno
se han bifurcado
bajo este cielo prestado.

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A LOS CUATRO VIENTOS es la reflexión vertebrada y coherente, pero jamás monotemática, de cinco poetas que vienen del Sur y del Norte, con punto de encuentro en el Centro, en sus cafés y glorietas, donde la nieve se disponía en pozos para el sosiego canicular. A LOS CUATRO VIENTOS es un aire melancólico y al tiempo vigoroso de quienes han dejado atrás la mitad del camino de la vida, envueltos en peripecias poéticas para el acero y la seda. A LOS CUATRO VIENTOS quiere ser un canto abierto, dirigido hacia todos los caminos, como enmienda a quienes piensan que la poesía es un jardín prohibido. A LOS CUATRO VIENTOS ordena y desordena, en modo riguroso y aun metódico, pero nada autoritario, cinco poéticas diferentes, conscientemente dispersas, tanto como ese cabello que “el viento mueve, esparce y desordena”. El cabello según Garcilaso; así, de esta manera. A LOS CUATRO VIENTOS son cinco modos de querer y de escribir diferentes, que se proyectan extasiados hacia todas las latitudes pues de ellas vienen, convencidos sus autores de que nada es de nadie y todo es de todos. La poesía, también. A LOS CUATRO VIENTOS es un inicio de un comienzo de estrategia, que seguirá ampliándose. Dirigido a todas las latitudes. Empujado por el propio batir de los remos de sus componentes. Tan imprevisibles como una orquesta de jazz cuando la tarde empieza a tomar formas nocturnas en las glorietas de los pozos de nieve. A LOS CUATRO VIENTOS. Sí. (Vicente Araguas)

miércoles, junio 23, 2010

Chico en España



Dos semanas después de mi llegada a España viajaba de la ciudad de Talavera de la Reina a un pequeño pueblo perdido en la montaña, llamado Pelahustan, donde residían mis parientes. Éramos escasos pasajeros, todos fueron descendiendo poco a poco hasta que me quedé solo en el autobús. El conductor era un hombre cincuentón, alegre y de aspecto deportivo.

-Vamos chico, siéntate más cerca y así hablamos - dijo mirándome por el espejo retrovisor.

Me preguntó por mi nacionalidad y las razones que me hicieron venir a España y me comunicó que era un cristiano devoto, fiel a los principios de su religión, ofreciéndome ayuda en casos de apuro. A pesar de tener los bolsillos vacíos oculté mi necesidad. Me gustó mucho su carácter solidario y bondadoso, a la vez me resulto extraño que me llamara chico estando yo muy cerca de los cuarenta años. En mi tierra el varón deja de ser chico a los dieciocho años, es la edad en la que cumple su primer ramadán y pasa a ocupar su lugar entre los hombres de la sociedad.

En época de paz se ocupa de un negocio, una manada de camellos o viaja en una caravana comercial a regiones lejanas durante muchos días y a veces meses para vender sus camellos y retornar con mercancías y víveres para su familia. En tiempos de guerra empuña el fusil y combate al enemigo como un león. “A los cuarenta años es un hombre maduro apto para liderar a los suyos”, medité sumergido en mis pensamientos y pasé a reflexionar sobre la posibilidad de haber rejuvenecido durante mi estancia en Europa. Aquella idea me lleno de júbilo.

Pocos momentos después nos detuvimos en el penúltimo pueblo de nuestro trayecto y subió con nosotros un anciano que avanzaba con la ayuda de su bastón.

-Hola chico, hace mucho tiempo que no te veía -dijo mi interlocutor iniciando una charla infinita.

Así es como supe que chico en España no marca límites de edad y que ni yo ni el conductor y su colega éramos chicos.

No tardaron en aparecer las primeras casas de Pelahustan. El autobús se detuvo cerca de una gran casa de piedras.

-Adiós chico saharaui - me dijo el conductor.

-Adiós chicos - les dije a mis compañeros de viaje ahogando una sonrisa y perdiéndome en las estrechas callejuelas de Pelahustan.


Abdurrahaman Bud-da

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*El sábado 5 de mayo 2010 se celebró en la localidad de Sigüenza, provincia de Guadalajara, VIII Congreso de la Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha. El escritor saharaui Abdurrahaman Budda participó en el congreso en calidad de miembro de esta prestigiosa institución de escritores. Allí mantuvo varios encuentros con ilustres escritores castellano manchegos sobre la historia y cultura del Sahara Occidental, así como la fuerte presencia del idioma español en el Sahara y la necesidad de incrementar los lazos culturales entre los pueblos.

sábado, junio 19, 2010

Hosein Erguibi Mojtar, el devorador de libros


A Hosein lo conocí entre los años setenta y ochenta, él venía con parte de su familia de la ciudad de Smara al comienzo de la ocupación militar marroquí. Ya de niño formó parte de los tantos chicos y familias que huyeron del territorio durante el éxodo de 1976, él junto a su hermana Um Erguia y amigos de la infancia con los que compartía sus estudios de primaria entre El Aaiun y Smara. Nos vimos por primera vez en un internado en Argelia y años más tarde, cursando estudios en Latinoamérica y luego compartiendo inolvidables años de trabajo en el ejército entre 1986 hasta 1995, cinco de aquellos años los pasamos en la guerra.

Era de físico corpulento y baja estatura, de mirada penetrante y fugaz. El paso de los años ha ido transformando a aquel joven procedente de la ciudad en un hombre curtido en las adversas condiciones de la naturaleza del desierto. Transformación que a la vez ha conducido a muchos jóvenes sedentarios que no conocían el entorno y su magistral enseñanza, al acertado camino para sobrevivir a los bruscos cambios climatológicos de nuestra tierra. Pintar en una acuarela al devorador de libros, al bibliómano, al “traga libros”, resulta imprudente sin destacar su virtud de lector desde muy temprana edad, como me ha contado en muchas ocasiones

– Empecé con las novelas de Marcial Lafuente Estefanía y Corín Tellado. Me las guardaban amigos españoles cuando vivía en El Aaiun y Smara.

Las tantas veces que visito la Casa del Libro situada en la Gran Vía madrileña o la Feria del Libro, en primavera, a la vez que me fijo en los incontables títulos y autores de miles de libros y sus desorbitados precios, recuerdo al devorador de libros. Y me invade el mismo deseo que conocía en Hosein, el placer embriagador de disfrutar la lectura de cada uno, sea como fuese su autor o género. Al retratarlo en esta acuarela prefiero quedarme con la imagen que llevo de él hace tiempo atrás, la de los años de la guerra. Quiero conservar la fotografía que retengo en mi memoria de muchos años de trabajos compartidos con él. La última vez que nos vimos después de los años noventa, fueron pocos minutos y no pude verle todo el rostro por el mal tiempo que hacía y el turbante que llevaba enrollado sobre su cabeza. Rápidamente nos fundimos en un sincero abrazo después de haberle confundido con otra persona y quedamos en compartir el té de la memoria bajo una acacia y recordar viejos momentos que tal vez no se nos presentarán más.

Conservo una imagen del devorador de libros de tez blanca, de pelo lacio, fuerte y oscuro, de tal forma que cuando lo dejaba crecer sobre su gesticulante frente le caía un oscuro y gracioso mechón, a veces molesto e intolerable por la naturaleza y vivacidad de su propio e inquietante temperamento. Por lo que cuando podía lo mantenía siempre bien recortado para no perturbar más su pasmosa vitalidad. En esta acuarela del bibliófilo saharaui intervienen dos principales protagonistas pero el espacio que intento hallar es el de abrir cortinas de la historia y buscar detrás quién era Erguibi Mojtar, su padre, y desgranar la interrelación y las circunstancias de este trinomio de amistad que me unió en especiales circunstancias a hijo y padre.

A comienzos del año 1976 formé parte del elenco de una obra teatral que representaba la primera gesta en el proceso de liberación saharaui, el histórico acontecimiento protagonizado por varios componentes de aquellos jóvenes fundadores del Polisario entre los que se encontraba Luali Mustafa, conocido como el “Asalto al cuartel de El Janga”. Compaginábamos varias actividades en nuestro colegio de tiendas de campaña en el mítico Mujayam Enaser, actual daira de Bucra. La obra fue escrita por nuestro maestro saharaui de árabe, al que llamaban Elzazairi. Recuerdo que la presentación teatral tenía una parte que escenificaba los acuerdos Tripartitos de Madrid, me correspondía en el guión el papel del ex presidente mauritano Mojtar uld Dadah, pero había un episodio con otro repertorio que realizaban otros estudiantes y trataba sobre un tal Erguibi Mojatar. En esa parte se escenificaba cómo caía Luali y sus dos compañeros en manos de los militares españoles. Y más adelante un acto de revancha sobre cómo fue asaltado el cuartel, liberados Luali y sus dos compañeros, y cómo por primera vez aquellos jóvenes izaban la bandera saharaui sobre los edificios del cuartel español en lugar del pendón del escudo del águila, capturaban a los centinelas militares de origen saharaui de la guarnición española y de retirada por la noche sobre la marcha triunfal cantaban el himno polisario “Yo el único entrañable compañero”.

Cuando terminaba ese episodio en el repertorio aparecía la historia de otro personaje vinculado a aquel asalto, Erguibi Mojtar, el militar español de origen saharaui que pertenecía a la unidad del cuartel. Sin embargo el suceso transcurrió mientras Erguibi se había marchado a visitar un frig saharaui colindante al puesto. A su regreso no encontró a nadie de su unidad en la fortaleza y dio la voz de alarma. “Ni los militares ni sus armas están, y en el mástil ondea la bandera del Polisario, no sé lo que ha debido pasar”. La reacción de la metrópoli contra Mojtar fue encarcelarlo bajo sospecha de colaborador con aquellos míticos guerrilleros del Polisario.

Interrelacionar estas dos historias resulta un grato repaso de retazos de una amistad, homenaje a un histórico guerrillero y a un devorador de libros con los que había compartido, con el hijo irrepetibles años de estudios y trabajos, y con el padre los años de mayor auge en la guerra desde 1986 a 1989.

En aquellos años de estudiantes Hosein, “Candela” como lo llamábamos por su vitalidad y fuerte temperamento, siempre tenía una novela que sacaba en sus ratos libres y se enfrascaba en su lectura. Estudiábamos con becas muy limitadas y no disponíamos de ningún tipo de ayuda material y nos encontrábamos separados de nuestras familias desde los primeros años de la invasión marroquí al territorio en 1975. Eran tiempos en los que nos guiaban una conciencia personal y una maduración social y política propia de nuestra generación. Porque teníamos vivos recuerdos de la tierra y un claro concepto de lo que pasaba. También creo que las posteriores circunstancias y el regreso a la realidad mucho influyeron en cada miembro de esa generación. En ciertas ocasiones llegué a pensar que el insaciable apetito por la lectura desparecería en cuanto regresáramos al Sahara imbuidos por el quehacer diario en una guerra en su máximo apogeo. Entendía que la situación de beligerancia, la escasez de tiempo y las nulas posibilidades de tener un libro nos impusiera un hecho ineludible, no preocuparse ya por los libros, porque todo tiempo consumido de manera individual o colectiva era sólo para ganar la contienda que vivíamos cotidianamente sobre el terreno, ganar al adversario en tiempo y eventualidad.

“Amar la lectura es trocar horas de hastío por horas deliciosas”. Este pensamiento es incuestionable para quien haya vivido similares situaciones a las del “devorador de libros”. Cuando circulaba un libro entre nosotros era porque él lo había buscado a su manera y había sido el primero en leerlo. Y cuando se preguntaba al último que lo leía respondía

- Vete a saber cómo llego a mis manos, la lista es muy larga, sé que Hosein lo prestó a...

Recuerdo la lectura de un Quijote que yo encontré en un contenedor de libros que venía de España, y que dio muchos quebraderos de cabeza a algunos compañeros que no sabían de su historia y les costó mucho disfrutarlo. Ana Karenina, Guerra y Paz de León Tolstoy, El padrino de Mario Puzo, las novelas de Edgar Allan Poe, todas las obras de García Márquez desde su primer cuento “La tercera resignación”, pasando por su obra cumbre “Cien años de soledad” hasta su última novela por aquel entonces “Del amor y otros demonios” circularon aquellos años entre nosotros, en Udei Enaser, Benzaka, Tirnit, Tifariti, Gueirit Lalia, Egdeim Shham, Taref Lemueilha, Ajshash, Eudeiat Elfaa... En su memoria si alguien lo pregunta encontrará rastros de otros géneros que había leído como las novelas de Corin Tellado, las de Marcial Lafuente Estefanía, el polémico “Los versículos satánicos” de Selman Rushdie, o la mejor obra de Camilo José Cela, La colmena. Muchas otras obras literarias de diferentes autores y géneros caían en nuestras manos porque el devorador de libros nos las pasaba. Guardo de él una imagen, cuando se sentaba en la postura tradicional saharaui para preparar el té. Mientras con una de sus manos ordenaba los vasos en la bandeja y con la otra colocaba la tetera sobre el brasero, el libro que tenía en ese momento lo dejaba posar abierto sobre la página que leía, colocado en su muslo pegado a la rodilla como suelen hacer las madres saharauis a los bebés. Puede que la conversación estuviera centrada con él sobre cualquier tema, pero en el instante en que su interlocutor desviaba la conversación con otra persona Hosein retomaba la lectura de la siguiente página.

Las veces que íbamos de vacaciones 15 días para ver nuestras familias después de tres o cuatro meses en la parte liberada, Hosein a la vuelta llenaba la mochila de libros para leer pensando en los meses que tenía por delante y a los compañeros que se los pedirían en las unidades militares. A veces las hojas del libro se gastaban y se deterioraban antes de llegar al último de la lista, por el número de personas que lo habían leído y tratado cada uno a su manera. Las veces que no coincidíamos en aquellos días de descanso me encargaba muchos recados para pasar por la familia tal o cual y recoger el libro que le había prometido un amigo. Esa codicia de lectura entre nosotros influyó en otros compañeros que no dominaban el español. Y algunos de ellos teniendo una buena base en otros idiomas llegaron a familiarizarse con la lectura de las novelas que circulaban en nuestro entorno y aprendieron a escribir y hablar en español, como fue el caso de nuestro amigo común Saad El Mahfud, un genio en la lengua en la que brilló Léopold Sédar Senghor, el francés.

Retomando cómo fue mi amistad con el padre del devorador de libros, en cierta ocasión dando unas conferencias a unos jóvenes de una unidad de combate me di cuenta de que había un señor entre ellos que frisaba los sesenta años. En principio creí que no formaba parte de aquel comando hasta que empecé a impartir mi conferencia, me percaté que era uno más de aquella unidad militar y tal vez el más importante. Era el centro sobre el cual se desarrollaba toda la conversación y alegría para aquellos jóvenes veinteañeros, era el padre, el amigo y el maestro en el que se apoyaban en los momentos más complicados en el combate. Compartió con ellos decenas de batallas y vivió entre ellos todas las circunstancias de dirigir una compañía del segundo regimiento de infantería mecanizada del ejército saharaui. Entre ellos no le llamaban Ergueibi, simplemente Ebaya, es decir padre. Debió tener una constitución física, corpulenta y fuerte durante su juventud que le había favorecido durante los años de la guerra en el manejo de los tanques. Desde entonces llegué a conocer mejor y supe muchas historias de él que contaban en su regimiento. Erguibi el de El Janga, Erguibi el de la batalla de Guelta Zemur, Erguibi el hombre que sabía decir no cuando no es sí y decir sí cuando no podía ser nada más que sí. Y de hecho ese carácter lo he podido encontrar en esta anécdota sucedida en aquellos años ochenta. Le invitaron a una taza de té y dijo que no le apetecía en ese momento, luego le insistió el chico que lo preparaba diciéndole “Ebaya, está muy rico tiene hierbabuena tómatelo” y Ebaya respondió “Aunque tenga tomate no lo voy a tomar”. Su sentido del humor lo hacía muy querido por todos los que le rodeaban.

Tras los acuerdos del cese el fuego el ministro de defensa le pidió que dejara su unidad y que se marchara a los campamentos para descansar. Sin embargo Ergueibi negó rotundamente la petición, hasta que años después aquejado por problemas de salud tuvo que radicarse en la daira de Bucra, precisamente el campamentos donde yo había escuchado por primera vez hablar sobre la historia de Erguibi, en aquel lejano 1976. Recuerdo que Hosein me contó en muchas ocasiones que su madre, sus hermanas y dos gemelos no pudieron salir de la ciudad de Smara durante el éxodo y se quedaron allí solos y a merced de una separación impuesta por las armas. Ergueibi a raíz del asalto al Cuartel de El Janga estuvo encarcelado durante varios meses y tras ser puesto en libertad se incorporó a los primeros guerrilleros del Polisario donde se encontró durante el éxodo con sus hijos mayores, Erguia y Hosein con los que compartió el exilio hasta su fallecimiento en los años noventa.

Hoy cuando en todo el mundo se conmemora el día del idioma español y recordando cómo Hosein nos dotaba de libros en aquellos duros años al no haber otra manera de conseguirlos, siento desde el exilio mi compromiso con aquellos jóvenes que lucharon por defender y mantener el español como patrimonio saharaui para que nunca falte lectura en sus jaimas y no desaparezca su afán de devoradores de libros.

miércoles, junio 16, 2010

Matrimonio, divorcio y bautizo en la sociedad saharaui. Conferencia





MATRIMONIO, DIVORCIO Y BAUTIZO EN LA SOCIEDAD SAHARAUI

* Ponencia de Ali Salem Iselmu presentada en el CENTRO CIVICO OESTE DE LEON, 13 de junio de 2010


A lo largo de la historia, el Sáhara Occidental ha conocido la presencia de muchos pueblos que se han establecido en esta tierra, buscando la forma de adaptarse a unas difíciles condiciones climáticas que exigen del hombre austeridad, sobriedad y supervivencia para arrancarle al desierto la vida, una vida que va asociada a los ciclos de lluvia de los cuales depende el ganado que permite a los pastores nómadas sobrevivir en unas condiciones extremas que exigen valentía, coraje y decisión.

La familia saharaui es el eje principal de la sociedad, de ella depende en buena medida el éxito y el fracaso de toda la comunidad organizada en pequeños frig o conjunto de jaimas, que acampan en zonas de pastos y aguas pensando siempre en el sustento de su ganado que revierte de forma directa mediante los ingresos que genera e intercambios que se realizan a través de las caravanas de camellos que cruzan el desierto de sur a norte en busca de un mercado para sus productos.

Árabes y bereberes han vivido en el Sáhara desde la llegada del Islam a estas tierras, sufriendo una profunda transformación con el surgimiento del hasania, lengua dialectal derivada del árabe y que hoy se habla en el conjunto bidan que figura como máximo exponente de la cultura beduina arraigada en el espíritu y la vida de las personas que han ido construyendo sus propios rituales desde el fundamento de la experiencia.

El matrimonio para los saharauis significa la unión de un hombre y una mujer después de un mutuo acuerdo en el que participan las familias del novio y la novia, cuya ceremonia empieza con la presencia de sus representantes delante de un juez musulmán que los une leyendo versículos del Coran y solicitando sus firmas para certificar la nueva unión, a partir de allí se inician dos días de celebraciones dentro de una enorme jaima, los invitados comen, bailan y estrenan darras y melhfas, ropa característica para la ocasión.

La novia viste una melhfa negra y el hombre una darra azul o blanca, ambos asisten a la fiesta y comparten con todos ese momento de alegría en el que suelen invitar a cantantes que dedican su música a la nueva pareja.

La tradición nos habla de un papel decisivo de la mujer en las sociedades nómadas, cuando el hombre se ausenta durante meses con las caravanas de camellos, la mujer esta llamada a tomar todo tipo de decisiones recibir los invitados, gestionar la economía familiar y cuidar de los rebaños.

En caso de conflicto en el matrimonio, el divorcio es legal y se realiza con la presencia de un juez que buscará un acuerdo entre las dos partes, la mujer y los hijos se quedan en la casa y el hombre tiene la obligación de mantener a los niños si son menores de edad.

El divorcio permite el inicio de una nueva vida para ambos sin ningún tipo de prejuicio por parte de la sociedad.

Cuando nace un niño en el Sáhara, la familia a los siete días invita a sus amigos y allegados con el objetivo de celebrar el bautizo que consiste en proponer varios nombres que serán sometidos a un sorteo y el nombre que salga será asignado a la nueva criatura. Después se ofrece una comida a los invitados.

Los saharauis siempre han respetado la naturaleza y convivido con ella, practicando una cultura que ha absorbido elementos árabes, bereberes con una práctica abierta y tolerante del Islam que les ha permitido ser un pueblo hospitalario y acogedor.


Ali Salem Iselmu

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Conferencia sobre la cultura saharaui



LEO NOTICIAS 14/06/2010

Más de 60 personas pudieron conocer de la mano del ponente Alí Salem Iselmu las costumbres de la cultural saharaui relacionadas con el matrimonio, el bautizo, el divorcio, la vestimenta, la música y el ritual del té, todo ello acompañado por imágenes de campamentos saharauis.

Además, se proyectó un documental en el que refugiados saharauis comentan en primera persona sus opiniones, formas de vida y experiencias a partir de fotografías tomadas por ellos en sus campamentos. Tanto la exposición como el documental despertó el interés y curiosidad de los asistentes quienes plantearon varias cuestiones en el debate final. La charla se cerró con una degustación de pastas, té y otros productos.

Aunque esta es la última actividad cultural, el Proyecto Verano Intercultural en León llevado a cabo por diez Asociaciones de León con la colaboración de la Obra Social Fundación “La Caixa” y el Ayuntamiento de León no finaliza aquí sino que durante los meses de junio y julio la sociedad leonesa podrá seguir disfrutando de actividades interculturales a través de actividades deportivas: campeonato de beisbol, capoeira y torneo de fútbol así como una amplia actividad lúdica, gastronómica y de promoción cultural durante las Fiestas de San Juan y San Pedro de León, con carpas, degustaciones y conciertos.

sábado, junio 12, 2010

Limam Boicha participa en el poemario "A los cuatro vientos"



La colección "Los libros de Ariadna" añade un nuevo ejemplar a su estantería

"A los cuatro vientos" poesía de

Vicente Araguas
Limam Boicha
José Ignacio Cadenas
Antonio Polo
Juan Antonio Cadenas

El libro se presentará el 25 de junio en la Biblioteca Regional Joaquín Leguina en Madrid

miércoles, junio 09, 2010

México premia al poeta saharaui Chejdan Mahmud Yazid





El poeta saharaui Chejdan Mahmud Yazid ha sido premiado al mejor poema en el IV Festival Palabra del Mundo celebrado esta semana en la capital mexicana, México D.F. El evento celebrado a la vez en 500 puntos del mundo y al que han acudido poetas de más de veinte países, estuvo presidio por un gran mural con poemas. El poema “Basta”, del libro “Aaiun, gritando lo que se siente” y dedicado la resistencia pacífica saharaui, traducido y recitado tanto en árabe como en castellano, fue premiado como mejor poema del festiva. Por su parte la organización dio lectura a varios poemas del escritor saharaui y le otorgó un diploma, que fue recogido por el embajador saharaui en México Ahmed Mulay Ali, quien encabezaba una importante delegación saharaui.

Con esta mención se reconoce la lucha con la palabra como arma en beneficio de un pueblo en el exilio.

La organización de la lectura poética estuvo a cargo de El Biombo Poético, en coordinación con el Instituto Veracruzano de Cultura; mientras que la convocatoria internacional del IV Festival Palabra en el Mundo, Poetas por la Paz, es realizada por la Revista Isla Negra; que dirige Gabriel Impaglione, y el Proyecto Cultural Sur, que preside Tito Alvarado, evento alterno al Festival Internacional de Poesía de la Habana, y el Congreso Brasileño de Poesía en Bento Goncalves de Brasil.



¡Basta!. Las calles enfurecidas
se alzan y comentan
las grandes injurias.

¡Basta!. Las casas pululan
de rabia desmesurada.

Y, ¡basta!, porque hay
un anhelo que ya no espera más.

En estos tiempos ya no
quedan enfados que calmar
y, desde el corazón del oprimido
se exalta la rabia contenida.

Las ciudades del Sáhara sombrío
se levantan una vez más,
para gritar orgullosas:
¡Basta!. ¡Basta!. ¡Basta!.


martes, junio 08, 2010

Exilios, III. El garaje




Cada mañana, Sidi se asoma a la vida al unísono del sol. Sus treinticuatro años los vivió como mecánico de profesión. De pequeño, apenas con tres años de edad, pasaba junto a su padre largas horas en el garage observándolo todo y jugueteando con las herramientas. Íntegramente vio pasar su vida en el exilio de Tindouf, jamás se había movido de allí. Su cuerpo y su interés se amoldaron a la carrocería de un coche (cualquiera) y, precisamente no como propietario, sino como puro adulador de todo lo que les concierne. Se adjudicó su primer taller cuando tenía apenas catorce años de edad.

La vida en los campamentos se dibuja en amarillo y gris. Insinuaba para si y para sus coetáneos que las cosas son o tienen que ser tan simples como un coche, ese que es capaz –decía- de aguantar lo que le echen y nunca se queja, o sea, un “Land rover”. La vida en el garage le hizo resignarse a otra vida más allá de la mecánica.

Un sin fin de coches pasa por su taller cada día, pero las míseras ganancias que genera, nunca revertirán en una sonrisa mejor o, un perfume normal o, el más mínimo capricho. Un cúmulo de necesidades carcome su figura.

Sidi me habla de coches cuando me ve y cuando los ve y, yo le hablo de camisas bonitas; en otras ocasiones me habla de “maryas” y yo le hablo de zapatos, en otras me invita a un “atay” y yo acepto y hablamos de ello. Su olor nauseabundo me marea y me habla grotescamente, me comenta lo fantásticamente infeliz que es.

La jaima y su taller van de la mano, a ras de lo insufrible. Su conversación animada efusivamente por el humo del tabaco, que huele a asco, toma matices inciertos, no muy rigurosos, como la vida que lleva. Cosas de nula importancia y banales van llenado sus horas que, casi siempre desembocan en desaireadas discusiones, mientras tanto, alguien sirve un “atay” calentísimo, azucaradísimo que, por un instante rocía el ambiente con un silencio necesario y oportuno. La vieja tele susurra allá en la esquina y nadie le presta atención ninguna, hasta que alguien imagina oír la palabra Sahara y resuena su llamada de atención en la jaima de más allá y, todas las atenciones se vuelven al unísono al aparato que, segundos antes nadie reparaba en él, ni de reojo. Al rato alguien vocifera: Alah es grande; grande, grandísimo replica otro y así, se rompe de improviso y tajantemente con todo lo anterior. Es la hora del rezo. Todos entonces rezamos.

Al instante llega el que faltaba y después de hacer sus ademanes religiosos y humanos, se invita a una nueva ronda de “atay” y como no, una partida de “maryas” se anuncia seguidamente. De nuevo otro ambiente toma forma y lugar. Nueva discusión acecha indudablemente y. los contrincantes luego, se citaran de nuevo para otra partida y otro día, sin más ganas que las de discutir, quizás?.

De amoríos y relaciones con las mujeres, se hablas hasta la saciedad. Su olor impregna cada gesto y cada palabra, aún estando ellas más allá del llano. De alguna manera, las palabras carcomidas de Sidi y su sonrisa desagraciada, se sacio de alguna doncella y rompió el misterioso secreto de las mil y una noches de la “hamada”.

La noche manda a cada cual a su sitio que a la vez es el de todos. La gran jaima, se cierra a las tantas de la madrugada no precisamente con los inquilinos de siempre. Con el nuevo día abrirá sus puertas el garage y probablemente el primer cliente había dormido con el mismísimo dueño y los tantos siguientes ya esperaban a sus puertas.

La radio y la televisión poco han dado a los saharauis y, en la jaima y el garage de Sidi, sendos aparatos, tanto de uno como del otro tipo, se asoman indistintos con los demás enseres de las estancias. En su momento, correrán la misma suerte que las sandalias que le regalé yo: el desinterés.

Chejdan Mahmud
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Garage: Taller
Atay: Té
Hamada: desierto donde los refugiados saharauis en Tindouf, Argelia.
Maryas: barajas francesas.

viernes, junio 04, 2010

Saleh Abdalahi en la ´Nit de la Poesia´




´Artefactos lingüísticos´ a favor de la paz

La ´Nit de la Poesia´ que se celebra hoy en el Principal reunirá a quince poetas de ocho culturas diferentes con un pensamiento común: no a la destrucción


DIARIO DE MALLORCA GABRIEL RODAS. PALMA. 02/06/2010 Quince poetas en ocho lenguas se darán cita hoy en la Nit de la Poesia, acto central del Festival de la Mediterrània, un "intercambio de experiencias", un "acto creativo" en el que cada poema se convertirá en un "artefacto lingüístico" a favor de la paz, según adelantaron ayer los participantes de este encuentro que llega a su duodécima edición.

Doce, un número "redondo y sugerente" que esconde un camino "muy difícil" en una isla salpicada por la corrupción. Este festival, señaló su director Biel Mesquida, "ya es patrimonio cultural y durará como mínimo un siglo" en una isla que "padece el robo de dinero público por presuntos corruptos; ante los ricos que solo piensan en acumular riqueza, los poetas, pobres, hacen todo lo contrario: regalan sabiduría".

A partir de las nueve de la noche, el escenario del Principal se convertirá en un bar antiguo con mesas de mármol y en rojo, en esta edición color protagonista de una velada poética que dará seis minutos a cada una de las voces. Desde el Alguer, "un territorio tan olvidado como perdido", se podrá escuchar a Antoni Canu; la lengua alemana, la que hablan 100 millones de personas en Europa, estará representada por Christian Uetz; y el idioma turco, una constante en el Festival de la Mediterrània, al igual que el portugués, contará con el verbo de Mustafa Köz y José Viale Moutinho.

Que nadie espere traductores en escena o pantallas dirigidas a este cometido. Violarían el espíritu de un festival que "defiende desde su primera edición la música verbal de cada poema", aclaró Mesquida. Y es que como apuntó la poetisa canadiense en lengua francesa Nicole Brossard, radiante por estar "en una isla mítica para escribir", el verdadero encuentro tendrá lugar "en la traducción", en referencia al libro que por un euro se ofrecerá al público.

La poesía "joven y emergente" estará personificada en Josep Pedrals, Blancallum Vidal y Jaume C. Pons Alordo, mientras que "desde la inteligencia del lenguaje, sin pelos en la lengua", se alzará la voz de Arnau Pons.

Aunque ayer se confesó "confuso" y se sinceró con un "todavía no sé lo que leeré", seguro que Carles Santos impacta sobre el oyente, como lo hizo el día de la inauguración del festival, en el Edifici Sa Riera, con el público entregado.

El estreno será para la lengua serbia, en boca de Nevena Budimir; y para el yoruba, en la que se expresa uno de los poetas "más reconocidos de la abandonada África", el nigeriano Remi Rajim, a quien el Mediterráneo le concede un "estado de calma". La Nit de la Poesía se completará con los versos del peruano Peru Saiz Prez y el poeta saharaui en lengua castellana Saleh Abdalahi Hamudi, ferviente defensor del derecho a la vida.



martes, junio 01, 2010

Exilios II. La novia




Reza el viejo proverbio: el que se casa, casa quiere. Y, Maatala quiere la suya. Ya se había hecho lo primero, dignamente. Bien casado con la moza que le cautivó, que le susurró con los ojos lo que escondía debajo de su cotidiana y a veces elegante melhfa. Ese cuerpo celosamente cubierto y recubierto y que nunca nadie se osó a cuestionar y desde luego ella misma exhibe como arma de mil cañones.

Ella casa quiere, hijos y también alfombra para guardar debajo, quizás, la suciedad de los años incómodos del exilio. Lo demás del ajuar es pura patraña de la sociedad. Pero Fatma es digna de sí misma y Maatala es el merecedor “dignamente o no”, de sus motivadas ganas y anhelos. Ahora ellos son la nueva familia que reverdece en los campos de refugiados saharauis y de paso germinarán otra criatura que brotará desde la esterilidad de la incomprensión. Amén del porvenir.

El Sahara como nación, tristemente observa a sus coetáneos iniciarse en el cotarro de la vida conyugal y nada puede hacer por ellos. Maatala sacude su patriotismo una y mil veces para ganarse el pan y no le da. Ella menea su esqueleto pensando más acá de ese patriotismo y él apenas se resiste a la invitación más terrenal.

La abraza y la ama, la posee y se sacia. Entre susurro y ternura ella le exige y le recalca que casa aún quiere.

¿Y ahora qué?, balbucea Maatala. Y al ritmo de los tambores de una conciencia mermada por la razón de la sinrazón, se autoexilia en solitario en otras tierras de la mar adyacente.