domingo, mayo 30, 2010

Una mirada a los ancianos saharauis desde el exilio




Conferencia de Ali Salem Iselmu en la Casa de la Cultura OKENDO, en San Sebastian sobre la tercera edad en el Sahara Occidental

En el marco de las actividades que se vienen realizando en las jornadas Ciclo Entre Culturas, “LOS MAYORES EN EL MUNDO” se presentó el 27 de mayo en la Casa de la Cultura OKENDO, una ponencia bajo el titulo “Una mirada a los ancianos saharauis desde el exilio” desarrollada por el escritor y periodista Ali Salem Iselmu y contó con la presencia de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de San Sebastian y personas de la tercera edad que se interesaron en conocer la vida de los ancianos en los campamentos de refugiados saharauis.


UNA MIRADA A LOS ANCIANOS SAHARAUIS DESDE EL EXILIO


Desde tiempos pasados los ancianos saharauis siempre se han adaptado de forma impecable a la vida en el desierto, asumiendo un liderazgo en las decisiones más duras que afectan a las sociedades nómadas, desde el conocimiento profundo de la propia naturaleza de la tierra, una naturaleza dura y áspera que siempre le ha permitido a las personas mayores ser los guías y oteadores en busca del ganado y el pasto.

Un anciano en el Sahara es un pequeño libro de historia y sabiduría que nos permite hacer un viaje a través del tiempo en busca de ese pasado mágico que nos habla de batallas, sequías y lluvias identificando cada fecha con la nomenclatura poética de los sucesos que caracteriza a la cultura saharaui.

En el Sáhara Occidental siempre se ha tratado con cariño y respeto a las personas mayores dentro de la familia. La mayoría de los problemas que tienen que ver con la supervivencia en el desierto, cuando una comunidad tiene que trasladarse de un sitio a otro o buscar agua; muchas veces acuden a la experiencia de los abuelos porque ellos poseen una fuente de memoria inagotable.

Con el inicio del éxodo en 1975 comienza una etapa novedosa para la mayoría de la población beduina que vivía cuidando sus rebaños de cabras y camellos a lo largo de todo el territorio y por primera vez tienen que asentarse en los Campamentos de Refugiados Saharauis debido al inicio de una guerra que llevó a cabo Marruecos para ocupar militarmente el Sahara Occidental expulsando a niños, mujeres, hombres y ancianos.

En el caso concreto de los mayores muchos perdieron la vida durante la huida porque no pudieron soportar el largo trayecto que tuvieron que recorrer bajo un abrasante calor de día y un gélido frío por la noche, con unas temperaturas extremas sin alimentos, ni agua y bajo el acoso permanente de la aviación marroquí. Los que llegaron con vida tuvieron que enfrentarse a un clima mucho más duro que el de su tierra renunciando a su filosofía de nómadas y asentándose en una tierra pedregosa y llena de salinas.

Con el inicio de la guerra, los ancianos quedaron en la retaguardia haciendo una labor de vigilancia dentro de los campamentos junto con las mujeres que levantaron las primeras jaimas y construcciones para gestionar mejor esa primera etapa del conflicto que duró hasta 1991 con la entrada de la Naciones Unidas y el fin del enfrentamiento bélico entre el Frente Polisario y Marruecos.

A partir de la entrada en vigor del cese el fuego se vivió una situación de aparente calma en los campamentos dentro de la cual, los ancianos tenían mucho tiempo libre y se reunían alrededor de un juego característico de los saharauis que consiste en dibujar un tablero sobre la arena con cuarenta casillas para cada jugador y el rival que logra preservar sus fichas aniquilando las contrarias gana la partida; así se reúnen muchos y empiezan a hablar del pasado a compartir sus experiencias y deseos de volver a su tierra y a sus andanzas de beduinos acampando de un lugar a otro.

En los Campamentos de Refugiados Saharauis se creó un servicio de asistencia social para el tema de los niños y ancianos, que tiene como objetivo fundamental proteger a las poblaciones más frágiles, dotándolas de medios básicos para luchar contra las enfermedades típicas que vienen derivadas de una pobre alimentación, agua en mal estado no apta para el consumo y una condiciones climáticas extremas que producen diarreas, ulceras, hipertensión, cataratas y otras enfermedades.

Los servicios sociales tienen que aumentar su trabajo durante los meses de verano porque se enfrentan a unas temperaturas que suelen llegar a los 52º, lo que aumenta el número de fallecimientos en la población de la tercera edad y agrava la situación de los enfermos dentro de los propios hospitales, ante este desafío producido en buena medida por el propio clima los mayores pasan el día dentro de las jaimas bebiendo mucha agua y a la noche duermen a la intemperie, buscando un soplo de aire fresco.

Actualmente hay jóvenes voluntarios como es el caso de la Brigada Sumud que se dedica a la asistencia y cuidado de los ancianos repartiendo pañales, medicinas, alimentos y creando espacios de ocio y reunión para que estas personas puedan emplear su tiempo y afrontar la situación de exilio acompañados del calor de la sociedad.

Y en recuerdo a los que no están con nosotros y a los que siguen soñando con respirar la brisa del océano que les vio nacer, a nuestros legendarios abuelos hombres de libro y fusil dedico este poema titulado ABUELO:

El ardor del pasado expresa tu nombre,
rescata tu historia,
antepone tus pensamientos
y enaltece tu largo transcurrir.

La memoria de la historia
te ofrece su homenaje,
te corona en el exilio.

El largo pasar de los años
te va llevando, abuelo, hacia
el futuro impredecible,
te recuerda las viejas epopeyas
llevándote de su mano,
incluso abrazándote.

La presencia de tu andar
cada día entre nosotros
y tu inagotable recuerdo
te llevan hacia la fuente de la gloria
en la que hallarás el sublime descanso de tu obra.


Ali Salem Iselmu

viernes, mayo 28, 2010

Zahra Hasnaui y Bahia Mahmud Awah en las IV Jornadas Universidades Públicas Madrileñas Sobre el Sahara Occidental





En el marco de las IV Jornadas Universidades Públicas Madrileñas Sobre el Sahara Occidental los escritores saharauis Zahra Hasnaui y Bahia Mahmud Awah, miembros de Generación de la Amistad saharaui, hablaron sobre la creación literaria saharaui en la segunda lengua de este pueblo africano, el español.

Compartieron espacio en la mesa redonda “Patrimonio cultural saharaui”, moderada por la Ministra saharaui de Cultura Jadiya Hamdi con Andoni Sáez de Buruaga, profesor de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU); Federico Guzmán, artista y comisario de ARTifariti; Aziza Brahim, cantante saharaui y Juan Ignacio Robles, profesor UAM.

Zahra Hasnaui realizó una bella ponencia y recitación poética sobre la poesía de la Generación de la Amistad saharaui, grupo al que pertenece, y que usa como vehículo el español, su lengua de creación. El exilio, la guerra, los campamentos, la añoranza, la mujer saharaui, la tierra arrebatada y la certeza del regreso impregnan los poemas de esta nueva generación que ha viajado por varios continentes llevando la poesía y la causa saharaui.

Por su parte Bahia Mahmud Awah presentó su libro “El porvenir del español en el Sahara Occidental”, en el que hace un repaso a la historia de la segunda lengua de los saharauis. El libro recoge la importancia del español como legado y patrimonio de los saharauis, su historia durante la colonización; la situación actual en los campamentos de refugiados y las zonas ocupadas y hace hincapié en la responsabilidad de los organismos difusores del estado español, en especial del Instituto Cervantes, que tan sólo mantiene un programa de envío de libros de lectura para las escuelas saharauis; y los programas de difusión del español en los campamentos. La última parte está dedicada a un estudio sobre la literatura saharaui en español desde la generación de los años 60 y 70, primera en crear en este idioma, hasta los escritores saharauis contemporáneos.

martes, mayo 25, 2010

Mi Madre



Y la vida sigue igual para mí y mis hermanos cuando ella nos abandonó definitivamente. Nuestra madre hace tiempo que decidió dejarlo todo, hasta sus propios hijos. Solo su penetrante mirada la delataba que aún vivía. Sus sentimientos y su persona los aparcó al otro lado de la vida; quizás junto a su marido, que se apresuró a dejarnos.
Mi madre poco aguantó. Se quedó entre dos aguas, sin él y sin nosotros, simplemente se volvió loca. Mucha pena en muchos años, hasta que al final dejó de respirar en una noche aciaga. Gran pena sentimos sus hijos, cuando la vimos en el limbo de los incomprendidos. La llamaron urgentemente del paraíso, según oí decir a mi tía. Mis hermanos y yo empezamos a vivir ya sin su cuerpo y sin su alma.
Muchas veces nos dijo, en serio y no tan en serio, que se arrepentía de haber venido al exilio y que odiaba a la mayoría de su familia, siempre maldecía al infortunio que nos tocó vivir y de ninguna manera quería compartirlo, era más fuerte su desgano por luchar y se hibernó, temporada tras temporada.
Cuando se fue al más allá, en cuerpo y alma, se fueron con ella, algunos fantasmas, se llevó el hado de los desalmados que pernoctan con la caridad de los fieles y los no tanto y, se llevó la inconsciencia de la paranoia.
Me apresuré a casarme luego, temía al desamparo. Mi vida se hizo un poco más lógica y me desarmé de algunas culpas.
Ahora soy más sensato, aunque huérfano. Mis hermanos sucumben en otras penas y otras glorias. La verdadera vida está al cruzar la esquina o al ir al mercado o, como no, en el paraíso celestial, a donde fue nuestra madre. Ya nos contará y le contaremos, donde quiera que nos encontremos. Espero que esa vez me reconozca.
Ella vivía porque sí, pero estaba loca, muy loca.

Mi madre loca

Mi madre cuerda
nació antes que yo,
en un día azul
sobre una alfombra amarilla.

Mi madre es de sangre
turbia y venas vagas.
Tuvo el honor de vivir
adulada por su vecino,
odiada por su ropa
y enamorada de su abuelo

Loca
loca, loca, loca, loca, loca.
así vivió en mi ausencia.
Cuando volví,
Estaba rematadamente loca.




Chejdan M. Yazid

sábado, mayo 08, 2010

El talador de nostalgias



*Del nº 26 de la Revista Shukran


Aunque Tifisqui es una estación primaveralmente imprecisa durante su estancia florece alegría, y esa nueva emoción atrae a multitud de familias que van en busca de la medicina del aire puro, el pasto verde, la leche y la carne de camello, unas bendiciones anheladas por los saharauis después de los tormentos del verano.

Hatab, un carbonero montaraz apuró sus pasos para iniciar la faena. Los nómadas consideran su oficio de mal agüero, porque no toma de la naturaleza lo que necesita, sino más bien la perturba, dejándola estéril. Aquél día Hatab estaba con su pequeño burro delante del árbol, quedó un rato indeciso, con su gruesa mano acarició el tronco, como para mimarlo con engaños y dejar que baje la guardia, era un tronco de rostro hermoso, cargado de un aura misterioso, escudriñó la parte más vulnerable para destrozarla a base de hachazos.

Galia y Dahi, una pareja de recién casados se dirigían a Zug, se desviaron un poco de su ruta, en dirección al oeste para ver un pozo y el árbol que está cerca de él, querían sobre todo ver el árbol de sus recuerdos cuando se conocieron, el lugar secreto de sus cálidos abrazos en la febril sombra. Conocían tan bien el desfiladero que fueron directo al árbol. Cuando estaban cerca vieron cómo Hatab se alejaba unos pasos y después el tronco del arbusto se balanceaba ligeramente en el aire y se caía de bruces sobre la tierra. La firmeza de muchos años se quebró llevándose consigo un buen refugio, leña y sombra, clandestina sombra, testigo de su pasión. Dahi y Galia se miraron y una luz se difuminó en sus rostros.

- Vamos de aquí, dijo Dahi, este hombre está loco, no sabe lo que hace, además ha talado nuestras nostalgias.


Limam Boicha