jueves, octubre 29, 2009

CRONICAS DESDE LOS CAMPAMENTOS. Homenaje a un amigo, Abidin


Para Abidin

Barack Obama en su libro “Los sueños de mi padre” contaba que en un viaje de mochila por España cuando era estudiante conoció un emigrante africano al que describía en tono familiar y subrayaba las consecuencias de su emigración desplazado por su situación económica “un hambriento más lejos de su hogar, uno de los muchos hijos de las antiguas colonias –argelinos, hindúes, pakistaníes– abriendo brechas en las barricadas de sus antiguos amos, haciendo su propia harapienta y azarosa invasión”. Y la historia aquí se repite porque los hechos tienen un punto de convergencia común. A Abidin Saleh Bachir, lo conocí a mediados del 2000 en el barrio madrileño de Lavapies, ya en aquella época una barriada multirracial donde el emigrante se sentía como en su tierra por la variedad de restaurantes que desprendían olores a comidas de diferentes países y por los atuendos identitarios que lucían unos y otros venidos desde muy lejos y de diferentes culturas. Todo fue una casualidad. Yo realizaba un curso práctico de periodismo con la Cadena Ser, y residía en una calle cercana a la Gran Vía, La Ballesta 18, desde donde podía caminar hasta la representación saharaui en el barrio de Lavapies sin gastar en el metro las pocas pesetas de que disponía. No hacía mucho que había acabado mi curso práctico y ya estaba moviéndome en busca de un trabajo.

Una vez me acerqué a la representación y al entrar me fijé que desde un rincón habilitado para preparar té, se oía la conversación de dos personas, que al acercarme a ellas invadían mis sentidos el aromático olor del té verde y un especial olor a humo del tabaco típico más consumido entre los saharauis y los mauritanos, maneiya. Allí conversaban dos personas que afectuosamente me saludaron y me ofrecieron un vaso de una de las tandas del té. Uno de aquellos hombres era Abidin Bachir Kaid Saleh. Sostenía entre sus dedos una tuba, pipa saharaui, y sobre el tablero de un espacio que era cocina reposaba su gastada pitillera de un cuero bien trabajada. Estuvimos hablando un buen rato y luego me invitó a acompañarle a un piso en Moratalaz que compartía con un madrileño, compañero de trabajo, muy cerca de la salida del metro, estación Vinateros. A causa de nuestra conversación sobre trabajo me propuso una cita el día siguiente para presentarme a unos amigos suyos que dirigían una nueva productora y estaban buscando un auxiliar de producción. Su misión era entrenar a un actor que debía en su papel hacer de árabe y adoptar un tono de no hablar bien el español. Tenía que hacer también otras tareas como cuidar el plató de noche y ayudar en imprimir los guiones y distribuirlos, un trabajo de auxiliar que no estaba mal por el ambiente y la gente del mundo del cine que se iba conociendo.

Al principio quedábamos en ocasiones para visitar unos amigos suyos de la diáspora saharaui en Madrid. Luego compartimos durante un mes una casa en San Martin de la Vega donde empecé con la productora y otra casa por muy poco tiempo en Fuenlabrada. En ese periodo de convivencia fui conociéndolo más y congeniando con su singular carácter. Coincidíamos en muchas reflexiones sobre nuestra situación en el exilio como individuos que pagábamos de forma personal las múltiples consecuencias de un proceso de descolonización mal acabado que nos dejó España. Me habló de sus dificultades en la urbe que conocía mucho antes de iniciar en ella sus nuevas andaduras en busca de un trabajo. Aún me acompañan sus consejos: “Tienes estudios y buena formación, trabaja en lo que sea para no pedir ni sufrir dependencia, esto es Occidente”.

Era crítico con los políticos de forma general y tenía una visión de la vida que sólo se adquiere de los buenos hombres del desierto, sensible, bondadoso y solidario con los demás.

Congenié enseguida con su sentido del humor y sensibilidad humana, sentí su sinceridad y su filosofía de vida. Me fascinó con sus buenos conocimientos en literatura española y sus grandes referentes. Otra faceta que descubrí en él era el apego a sus raíces culturales y a la causa por la que luchan todos los saharauis. Era un gran orador, virtud que admiraba de él, la misma que constaté años mas tarde al conocer a Chedad, uno de sus hermanos mayores. Entablábamos al amor del té ricas charlas sobre los grandes poetas de la literatura española y hasania, y me recitaba algunos versos y complacido me preguntaba si conocía el autor.

Me comentaba que los años 70 en su casa de El Aaiun tenía la mejor recopilación de música de los discos de los grandes clásicos en hasania, Aulad Abba, Sidati y Chej, pero sin que se limitara sólo a éstos su gusto por la música. Su cultura estaba enraizada y bien cultivada a otros niveles que sostenía en su visión globalizadora y de carácter multicultural. Los Beatles, los Rolling Stones, y los Credence Clearwater eran sus ídolos en aquellos años de auge social anticolonial. Y otros cantantes protesta contra los sistemas políticos mundiales bipolarizados por los dos bloques, la OTAN y el Tratado de Varsovia que lideraba la ex URSS. Teníamos diferencia en formación y en edad, elementos que nos situaba en épocas diferentes, pero compartíamos algo en común: el tener memoria de la tierra, las dificultades de la diáspora, y esa nostalgia que embriaga a los despojados de su entorno. Abidin formó parte de aquella generación de jóvenes saharauis que no pudieron continuar sus estudios universitarios en los últimos años de la colonia. Se matriculó en la Universidad de Granada en septiembre de 1974 para estudiar Ciencias de la Información pero la guerra truncó sus sueños.

Calderón de la Barca era su poeta preferido, memorizaba decenas de sus versos, que en muchas ocasiones me recitaba a propósito de nuestra situación de inmigrantes. Cuando el tema giraba entorno a las dificultades y los motivos que empujan a muchos africanos y latinoamericanos a emigrar de sus zonas por diferentes situaciones económicas y políticas, me decía “ya lo había advertido Calderón en sus versos”. Razón por la que se sentía identificado por “la vida es un sueño”. Bécquer era su poeta lírico cuando se refería a la belleza de una mujer o de nuestra madre naturaleza, García Lorca y su poesía para él representaban la lucha contra la injusticia y las locuras que cometen los poderosos contra lo justo.

Tenía una voz sonora y grave que simulaba la voz de un experto doblador de películas. Casaban sus graves armónicos de voz para recitar la poesía que tanto le gustaba del gran Calderón de la Barca.

"Sueña el rey que es rey, y vive con este engaño mandando, disponiendo y gobernando;…

… Sueña el rico en su riqueza, que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; … y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende".



Tuvo un sentido del humor constante que nunca se vio afectado por los años más duros de su exilio, alejado de su familia, apátrida, doblemente refugiado y sin que le reconocieran la nacionalidad española que tenía como muchos de los saharauis durante la época de la colonia. Todos portaban el DNI, el libro de familia y el pasaporte españoles, no existían para ellos otros documentos que no fueran estos. En cierta ocasión me enseño su carnet de estudiante saharaui cuando el territorio era provincia española.

Me comentó muchas veces que la vida en sus primeros años en Madrid le fue muy difícil, pero me decía que tenía un truco, y había que buscarlo con buen sentido del humor. Y ese truco, me decía, era conservar intacto el carácter de nuestra sociedad, “no desesperes nunca ni dejes de caminar las primeras horas de la mañana”, porque según decía él, “Dios reparte muy temprano su suerte”. A propósito me contó cómo encontró su primer trabajo con una productora de Madrid, “salí muy temprano de la casa donde residía, no tenía trabajo ni dinero y callejeando por las arterias de la ciudad me paré frente a una puerta muy grande donde se veía un letrero con una oferta de trabajo. Entré allí y me presenté en la recepción donde me atendió una señora. Le dije que quería hablar con la directora de la productora, y que venía justo para este trabajo que anunciaban en la fachada. La señora a la que le contaba todo no era la recepcionista ni la secretaria, como yo creí, sino la misma directora de la productora”.

Impresionada por el acento castizo, el excelente manejo de la lengua y la profunda mirada de Abidin, enseguida le invitó a sentarse y le entrevistó para el trabajo, después de saber que era un saharaui. “Desde el día siguiente comencé un trabajo bien pagado”, recuerdo que me lo contó con esas palabras en varias ocasiones. Y me decía: “¿Ves?, si ese día me hubiera quedado dormido o tomando té y escuchando el cotilleo de los demás no estaría aquí contándotelo”. Tras terminar este trabajo puntual contactó con un amigo attrezzista que había conocido y con el que había trabajado en los campamentos saharauis cuando realizaba los preparativos de una película y le pidió ayuda. Finalmente Abidin consiguió un trabajo estable con la productora StarLine. En varías ocasiones me invitó a su trabajo y comíamos juntos en un bar cerca de la productora, sobre todo algunos fines de semana, cuando disponía de tiempo. Me llevó varias veces a visitar a otros chicos saharauis que residían en Leganés, a una casa compartida por los hermanos Ulad Ahel El Mahyub, creo que era una de las primeras en Madrid donde recalaban y encontraban acogida y cariño muchos saharauis sin trabajo y sin papeles.

Le gustaba mucho jugar con los niños y hacerles sentir felices con sus gesticulaciones y los cuentos que les relataba, siempre con su penetrante y sincera mirada de grandes ojos. A Javi, el hijo de una amiga común, le hizo creer que la foto colgada en el salón de su familia era de otro Javi y que no era él, y le decía “tú eres Javi pero el de la foto es otro Javi”, siendo la foto del mismo niño.

Una vez que íbamos de viaje en un tren de Cercanías, enfrente nuestro iba sentada una chica rubia con un niño que se mostraba muy serio, con cara de pocos amigos. Abidin me dijo: “verás cómo cambiar esa carita”. Le fue haciendo gestos con los ojos y la cara, le acercaba la mano y la retiraba sin tocarlo en un plan de juego y mucha complicidad con el niño. Cuando ya estábamos llegando la estación de Nuevos Ministerios el niño empezó a sentir el cariño de Abidin extendiéndole la mano y lo miraba fijamente como si quisiera seguir el juego con él. Finalmente acabaron hablando y riéndose los dos. Disfruté toda la escena desde el principio, porque vi que el niño poco a poco se estaba animando y mostrando otra cara más risueña. El niño se contagió con una risa que sorprendió a la propia niñera que lo cuidaba, una chica polaca contratada para recogerlo del colegio. “Es la primera vez que veo al niño riendo a gusto”, nos comentó la chica con un español bastante bueno, y saliendo ya de la estación nos contó que no era su madre como habíamos pensado en un primer momento.

Transcurridos más de seis años desde que nos dejó aquel guerrillero de fusil y cámara, un día en la Biblioteca Nacional, perdido yo entre archivos y catálogos en busca de las huellas de aquella generación de estudiantes saharauis, encontré el periódico La Realidad, que se editaba en el Sahara en los años setenta y del que me habló Abidin muchas veces. Mis ojos se toparon con una foto y debajo, en los créditos, aparecía el nombre del fotógrafo, que era simplemente “Abidin”. Corría el año 1975 y era la última foto que haría para la Realidad, que dirigía el periodista y viajero Pablo Ignacio de Dalmases, quien años más tarde se convertiría en amigo mío.

En un viaje que hice en febrero a los campamentos visité un pequeño establecimiento de un ex fotógrafo de guerra amigo de Abidin, y charlando con él sobre su trabajo en aquellos años me enseñó un libro en el que aparecían algunas imágenes de ambos fotógrafos y me detuve estudiando una foto en la que Abidin vestía con los auténticos uniformes que utilizaban en aquellos primeros años los guerrilleros saharauis. La foto al final me la facilitó el Archivo de la Información saharaui. Como un joven de aquellos que ingresaron en las filas polisarias en los años setenta, tras militar muchos años y compartir sueños e ilusiones de un Sahara libre, Abidin posaba apoyado en el parachoques de un Land Rover Santana, y entre sus brazos portaba una metralleta AKM de las que capturaban al ejército marroquí. Vestía un pantalón militar de color verde gris y la mítica gandura que usaban las Agrupaciones de Tropas Nómadas, ATN, el cuerpo de infantería que fundó la metrópoli para defender sus fronteras coloniales. Doblaba sobre su cabeza el turbante gris de los guerrilleros polisarios, en su uso de campaña, y rodeaba su cintura un correaje del que se colgaba la funda donde se guardaba el puñal de emergencia del soldado, para luchar cuerpo a cuerpo y valerse de él para cortar en caso de extrema supervivencia. Posiblemente el cigarrillo que sujetaba entre los dedos de la mano izquierda era de un tabaco negro y muy malo que confiscaban aquellos años a los soldados marroquíes, o de los argelinos que distribuían como ayuda a los guerrilleros, tal vez de una marca que recuerdo se llamaba Afras o el L´Moudjahid. Abidin tenía una especial inclinación por los grandes dirigentes militares saharauis, en ciertas ocasiones me hablaba de Biga uld Baali, un mítico guerrillero poeta y dirigente militar caído en los primeros años de la guerra. Me invitó una vez a acompañarle a La Rioja para visitar su amigo Uld El Buhali, y en el camino me contaba que lo apreciaba por su visión de estratega militar y bravura en el combate, estuvimos con él un fin de semana.

Al descubrir la foto, que es en sí misma leyenda de todo un personaje, me di cuenta quién era Abidin y el por qué de su admiración a muchos de esos dirigentes militares saharauis. El 18 de enero próximo se cumplirán siete años de su fallecimiento. El mejor homenaje a todos aquellos jóvenes de la generación de los 70 que ya no están con nosotros es recordarles tal y como un día fueron.


Bahia M.H Awah

domingo, octubre 25, 2009

Presentación de la Coordinadora de Inmigrantes y Refugiados de Alava, Kira



Presentación de la Coordinadora de Inmigrantes y Refugiados de Alava, Kira, en el Palacio Villasuso Vitoria-Gasteiz el pasado 30 de Septiembre de 2009. La Asociación Cultural Tifisqui (Sahara Occidental) es miembro de esta Coordinadora


Presentación de Kira por Ali Salem Iselmu

Cada continente tiene su propia leyenda y su propia historia siempre transmitida por el ser humano capaz de vencer sus prejuicios para conocer a ese otro que es distinto a él, ese otro que habla otra lengua, tiene otro color de piel e incluso es pobre y las condiciones de su tierra le obligan a cruzar mares y océanos en busca de un destino mejor que le permita ser más humano y generoso con el otro.

Nuestra civilización ha luchado durante siglos contra la barbarie y la intolerancia de todo tipo manifestada unas veces en la lucha de los pobres contra los ricos, otras veces los fieles de una religión contra otros, otras veces los miembros de una etnia enfrentándose a otra etnia, otras veces una ideología contra otra, pero la Declaración Universal de los Derechos Humanos nos ha enseñado que el hombre es aquel que lucha contra la infamia y busca la igualdad y la justicia para dibujar con sus ojos la esperanza de un mundo mejor, un mundo capaz de vencer los episodios más oscuros de su historia, garantizando mayores cuotas de bienestar y libertad en este planeta llamado tierra.

No olvidemos que el nazismo formó parte de la historia del siglo veinte, también el Apartheid y El Ku Kux Klan todas ellas ideologías basadas en la aniquilación, persecución y destrucción del otro; por eso en un día como hoy tenemos un sueño que soñó Martin Luther King en 1963 cuando dijo: “yo aún tengo un sueño profundamente arraigado en el sueño americano. Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: afirmamos que estas verdades son evidentes que todos los hombres son creados iguales”. Ese es el verdadero significado de nuestro grado de humanidad y aceptación del otro que a veces causa sentimientos de rechazo que nada tienen que ver con un mundo cívico y abierto donde todos podemos tener nuestro propio espacio.

Hoy quiero manifestar nuestro compromiso con el respeto hacia el ser humano, hacia sus grandes conquistas sociales, científicas y culturales, todos debemos de entender que los sonidos de nuestra voz, los colores de nuestra piel y los rasgos de nuestra personalidad son un punto de partida y a la vez un punto de encuentro en el que podemos reencontrarnos una vez más para sacar a flote lo mejor de nosotros mismos.

El premio de ciencias sociales, Príncipe Asturias 2008 Tzvetan Todorov dijo: “Los bárbaros son los que consideran que los otros, porque no se parecen a ellos, pertenecen a una humanidad inferior y merecen ser tratados con desprecio o condescendencia”. Ser civilizado no significa haber cursado estudios superiores o haber leído muchos libros, o poseer una gran sabiduría: todos sabemos que ciertos individuos de esas características fueron capaces de cometer actos de absoluta perfecta barbarie. Ser civilizado significa ser capaz de reconocer la humanidad de los otros, aunque tengan rostros y hábitos distintos a los nuestros; saber ponerse en su lugar y mirarnos a nosotros mismos como desde afuera.

Y concluiré con este poema titulado EL DESAFIO:


Los rostros cambian
con los años,
con el tiempo…
incluso terminan
y quedan para siempre
inexpresivos.

Lejos palpitan los corazones
desnudos de esperanza,
ahogados en las penurias de la civilización,
se consolidan países,
nacen otros,
algunos se mantienen en pie
Esperando al sol.

Crecen los desvelos,
y ya no existen lámparas mágicas.
Todos entramos en la desafortunada
profesión de la tecnología,
lejos de defender nuestro lecho.
Humanidad sin rumbo,
hacía algún lugar,
donde no reine
la globalización incierta
de nuestro andar.


Ali Salem Iselmu



viernes, octubre 23, 2009

Mesa redonda “La Palabra de la Memoria. Pasado, presente y futuro de la literatura saharaui” en Alicante





El pasado 22 de octubre de 2009 tuvo lugar en la Universidad de Alicante la mesa redonda “La Palabra de la Memoria. Pasado, presente y futuro de la literatura saharaui”.

En la misma participaron los escritores saharauis Chejdan Mahmud, Luali Lehsan (de la Generación de la Amistad Saharaui) y Larosi Haidar. La mesa estuvo moderada por Antonio Mula, Catedrático de Literatura de la Universidad de Alicante.

Durante el evento el profesor Antonio Mula hizo la moderación entre la mesa y los participantes que llenaban la sala, mezclando las preguntas con la lectura de textos y de poemas, leídos por él mismo u por los escritores. Se consiguió entre los presentes un cálido y espontáneo ambiente, especialmente emocionante cuando a través del móvil de Luali Lehsan todos los presentes pudieron escuchar a otro poeta saharaui, sin duda un medio insólito donde los haya para difundir poesía.

Durante el acto también se vendieron libros de literatura saharaui contemporánea en español.

miércoles, octubre 21, 2009

CRONICAS DESDE LOS CAMPAMENTOS. El príncipe de los poetas



El príncipe de los poetas, Sidi Mohamed uld Bomba

Campamentos de refugiados saharauis. Protocolo, 20 de octubre 2009


Así lo calificaron los medios árabes tras obtener el premio “príncipe de los poetas”. Un concurso sobre la poesía árabe clásica en el que participaron siete mil trescientos poetas de diferentes países del Medio Oriente y el Magreb Árabe.

A principio de este verano leí en la red algo sobre esta noticia y me llamó la atención, al ser el ganador un poeta mauritano. Un diminuto país de una inmensa cultura hasani y de intelectuales que pasan desapercibidos para los países árabes. Pero al llegarme esta noticia enseguida me acordé de aquel programa de literatura que editaba la BBC de Londres en los años ochenta, “Quién es el autor y la inspiración” realizado por Hasan Alkarmi. En varias ocasiones definía a este país magrebí como “la tierra del millón poetas”. Inusual término para otros territorios tanto occidentales, árabes, americanas y tal vez asiáticos.

El viernes pasado, 16 de octubre nos recibió un dirigente saharaui en el marco del trabajo que estamos realizando, y al bajarnos del vehículo todo terreno que nos trasladaba a un grupo de investigadores, justo detrás de nosotros paraba un confortable Toyota con tres ocupantes. Mientras bajábamos y esperábamos a que nos indicara el guía que nos acompañaba volví a dirigir la mirada a los ocupantes del Toyota y en eso uno de los ocupantes me saludó, era un amigo de los años ochenta. Me acerqué para saludarle con un fuerte abrazo y sin prolongar el saludo me dijo:

- Te presento al príncipe de los poetas.

Pensé que bromeaba, pero al darle la mano el joven cambié de parecer. Por un momento creí que era un joven poeta saharaui que había ganado un concurso de poesía en hasania, certamen que se realizaba hace años en el país. Pero al volver a preguntar mi viejo amigo me dijo que era un poeta mauritano, el que había ganado el premio.

Trasladé todo lo que acababa de conocer al grupo de investigadores que me acompañaban y les propuse hacer una foto juntos con el poeta, cosa que no había sido posible por el cansancio del poeta y el largo viaje que lo traía desde Mauritania para estar con el pueblo saharaui. Un día después el responsable de protocolo nos convocó para asistir a un acto cultural que se celebraba por la tarde en la wilaya de Smara. Allí estaba una multitud de gente y coches que entraban con delegaciones tanto extranjeras como saharauis. Intentando maniobrar nuestro conductor para aparcar el coche, pasó enfrente de nosotros el gobernador de la wilaya anfitriona y al mirarnos nos reconoció y se acercó para saludarnos e invitarnos al acto. Aproveché el momento para comunicarle que queríamos verle por temas de nuestro trabajo esa misma noche. Se despidió de nosotros y pasados unos diez minutos salió con una comitiva hacía el Centro Cultural de la Wilaya y al acercarnos nos dimos cuenta que estaba el presidente Abdelaziz y algunos ministros del gobierno, se detuvieron para saludarnos y nos invitaron a entrar.

El centro cultural para mí tiene mucha historia solidaria, allí nos despidió aquel Lord británico, Christopher Winchelsea, autor de las caravanas Rainbow Rovers de apoyo a los saharauis; también allí nos dijo adiós el estadounidense Joy, de la fundación Carter Friendship Force, tras su breve vista, al día siguiente moría entre los habitantes de Smara, en el barrio 2 de Bir Lehlu, octubre de 1998. Tantos hechos sucedieron en el centro que me hicieron pensar qué tipo de actividad viviría esa vez. Sin embargo el protagonista siempre es el pueblo saharaui y sus amigos. En esta ocasión el embajador sudafricano que estaba acreditado en la RASD se despedía tras, terminar su mandato, ante el gobierno saharaui, y como novedad esta vez la presencia del joven poeta mauritano, “el príncipe de los poetas árabes”.

Más de ochocientas personas coreaban en pie el eslogan de la Intifada, labadil labadil antagrir elmasir, y resonaban los azgarit de las mujeres que llenaban la sala que recibía aquella tarde a un embajador y a un poeta. El gobernador de la wilaya dirigió una palabra de bienvenida con un marcado acento lleno de ricos giros hasani y árabe, que resonaban desde el atril de la tribuna. Era Jatri Aduh, la voz de un periodista que narró los años de la guerra en la emisora nacional saharaui, en la que se leían los comunicados de las epopeyas y victorias del ejército saharaui cuando infligía en combate severos castigos a las tropas enemigas marroquíes, en Zalaga, Uhud, Amgala, Guelta o Leboirat.

- Querido poeta, hace meses que te hemos observado en las pantallas de las televisiones vía satélite. Aquello fue como un sueño, hoy estás entre nosotros, recibido con todo nuestro amor y cariño. Bienvenido, bienvenido, querido “príncipe de los poetas”…

Tras la elocuente intervención subió un invitado especial y al ser presentado como “de la hermana Sudáfrica” un estallido de gritos de azgarit y el comienzo de una ola de público surgida tras levantarse la primera fila reservada para el presidente saharaui y los invitados. Ovación de agradecimiento y congratulación hacia el representante de la poderosa nación africana que apoya a la causa saharaui.

- He venido aquí para trasladaros el incondicional apoyo y solidaridad de mi país, Sudáfrica. Hace años creíamos que éramos la última colonia en África pero después de conseguir nuestra libertad, aún falta la del pueblo saharaui…este acto y la presencia de este poeta mauritano que ha venido para apoyaros me hace recordar la historia del gran poeta chileno Pablo Neruda cuando luchaba con su verso contra las dictaduras en su país y en toda Latinoamérica. También recuerdo una obra de teatro de Shakespeare en la que escenificaba la entrada a un escenario y la salida del mismo. Y os digo que sobre este escenario estamos entrando unidos y saldremos juntos.

Entonces subió al atril el poeta Sidi Mohamed uld Bomba en medio de azgarit y ovaciones de agradecimiento al poeta hermano mauritano.

- No tengo palabras para describir la belleza de vuestra tierra desde Leyuad, Tiris, hasta aquí donde me estáis recibiendo.

El ganador del premio “príncipe de los poetas” después de una breve intervención en la que dedicó el premio que había ganado al pueblo saharaui, afirmó ante los presentes:

- Queridos amigos, creedme, creo que no hay ningún intelectual mauritano que no lleve la causa saharaui en su corazón, y este pueblo saharaui inevitablemente logrará sus aspiraciones.

Sidi Mohamed acabó entregando al pueblo saharaui el anillo de la poesía de la mujer árabe como el mejor recuerdo de su apoyo, lo hizo a través de su presidente Mohamed Abdelaziz, quien subió al estrado y recibió, entre aplausos y ovaciones del público, el anillo de la poesía de la mujer árabe.

Debo decirles amigos lectores que este momento fue el más emocionante, cuando el presidente devolvió el anillo al poeta para que lo depositara en el mejor lugar posible, como se hace con los tesoros, hasta el día en que el pueblo saharaui retorne por completo a su capital, El Aaiun libre. Abdelaziz se pronunció en estos términos, dirigiéndose al poeta mauritano y con el anillo entre sus dedos índice y pulgar:

- A este anillo le haremos un lugar especial y descansará en nuestro Museo Nacional en El Aaiun el día en que por fin estemos todos en El Aaiun.

Abelaziz se dirigió al poeta en nombre de todos los saharauis para darle las gracias por su muestra de apoyo y simpatía hacia nuestra lucha y nuestro pueblo.

- Creemos en su amor hacia el pueblo marroquí, y valoramos que este hecho no le haya impedido condenar la injusticia cometida contra el pueblo saharaui. Algún día esta postura será el ejemplo a seguir por parte de todos y en especial aquellos que aman la paz y la libertad.

Y acabó el acto con una recitación de poemas con la que el autor dedicó y deleitó a los saharauis y a su público; pude recoger sobre la marcha estos versos:

(…) Camina saharaui,
camina,
Ven y camina,
Levántate anciano
Levántate joven (…)

Abdelaziz antes de terminar reiteró que los saharauis estarán al lado de sus hermanos en los territorios ocupados y citó el nombre de los siete activistas saharauis presentados a un tribunal militar en Rabat la semana pasada.

- Marruecos no nos deja opción para la paz, y la guerra en estos momentos es una opción presente.

Pero yo he preferido quedarme con el sabor del lenguaje del poeta, una hermosa mujer árabe, un anillo, el calor del lenguaje de los amigos de Sudáfrica y los versos de paz y libertad que predica el poeta mauritano Sidi Mohamed uld Bomba.


Bahia Mahmud Awah, desde los campamentos de refugiados saharauis






martes, octubre 20, 2009

Alicante. Mesa redonda. La Palabra de la Memoria



La Palabra de la Memoria. Pasado, presente y futuro de la literatura saharaui.

Participan Chejdan Mahmud, Luali Lehsan y Larosi Haidar. Modera: Antonio Mula (Catedrático de Literatura de la Universidad de Alicante)

22 de octubre de 2009. Alicante





jueves, octubre 15, 2009

Onomástica


*Foto: Christine Spengler

Las primeras construcciones que los saharauis levantaron en la Hamada del exilio, no tenían los nombres que tienen hoy. Nada tenía nombre, tal vez porque no había tiempo para pensar en nombres o tal vez era porque a nadie se le había ocurrido.

Cuando los primeros campamentos se instalaron en territorio argelino, empezaron a llamarles por los nombres de los sitios donde se iban instalando. Annibca, Laueina, Sabty, Bir toulat… En el desierto no existe ningún accidente geográfico que no tuviese nombre, incluso en la Hamada.

Se instalaron alrededor de los pozos que había en esa remota región que con sólo nombrarla, las abuelas metían los dedos en la arena e imploraban el perdón y la clemencia del altísimo.

Los nombres que conocemos ahora, excepto Annasar (La victoria) el campamento que se levantó en Rabuni, llegaron después.

Alguien decidió que los campamentos tendrían los nombres de pueblos y ciudades del Sáhara, que los internados serían fechas históricas, que los colegios, hospitales, centros de formación, etc. tendrían nombres de hombres y mujeres que dieron su vida por la libertad del Sáhara, también nombres de amigos de la causa, así como de ciudades extranjeras o acontecimientos importantes en la historia de la lucha de los pueblos por la liberación.

A mediados de los años setenta y debido al cambio que significó la lucha por la independencia, en la vida de los saharauis, la onomástica saharaui comenzó a evolucionar. Ese cambio se produjo sobre todo en los nombres de las niñas. Nombres como Revolución, Revolucionaria, Militante, República, Las masas, Los fusiles, llegaron con el fragor de la batalla, fueron días difíciles y duros, pero el milagro de la vida no se podía posponer y había que ponerle nombre.

Benin, Yemen, Sáhara, Saguia, Sario, nombres lejanos, amigos, cercanos, de la tierra…

Eran tiempos de aprendizaje, de formación, de enseñanza para todos y alguien pensó que era un bonito y, quien sabe, hasta premonitorio y bautizó a su hija con el nombre de Atakwin (Formación).

La primera caravana de ayuda humanitaria que llegó a los campamentos coincidió con el nacimiento de una niña. Sus padres, en agradecimiento por el gesto humanitario, decidieron que la niña se llamase, Alkáfila (Caravana). Nombres, deseos, sueños, esperanzas.

Ruyuu (El retorno) Amal (Esperanza) Alhurría (La libertad) Alwihda (La unión). Nombres que permanecen, que se renuevan, que se multiplican.

En el caso de los niños varones, la onomástica, apenas sufrió cambios y se debe a que los padres adoptaron la decisión casi sagrada de poner a los hijos los nombres de aquellos que iban cayendo en el frente de batalla. Era un acto de compromiso, de continuidad, de permanencia. Cada bebé que llegaba y sobrevivía en aquellos años difíciles, representaba un triunfo, una victoria. Su vida era el símbolo de que la muerte no ha sido en vano, su vida llevaría el nombre de una muerte sagrada.

El escaso cambio se produce, cuando los padres deciden bautizar al hijo con el apodo, o sobrenombre con que era conocido algún guerrillero.

Las Resoluciones (Alkararat) es el nombre de un joven con la edad de la revolución, la edad de la lucha; que como cientos de jóvenes llevan, hoy con orgullo, los nombres de los mejores y queridos hijos del Sáhara; los que abrazaron la muerte porque no les dejaron otra opción para llegar a la vida.

Sus sueños, sus metas, sus aspiraciones, como sus nombres, permanecen, se renuevan, se multiplican.

En estos días renacen nombres de siempre con aromas nuevos, con vientos de libertad y con la convicción de la victoria.

Hoy nacen Aminetu, Ali Salem, Luali, Mohamed, Sultana, Hmad, Naama, Sukeina y cientos de nombres, ancestrales nombres, de mujeres y hombres, de jóvenes y niños que se levantan cada día, decididos a enfrentarse a la muerte, resueltos a resistir frente a las garras de la bestia.

En estos tiempos de terror, de torturas, de violaciones, tiempos en los que se intenta silenciar y apagar la voz de la razón.

En estos tiempos en que el derecho internacional es pisoteado y que el olvido, el abandono y el mirar a otra parte pactan las soluciones.

En estos tiempos desafortunadamente injustos, los saharauis seguimos enfrentando las calamidades que se nos acumulan.

Intentan acabar con nosotros, borrarnos del mapa, quitarnos los nombres, pero ahí estamos remendando nuestra jaima en plena tempestad, ahí estamos remendando nuestras huellas para que no puedan borrar nuestro rastro, ahí estamos fieles a los que han muerto y a los que morirán por esta causa, aquí estamos bautizando cada día la historia, firmes y decididos a continuar la lucha hasta la victoria definitiva.

Ebnu, 28 de Septiembre de 2009

sábado, octubre 03, 2009

Los hombres de la tierra. Capítulo I


Gualicho es la destrucción…
En la llanura se respiraba un aire pernicioso, cargado de adversidad. El rayadito había faltado a su cita para sanarle la patita coja, la garza estaba más arisca de lo habitual, y el pequén llevaba días sin salir de su cueva. Se tocó su kelkay, el collar siempre le había dado suerte. Fue el presente de su padre el día que Ayelen, de la estirpe de los Mañke-Cóndores, se convirtió en la nueva machi del poblado.

Se aferró al relieve del árbol rewe, símbolo de los chamanes de este lado de la cordillera, hasta que la humedad de la sangre le hizo reaccionar. Pensaba estar preparada para cualquiera de las maldades de Gualicho tras tantos años de enfrentamiento. Sin embargo, su apariencia horrenda, dientes negros enmarcados en un rostro pálido salpicado de pelos, ya anticipaba lo peor. Amparado en la impunidad de un nuevo poder, soplaba abrasadoras nubes rojas que cubrían el cuerpo de la víctima, asfixiándola de calor. Sus artes perversas habían conseguido acabar con la mitad del poblado. Pero era el temor a lo ignoto lo que más inquietaba a Ayelen. Gualicho no era tan mortífero, ¿qué o quién le había hecho tan fuerte?

De día agotaba sus pensamientos yendo de tienda en tienda a prestar ayuda médica a enfermos y familiares. Por la noche se acurrucaba en las memorias de la infancia. Ni siquiera cuando el dios Elan vomitó fuego hubo tanta desolación en el valle. Sus paisanos lo achacaron a un enfado del dios por la tardanza en la ofrenda. Ayelen sabía de buena fuente que no fue tal necedad, sino un empacho; no debían haberle dado tanta comida en su ausencia.

Muchas voces se levantaron contra la decisión del jefe en aceptarla como sucesora de su padre. Ahora no sabía qué pensar. Quizá la cegara el orgullo. Tendría que decidirse a dar el paso…

Gualicho es la destrucción…Gualicho es la destrucción.
La señal de aviso llevaba días despertando a Salem, en la otra orilla del océano. A pesar del tono de advertencia, quería seguir escuchando la voz dulce, segada por un ligero tinte de desesperación, esa voz desconocida, a la que, no sabía cómo, empezaba a poner rasgos faciales….pero el sol asomaba por el lateral derecho de su jaima.

Salem llevaba semanas ensayando la danza de moda, la danza del dlim. Buscaba una ocasión para atraer la atención de una chica especial, y la fiesta de una boda en el frig vecino se la brindaba. Eso sí, las condiciones de la oferta eran duras, para su dignidad. Él nunca había bailado, y esta danza no se lo estaba poniendo fácil. ¿Qué idiota se entretendría en imitar los pasos imposibles de un avestruz?, pensaba Salem. Y aun suponiendo que me los aprendiera, ¿cómo narices voy a conseguir aparentar la elegancia esperada? Salem estaba atascado.