domingo, agosto 30, 2009

El reto de educar en la interculturalidad



Ponencia presentada en la mesa redonda "La escuela desde otras miradas". Cursos europeos de verano. Palacio de Miramar Universidad del País Vasco, agosto 2009.


EL RETO DE EDUCAR EN LA INTERCULTURALIDAD

Educar y preparar a las nuevas generaciones es una necesidad imperiosa, nuestra sociedad tiene la obligación de entender la nueva realidad de la escuela en cuyas clases podemos encontrar a niños provenientes de America Latina, Asia, África, y Europa del Este. Estos nuevos alumnos llegan con sus lenguas y sus costumbres para introducirse en un nuevo sistema de enseñanza en el que buscan las herramientas necesarias para integrarse en la sociedad de acogida.

La mayoría de los niños inmigrantes en Álava suelen escoger el “Modelo A” en el que el euskera figura como lengua extranjera y la enseñanza se hace en castellano. Los padres de estos niños eligen este modelo porque resulta menos complejo para sus hijos y acuden a la escuela pública cuyos centros están en la zona del Casco Viejo, Coronación y Judizmendi.

Esta realidad hace a este modelo adquirir menos valor para los alaveses que en su mayoría escogen los modelos B y D, esto lleva a que muchos de los niños inmigrantes se concentran en determinados colegios e institutos y no tienen contacto con los niños autóctonos. Esta situación nos pude llevar al nacimiento de un gueto que con el tiempo puede derivar de forma irremediable en un alto índice de fracaso escolar. Por eso desde el gobierno vasco se baraja la posibilidad del sistema de cuotas en el que solo se admite una determinada cantidad de alumnos extranjeros por colegio.

El gran desafío para los niños inmigrantes es el tema de la lengua, por una parte hacer todos sus estudios en castellano y estudiar el euskera como lengua extranjera o impartir todas las asignaturas en euskera y estudiar el castellano como lengua extranjera, esa es la cuestión que tenemos que analizar con detenimiento y buscar una solución que le permita a estos niños una mayor integración dentro de una sociedad marcada por una realidad bilingüe.

Cualquier iniciativa que se haga desde la administración tiene que tener en cuenta que estos alumnos tienen características especiales: muchos de ellos hablan otras lenguas e incluso tienen una identidad cultural marcada por una realidad distinta a la que conocemos aquí.

Para evitar choques en la enseñanza hay que analizar con detenimiento los distintos colectivos y trazar estrategias que permitan al niño inmigrante beneficiarse del sistema educativo sin que sienta que la lengua de sus padres y la de la escuela son incompatibles.

Que vea en la diversidad lingüística una verdadera necesidad y un reto de superación que le permita establecer vínculos con su sociedad de origen y la sociedad de acogida.

Es necesario que parta desde sus raíces y florezca conociendo sin complejos la nueva sociedad en la que esta viviendo; así podrá forjar una nueva personalidad intercultural capaz de comprender los desafíos de un mundo condenado a la diversidad para superar sus antiguos prejuicios.

Leyendo al escritor libanés Amin Maalouf, he encontrado una curiosa cita en su libro León Africano que en cierto modo adquiere para mí un significado especial porque expresa la necesidad de apostar por un mundo donde el lenguaje y la identidad sirvan como riqueza para romper las fronteras que nos pueden separar y no para dividir desde el paradigma del miedo a lo desconocido.

Maalouf afirma a través de su personaje León Africano:

Por boca mía oirás el árabe, el turco, el castellano, el beréber, el hebreo, el latín y el italiano vulgar, pues todas las plegarias me pertenecen. Mas yo no pertenezco a ninguna. No soy sino de Dios y de la tierra, y a ellos retornaré un día no lejano.


En Álava y concretamente en Vitoria esperamos que todos esos niños y niñas que se enfrentan diariamente al problema de la lengua en distintos colegios de la ciudad puedan dar el salto definitivo y crecer desde la diversidad sabiendo que ellos deben ser las futuras generaciones que van a enarbolar mejor que nosotros el mensaje de la diferencia y la tolerancia.

Ali Salem Iselmu.



lunes, agosto 10, 2009

Una cita con Yahya


Ella no cabalga al lado del caminante de pasos firmes y lengua mojada. Ella es cómoda y sabe esperar su hora, hace mucho tiempo que había chupado los pezones de las serpientes y amasado las habilidades de las iguanas, había soplado al sol para saber saciar su sed de espejismo. Se arrima primero a sus espaldas en su intento de cansarlo, de rendirlo, dificultándole la firmeza de sus pasos en las calientes dunas. Luego comienza chupando toda la humedad que puede tener su cuerpo. Entonces se siente cómoda y comienza a serpentear mientras la sed debilita sus rodillas hacia su cuello, exprimiendo su garganta con su aliento caliente y esponjado convirtiendo lo que puede quedar de su saliva en una especie de espuma blanquecina y seca, como de lana, que va levantando grietas al ser tragada por su garganta.

Llegado a este extremo el caminante siente su peso, cae sobre la arena. Ella se desliza mas abajo contradiciendo sus pasos. Él vuelve a levantarse con la boca entreabierta y la arena pegada a su cara, el sol está a dos palmos de su cabeza y el agua que ella dibujó a dos pasos, vuelve a caer, se levanta a duras penas. Ahora ella está a su lado, libre, hombro con hombro, paso a paso, vestida con su sombra, tirando de él de un lado a otro. Él comienza a sentir miedo, a distinguir sus terribles rasgos entre la soledad del desierto, sus hondos ojos oscuros como las profundidades de dos pozos secos y sin fondo, nublándole la mirada, su nariz hueca como una tumba a veces abierta y a veces cerrada, robándole poco a poco el aliento, su boca una inmensa cueva con cráneos medio enterrados en la arena, cubiertos con un silencio estridente, escondido de la existencia, perforándole el tímpano. En este momento Yahya, aturdido, se desploma sobre sus rodillas con los brazos caídos, ella comienza a girar a su alrededor en forma de tornado de arena, de repente se eleva unos cuantos metros del suelo y bruscamente baja como si intentara traspasar la arena.

En cuestión de segundos una aire caliente se expande y le golpea todo el cuerpo, Yahya cae de bruces sobre su espalda, hunde sus manos en la arena y aprieta los puños con toda su fuerza o más bien con toda su vida. Y lentamente comienza a esbozar una sonrisa de otros tiempos a medida que va abriendo las manos. En Tiris está lloviendo, todo es verde, él junto a los niños del frig, entre las flores silvestres del desierto, da vueltas con las manos extendidas y canta “zidi, zidi ya shab ragab, ragab ya nau”[1]. Acto seguido abre los ojos y recuerda que tiene una deuda, gira la cabeza para levantarse. Ella, que lo contempla, se desvanece hacia todas partes, detrás de otras huellas.

Saleh Abdalahi Hamudi

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[1] Canción que cantan los niños saharauis cuando viene la lluvia, dice algo así como "Más, más lluvias, no pares lluvia".