jueves, julio 30, 2009

Los eruditos contemporáneos. Mohamed Abdelahi uld El Ghalaui, juez y poeta, una gran figura de las letras saharauis


Ely el partisano altivo.



La identidad que adquieren los pueblos a lo largo de su historia prolifera y se distingue con el transcurso de la historia, sobre todo al instituirse sus principales bases. Un perfil que ha de fundamentarse en sus figuras históricas que hayan surgido de su evolución social como los eruditos, los sabios, los discípulos, los guerreros, los poetas y los grandes expedicionarios. De este progreso social nacieron grandes hombres que adquirieron en siglos pasados una extraordinaria dimensión cultural que serviría para determinar la geografía física y social de cualquier pueblo, en nuestro caso el saharaui.

Es por ello que durante el siglo XVIII y los comienzos del XIX se produce la Primera Edad de Oro de la cultura saharaui, fruto de la existencia social sobre un medio geográfico identificado y representado por tres ilustrados eruditos como Chej Mohamed El Mami, Chej Ma El Ainin y Chej Mohamed uld Mohamed Salem, prominentes e indiscutibles representantes de la Escuela del Pensamiento saharaui precolonial. Y muchos nos interrogamos sobre el postulado de estos eruditos que se heredó tras su ocaso, es decir la historia de los discípulos que continuaron su obra. Qué se sabe de ellos, cómo trasladaron el pensamiento de sus maestros y quiénes fueron. Sin embargo si buscamos la respuesta a estos interrogantes, encontramos tal vez la pregunta y la explicación en este sabio proverbio saharaui امنين هي زبدت البن dónde está la manteca de la leche[1].

Mi abuela Galia cuando evocaba a Chej Mohamed El Mami decía يااشيخ محمد المامي و اتفاكك لكويدسى ¡Oh Chej Mohamed El Mami y tu discípulo Legüeydsi! Es indudable la influencia para aquellas generaciones de estos discípulos o talamid que sirvieron como auxiliares y aprendices de nuestros eruditos y sabios. Sin embargo si indagamos en su historia poco encontramos sobre ellos en la memoria de la gente, salvo lo referido a los más destacados en su época. Y aún menos referencias encontraremos en los escasos y descatalogados libros publicados en aquellos años. Dónde están todas estas figuras de nuestra historia y sus descendientes intelectuales, talamid, quienes guardan curiosas historias biográficas, reveladoras de la obra de cada uno de nuestros grandes pensadores. Estos personajes del acervo cultural son leyendas, muchas veces inéditas, en la memoria de nuestra sociedad. El paso del tiempo sin que se retuviera o registrara el auge de estas grandes figuras conllevó a un eslabón perdido en el que ha ido desapareciendo la obra oral de prestigiosos eruditos a lo largo de nuestra Historia.

En el caso de los eruditos, incluso en los contemporáneos, apenas ha quedado obra alguna escrita, sí ha permanecido el reconocimiento a la labor que aportaron a la sociedad. Se pueden mencionar y exponer numerosos nombres como vivos ejemplos. Un caso concreto es el del erudito juez y poeta Mohamed Abdalahi uld El Ghalaui, relevante figura de la memoria histórica saharaui, a quien va dirigido este homenaje.

En los años setenta mi familia vivía en un bloque de casas de protección social, las primeras que la metrópoli repartía a la población saharaui que empezó a abandonar la badia y se incorporaba a los pequeños núcleos urbanos en busca de un sustento, que se encontraba para la mayoría en la administración o en la vida militar. Mi padre prestaba servicio como militar y le correspondió una de aquellas viviendas, recuerdo que fue el año 1971. En la esquina de nuestro bloque había una casa, su dueño la alquiló a un comerciante, juez y poeta muy conocido y de buena reputación entre la población. Enseguida se convirtió en un gran amigo de mis padres, y no por la vecindad, sino porque lo conocían de mucho antes, cuando nomadeaban en la región de Tiris. Mis padres hablaban de él y decían que era un gutbun min culi fanni, es decir un extraordinario referente en el saber. La palabra gutb etimológicamente procede del árabe clásico y significa polo, pero el vocablo es interpretado por la gente como erudito, sabio o genio en todo conocimiento del saber, sin que apareciera por medio el término discípulo. Pero si nos preguntamos por qué esa mutilación de la expresión “discípulo” ante la definición cutb, quizá hallemos varias razones como respuesta. El auge tribal de aquellos tiempos que no dejaba destacar la vida de un discípulo fuera de su entorno social, tribal. Por otra parte también influía el entorno geográfico, la población de un entorno diferente al del personaje no conocía con detalle su biografía. A esto hay que añadir otros prejuicios que subsistían en una sociedad que siempre ha estado enfrentada contra muchos intentos de dominio que llegan del exterior. Al tratarse de una población eminentemente nómada, que exigía ciertas condiciones al hombre como guerrero para defenderla en una época de incursiones extranjeras y de la piratería de los gazi[2].

Así los que se dedicaban al saber eran denominados “hombres del libro” y eran considerados como protegidos por los guerreros, atribuyéndoles a los hombres de letras esa desventaja con respecto a los que luchaban y su papel era limitado a un simple talmid, discípulo, sin que la sociedad de entonces considerara su condición de futuro erudito o sabio, minimizando en cierta forma su importancia aunque en otros tiempos fueron guerreros. A propósito recuerdo que leí una vez en una revista árabe un artículo sobre la muerte de Federico García Lorca. En ese trabajo se contaba que un oficial se acercó al general Franco y le comunicó que García Lorca había muerto. Franco le preguntó que quién era García Lorca, entonces el oficial volvió a responder a la retadora pregunta del dictador “mi general, García Lorca, el poeta”. Franco de suficiente sabía quién era aquel García Lorca, y de forma desafiante le sostuvo la mirada a su cargo militar y le dijo en tono mordaz “en estos momentos no necesitamos poetas”.

Obviamente se entiende que la época de estos eruditos y sus discípulos eran otros tiempos en los que primaban intereses caracterizados por la confrontación y exhibición de fuerza, más que la intención de dedicarse al saber o al estudio de la obra de un erudito o su discípulo. De hecho estos talamid asumieron esa definición, “hombres del libro”, impuesta por la naturaleza de su sociedad y la coyuntura en la que se articulaba esa época. Lo cierto que estos versos que a continuación citaría de un poeta árabe de la época, donde vertía toda su crítica contra esa concepción errónea sobre los discípulos nos situarían en el contexto en el que estos grandes maestros afrontaron las ofuscaciones de su tiempo. Los versos nos acercan a una época de supervivencia en los que el buen linaje y la supremacía guerrera caracterizaban la configuración social de esa época.

كن إبن من شئت واكتسب الدبآ
يقنيك مدمنه عن النسبا

Se hijo de quién quisieras,
y bebe del saber,
te es suficiente para
emanciparte.

De Mohamed Abdalhi uld El Ghalui, juez y poeta, guardo una fotografía en mi memoria: un hombre alto y delgado con un cuerpo ancho que le daba mucha elegancia al enfundarse en su galante darraa, un hombre de carácter alegre y amable con quien se cruzaba en su camino. En multitud de ocasiones lo escuchaba conversando con sus amigos y me llamaba la atención su voz grave, imponente y atractiva como la de un doblador de películas, era una persona de mucho don, y referencia para la población en casos de pleitos o disputas consuetudinarias.

Sin embargo la historia de este personaje de nuestra literatura es asombrosa y a la vez oculta para muchos, como la de tantos discípulos de nuestros grandes eruditos. Y esta es una deuda con la historia pendiente de saldar por la sociedad saharaui. En los años en que yo cursaba primaria, uno de sus hijos estudiaba secundaria en el único colegio que compartíamos, pequeños y mayores en Auserd. Su familia residía en el nuevo barrio de las bóvedas blancas en la parte occidental del pueblo. Muchos años más tarde, en mis estudios en el exilio, tuve una excelente amistad con su hijo Enna. Un joven alto y delgado con cierto aire de muy aplicado, aunque no presumía de ello, sí que se notaba la excelente educación que le había sido proporcionada por el padre. El destino y el proceso social y político que vive nuestra tierra me llevó a conocerlo con cierta conciencia y madurez juvenil, muy diferente a la de aquellos años en nuestro pueblo Auserd.

En la última década, de mi segundo exilio, me están sucediendo cosas que no sé cómo explicar, tal vez por la densidad de información y acontecimientos que se han ido acumulando sobre mi conciencia. Más bien la de toda mi generación, a la que le ha tocado asumir ese largo proceso e injusto destierro. A veces la memoria me lleva a historias que tenía retenidas oralmente desde los recuerdos de la infancia, reminiscencias de un niño que fue madurando antes que la de cualquier otro que no hubiera sufrido el hambre, la guerra, el exilio y la diáspora, pero no el desarraigo. Antes oía que los padres nos decían escuchad pero no intervenid en los asuntos de los mayores cuando los temas eran de interés mutuo o común. Al día siguiente en el pastoreo o yendo al colegio procesaba toda aquella información que había escuchado… historias de los gazi, hazañas de guerreros, el derrumbe de un pozo, la oralidad de un erudito, una comentada poesía de gestas y epopeyas o de enfrentamiento del genero picaresco entre poetas de la época... Creo que esta es la razón que me ha llevado a reactivar en mis adentros todas aquellas historias que mis padres contaban y que he mantenido condensadas durante todo estos convulsos tiempos. Muchas veces confundo a los amigos en esta faceta, digamos oculta, en el dominio de nuestra cultura. Y es que la apariencia muchas veces nos engaña. Cuántas veces me he disgustado por la falsa visión con la que te toma alguna gente y te descoloca fuera del nivel de los demás en estos temas de la idiosincrasia cultural. “Fulano ha estado estudiando fuera y no sabe de estos temas…” cuando en muchos casos se trata del pastoreo y su arte de supervivencia en la badia, o cuando se trata de la poseía en hasania o de los eruditos y sus discípulos. No digo que no haya gente con estudios y títulos que no conozcan su identidad cultural, aunque nunca es bueno caer en estereotipos o juzgar antes de conocer.

Dejadme con mis preocupaciones y mi humo,
Soy la herida cicatrizada.

Son versos del gran poeta y diplomático sirio Nizar Qabani. Lo encuentro como excusa para ese tipo de confusión en el que injustamente caen algunos contra muchos.

Volviendo a buscar “la manteca de la leche”, como dice el proverbio, no dejo de preguntarme por qué entonces no conocemos nada sobre esta escuela del pensamiento literario y sus maestros o talamid. Ni Julio Caro Baroja en su obra antropológica Estudios Saharianos se refirió a ellos, ni el expedicionario francés Camille Douls hizo mención en su famosa trilogía “Cinq mois chez les Maures nomades du Sahara occidental”, libro sobre el viaje que hizo en 1887 y del que surgieron tres libros colmados de observaciones sobre la vida de los nómadas, tradiciones y costumbres que sirvieron para conocer mejor la sociedad saharaui de aquella época. A todos ellos pesará la deuda con nuestra historia, y también caerá el peso de la historia sobre nosotros, en otros términos, sujetos principales en investigar y difundir estas delicias de nuestra literatura.

Ángel Doménech La Fuente con excelencia nos acercó en su obra a “Ma El Ainín Señor de Semara” título tal como lo escribió el propio autor. Y en el que dejó plasmada la vida y obra del sabio y sus miles de discípulos, pero sin que nos detallara o especificara los nombres de aquellos seguidores, excepto los descendientes familiares del erudito. Aunque Doménech señalaba a un tal Mohamed Sbera, un cristiano sirio convertido al Islam y que se llamaba Spiridón Ayoub, al que se creía procedente de Túnez y hablaba francés, inglés y español, pero esta es otra historia.

Me inquieta que hasta en la mente de los prestigiosos y contemporáneos hombres de letras saharauis los discípulos de los sabios no hayan sido interpretados ni definidos como grandes maestros continuadores de la obra del propio erudito, sin que hayan sido reconocidos como sustitutos generacionales del sabio que les había transmitido su obra. Los griegos explicaban sobre estos doctos discípulos y decían que se llamaban maghthv (matee –te-s) término que se refiere generalmente a cualquier estudiante, alumno, aprendiz, o partidario. En el mundo antiguo, sin embargo, es comúnmente asociado con personas que eran seguidores devotos de un gran líder religioso o maestro de filosofía. Y es evidentemente el mismo concepto que nuestra sociedad ha dado a los talamid de un erudito. En ambos casos, el discipulado significaba algo más que la inculcación de información que el discípulo recibía del erudito infundiendo sus valores y reproduciendo sus enseñanzas.

Recientemente recuperé el contacto con Enna Mohamed Abdalahi El Ghalaui, hijo del erudito prominente juez y poeta, un amigo al que anteriormente me había referido y quien me ayudó con sus conocimientos y la información que domina sobre la biografía de su padre. Me introduciré en su historia como un referente de nuestra literatura hasaní, ya que él fue uno más de los destacados eruditos de la Escuela del Pensamiento saharaui del siglo pasado.

En este encuentro con Enna intercambiamos una interesante charla que se centró en el desconocimiento que tenemos los saharauis sobre los discípulos de nuestros genios de los siglos pasados. Le puse como ejemplo al jurista Mohamed uld Mohamed Salem y le pregunté si sabía de él y si tuvo cofradías. A raíz de nuestro diálogo supe que tiene varios descendientes directos que actualmente viven en la ciudad ocupada de Dajla, antiguo Villa Cisneros, que deben ser de más de una generación posterior a la suya, nietos o bisnietos, y que están ejerciendo su labor como grandes maestros y juristas del derecho consuetudinario aún vigente entre los saharauis, sobre todo los residentes en las ciudades ocupadas donde Marruecos impone a la población saharaui sus propias leyes y entre los que residen en Mauritania.

Mohamed Abdalahi uld El Ghalaui, juez y poeta que fue gran amigo del poeta y erudito Chej Luali, hijo del al-lama[3] Chej Ma Elainin, nació en 1914 en El Bayed Mauritania, descendiente de una familia conocida por su sabiduría y prestigio social, condición que marcaría su formación y trayectoria como poeta y juez reconocido por la sociedad que le acogió como patria desde su juventud a raíz de su activismo anticolonial francés. Rebeldía que más adelante le acarrearía las típicas e históricas consecuencias que padecieron a lo largo de los siglos estas figuras de las letras en general, la persecución y el destierro. Desde muy temprana edad, inició sus estudios en la escuela tradicional, almahdara[4], bajo la tutela de su tío, considerado hombre del libro. Mostró en ese periodo su gran capacidad e inteligencia de absorber toda la información que se le fue suministrando durante aquella época de su vida. A los nueve años memorizó los sesenta capítulos del Coran, los principios básicos de la Teología y la obra más importante de la literatura árabe, los Mualaghat, la obra literaria pre islámica por excelencia y cimiento básico en nuestros días para la gramática de este idioma, una obra conocida como “las siete maravillas de la literatura árabe”.

Mohamed Abdalahi continuó sus estudios frecuentando los centros más importantes y los sabios más destacados de esa época, hasta obtener títulos de considerable reconocimiento otorgados por almahdara y el reconocimiento por parte de sus maestros y coetáneos. Su gran talento y su espíritu de libertad le impulsaron a simpatizar desde muy joven con el movimiento político-religioso anticolonialista dirigido por Chej Hamahul-lah contra la presencia colonial francesa en Mauritania. Después de participar en varias operaciones, destacándose por su valentía, fue hecho prisionero por las tropas francesas, junto a un grupo de compañeros de armas y en juicio militar sumarísimo fueron condenados a la pena capital, por un tribunal militar francés.

Pero Mohamed Abdalahi, en espera de la ejecución y en una intrépida acción, consiguió fugarse de la cárcel junto a dos de sus compañeros, antes de ser ejecutados. Suerte que corrió el resto del grupo alrededor de 20, que fueron ejecutados por los franceses. En esa época Francia intentaba ejercer su hegemonía sobre toda esa región del Sahel y el norte del continente africano a excepción del territorio del Sahara Occidental tras muchos intentos frustrados hasta el 1912. El Ghalaui, al encontrarse en busca y captura ordenada por el mando francés y temiendo las represalias que pudieran tomar contra su familia si salía a la luz que le encubrían, optó por el exilio, dirigiéndose hacia el entonces Sahara Español, donde se quedaría para siempre. El Ghalaui en su evasión a principios de los años 40 llegó a la región de Tiris donde conoció a la prestigiosa familia saharaui Ahel Daf, familia con la que inició una gran amistad y protección. Ante el peligro de persecución los notables de la familia Ahel Daf le aconsejaron alejarse de la frontera franco-española por temor a que fuera descubierto por las tropas francesas que solían patrullar por las fronteras, y le sugirieron reunirse en la zona de Uad El Hauli con el hijo de Chej Ma El Ainin, Luali, enemigo declarado de los franceses y a quien también habían encarcelado años atrás. El Ghalaui, tras conocer Ahel Edad y a Chej Luali, comenzó a asentar sus raíces dentro de la sociedad con la que compartió principios y lucha contra el dominio colonial.

En Chej Luali encontró un personaje que gozaba de una inmensa autoridad moral y religiosa entre los saharauis. El Ghalaui fue bien recibido y considerado debido a su nivel cultural y su historial de lucha compartida por el propio anfitrión, el poeta y erudito Chej Luali, y junto a esa familia se incorporó definitivamente bebiendo de la sabiduría de su benefactor. Y en reconocimiento a su integridad moral y su elevada formación, Chej Luali, máxima autoridad espiritual de la zona y punto de referencia de la sociedad saharaui, le nombró cadi[5], cargo que más tarde fue corroborado por la administración española y que desempeñó hasta los años setenta. Mohamed Abdalahi tras convivir varios años con su amigo Chej Luali sintió la necesidad de profundizar su formación en el derecho consuetudinario de su sociedad y decidió ingresar en 1947 en la escuela del sabio Mohamed Limam uld Chej Ma El Ainin en Sidi Ifni, entonces protectorado español. El Ghalaui cursó sus estudios superiores en leyes en la prestigiosa escuela del hijo de Chej Ma El Ainin.

Tres años más tarde Mohamed Abdalahi al concluir su formación, adquirió otra faceta aparte de juez, sus versos comenzaron a surcar muchos corazones en la tierra de los poetas, Tiris. A principios de los años cincuenta regresó a Tiris, donde había dejado a la familia Ahel Daf y a Chej Luali, y allí contrajo matrimonio con Tfarrah Chej Mamina, descendiente de Chej Ma El Ainin, con la que tuvo tres hijos y una hija.

Continuó ejerciendo como juez ganándose el respeto y la consideración de todos por la claridad de sus decisiones y la imparcialidad en sus fallos, y destacándose por su gran capacidad de persuadir a los litigantes haciendo llegar a acuerdos en bien de las partes y de la sociedad en general.

En 1960 fue nombrado por el Gobierno General del Sahara Juez Supremo de la Justicia Cheránica, con sede en El Aaiun y jurisdicción sobre todo el territorio. Ante el prestigio y la formación que irradiaba dentro de la población, más tarde las autoridades españolas le encargaron elaborar y dirigir la enseñanza del árabe en el Sahara, además de realizar programas de carácter religioso y didáctico en la emisora que transmitía en lengua árabe desde El Aaiun.

En aquellos años, cuando su familia ya se había establecido en Auserd, yo escuchaba a un gran amigo en común que tuvo mi familia con El Ghalaui llamado Beisat uld Ameyar, un referente en la oralidad saharaui, reseñar la extraordinaria personalidad de Mohamed Abdalahi El Ghalaui como poeta y juez, testimonio que ahora me traen estas líneas escritas por su hijo Enna: “Fue siempre un miembro activo de la cúpula de la sociedad saharaui como persona de influencia, sabio, poeta, jurisconsulto y trabajador incansable por el bien común. Cualidades estas que le hicieron desempeñar el papel de intermediario e interlocutor en muchas ocasiones, en los conflictos y rivalidades sociales; labor que había ganado por su buena reputación y el consenso tribal sobre su persona, dadas las relaciones de amistad, respeto mutuo y consideración que mantuvo con todas las capas sociales saharauis. De ahí que fuera encargado de leer la carta de peticiones que formularon los jefes de las diversas tribus saharauis al General Franco. Carta que leyó en presencia y en nombre de éstos, en audiencia oficial en el Palacio de El Pardo en Madrid, en marzo de 1963”.

Hombre multifacético, excelente orador, brillante juez y poeta que escribió inspirado por el acervo cultural saharaui. Mohamed Abdalahi, compuso muchos poemas, tanto en hasania como en árabe clásico, versatilidad que distinguió también a otros grandes maestros como Chej Luali. Sus poemas son aún recordados y recitados hoy en día, sobre todo entre los originarios de Tiris. En la doctrina de la cultura saharaui se dice que el reconocimiento de un poeta se debe a que haya cantado a Tiris, de lo contrario no gozaría de ese reconocimiento social.

Tener memoria del pasado es saber conservar y alimentar la memoria del presente es, a mi entender, el arreglo principal que nos permite saldar nuestro compromiso con los que nos han dejado un hermoso legado literario para defendernos de la No identidad y transmitir esa herencia.

El Ghalaui en los años sesenta había dejado su familia en un lugar de Tiris junto al frig[6] de Chej Luali. Después de mucho tiempo la familia cambió de acampada a otro lugar donde había caído mucha lluvia. Un dayar[7] le informó a Chej Luali que su frig estaba acampado en una raida[8] rodeado de muchas aguas precipitadas en las cordilleras de Timicrarin El Baida. Entonces Chej Luali, inspirado por la hermosura de la tierra y la buena información recibida, retó a los jóvenes que lo acompañaban a celebrar la alentadora noticia de lefrig y las lluvias. Mohamed Abdalahi fue el primero en recitar con este poema compuesto por él:


مذكور انزل وتلاكطى يلبل لفريك افريظى
بين إزويليل وكطى وتمكرارين البيظى

A galope mi camello,
me susurran
que Lefrig
acampa en una raida
entre Zueilila, Agti
y Timicrarin El Baida

Y al escucharlo Chej Luali sentenció “más bello que éste ya no se puede escribir”, por lo que el poema es uno de los más memorizados entre los saharauis, en especial entre los habitantes de Tiris, región donde vivió Mohamed Abadalahi El Ghalaui hasta varios meses después la anexión del territorio por Marruecos. El poeta y juez murió en la tierra que le abrió los brazos y que tanto amó como sus condiscípulos y maestros. Se puede decir que es la tierra cuna de los eruditos y sus talamid. Porque guarda, entre otros, a Chej Mohamed Elmami, Chej Luali y porque también en ella nos dejó nuestro protagonista el 16 de febrero de 1976, vecino del monte Bu Lautad.

Bahia Mahmud Awah

PD: este trabajo se publicó el 30 de julio considerando Mohamed Abdalahi como discípulo, pero a raíz de unas aclaraciones de su hijo Enna se ha corregido el lapsus y con las explicaciones de Enna quedó claro que Mohamed Abdalahi uld El Ghalaui eminentemente fue un contemporáneo erudito saharaui. Reproduzco el texto íntegro que me escribió su hijo:Hola Bahia. He leído con mucha atención el artículo que en parte trata sobre mi padre, y digo en parte, porque, si bien lo biográfico corresponde a la realidad y parece ser que es lo que más interés ha levantado en los lectores, no fue así, sin embargo en lo que constituye la parte de enmarcación e interpretación histórica con la que se relacionó al personaje con el tema central del artículo. Como bien dices, los telamid son discípulos de los grandes sabios o chejs que se encontraban a la cabeza de escuelas de pensamiento, fundamentalmente teológico, predicando sus enseñanzas religiosas y sus diversas formas de culto y devoción en una especie de hermandades o cofradías. Tales escuelas, entre ellas las tres que has mencionado, han sido fundamentales en la formación del modelo cultural saharaui y han tenido muchísima influencia en la vida social y política de toda la región en determinadas épocas de su historia. Por tanto, considero que cualquier trabajo investigativo sobre estos grandes hombres es merecedor de respeto y apoyo. Sobra decir que cualquier homenaje a sus discípulos, continuadores de sus obras (autorizados y reconocidos por los maestros), es más que merecido. De ahí la gran importancia que tiene esta parte del artículo. Sin embargo, mi padre no se corresponde con el perfil de los personajes homenajeados, ya que no fue discípulo de ninguna escuela de pensamiento ni continuador de la obra de ningún gran maestro, esto lo digo en honor a la verdad y por honestidad intelectual, si lo hubiera sido estaría muy orgulloso de ello. Sí existieron discípulos y descendientes de estos grandes maestros que merecen ser mencionados en un trabajo como el que has hecho y no quisiera que se les quitara protagonismo. Espero que me entiendas y hagas la aclaración pertinente. Me gustaría que publicaras este correo y la reseña biográfica que te envié en su integridad. De todas formas muchas gracias por recordar a mi padre y escribir de el. Saludos y abrazos de tu amigo Enna.

-----------------------
[1] Célebre frase que se refiere al fruto que da una obra
[2] Piratería, en especial de ganado, que se hacía entre diferentes tribus rivales. Causada normalmente por desentendimientos o pleitos entre tribus
[3] Sabio, erudito
[4] Escuela de conocimiento, donde se estudiaba teología, literatura y religión
[5] Juez cheránico
[6] Conjunto de jaimas beduinas acampadas en la badia, la zona de pastos donde se nomadea con el ganado
[7] Buscador de camellos
[8] Lugar lleno de pasto verde donde ha caído mucha lluvia y los camellos pastan a sus anchas. Los nómadas se trasladan allí y acampan mientras dura el pasto

*La foto pertenece al periódico Paris-soir, en su número del 15 de agosto de 1933. Se refiere a un guerrero saharaui en lucha contra los franceses a las puertas de Smara, al que el periódico denomina "Ely el partisano altivo".

jueves, julio 23, 2009

La sabiduría de los cien dromedarios



Aquella jaima de color negro, levantada con dos troncos suaves y redondos me hacía recordar lo que más adoraba mi abuela: las esteras, los cojines y los cuencos en los que servía leche recién ordeñada de camella; con esa leche, el té verde y los dátiles agasajaba a los invitados que venían desde muy lejos siguiendo el rastro del pasto y la lluvia.

Interminables conversaciones tenía mi abuelo con los invitados bajo la luz de la luna y sobre una enorme alfombra frente a la jaima: empezaban a hablar sobre las tormentas de arena, sobre los pozos de agua, sobre los dromedarios y la lluvia.

En una ocasión recuerdo que mi abuelo empezó a narrar la historia de un gazzi[1] que había arrebatado a la fuerza cerca de cien dromedarios y huyó en dirección sur hacia el pequeño oasis de Atar. Querían escapar con todo el ganado y dejar a todas aquellas familias con algunos corderos y cabras, pero los hombres más jóvenes del frig[2] de los Mojtar se organizaron inmediatamente y emprendieron una rápida persecución siguiendo las huellas de ese temible gazzi que iba bien armado y organizado. Sabían donde estaban las montañas para refugiarse y los pozos de agua para aprovisionarse; pero había un factor con el que no contaban y eran las terribles tormentas de arena de otoño que te podían dejar aislado durante varias semanas. En esas condiciones climáticas nadie podía guiarse ni siquiera moverse y lo único que se podía hacer en esos días era quedarse quieto, encomendarse al destino y esperar. Los cien camellos usurpados no esperaron y de noche y en medio de la tormenta emprendieron el viaje de vuelta hacia su tierra sin que nadie se diese cuenta; pareceía que aquellos animales se sentían presos y querían volver hacia su zona de pasto con su manada.

Después de cinco días cesó el vendaval de arena pero no había ni un solo dromedario, los únicos dromedarios que quedaron son los que vinieron con ellos el primer día desde Atar, pero el resto de los animales desapareció con el viento; el líder del gazzi enfadado dijo:

– ¿Cómo es posible que no atáramos a los camellos de mayor experiencia? Son los primeros en levantarse, ese ha sido nuestro error; debimos atarlos porque estos animales siempre vuelven, conocen el color de la tierra, el tipo de vegetación e incluso saben de qué dirección sopla el viento, ese ha sido nuestro error.

Ninguno de aquellos hombres contestó, cada uno tenía la cara bien cubierta con su turbante y sentían una enorme rabia porque habían recorrido más de quinientos kilómetros y el propio desierto les arrebató el botín, ni siquiera fueron atacados en su huida.

Los cien dromedarios se cruzaron con sus dueños a la mitad del camino, los guerreros del frig de los Mojtar se quedaron sorprendidos cuando vieron que no faltaba ni un solo camello, uno de ellos desbordado de alegría exclamó:

– Nuestra tierra se ha vengado de ellos, lo que injustamente nos quitaron, la propia naturaleza del desierto se los ha arrebatado, nuestros dromedarios entienden la verdadera fuerza del espejismo y ellos solos han vuelto persiguiendo el refugio de nuestras jaimas.

Mientras el poderoso gazzi derrotado por la sabiduría de los dromedarios y las inclemencias del tiempo volvió a su tierra llena de dátiles y agua, pero con las manos vacías y el único recuerdo que quedó en sus mentes fue que la fuerza de los poderosos puede también ser derrotada por la fuerza implacable del siroco.

Terminada la historia mi abuelo y sus invitados se quedaron asombrados de la fidelidad de los camellos y sus instintos en valerse de la propia naturaleza para derrotar su incierto destino.

Ali Salem Iselmu

------------------------
[1] Piratería, en especial de ganado, que se hacía entre diferentes tribus rivales. Causada normalmente por desentendimientos o pleitos entre tribus
[2] Conjunto de jaimas beduinas acampadas en la badia, la zona de pastos donde se nomadea con el ganado

viernes, julio 17, 2009

"Repensemos Europa: sin miedo a la luz..." (Conferencia)



Repensemos Europa (sin miedo) a la luz de las diferencias. Digo sin miedo, porque este siglo está atiborrado, no sólo de contaminación medio ambiental, sonora o lumínica, sino también de ese vicio turbio, estilo amenazas reales o ficticias. Cierto o especulado, ese miedo no puede nublar nuestras vistas hacia ese objetivo común que todos anhelamos, el de la convivencia en paz y armonía entre las diferentes culturas. El futuro de Europa va a ser (ya es) multilingüe, multirracial, de diversidad culinaria increíble (elemento visto como positivo) y de vestimentas múltiples (elemento visto, por lo general, como negativo, si hablamos de los inmigrantes de países pobres). La diversidad avanza, es el nuevo paisaje que colorea el viejo continente. “La diversidad cultural es para el género humano tan necesaria como la diversidad biológica para los organismos vivos”, leí en alguna parte. Así va a ser, a pesar de la Crisis financiera y a pesar de ciertos pronósticos agoreros.

Debemos empezar por repensarnos nosotros mismos como personas y hacerlo también mutuamente, porque el respeto entre las personas, entre las culturas es un elemento esencial para la dignidad humana. Para repensarnos, sólo necesitamos cambios positivos de mentalidad, curiosidad y sentido común. Europa debe luchar de manera enérgica por la igualdad de Derechos (de todos). Si alguna vez ha existido en el imaginario colectivo ciertas seguridades de homogeneidad, estas han sido sobrepasadas por las circunstancias. Igual ha ocurrido con ideologías o creencias que parecían inamovibles.

Se dice, no sin razón, que el siglo XXI, es por antonomasia el siglo de las tecnologías, pero también es el del miedo. El miedo al otro, a los de fuera, a los pobres. A veces, es más tóxica su fabricación en los laboratorios o despachos del Poder y su difusión amplificada por los medios de comunicación que su amenaza real. El miedo es rentable como campaña permanente para acortar las libertades. Y para ganar votos.

Es la píldora que se le suministra a la población, en pequeñas dosis, pero de manera casi diaria, como si la historia de la humanidad no fuese, la historia de sucesivas migraciones, exilios, colonizaciones y destierros. Hablamos, por ejemplo, del miedo que permite aprobar en el Parlamento Europeo leyes que condenan a la reclusión, a la cárcel a personas que ante las leyes, sólo han cometido una infracción administrativa, personas que sólo huyen de la miseria y buscan una vida mejor.

Cada vez que se difunden los resultados de las encuestas que realiza el CIS y anuncian que la inmigración es uno de los problemas que más preocupan a la población, me llevo las manos a la cabeza. No por la sorpresa de los resultados de esas investigaciones, sino por la incredulidad ante una percepción tan distorsionada. ¿Cómo es posible que cinco millones de inmigrantes que en su inmensa mayoría son gente honrada y pacífica, que viene a trabajar, que cotizan en la Seguridad Social, pagan sus impuestos, consumen, colaboran de manera dinámica en la prosperidad de la sociedad de acogida y reenvían remesas a sus familiares para salir de la pobreza, pueden ser vistos como un problema?

Uno de los mayores responsables, a mi entender, en la consolidación de esta imagen negativa de la inmigración, la tienen los medios de comunicación, que para nada quieren cambiar ese falaz punto de vista, ni mucho menos corregirlo. Constantemente nos bombardean con noticias de pateras, de mafias de tal o cual origen. Un flujo de noticias inquietante y carente de objetividad, una polución de cuidado que no hace más que reproducir estereotipos. La prensa se ríe de la verdad, toma el pelo al rigor y propina un puntapié a la imparcialidad, todo en aras del espectáculo y de una simplicidad tendenciosa y calculada, en un asunto tan complejo, pero a la vez dinámico y positivo.

Pero repensar Europa a la luz de las diferencias, no sólo es repensar la inmigración sino muchos otros temas. Está la literatura, el arte, las lenguas, la cultura en general.

Pero hablemos de la lengua o mejor decir de las lenguas. La dignidad de hablar, de leer, de escribir, de fabular, no en la lengua impuesta, no en la del colonizador era -y todavía es – resistir. Resistir es defenderse contra el ejercicio de la coacción, del dominio cultural y por ende político. Pero más allá del binomio dominador / dominado, Verdugo / Víctima o colonizador / colonizado, cada lengua que se prohíbe o se extingue, por muy poco hablada, por diminuta que sea, algo de todos nosotros, de la humanidad entera también desaparece. Elegir hablar o escribir en cualquier lengua es también una manera de preservar el patrimonio oral y escrito de la humanidad y simplemente es una opción de elemental democracia.

En el Sahara Occidental, mi país, hablamos el Hasanía, una lengua oral que tiene mucho del árabe y tiene algo del Temazigh (beréber). Una lengua que Marruecos intenta silenciar y hacer desaparecer. La lengua a mi entender es el marcador principal de la identidad de un pueblo de forma general y de su identidad literaria en particular. Hay muchos diálogos, expresiones, matices, que son difíciles de trasladar, tienen su sentido, su genuino espíritu, por decirlo de alguna manera, sólo en esa lengua. Eso no la convierte en mejor ni peor, simplemente es un rasgo original, diferenciador. Cada lengua tiene su caudal léxico, sus múltiples acentos y su acervo cultural. Ese capital no se puede desechar ni sustituir por otra o por algo secundario como una traducción.

Nuestra lengua oral coexistió con el castellano cerca de cien años y permitió el viaje de palabras al Hasanía, y no sé si algunas tomaron el camino al revés. Muchos vocablos nuevos al no hallar sustitutos en la lengua materna se incorporaban tal cual, aunque no son pocas las que fueron limadas por la entonación local.

Cuando España abandonó el Sahara Occidental, dejó su lengua, un bien que ya no se podía quitar ni regatear. Solos y libres los saharauis decidimos acogerla. Era útil y nos diferenciaba de los otros vecinos, Argelia y Mauritania, países al igual que Marruecos fueron colonias francesas y manejan la francofonía como engranaje de su administración. Por eso Marruecos está empecinado en borrar del territorio saharaui ocupado las huellas que dejó la colonización del Sahara. Ataca el patrimonio histórico, demoliendo edificios simbólicos como el Fuerte de Dajla y está empecinado en asfixiar la resistencia de parte de nuestra población por conservarlo y hablarlo.

No debe extrañar a nadie que haya saharauis que hablamos y escribimos en castellano. Como los integrantes del grupo Generación de la Amistad que hemos recibido nuestra educación en esa lengua y la vemos como una herramienta valiosa para difundir nuestra causa en el mundo Iberoamericano.

Los sonidos, las percusiones de una lengua (cualquier lengua) expresan infinidad de cosas y no siempre dicen lo que imaginamos. Aunque uno domine las dos lenguas y quiere trasladar ideas o pensamientos de la manera más cercana, nunca llega a alcanzar la plenitud; la sensación siempre es: falta algo. Algo que quizá todas las lenguas tienen y a la vez necesitan.

Como esa luz que se derrama entre las hojas de los árboles en un bosque espeso, y nos baña con sus colores y nos alegra el alma. Así pueden ser las lenguas cuando las cultivamos, cuando escuchamos con atención y curiosidad sus sinfonías. Al aguzar nuestro oído sentimos vibraciones en las venas, en los árboles, torrente vivo, sangre, oxígeno de palabras. Es el bosque oral, la célula escrita que somos todos. Nuestras voces –iguales o diferentes - son pentagramas del universo, metáforas, diálogos para comunicarnos, para repensarnos una y otra vez a la luz de las diferencias.


Ponencia presentada por Limam Boisha el 8 de julio en el Curso de Verano de la Universidad de Santiago de Compostela: “Repensemos Europa a la luz de las diferencias”.


*Ilustración del blog "Ciudadanos del mundo"

sábado, julio 11, 2009

Bakar (I)


1. Bakar

Cuando el sol se esconde lento, en silencio y muy despacio, un anciano guarda en un rincón la manta que ha abrigado sus sueños. Bakar le llaman, aunque no es el único nombre que posee. Hay quien le conoce como el cojo, pues en tiempo de guerra, hace ya muchos años, perdió la pierna derecha. Su mutilación no fue a causa de alguna mina enterrada en la tierra, como a veces cuenta él; tampoco fue debido al recorrido inoportuno de un proyectil; ni siquiera a la metralla esparcida en una de aquellas batallas. En realidad, nadie sabe con certeza cómo perdió aquella pierna, pues en el caos de la guerra, Bakar apareció un mal día gravemente herido y tras duras semanas de recuperación y el genio que mostraba, nadie se atrevió nunca a preguntarle. Cuando era un niño, cariñosamente le llamaban zorro, pues era capaz de moverse con mucha rapidez consiguiendo escabullirse tras haber hecho alguna que otra travesura. En su tierra, le llamaron el nómada, y el saharaui fuera de ella, el viajero, el navegante, el guerrero, el pensador, el adivino... fueron algunos de sus múltiples nombres. En los últimos tiempos, sus vecinos prefieren llamarle el narrador de cuentos, porque desde el fin de la guerra, todas las tardes, antes de que atardezca, se sienta sobre la arena y cuenta historias que le acontecieron a él o a otros que en algún momento de su vida conoció. Las historias, según Bakar, una vez que se cuentan comienzan a recorrer los caminos aupadas por el viento. De esta forma, una historia tan sólo necesita ser contada una vez para que inevitablemente no deje de contarse jamás, pues de boca en boca está siempre preparada para aquel que la quiera escuchar.

Al igual que muchas otras tardes, Bakar sale de su jaima después de haber dormido un rato, ya no es un niño y a medida que cumple años siente que necesita dormir más. – Llegará el día en que le daré tantas horas al sueño que no quiera despertar jamás- dice muchas veces Bakar bromeando. Da gracias a Dios por no ser hoy ese día y avanza despacio sobre la arena templada que se escurre entre los dedos de su único pie, a través de las ranuras de la sandalia. El rastro que deja tras sus pasos es extraño, la huella de un pie acompañado del hueco seco que deja el peso de un palo limado por el uso. Camina hacia “las ruinas”, una zona del desierto apartada del asentamiento en la que se levanta una antigua construcción. Nadie sabe que fue lo que guardó en tiempos pasados, al no ser la tierra originaria del pueblo saharaui. Bakar, aunque supiera los nombres de quienes habitaron las ruinas en otra época, prefiere inventar cada tarde una historia diferente sobre el lugar. Las inundaciones del presente año han derribado casi la totalidad de las ruinas, tan sólo queda en pie una única pared, suficiente para apoyar la espalda de un anciano y servir a su vez de escenario a un público infantil muy atento.

Aquella tarde, tras rodear los niños al anciano y sentarse en el suelo ordenadamente, los viejos huesos de Bakar resonaron dentro de la cavidad torácica como las canicas al chocar. Entonces, cuando su espalda se acomodó a las irregularidades de la pared, surgió la voz. Una voz profunda capaz de emitir con suavidad la más dulce palabra pero también capaz de hacer temblar con un único sonido al hombre más valiente. Sí, Bakar sabía contar historias, o al menos sabía como conseguir que le escucharan.



2. Ahmed Baba

Desde tierras argelinas se escucha la voz de Bakar:
“...en otro tiempo, por muy increíble que parezca, esta tierra que vemos ante nuestros ojos, no tenía este color rojizo. El anciano al hablar extiende su mano y coge del suelo un puñado de arena que deja caer suavemente. En este mismo lugar, en el que hoy estamos sentados, crecía la hierba verde y los árboles otorgaban un poco de sombra a una tierra que por entonces no era tan calurosa.

Mientras habla Bakar, el niño más pequeño del grupo, frunce el ceño. Bakar lo advierte y le pregunta con dulzura.

- ¿No estás de acuerdo, Dudu?

- No lo sé. -contesta el pequeño-. Mi padre dice que está tierra siempre ha sido el peor sitio del mundo.

- Dudu, en la época de la que yo hablo, tu padre aún no había nacido. En el tiempo en que el desierto del Sáhara era verde, quizá vivieran antepasados de algunos de nosotros, pero fue hace miles de años.

Dudu muestra cara de sorpresa mientras mentalmente intenta descifrar cuantos años son miles de años, pues él sólo tiene cuatro. Bakar continúa:

... Desde el mejor de los palacios que hoy nos resguarda del frío, ... - los niños ríen, pues ante sus ojos sólo aparece una pared de adobe ruinosa - ... en dirección hacia el oeste y caminando durante veinte días y descansando veinte noches, llegaríamos a Tifariti. Su nombre ya lo indica, en beréber significa tierra fértil, pues fértil era esta tierra y así dejaron constancia las primeras personas que la habitaron.

Ahmed Baba fue un joven que durante la última guerra estuvo destinado en la región militar de Tifariti. En ese tiempo, esta vegetación apacible que invita al descanso, fue escenario de sangrientas batallas. En esta misma región, se encuentra también parte de uno de los muros levantados por Marruecos para evitar que los saharauis pudiéramos volver hacia nuestra tierra.
Los niños miran hacia el oeste como si sus ojos pudieran llegar hasta Tifariti.

Ahmed Baba conocía perfectamente cada tramo de la zona. Incluso la forma asimétrica de una talha podía ser suficiente para reconocer el camino. Nunca se había perdido en esas tierras por complicadas y escarpadas que parecieran, y ese era el motivo de que le hubieran encomendado la labor de conducir uno de los todoterrenos que transportaba a los combatientes saharauis.

En los últimos años de la guerra, Ahmed Baba condujo diferentes vehículos durante muchos días y muchas noches. Si la noche estaba estrellada era fácil, la estrella polar le indicaba el norte y una cohorte de luceros le iban mostrando su posición exacta. Si asomaba la luna, también era sencillo. La luna en el desierto brilla tanto que en ocasiones parece un enorme foco iluminando a la tierra.

Mina, una de las niñas que escucha al anciano, mira al cielo. Hoy hay estrellas y una luna enorme con tantas sombras que parecen dibujar un complicado rostro que sin duda les sonríe.

Bakar continúa su relato, pero después de coger aire para continuar, su voz se oye más cálida y profunda. Los niños ya no se distraen, están envueltos con su historia.

... En la oscuridad y bajo el resplandor de la luna, Ahmed Baba podía distinguir cada elevación sobre la tierra y con facilidad también distinguía las siluetas de las talhas. El problema surgía en las noches que la luna menguaba tanto que era difícil encontrarla y parecía como si la densa oscuridad también se hubiera tragado a las estrellas. Esas noches eran las más indicadas para llevar a cabo misiones de ataque. Ahmed Baba sabía que era como intentar conducir con los ojos vendados, por eso muchos días de maniobras cerraba los ojos en pequeños tramos y los abría un momento antes de que sus compañeros se dieran cuenta de que conducía sin mirar al frente.

En una noche sin luna y sin estrellas, un grupo de siete hombres, con Ahmed Baba como conductor, salieron en una misión. Ahmed Baba conducía muy atento al comportamiento del coche al avanzar por la arena, reconociendo por la amortiguación, la tierra que ya habían pisado otros vehículos. Mentalmente iba dibujando la región que tan bien conocía, poniendo nombre a los montículos que dejaban a los lados. Los siete hombres viajaban en silencio, un silencio extraño. Cada hombre portaba su fusil, pero no se escuchaba ni el habitual chocar del acero contra el hierro del todoterreno en algún que otro bache. El coche rodaba con una marcha baja, a pocos kilómetros por hora, evitando hacer ruido. Además, avanzaban sin luces para evitar alertar al contrario.

Cuando llegaron al lugar donde se encontraba el objetivo, los siete hombres bajaron del jeep ágilmente. Pero antes de salvar el muro marroquí, se inició el fuego. Los radares habían detectado a los combatientes saharauis. El caprichoso azar consiguió que por primera vez Ahmed Baba se desorientara y despistado se adentrara demasiado en el espacio vigilado por los radares enemigos.

Durante ese combate no hubo bajas en el ejército marroquí. Y por fortuna, en el ejército saharaui tampoco. Aunque durante días se creyó que Ahmed Baba había caído en el ataque. El muchacho, aquella noche, había salido del coche pues la operación parecía sencilla. Pero cuando el fuego cruzado comenzó, los combatientes saharauis regresaron al coche a gran velocidad. Todos menos uno. Ahmed Baba asustado y confundido, se detuvo sobre la arena intentando reconocer en la espesa oscuridad algún elemento que le indicara su posición exacta. Se alejó un poco, pero al oír el silbido de las balas, también corrió hacia el coche. Uno de sus compañeros ya había puesto en marcha el motor, esperaron unos segundos y al ver que Ahmed Baba no regresaba, arrancaron dándole por muerto. Pero en ese mismo instante, Ahmed Baba había llegado junto a la parte trasera del coche e intentó subir. Sus compañeros no se percataron, y el improvisado conductor dio marcha atrás bruscamente para girar y coger la dirección adecuada.
(Continuará)

Sukeina Aali Taleb

viernes, julio 10, 2009

En el IV aniversario de la Generación de la Amistad Saharaui


Del prólogo de la antología de poesía saharaui contemporánea Um Draiga, escrito por Antonio Polo.

“Concibo la memoria como el oficio de devolver a las aldeas su soberanía”.
“La Tumba de Keats”. Juan Carlos Mestre.


Hay historias que merecen ser contadas, como hay poemas que abren sus agallas a los camaleones, también hay actos cuya trascendencia se hospedan en la extraordinaria estancia de los recuerdos. Todo tiene su origen en una descomunal mentira, en el engaño como la fuerza desabrida de los éxodos, en el exabrupto de la huida que deja en el viento un reguero de té. Treinta años han transcurrido desde entonces. Al cabo de treinta años ya no se odia. En eso consiste también la memoria.

Hay historias que merecen ser oídas, como hay pizarras que enviudan después del primer trazo de tiza, también hay acontecimientos que llenan de rocío el calendario, como los de una calurosa jornada del mes de julio de 2005. Entonces la canícula se había apoderado de Madrid y los termómetros se sublevaban a conciencia en sus trincheras de cinc. El lugar, un ático de San Bernardo. A la sazón celebrábamos un congreso y Gonzalo Moure tomaba la palabra en su apertura. Lentamente el escritor Ricardo Gómez fue anunciando uno a uno a los poetas saharauis. Al principio todo fue un poco confuso. Recuerdo que antes de subir al estrado se había producido el primer encuentro. Entonces entró Limam Boicha, mucho más menudo que sus versos, sublime y sabio, y Chejdan Mahmud que traía toda la poesía cubana en una camisa de flores. Acaso pasaron unos minutos, después me di cuenta de que algunos de aquellos poetas no se conocían entre si, y que a Zahra Hasnaui le sorprendía la oscuridad primera de la sala, como les sorprenderán sus versos cuando “la noche se adueñe de sus tonos añiles, violeta y cobalto”. Agrandados por la tarima abrieron sus agallas, y a veces nos dejaban conocer también sus dudas. “Supón que cada amanecer pudiera ser la puerta a un nuevo día” había dejado dicho Luali Lehsan, que en la vigilia estaba preparando un nuevo poema.

Subieron todos, también Bahia M. H. Awah, que siempre pensó que “perdurará la paciencia del amigo” y Mohamed Ali Ali Salem que creció “soñando con un libro”. Subió Mohamed Salem Abdelfatah Ebnu, que soñaba ya cómo “un beduino se hizo a la mar”, y Saleh Abdalahi que nos adelantaba con su gesto que “los días también tienen ojos de águila”. Y por fin subió Ali Salem Iselmu, sabiendo ya que “la alegría es un remedio de cada instante”.

Y así fueron transcurriendo las horas, hasta que a final de la tarde, nueve poetas firmaban un manifiesto con el que creaban un nuevo movimiento literario. Solo entonces, al anochecer, se doblegó el estío.

Ahora todos ellos forman parte de este libro porque son poetas, poetas saharauis con memoria, poetas saharauis con memoria cuyas historias merecen ser oídas.

Quiero ahora dirigirme expresamente a los lectores de esta antología. Quiero decidles que si tuvieran la fortuna de encontrarse con algunos de los poetas que forman parte de ella, díganles que yo les he pedido que les lean un poema de este libro. Mírenles directamente a los ojos, luego esperen a que la pulpa fresca de su sonrisa deje paso franco a sus palabras. Escúchenlos atentamente, y verán como de entre cuyos versos y de entre cuyas manos surge, sin duda, la palabra “sueño”, esa que está escrita en el frontispicio amplio de una generación llamada, por derecho propio, Generación de la Amistad.


Antonio Polo González.
Escritor. Editor de la revista literaria Ariadna-RC
Abril 2006.


jueves, julio 09, 2009

IV Aniversario de la Generación de la Amistad. Actualización de la web y nuevos miembros




Actualización y novedades en la web de la Generación de la Amistad saharaui coincidiendo con el IV aniversario de su congreso constituyente. El 9 de julio de 2005 nacía en Madrid el grupo de escritores y poetas saharauis Generación de la Amistad.



Coincidiendo con su cuarto cumpleaños, la Generación de la Amistad saluda el ingreso de dos nuevos miembros Sukeina Aali Taleb y Mohamidi Fakal-la, que vive en los campamentos de refugiados saharauis.



Como en esta gran jaima de la literatura saharaui cabemos todos, Generación de la Amistad invitamos a escritores de todos los países a colaborar con textos o poemas dedicados al Sahara, que recogemos en nuestro apartado de colaboradores. Ya han compartido con nosotros sus escritos Luis Leante, Antònia Pons (Sahara Ponent), Hameiduha Ahmed Zein, Maaruf Bouda, Salka Embarek, Mariola del Pozo, Beatriz Martínez Ramírez, Fernando Pinto, Siboney del Rey (Venezuela), Atenea Acevedo (México) o Umberto Romano (Italia), entre otros amigos.


Os invitamos a visitar nuestra web, una gran jaima de poesía saharaui, que tiene muchas novedades y poco a poco va cambiando su aspecto. Encontraréis reseñas de prensa, poesía, relatos, eventos en los que hemos participado, galería de fotos, videos y comentarios sobre los más de quince libros publicados en estos años por los miembros del grupo.


Y seguimos luchando, con más ímpetu si sabe, por promover la creación literaria saharaui, por defender y proteger el uso del español en el Sahara, la principal lengua de creación de nuestro grupo. Ponemos nuestro empeño en investigar la rica cultura saharaui y denunciar la persecución y los intentos de desvirtuarla que sufre en los territorios ocupados a manos del invasor. Intentamos también apoyar y animar a los escritores saharauis que desde los campamentos o en el exilio en otros países quieren escribir, con menos medios aún que nosotros mismos. Luchamos como sabemos, con la palabra. En esta jaima cabemos todos.

No creas, poeta, que tu voz no se oye.
Con bellas palabras puede cambiarse el mundo
si esas palabras dicen lo que hay que decir.
No hay alto el fuego para los poetas:
Sólo versos, como balas, disparando al corazón de la injusticia.

M. J. Alvarado





sábado, julio 04, 2009

Petición de una saharaui a Christopher Ross



Quien no condena el mal, lo está alimentando. Leonardo Da Vinci.

Hoy es 4 de Julio, fecha de presentación del primer documento histórico en el que se reconocen los derechos humanos más fundamentales, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América. “Sostenemos que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad.”

Muchos años después de la redacción de Thomas Jefferson, tras una guerra feroz, devoradora de millones de vidas, se aprueba la Declaración Universal de Derechos Humanos cuyos artículos cito a continuación:

Artículo 1
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2.
Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

Artículo 3.
Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Artículo 4.
Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

Artículo 5.
Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Artículo 6.
Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.

Artículo 7.
Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.

Artículo 8.
Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.

Artículo 9.
Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

Artículo 10.
Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.

Artículo 11.
1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.
2. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito.

Artículo 12.
Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

Artículo 13.
1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.
2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.

Artículo 14.
1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.
2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

Artículo 15.
1. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad.
2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.

Artículo 16.
1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.
2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio.
3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.

Artículo 17.
1. Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente.
2. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad.

Artículo 18.
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Artículo 19.
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Artículo 20.
1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas.
2. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación.
Artículo 21.
1. Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos.
2. Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país.
3. La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto.
Artículo 22.
Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.
Artículo 23.
1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.
4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.
Artículo 24.
Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.
Artículo 25.
1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.
2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.
Artículo 26.
1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.
2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.
3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.
Artículo 27.
1. Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.
2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.
Artículo 28.
Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.
Artículo 29.
1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.
2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.
3. Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.
Artículo 30.
Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.

Huelga recordarle a usted, enviado especial de la ONU para el Sáhara Occidental, cuántos derechos se vulneran en el caso del pueblo saharaui. Nada ni nadie puede suprimir estos derechos, reza el último artículo. Particularmente flagrante es, si eres estado miembro de Naciones Unidas, como es el caso de Marruecos.

Repasando uno a uno los artículos, no puedo sino indignarme ante la ineficiencia del organismo que lo suscribe. Cumbres, asambleas, consejos, reuniones, documentos, firmas… ¿para qué? Si las obligaciones acordadas no se hacen cumplir, son papel mojado.
Por lo que he podido averiguar de su labor como representante de su país, ha demostrado usted ser un probo funcionario. Y de la indignación, paso a la petición. Hablo en nombre de miles de saharauis cuyas esperanzas están puestas en la Ley Internacional. Saharauis que, como los fundadores de su país, “empeñamos mutuamente nuestras vidas, nuestras fortunas y nuestro sagrado honor”.

Ruego, recuerde al gobierno marroquí que su actuación ilegal priva a mis compatriotas de los derechos recogidos en el Artículo 1 porque no nacen libres, en Artículo 2 porque con su ocupación no tienen ni derechos ni libertades, en el Artículo 3 porque mueren en manifestaciones pacíficas, en el Artículo 5 porque sufren tortura, trato cruel, inhumano y degradante en sus cárceles, en el Artículo 6 porque no existe la personalidad jurídica, en el Artículo 7, 8, 9, 10, 11 porque la ley no protege puesto que no existen tribunales imparciales, en el 12 porque se viola la intimidad de los hogares impunemente, en el 13, 14 y 15 porque ni siquiera se les expiden pasaportes, en el Artículo 16 porque se han desmembrado las familias, en el Artículo 17 porque no podemos disfrutar de nuestras propiedades, en el Artículo 18, 19, 20 porque no hay libertad de pensamiento, ni de expresión, ni de reunión, ni de asociación, en el 21 porque sigue obstaculizando la celebración del referéndum de autodeterminación, en el Artículo 22, 23 y 24 por la cada vez mayor emigración saharaui a pesar de las riquezas del país, en el Artículo 25 por las madres presas por convicción política, en el Artículo 26 , por los estudiantes obligados a viajar distancias inaceptables en el espacio y el tiempo, y en el Artículo 27, 28 y 29 que resumen el espíritu de esta Declaración Universal de Derechos Humanos.

En la Declaración del Milenio, aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas en Septiembre de 2000, se considera que determinados valores fundamentales son esenciales para las relaciones internacionales en el siglo XXI. Entre ellos la paz, la libertad y la seguridad:

• La libertad. Los hombres y las mujeres tienen derecho a vivir su vida y a criar
a sus hijos con dignidad y libres del hambre y del temor a la violencia,
la opresión o la injusticia. La mejor forma de garantizar esos derechos es
contar con gobiernos democráticos y participativos basados en la voluntad
popular.
• Consolidar el respeto del imperio de la ley en los asuntos internacionales y
nacionales y, en particular, velar por que los Estados Miembros cumplan las
decisiones de la Corte Internacional de Justicia, con arreglo a la Carta de las
Naciones Unidas, en los litigios en que sean partes.
• Aumentar la eficacia de las Naciones Unidas en el mantenimiento de la paz y
de la seguridad, dotando a la Organización de los recursos y los instrumentos
que necesitan en sus tareas de prevención de conflictos, resolución pacífica de
controversias, mantenimiento de la paz, consolidación de la paz y
reconstrucción después de los conflictos.

Ruego, recuerde al gobierno marroquí la ratificación de esta declaración, y el consecuente cumplimiento. Más aún, recordemos todos que la mejor forma de garantizar esos derechos es contar con gobiernos democráticos y participativos basados en la voluntad popular.

Ruego, haga su labor lo mejor posible, porque contribuirá a recompensar nuestra fe en el Orden Internacional.

Ruego, escuche mi petición, porque están en juego los derechos fundamentales de un pueblo.


Zahra El Hasnaoui Ahmed