jueves, mayo 28, 2009

Presentación en Zaragoza de La fuente de Saguia





Día 21 de mayo a las 19,30h. Presentación del libro de relatos La fuente de Saguia

Pedidos; tienda [arroba] umdraiga.com

“Si la lluvia llueve, el cuento debe contar”.

Hace unos días, mientras ojeaba un cuaderno de notas encontré esa cita con la que titulé esta intervención. No sé a quién pertenece, aunque me suena en boca de algún escritor latinoamericano, quizá Onelio Jorge Cardoso o Eduardo Galeano, no estoy seguro. La frase tiene gracia y es aguda. Llamó mi atención, no sólo porque sintetiza en pocas palabras cómo debe ser un cuento, sino porque en ella se conjugan dos términos muy significativos en la vida saharaui: lluvia y cuento. Lluvia como elemento material, para afrontar las innumerables inclemencias del desierto en pos de la supervivencia y cuento (en el amplio sentido de la palabra: fábula, leyenda, ficción o cualquier narración oral) para confortar el espíritu tras largas jornadas de marcha en aquellos parajes inhóspitos sufriendo sed, hambre, frío, calor o tormentas.

Lluvia y palabra. Palabras de lluvia o lluvia de palabras. Se puede combinar y jugar con los vocablos como los niños juegan en el Sahara y cantan dando giros para que “La lluvia llueve”.

La literatura oral saharaui llueve, aligera los vuelos y los sueños. Sin embargo, está gravemente herida, si no se recopila en libros o grabaciones, se extinguirá. Pero esta es otra historia y debe ser analizada en otro momento. Aunque de las raíces de esta oralidad, de su aroma y melodía se nutre, La Fuente de Saguia que hoy presentamos.

En La Fuente de Saguia hay relatos, evocaciones, artículos de poética prosa, vivencias, sensaciones y viajes. Cartografía de nuestras almas en el Caribe, en Europa o el desierto. Vivir unos días en el desierto es una experiencia dura y a la vez hermosa, cuentan algunas personas que han visitado nuestras jaimas. Pero, ¿qué es cuando te destierran a un lugar estéril como la Hamada, cuando tu vida allí es incertidumbre y una larga espera? En la espera hay matices, matices importantes, amargos o dulces. Dulces como el viaje del Sahara a Cuba y viceversa. Aquella experiencia no fue un simple viaje, fue mucho más. Claro que esos dos mundos, tan lejanos y distintos tienen sus particularidades, pero si uno ha estado varios años en uno y tantos en el otro, sobre todo, si se ha sentido en los dos como en casa, los llegas a querer como si hubieras nacido en los dos al mismo tiempo, el mismo día y a la misma hora. Nacer en el desierto y después ir a nacer ¿o a renacer? y bautizarse en el Caribe. Vivir y estudiar durante años en la Habana, Santiago o cualquier otra ciudad y retornar al mujaiam, a Smara, Dajla, Auserd o El Aaiún. Volver adulto para comenzar a sobrevivir en la espiral y empírica corriente del exilio. Volver a la clase en la jaima, a la primaria de la vida, para recibir dosis diarias, no de Marxismo- Leninismo, sino de: “No fumes, no te recuestes delante de los mayores, ni escuches música, ni hables delante de ellos sino es estrictamente necesario, etc”. Materia de costumbres, idiosincrasia, ritos y rutinas. Clases, simples clases de conducta social o religiosa. Y ¡qué paradoja! Es aprender los códigos no escritos y potenciar la intuición. Aprender también es intuir. Hay que intuir que debajo de ese turbante negro y polvoriento se esconde una persona conocida. Los primeros meses del regreso de Cuba, después de años de ausencia, uno no podía reconocer a nadie que se cubría el rostro, ni hermano, ni hermana, ni la muchacha alegre de hermosos ojos negros y melhfa colorida, la vecina. Mirabas, pero no veías, como si el sol y la arena, el nuevo paisaje, te deslumbrara.

En ese marchar y volver, en ese nomadeo más vasto que el de antaño, la sociedad saharaui también se retroalimenta de la caravana de sus hijos, los nuevos "hijos de la nube", que traen alegría a las jaimas, traen buenas noticias, vida, color, desenfado, traen otros conocimientos, juicios y también ignorancia, bastante ignorancia de sus costumbres, las que dejaron apiladas sin cargar cuando se fueron en modernas caravanas, no a transportar especias, perfumes, tela, espejos, ni azúcar, sino pergaminos enrollados escritos en otras lenguas. Hablan de medicina, derecho, ingenierías, educación, humanidades. O los hay que han vuelto con las manos vacías. Traen trova (vieja o nueva, qué más da, las dos son deliciosas) esa que cuando se pega al corazón nunca lo abandona. Traen el perfume del mar y el sabor de otras ciudades, la sonrisa verde y la ternura exótica de otras muchachas. Traen el amor dulcemente renovado. Traen la mezcla, esencia de todas las caravanas, esas que recorrieron el desierto desde el principio de los tiempos.

Traen sueños, imaginación. En fin, traen hasta aquí, La Fuente de Saguia.
Limam Boicha


La fuente de Saguia
Autores: Ali Salem Iselmu, Bahia Mahmud Awah, Chejdan Mahmud, Limam Boicha, Mohamed Salem Abdfatah Ebnu, Mohamidi Fakal-la, Saleh Abdalahi, Zahra Hasnaui.

jueves, mayo 21, 2009

Mario Benedetti… cuando la muerte no es verdad






En estos días el mundo está de luto por la pérdida del gran poeta uruguayo, Mario Benedetti. Un icono de las letras hispanoamericanas y un estandarte de la poesía de compromiso político y social.

La Unión de Periodistas y Escritores Saharauis (UPES) y en el nombre todo el pueblo saharaui lamenta profundamente tan irreparable pérdida y se suma al pésame universal en memoria de un intelectual que se identificó con la clase más desfavorecida y en ella y en sus luchas encontró las musas de su arte.

En momentos como éste, embargados por la tristeza de una despedida obligada nos “salva” la verdadera idea de que Benedetti no se ha marchado porque él se ha sembrado a través de su legado… estará siempre, entre nosotros porque, antes de irse, Benedetti se diseminó por todos los rincones de la tierra… estará siempre porque los motivos de su poesía seguirán existiendo.


Hamdi Sidahmed, UPES

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Exilio_Ebnu

A Mario Benedetti



Mi exilio es casi congénito,
como el perenne eco de las montañas del Tiris.
El viento sacude mi jaima de plegarias gastadas,
pero rezo mirando a lo lejos, como siempre, por donde se vuelve.

En el horizonte se levanta otra tormenta
y estoy preparado.

Cada día mi exilio es más grande y más ancho
como mis sueños, como la esperanza del regreso.

Al borde de la puerta siempre tengo el equipaje.
Aunque el equipaje me cabe en un bolsillo,
como la arena que llevo en los pulmones.

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HOMENAJE A MARIO BENEDETTI

Se ha ido su voz sencilla a cantar en un nuevo horizonte, se ha ido su exilio y desexilio a regar la tierra que alimentó la fuerza sincera de su verso; en su largo recorrido por el mundo siempre quiso acercar la poesía a su verdadero destino, alimentarla con la mirada humilde y generosa de los más débiles.

Mario Benedetti hizo del compromiso palabra y de la palabra poesía y en su afán de imaginar el mundo sin complejos ni prejuicios nos dejó poemas como Táctica y Estrategia, Luz y Sombra, Voz y Eco, Otro Exilio e incluso dejó una despedida bajo el título de Adioses:

Despedirse del mar es demasiado
decirle adiós al cielo ya es muy fácil
siempre hay ciertos adioses que hacen fila
esperando el llamado de la mano
la única que sabe despedirse
como lo saben todos los pañuelos

adiós al frío al hambre a la codicia
adiós a Dios patrono de las guerras
adiós a los amores sin historia
bienvenido el amor casi perpetuo
analfabeto en cada despedida

adiós adiós adiós adiós estamos
siempre diciendo adiós a alguien
nadie puede vivir sin sus adioses
y se obliga a cargar con ese fardo

adiós al sueño de los invencibles
al deseo que vibra en otros muslos
al faro que por fin está apagado
como una linterna de bolsillo

adiós a los campeones jubilados
a las llaves sagradas que se pierden
a los silencios de los vertederos
y a los escandalitos de la infancia
lo cierto es que de veras bien de veras
sólo existe un adiós definitivo
pero esa mole quieta y sin remedio
no es adiós a la vida / es sólo un chau.

Y yo quisiera despedirme con estos versos, recordar la imagen del poeta sencillo, libre, rebelde, soberano, auténtico y soberbio:

La palabra es tu rostro
el verbo tu sonrisa
la justicia tu corazón
el exilio tus venas
y la vida, la vida
la voz que emana de tus versos.

Ali Salem iselmu



sábado, mayo 16, 2009

El verano, las estrellas y los saharauis



El cielo ha sido, desde siempre, uno de los paisajes más hermosos de los desiertos.

En épocas de sequía, cuando la vegetación es sólo un tierno y lejano recuerdo, los saharauis, cansados de mirar el parduzco y triste paisaje, vuelven los ojos hacia el cielo de la noche para buscar un poco de paz, buscar reposo, o para olvidar.

En el desierto no hay estaciones, aunque los saharauis nos empeñemos en creer y afirmar lo contrario.

El verano, Saif saharaui, comienza a mediados del mes de mayo y termina a mediados de agosto, con la entrada del otoño, Lejrif. El invierno, Shta, empieza a mediados de noviembre y continúa hasta mediados del mes de febrero, dejando paso a la primavera, Tifisqui, que se extiende hasta la mitad de mayo, permitiendo nuevamente la vuelta del verano.

Esta sucesión de las estaciones quizá sólo sea un recuerdo de los más ancianos. Es posible que ya no quede nadie que recuerde ese transcurrir cambiante del tiempo a lo largo de un año. Hoy por hoy no es más que una leyenda. Ya no nos quedan estaciones, ni nos quedan recuerdos. Todo se perdió en medio de este tiempo caníbal que nos ha desheredado de vivir.
Sólo calor y frío, aderezados, eso sí, con las tormentas de arena, que no pueden faltar en un año que se precie.

A partir del mes de mayo el calor empieza a apretar por el día y por la noche. Esta situación continúa hasta finales de septiembre o principios de octubre. A partir de octubre comienzan a ser frescas las noches. Noviembre, diciembre y enero son los meses más fríos del desierto, generalmente de noche ya que los días suelen ser más cálidos. La media de las temperaturas diurnas alcanza los veinte grados Celsius y por las noches llegan a bajar de cero.

Febrero, marzo y abril son meses ambiguos, camaleónicos y traicioneros. En cualquier momento aparecen las temibles tormentas de arena. Normalmente son calurosos durante el día y fríos por las noches, pero un frío y un calor bastante tolerables, son hasta agradables y son, desde luego, la antesala del terrible y feroz calor del largo y bochornoso verano de todos los años de nuestra vida. Por eso no me gustan.

Yo adoro las noches de cualquier octubre, las mañanas de noviembre, el cielo de diciembre y los aromas del incienso de enero.

Me gusta, especialmente, el mes de octubre.

Con la llegada de octubre comienza a reinar la paz en los pozos y los ganaderos dejan de discutir y de lamentarse por la escasez del agua.

El clima se hace agradable y el camello le dice a su dueño “aiwa” de acuerdo. El camello está contento y se siente fuerte para trabajar. Comienza la época de celo, el tiempo de la reproducción. Octubre, debido al buen tiempo, es el mes por excelencia para sembrar la tierra. Es el tiempo de los “Dayara” los buscadores del ganado perdido, los rastreadores de huellas de dromedarios.

En octubre son raras las tormentas y las huellas en el desierto permanecen por más tiempo. En octubre el cielo empieza a recobrar el azul intenso, el color de la ternura.

Pero esos eran otros tiempos, otros octubres.

Los saharauis, en verano, terminan el día hacia poniente, oteando el horizonte, esperando una puesta de sol colorida que les augure un día fresco, de lo contrario, cuando el sol apenas deja rastro y el cielo es tristemente plomizo se preparan para otro día de calor.

Menos mal que nos quedan las estrellas.

Por las noches tenemos la posibilidad de contemplar la inusual belleza del cielo poblado de estrellas, o un cielo lleno de luna (en otra ocasión hablaré de la luna)

En ausencia de la luna, las estrellas son las reinas del cielo del desierto y aprovechan su tiempo al máximo. Se engalanan y hechizan con su belleza a los pobres habitantes del verano del desierto.

Con los cuerpos tendidos sobre esteras, mantas, o sobre la fina arena de una duna, los saharauis dan las espaldas a la tierra que los sostiene y contemplan embelesados la belleza inagotable de las estrellas. Bajo el techo que resguarda su mundo, los saharauis disfrutan de una ilusión, de un instante de magia que les ayuda a sobrellevar el atroz verano, y evadir la cruenta realidad de asfixia, de agobio, de angustia…

Las estrellas parecen escaparse del firmamento para compartir un sorbo de té verde paulatino, o acompañar el encuentro de amantes furtivos, o para posarse entre las manos de un niño, que llora o que ríe. Trazan señales divinas, augurios, trazan despedidas.

En verano sólo las estrellas son nuestras compañeras, nuestras amigas, nuestra esperanza.

Sólo ellas nos observan, y observamos, nos miran, y miramos. Ante ellas nos desnudamos, nos amamos, discutimos, sudamos, pecamos, oramos, luchamos y ante ellas lloramos. No le ocultamos nada, porque estamos destinados a nacer y morir frente a su centelleante mirada.

Qué sería de nosotros si en las noches de las innombrables Smaiem, los días más calurosos del verano, no tuviéramos la posibilidad de aliviar los calores y secarnos los sudores con la refrescante imagen de un cielo de estrellas.

Una de las constelaciones más famosas entre los saharauis es la de Las Pléyades (Azreiya). Su aparición en el firmamento marca el inicio del inevitable verano del Sáhara.

Aparece a finales de del mes de mayo y dependiendo del momento de su aparición, creen los saharauis, que el verano será fresco o caluroso. En realidad las opciones son caluroso, o muy caluroso.

Dice más o menos un refrán saharaui “Si (Azreiya) aparece temprano cómprale a tu hijo un abrigo y si sale tarde mejor cómprale un odre”

O sea que si la constelación de Las Pléyades aparece al principio de la noche, el verano será suave, y si aparece de madrugada el verano será muy duro.

Ojalá, por lo menos este verano, aparezca más temprano.



Ebnu



sábado, mayo 09, 2009

Se presenta en la Universidad de Alcalá de Henares los libros "Versos refugiados" y "Don Quijote el azri de la badia saharaui"




“Asitra madamnit azagal”, célebre frase del emir mauritano Uld Aimar, es la anecdótica historia que escogió ayer en la facultad de Filosofía y Letras de la universidad Alcalá de Henares, el escritor y poeta saharaui Bahia Mahmud Awah para introducir la presentación de los dos libros, Versos Refugiados de este escritor y la antología Don Quijote el azri de la badia saharaui, en la que también participa. El autor apuntaba con este celebérrimo proverbio a los políticos españoles un claro posicionamiento a favor de los saharauis, “la generosidad hacia los demás no implica perder”.

Ambos libros de la Generación de la Amistad Saharaui se presentaron dentro de las VI Jornadas sobre Cultura Saharaui de la Universidad de Alcalá. La mesa estaba compuesta por Carmen Valero Garcés, Directora del Departamento de Filología Moderna de la Universidad de Alcalá; representantes de dos formaciones políticas en el ayuntamiento de Alcalá de Henares, como Mónica González concejal del PSOE en el Ayto de Alcalá y Elisa de Francisco, técnico de cooperación en el ayuntamiento; así como Myriam Montero de la Oficina de Acción solidaria y de Cooperación de la UAH y Elena Montaña presidenta de la Asociación alcalaina de Amigos del pueblo saharaui. Asistió al acto un nutrido grupo de profesores y estudiantes de la UAH, y representantes del movimiento cultural y solidario con el pueblo saharaui en Alcalá de Henares y Madrid.


La profesora Carmen Valero, impulsora de la edición de ambos libros, destacó en su intervención la relación que le une con los escritores saharauis, como el caso de Bahia que fue alumno suyo en la universidad. Recordó la profesora “cuando recibí el manuscrito de Versos Refugiados de manos del propio autor, Bahia Mahmud Awah, pensé que era un honor que depositara en mí tal tesoro y a su vez un acto de fe por su parte al creer que yo lo leería y haría partícipe de esta lectura a otros”. Sobre Don Quijote el azri de la badia saharaui la profesora destacó que cuando en 2007 le propuso Bahia su edición no dudó en desplegar todos los esfuerzos, con importantes contactos como El Instituto Cervantes que desde el primero momento se prestó a colaborar, siendo esta la primera vez que el Cervantes participa en un proyecto de cultura saharaui. También destacó cómo se ha conseguido que se interesase por el libro el Centro de Estudios Cervantinos, quienes también han colaborado en su edición.



El autor de Versos Refugiados y coautor de Don Quijote el azri de la badia saharaui, Bahia Mahmud en su intervención, después de su palabra de agradecimiento, señaló que “este libro es un homenaje a la lengua de Cervantes, que nos embrujó con su literatura en nuestro desierto sin olvidar que es un póstumo homenaje a aquella generación prodigiosa de estudiantes universitarios de los años setenta. Queremos con él rendir homenaje a la lengua que nos une con los pueblos y culturas del continente Latinoamericano y la Península Ibérica, y queremos compartirlo con todos vosotros los aquí presentes. Pero también es una antología que surge como reivindicación al Instituto Cervantes y a los organismos difusores de la lengua española como la Real Academia de la lengua por su olvido al pueblo saharaui, el único pueblo de habla hispana en el noroeste del continente africano”. Subrayó las dificultades para el mantenimiento del idioma español en los campamentos de refugiados, y la atención y apoyo que requiere del estado español y sus instituciones en materia de educación en los campamentos. El autor invitó a los participantes a compartir la lectura de fragmentos del libro.




Para finalizar la presentación Bahia Mahmud terminó invitando a las representantes políticas a recitar un poema de su libro Versos Refugiados titulado Los libros.



Ambos libros se pueden encargar en la siguiente dirección traduccion.sspp[arroba]uah.es

sábado, mayo 02, 2009

Mi té con Beibuh, el decano poeta saharaui, y Taguilalet uld Ahmed Salem





No era casual el encuentro y por supuesto el té que nos reunió largas horas y en el que serví de interlocutor para trasladar un excepcional diálogo literario de dos lenguas muy diferentes, entre investigadores de varias universidades y tres de los más colosales poetas saharauis en hasania aún vivos, uno de ellos octogenario al que en este té de trabajo me referiré en particular y de forma tal vez breve, sí, pero objetiva y a propósito. Estaban Badi, Beibuh, Sidi Brahim y Zaim, éste último no pertenece a esa generación, ya que es nacido en 1957. El encuentro se enmarcaba entre otros que nos llevaron a la zona liberada del Sahara Occidental, lugar que me trae recuerdos de los años del éxodo y los primeros y últimos años de la guerra.

Nuestra cita se desarrollaba al margen de los trabajos de las conferencias de las universidades españolas en Tifariti, territorio liberado del Sahara Occidental. Para todos el lugar no podía ser más adecuado, cuando se trataba de un territorio patrio en el que los tres vates respiraban y sentían lo que les han usurpado por la fuerza otros, la libertad en sosiego, al encontrarse en una porción de su tierra, Tifariti libre y soberana.

Eran los primeros días de una espectacular primavera sahariana que sólo saben disfrutar y evocar los autóctonos beduinos de esa naturaleza. Esa tifisqui, primavera eclosionada después del parto de las densas y pasajeras nubes que los nómadas acogen con esperanza y benevolencia y a la que sus niños cantan zidi zidi yashaab[1]. Las lluvias que después llevan a un lijrif[2] esperado como siempre, definido por los saharauis como am jrifu zein[3]. Porque el agua cuando cae marca inolvidables momentos en la memoria de cada individuo y sobre todo el acontecer en la vida de un poeta como Beibuh, Badi o Sidi Brahim, ya que la tierra empieza a eclosionar su generosa naturaleza vegetal y animal y la vida comienza, otra estación, a cobrar sentido para el hombre del desierto.

Badi, después de una toma de contacto y un preámbulo de presentación antes de que nuestras cámaras lo enfocaran, mostraba que el encuentro le estaba gustando. Y explicaba que cuando siente la fidelidad de la traducción se deja conducir a lo que se pretende, que es hablar de su cultura y su literatura en general. Y sin dejar que se me pasara la ocasión le agradecí el gesto al considerarme útil y a la altura del encuentro. Debo confesar que desde el primer momento me sentí muy cómodo en el diálogo y el amplio contenido que se vertió durante las casi tres horas de tertulia que nos ofrecieron en una amplia y acogedora jaima, llena de colores, alfombras y cojines. El momento me llevó a las entrañadas tertulias nocturnas que hacía mi madre con sus amigos. Mis compañeros investigadores estaban ebrios del nivel del encuentro y la sorpresa de cómo fuimos acogidos por estas grandes figuras del verbo hasaniano. La bandeja del té estaba conducida por una hermosa mujer, como gusta en la tradición saharaui, y sobre la que más tarde me confesaba Sidi Brahim, en un tono muy cómplice, que fue un amor de Badi en otros tiempos y ahora la relación es de una formidable amistad. Nuestra conversación se estaba desarrollando de la manera más complaciente y amena. En ella se habló de la biografía de cada uno, de su vida personal, de cuando eran poetas noveles, de su época de juventud, y también se habló de los momentos más íntimos y solemnes que cada uno experimentó en su poesía.

El objetivo de nuestra toma de contacto pretendía elaborar una biografía auténtica, renacida de los recuerdos personales en infancia, juventud, nomadeo, y al final el peso de los dilatados años de exilio que viven estos poetas. Pero hay que considerar que, por la naturaleza propia de su cultura, el poeta saharaui no se autorefleja ni se define en canto o elogio a su personalidad, sí que es un simple observador de gestas y epopeyas tanto épicas como líricas. Intenté conducir y orientar en la traducción algunas preguntas que iban en esa dirección que ellos querían eludir. Claro, porque de esta forma podía inducirles a buscar sensibles momentos en la vida de cada uno de ellos, respetando esa peculiar elegancia de estos grandes poetas. Sabía que en nuestro guión deberíamos preguntar por un poema de amor o un momento reflejado en su poesía que hablara en primera persona.

Centré en un determinado momento mi atención sobre Mohamed Moulud Budi, Beibuh. Nació en 1928 en Guelta, región de Zemur, norte del Sahara, hijo de familia nómada ganadera de camellos. Transcurrió su vida errando prácticamente alejado de los núcleos urbanos, lo que enriqueció su poesía de lo tradicional. Practicó el nomadeo junto a su familia y recorrió toda la geografía saharaui de norte a sur. Conoció la poesía desde muy pequeño, influido por sus padres, que eran poetas. En edad es el mayor del grupo con unos espléndidos 81 años y es una de las grandes figuras más veneradas por la sociedad saharaui junto con Badi.

Me dirigí a Beibuh y le dije:

– Mohamed Moulud, el investigador, le pregunta por un poema suyo muy personal que recuerde de cuando era joven. Sobre alguna mujer que le inspiró en un poema, o usted mismo, si en algún momento se reflejó en un verso, aquejado por un amor como suelen sufrir los románticos, los caballeros y los poetas en su vida.

Pero Beibuh sonrió y desahogadamente me cortó el camino con un no rotundo:

– No hay nada en absoluto y no le des más vueltas. En nuestra poesía no hablamos de nosotros mismos, nuestras personas quedan excluidas para no desentendernos de la vida social y el entorno.

Respondí yo:

– Tal vez no he explicado bien la pregunta, habría que acentuar y aclarar el enfoque de la misma.

Entonces ante su negativa, le aclaré que para nuestra poesía hasaniana está claro que no cantamos “el yo” para enaltecernos o destacarnos, sí que componemos en primera persona pero trasladando un dolor o alegría cara a otros. Y le manifesté que para un investigador occidental la biografía de un poeta necesita ingredientes íntimos y muchos pormenores de su vida, amor desgracias, etc. A la sazón, insistiendo, redirigí de nuevo mi pregunta:

– ¿Recuerda algún gaf corto, que haya dedicado a alguien en especial cuando era joven?

Sin embargo la rotundidad de Beibuh era firme e incuestionable:

– Sólo os diré que quise ser en mi poesía un observador de acontecimientos acaecidos en la vida de mi cultura saharaui, y eso es lo que me ha interesado desde hace mucho tiempo.

Pero el poeta Sidi Brahim, siguiendo de cerca la conversación con los dos idiomas, como hombre que fue traductor en la época de la colonia, le insinuaba a Beibuh de forma escueta y con voz amigable al tono de la conversación:

– Recítale Aguilalet uld Ahmed Salem, ¿no la recuerdas?

Beibuh hizo una breve pausa como si buscara en la memoria algo muy lejano, mirando hacia el horizonte sur que se divisaba desde la puerta de la jaima, y señaló:

– Hag, hag, ah, sí, pero es un gueif[4] o un taguilalet[5] muy corto y nunca le ha dado importancia. Corrían los años cincuenta, cuando componía en ese pequeño género que llamamos busuer[6]. Recuerdo una tarde que estábamos haciendo un té en megfa[7] Taguilalet uld Ahemd Salem, la que está situada cerca de las colinas de Edlú, entre Smara y Guelta. Era por la tarde, disfrutaba de un té con otras personas y en eso me acordé de alguien que tal vez pudo ser algo importante en mi vida. Entonces inesperadamente y al hilo de una amigable conversación con acólitos de aquellos años compuse este gueif ó aguilal. La gente lo ha recogido y ha sobrevivido en la memoria.

يلعكل اعليك امنين بد الحزم أذيك اطوالت
تكلالت ولد احمد سالم فمنين اكلالت

Oh amor, intensamente preocupada,
reina sobre ti la inquietud.
Mas menguará
como Taguilalet uld Ahmed Salem.


Aguilalet uld Ahmed Salem uno de los primeros cortos gaf que Beibuh componía en aquellos años cincuenta cuando aprendía en ese pequeño género que los poetas llaman busuer. Se hace un juego de retórica en los dos últimos versos cuando dice “donde mengua Taguilalet uld Ahmed Salem”, habla en nombre de su amada por el largo tiempo que ha transcurrido sin tener contacto. Pero al final todo inesperadamente se hará muy corto como el breve verso y el diminuto monte. Beibuh tiene ese don de poseer una voz grave y proyectada con muchos armónicos, sobre todo cuando recita modulando gradualmente su voz con ritmos altos, bajos y una espléndida y melancólica afinación de voz para recitar. Y todos los que estábamos allí coincidimos al unísono en haah, walah ala aski[8].

Bahia Mahmud Awah

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[1] No pares
[2] Estación equivalente al otoño para los saharauis
[3] Un año de buen otoño
[4] Diminutivo de verso, algo así como “versito”.
[5] Juego de palabras, aguilal significa verso corto, y Taguilalet es el nombre de un diminuto monte en Zemur que lleva el nombre de Uld Ahmed Salem, que dio título a ese breve poema escrito por Beibuh. El poeta juega con estos dos términos.
[6] Poesía breve y poco elaborada, que se hace en el momento y tiene mucho éxito popular.
[7] Falda norte de cada montaña o monte.
[8] Expresiones que se usan en hasania por el público de recital poético o musical, cuando está muy entregado y complacido con lo que está escuchando.