miércoles, septiembre 24, 2008

1978


La tarde del 24 de Septiembre de 1978 llegaba al aeropuerto José Martí de Rancho Boyeros, procedente de Argelia, un vuelo charter de Cubana de Aviación, después de un largo viaje que comenzaba en Mishría, pasaba por Orán, continuaba hasta Gander, luego La Haban, y terminaba en un pequeño pueblo de la provincia de La Habana, llamado Santa Catalina de Güines (Catalina).

Salimos de noche del internado del Mishría, en Argelia, y llegamos de noche al internado Raúl Podio García de Catalina, en Cuba.

Más de cien jóvenes y niños saharauis llegaban al nuevo mundo para estudiar, “Buscad el conocimiento, aunque sea en China” dicen que dijo el profeta. Cuba era la única opción, no había otra posibilidad y menos mal porque Cuba terminó siendo la mejor apuesta para la enseñanza y la educación de cientos de saharauis.

El año 1978 El Ejército Popular de Saguia El Hamra y Río de Oro continuaba con grandes victorias la ofensiva “Mártir Eluali” contra los ejércitos invasores de Marruecos y Mauritania. Fue el año del golpe de estado que derrocaba a Mojtar uld Dadah, el año del intento de asesinato de Antonio Cubillo, el año de la Constitución Española y la confirmación de que los gobernantes españoles les importaba bien poco el destino del pueblo saharaui. Fue el año del Mundial de Fútbol en Argentina. El año del nacimiento del primer bebé probeta, el de los acuerdos de Camp David, el de Juan Pablo II, el año de la independencia de Las Islas Salmón, Tuvalu y Dominica. El año del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en La Habana. Fue también el año de la muerte de Blas de Otero y la muerte del gran amigo del pueblo saharaui Hauari Bumediene.

Se cumplen treinta años de un viaje a lo desconocido. ¿Cuba? Eran tiempos duramente bellos, una mezcla de nostalgias y esperanzas, de despedidas y encuentros. Eran tiempos de crecer con mucha prisa, de estar preparado para, en cualquier momento, emprender otro viaje o para tragar saliva y esperar por los desconocidos designios del tiempo.

Aquellos primeros días los recuerdo con esa sensación triste y amarga. De estar perplejo ante una experiencia que apenas comenzaba y la curiosidad por descubrir un mundo nuevo lleno de ilusiones y sorpresas.

El mango, la guayaba, el mamey ¡Qué delicia!, la “Pelota”, el Baseball, “¿cómo es posible que jueguen una cosa así, es que no conocen el fútbol o qué?” El contraste entre lo dulce y lo salado. Lo dulce y era muy dulce y lo salado muy salado. ¿Cómo comer arroz todos los días, día y noche? Si a mí no me gusta el arroz.

“Pioneros por el comunismo” gritaba un niño, todos los días, con la mano levantada a la altura de la frente, como un soldado, en los encuentros matutinos antes de entrar a las aulas y todos los niños, uniformados de blanco y púrpura, respondían: ”Seremos como El Ché” ¿Comunismo? ¿Cómo el Ché? Alguien sugirió “Seremos como El Uali.” Hubo quien confundió la foto del legendario Camilo, con el sombrero y la pistola de guerrillero, con un cartel de una película del oeste. ¿Cómo llegaron los negros a Cuba?, se preguntaba otro.

Cientos de anécdotas en la memoria de aquellos niños, que hoy muchos peinan canas.

Como están en la memoria los compañeros y amigos que ya no están, porque muchos de aquellos niños dejaron su vida, años después, en el campo de batalla defendiendo la libertad de su tierra.

A todo el grupo de aquel viaje mis mejores recuerdos.

Ebnu, 24 de septiembre de 2008

jueves, septiembre 11, 2008

El camión de coco




- Allí viene, allí viene un camión de coco,

gritó un muchacho que estaba fuera, en la carretera de asfalto que franquea la ESBEC[1] por el lado izquierdo en dirección a Gerona. La voz alcanzó el sótano de los dormitorios más cercanos donde un grupo de niños interrumpió una pelea entre dos compañeros de clase incitada por varios amigos del más fuerte de ellos y se precipitaron hacia la carretera. La llamada alcanzó a los que merodeaban por los alrededores de la cocina buscando algo que llevarse a la boca para aplacar su insaciable hambre de dromedarios. La noticia también alcanzó a los que estaban sentados en el pasillo central escuchando los chistes del encargado de la turbina y a dos que jugaban con embadurnar sus botas de tierra y deslizarse por el pasillo que hacía poco tiempo se terminó de limpiar.

Yo andaba buscando una pelota de béisbol hecha de harapos en las áreas verdes del lado de las canchas deportivas que se me había perdido el día anterior y atrajo mi atención un muchacho que se deslizó precipitadamente agarrado al pararrayos desde el techo del edificio hasta el suelo. Fui corriendo adonde se dirigió el chaval sin saber hacia dónde iba y cuando alcancé el final del edificio justo en aquél momento el camión asomaba su arrugado morro azul frente a la escuela. Y como quien conoce perfectamente el camino paró delante de la cocina de la escuela. Tocó el claxon. La puerta roja de madera se abrió y salió un hombre vestido de blanco, alto y huesudo. Sonrió con un cigarrillo en su boca postiza. Era el jefe de cocina, Héctor.

Sin mediar palabra lanzó una mirada en dirección al contenido del camión.

- ¿Qué hago yo con un camión de coco?, preguntó Héctor.

El conductor sentado todavía en su asiento llenaba unos papeles.

- Descárgalo por allí entre las matas, que los chicos les gusta comerlo por allí.

El chófer lo miró extrañado.

- Sí, sí, lo comen por allí, como siempre hacemos cuando viene el camión del melón - se excusó el cocinero para evadirse de una pesada faena en la cocina.

El conductor movió los hombros resignado, llevó su mano a la oreja derecha y sacó un cigarrillo Popular regado por el tibio sudor de su pelo y el cartílago de su enorme oreja. Lo encendió. Extendió un papel y lápiz a Héctor y este firmó la entrega. Arrancó y salió en dirección al campo, tomó la ruta de un camino estrecho de terraplén que conducía a la selva, pero no se alejó más allá de trescientos metros y paró el motor.

Como un batallón de niños corríamos tras el camión todos excitados y felices por llegar entre los primeros. En pocos minutos se formaron grupos y cada grupo ayudó a un chico o dos a trepar encima del camión para que les tirasen los cocos. Todo lo que fuera posible reunir, aún sin saber cómo los iban a abrir sin machetes ni cuchillos.

Llegué solo y no vi a ningún amigo ni tuve la suficiente sagacidad para juntarme con alguno de los grupos que ya se habían formado. Permanecí abajo vociferando a ver si alguno de los que ya estaban arriba me facilitase un coco. Los minutos pasaban y el contenido del camión se iba agotando. Y si al principio pensaba llevarme cuatro o cinco ahora ya me conformaba con un coco, solamente uno.

Una lluvia de cocos era lanzada desde el camión, en su mayoría era atrapada en el aire por la masa de improvisados porteros, sobre todo por la pandilla de chavales que hacía pocos minutos animaban una pelea debajo del sótano y yo los veía ávidos, seguían acumulando más y más. En pocos minutos habían apilado una montaña y lo celebraban con júbilo. Quizá sería mejor subir al camión, pensé, al constatar que nadie me iba hacer caso en medio de aquél caos de gritos y aluvión de cocos. Pero si subía perdería tiempo y a lo mejor cuando llegara habría terminado, mientras estaba sumido en mis especulaciones un coco aterrizó encima de mi cabeza, sentí cómo un dolor agudo en forma de onda surcaba mi cráneo de arriba hacia abajo e impactaba en mis dientes como una sólida explosión.

Desequilibrado avancé unos pasos hacia delante y otros hacia atrás como un borracho. Miré hacia arriba para ver quién ha sido. Los rayos del sol me cegaron y no pude adivinar si alguien se reía o encubría su fechoría. Me alejé del camión, el alboroto seguía y también la recogida hasta que se vació el camión. El conductor arrancó y se fue.

Se me quitaron las ganas de comer coco, por lo menos aquél día. Salí de allí con un nudo en la garganta. Triste y lleno de rabia. Tenía ganas de llorar por el golpe, por haber llegado entre los primeros y no saborear nada, por la impotencia de no saber quién fue el hijo de puta que me dejó consternado con aquél golpe y sin coco.


Limam Boisha


[1] ESBEC: Escuela Secundaria Básica en el Campo (Isla de la Juventud, Cuba)

viernes, septiembre 05, 2008

Lehmía le gana al León



Muchas veces había escuchado la frase, y muchas veces se preguntó cómo era ese animal fabuloso, el único que le podía ganar al rey de la selva. No estaba ni en sus recuerdos ni en sus libros pero él se lo imaginaba de diferentes formas y tamaños.

Cada vez que oía la palabra lehmía[1] él veía una bestia fuerte, pero bondadosa. Se sentía orgulloso de ella. Lehmía era su amiga. Antes de dormir siempre pensaba en ella.

Entonces una tarde me hizo la pregunta que no se había atrevido a hacer durante tanto tiempo.

Estábamos observando unos camellos encerrados en un corral de unos pocos metros. ¡Qué tristeza!

Encerrar a un animal siempre es triste. Pero cuando se trata del camello, el dueño de la inmensidad, es sencillamente criminal.

- ¿Quién es más fuerte, Lehmía o el Camello?

- Lehmía, por supuesto.
- ¿Y es verdad que le gana al León? - preguntó sonriente.

- Sí, es verdad.

- ¿Es muy grande, verdad?

- Depende...

-¿Y cómo es? Yo nunca he visto una.

- Lehmía, hijo mío, no es un animal. Aunque puede ser muchos animales. Lehmía es una imagen, significa la unión de fuerzas para lograr un objetivo.

- ¡No es un animal! - dijo con cierta tristeza. Estaba decepcionado.

- ¿Ves esa enorme piedra que hay en el camino?

- Sí.

- ¿Puedes apartarla tú solo de nuestro camino?

- No.

- ¿Y si yo te ayudo?

- Seguro que la apartaremos.

- Tú y Yo pues, cuando unimos nuestras fuerzas somos Lehmía y la enorme piedra es el León. Por lo tanto, Lehmía le gana al León[2].

- Lehmía soy yo, Lehmía soy yo - repitió sonriente- y papá y mamá y mi hermanita y Lehmia, también eres tú.

Echó a correr en un coche imaginario. Iba por el camino de la inocencia a través de su mundo reciente de magia y fantasía.





Mohamed Salem Abdelfatah Ebnu

[1] Lehmía: palabra del hasania que significa unión

[2] "Lehmía taklab asbaa" Proverbio saharaui que viene a decir textualmente que "la unión le gana al león" y equivale a decir " En la unión está la fuerza" o "La unión hace la fuerza"

*Foto: http://www.freeartweb.com/