martes, agosto 26, 2008

Ya es hora


- Debe haber algo ya sea objetivo o no que pueda enfocar una luz sobre la cruel realidad que vivimos. -Propuso A-

- Escribir poesía. -Respondió B-

- ¿Vamos, poesía? Deja eso, la poesía nunca ha sido una palanca para los pueblos, la poesía es un fenómeno lento y patoso que bosteza mirando las estrellas mientras la realidad fluye ya sin pasado ya sin futuro, mientras ella con los brazos cruzados nos contempla desde la ribera. -Sentenció A-

B se incorpora, con una ceja torcida.

- ¿Cómo puedes pensar así? La poesía puede ser una arma cargada de esperanza que humaniza a la gente y es más cercana y más amigable al corazón, y ese algo que tú dices, porque la poesía es luz y no sólo para ver, es también una luz para sentir.

- ¿Que más quieres ver? Todo está más que claro, mira dónde vivimos y cómo vivimos y desde cuándo lo vivimos. Y te das cuenta que no se necesita ninguna lupa para el corazón ni para ver, nuestra realidad exige más que palabras, yo puedo entender que la poesía conmueve por un rato, es bella, incluso humaniza como tú dices, pero eso no basta cuando todos estos factores no salen de lo que es la estructura individual de lo humano y sólo sirven para amueblar cómodamente la inteligencia de las estanterías.

- No, debes saber que la poesía es una de las riquezas más valoradas para entender una cultura y gracias a nuestra poesía en hasania aunque de ella se ha escrito muy poco a pesar de que nunca murió, conocemos hoy nuestra tierra y el amor que sentimos por ella y por este amor estamos escribiendo poesía, una poesía de protesta, de amor, de idiosincrasia, en fin una poesía saharaui escrita para el mundo, con una cimentación de versos de paz y de libertad, contra el silencio de los intencionados y como una puerta abierta para los que nos quieren dar un abrazo porque son legales y no toleran las injusticias.

- ¿Acaso nosotros toleramos las injusticias? Y llevamos más de treinta años injusticiados, confinados en campamentos de refugiados, torturados en celdas de la ocupación, obligados a emigrar y vivir divididos. No, nosotros tampoco toleramos las injusticias, pero sufrimos las injusticias de este mundo que nos ignora en su miserable comodidad, y ahora tú me hablas de escribir poesía para el mundo, un mundo que no transpira y se pudre por dentro porque no tuvo tiempo de mirar o simplemente no nos quiere mirar, un mundo hipotecado por la inercia del consumo donde cada vez importan más los productos que los pueblos, donde la política y los políticos se ceban los bolsillos ya lejos de las ideologías y los ideales y más cerca de sus intereses que poéticamente llaman “intereses nacionales”, y ahora me dices escribir poesía, ¡vamos hombre! La poesía sola, carente de un compromiso activo y funcional en beneficio de nuestro pueblo es como la sombra de una acacia en medio del desierto y sólo porque existe la acacia sino, sería la nada en la nada.

- Pero esta poesía está inspirada en nuestra realidad y bebe de nuestras idiosincrasias y de nuestro anhelo a la libertad y es la forma más pacífica de luchar y de demostrar al mundo nuestro apego a nuestras reivindicaciones, a ser libres o ¿acaso esto no es nada?

- ¡Vamos! Yo no dudo de las buenas intenciones, pero hay que saber también que el infierno está lleno de buenas intenciones, no descarto esta forma de lucha a través de la poesía pero lo que te digo es que no basta que sea tu única arma, porque es un arma que no pesa, no se cuelga sobre el hombro, incluso es cómoda bajo tus sábanas, es más, la poesía no es una arma, es un modo que tienes tú, como lo tengo yo al beber de esta taza. La poesía en sí debe ser un complemento más en lo que podemos hacer por nuestra causa y no dejarnos arrastrar como uno más de este país que nos acoge en nuestro segundo exilio, siempre hay que mirar atrás para no olvidar nuestro gran error. Y no olvidar a aquellos que lo dieron todo en su justo momento para que ahora presumamos de escribir poesía como “un arma cargada de esperanza”.


Saleh Abdalahi

viernes, agosto 22, 2008

El verano de la hamada


El bochorno y el calor se habían adueñado de la tierra y el cielo, a partir de las once de la mañana el movimiento se paralizó en Rabuni. Nada se podía mover bajo los rayos de sol, parecía que de un momento a otro podíamos morir asfixiados porque nuestros cuerpos estaban al límite en aquella situación; la única esperanza que nos quedaba era que el viento del oeste, conocido como sahlia, empezara a soplar. Yo estaba totalmente paralizado, no sabía si mojar mi turbante con agua o la sábana de dormir, mis compañeros me decían constantemente “bebe té que es mejor que el agua fría de la garrafa”.

Aquel verano fue uno de los más calurosos en los campamentos, los ancianos decían que no recordaban en toda su vida tanto calor. Por las noches, cuando las entrañas del desierto empezaban a respirar y aquel viento del oeste soplaba desde el océano, la vida volvía lentamente y todos cogíamos una manta y la tendíamos sobre la arena. En ese instante volvía el té verde del Sahara y con él volvían las palabras mágicas de la noche; en medio de la charla todos empezábamos a observar el cielo para predecir las temperaturas del próximo día, pero casi nadie acertaba, excepto un anciano que tenía una enorme capacidad de observar las estrellas y dependiendo de su brillo nos daba su pronóstico del tiempo. El conocimiento de este hombre sobre la astronomía y el tiempo estaba basado en su capacidad de observación y el nombre de los meses que sólo sabía en hasania. También nos hablaba mucho de los camellos, su comportamiento cuando hace mucho calor y su capacidad de recordar el lugar de un pozo de agua aunque solo hayan bebido allí en una ocasión.

Nadie podía dormir dentro de las jaimas con esas temperaturas, todos se acostaban bajo la luz intensa de las estrellas o de la luna y la mayoría de las actividades cotidianas se hacían más de noche que de día. Porque el calor de la hamada siempre ha sido una eterna maldición para los saharauis habitantes del Sahel acostumbrados a temperaturas más suaves y a un clima menos duro.

Cuando el calor quema la ropa, el suelo que pisamos y nuestro cuerpo, la única defensa que nos queda es buscar un lugar con mucha sombra y agua, y estar quietos sin correr ningún tipo de riesgos. De lo contrario podemos poner nuestra vida en peligro exponiéndonos a unas temperaturas extremadamente altas. Los beduinos que se dedican a criar ganado en esas condiciones siempre te aconsejan moverte lo menos posible, si acaso procurar hacerlo a primera hora del día o a última hora, nunca al mediodía. Recuerdo que en una ocasión salí detrás de las huellas de unas cabras, quería alcanzarlas y llevarlas de nuevo hacia el frig, pero mis nulos conocimientos de orientación en el desierto me impidieron localizarlas y de repente me vi perdido sin agua en medio de la nada. Decidí subir a una montaña que estaba cerca para observar todo lo que estaba a mi alrededor y de repente vi unas cuatro jaimas. Yo, que tenía bastante sed, me alegré mucho y bajé hacia allí a toda prisa. Cuando estaba cerca, justo frente a la jaima, un hombre de cincuenta años me saludó invitándome a entrar y luego me preguntó:

- ¿Como has llegado hasta aquí sabiendo el calor que hace?

- Me he ido desde el frig de mi familia detrás de unas cabras, las cuales casi doy por perdidas pero me alegro mucho de haberos encontrado porque estaba sin agua y si no fuera por vuestra hospitalidad estaría en estos momentos prácticamente deshidratado.

- La vida en el desierto es la capacidad de una persona de asumir los riesgos sin perder nunca el sentido de la precaución- sentenció el hombre.


De sus palabras comprendí que el verano en la hamada es una estación donde el sol inicia su reinado a partir del mes de mayo hasta octubre; durante todo ese tiempo nuestros frágiles cuerpos bailarán de sudor escondidos debajo de una darra y tapados por un turbante negro que distingue a los saharauis de otros pueblos nómadas que habitan el desierto.


Ali Salem Iselmu

martes, agosto 12, 2008

Homenaje a Mahmud Darwish


Le llamaron el poeta de la resistencia, el poeta de la tierra ocupada, el testigo elocuente de anacba alfilistiniya[1], interpretada en los países del medio oriente y el norteafricano como anacba al arabiya, término que define la cohesión árabe entorno a Palestina como cuestión común.

A finales de los años setenta escuché por primera vez su nombre mientras yo estudiaba en Argelia. Aquellos años del asedio a Arafat y sus combatientes en Beirut, la guerra que hirió Beirut y profanó los campos de refugiados palestinos en Shabra y Shatila. Sentí y me llegaron sus profundos versos sobre aquella masacre cuando lo vi en la televisión argelina recitando sobre aquellos sucesos. Más tarde, a raíz de mis relaciones con estudiantes palestinos a los que conocí en La Habana y con los que compartí algo en común con ellos, las becas en el exilio, aprendí por primera vez versos suyos cantados por Marcel Jalifa الحين الي خبزة أمى [2] y debo confesar que estos versos me llevaron a recordar el pan, el té y el recitar de mi madre, de la que me encontraba entonces separado hacía once años y sin saber nada de ella. Las razones de nuestra distancia eran las mismas por la que estuvo el poeta separado de su madre y de su palestina.

Añoro el pan de mi madre
el café de mi madre
las canciones de mi madre.
Día a día
la infancia crece en mí.
Amo mi edad
porque si muero
sentiré vergüenza de las lágrimas de mi madre.

Muchos años después leí con más conciencia su poesía en periódicos árabes y la escuché en un programa de literatura que realizaba el fallecido hombre de letras Hasan Al Carmi, (Man Algail Wa Malmunaasaba)[3], espacio que se emitía los años ochenta en la BBC de Londres dirigido al mundo árabe, programa en el que se recitaba un poema y se preguntaba por el autor y la inspiración.

En estos últimos años en mi exilio sobradamente conocí quien era Mahmud Darwish, el poeta de la causa palestina que de niño, en 1948, fue despojado por el ejército israelí de su aldea natal, Al-Birwa, en la zona de la Palestina histórica que hoy es Israel.

Leí sus discursos poéticos, Once Astros, أحد عشر كوكبًا un poemario bilingüe, un libro al que, de forma casual, me llevaron las pesquisas en busca de otro del poeta y diplomático sirio Nizar Cabbani. Fue en la Casa del Libro de Madrid cuando en las verdes estanterías repletas de libros se detuvieron mis ojos en un violín, un olivo y una palmera que sobresale de las antiguas paredes de un palacio árabe. “Mahmud Darwish, Once Astros. (Poesía)”. Plácidamente leí la hermosa, triste y a la vez rotunda creación literaria donde la tierra, la causa del poeta y su gente están presentes en todo momento.

Los poetas como Mahmud Darwish entre la gente nunca mueren a pesar de los tiempos y las ideologías. Estará siempre vivo entre nosotros con la misma antorcha de libertad que alimentan sus pacíficos versos por la causa y resistencia común, que es la libertad. Como él afirmó “la poesía puede ser considerada como demasiado débil, un juguete que se arroja contra los rifles, pero a menudo es tan buena como la dinamita, cristaliza posiciones políticas mediante líneas que, memorizadas por los viejos y los jóvenes, fortalece la resistencia popular y proporciona eslóganes comunes”.

Descansa en paz, amigo de lucha, de casa arrasada, de aldea natal borrada de la tierra, poeta cantor, voz del pueblo.

Tal vez una tarde cansado de su exilio y con la mirada puesta en Palestina y en busca de Al Birwa escribió estos versos titulados “La última tarde en esta tierra”:

La última tarde en esta tierra cortamos nuestros días
de nuestros arbustos y contamos los corazones que nos llevaremos
y los que dejaremos, allí. La última tarde
no nos despedimos de nada, y no encontramos tiempo para nuestro fin.


Bahia Mahmud Awah


Ver:

http://www.mahmouddarwish.com/

http://www.mahmouddarwish.com/english/index.htm

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[1] Anacba alfilistiniya: la tragedia palestina
[2] Añoro el pan de mi madre
[3] Man Algail wa malmunaasaba: Quién es el autor y cuál es la inspiración

sábado, agosto 09, 2008

La memoria os absolverá



8 de julio de 1987. Tenía más de veinte años, acababa de finalizar mis estudios dos años atrás, inmerso con muchos compañeros en las primeras tareas de vida o muerte por la tierra, a las que estábamos enfrentándonos. Seguidores de la vida de Nelson Mandela en las emisiones de la BBC de Londres, la Voz de América y la emisora Hilversum en sus ediciones lengua española. Dos años más tarde me cautivó la voz de Tracy Chapman con su inconfundible estilo folk, guitarra acústica y esa peculiar garganta con la que entonaba Talkin´Bout A Revolution.

Desde entonces descubrí y aprendí que todos no podemos tener las mismas inquietudes, cada uno debe representar y encarnar en su momento sus convicciones y manera de lucha personales. El mundo y sus imperantes acontecimientos acaban de abrirnos los ojos. Africa, pilar de nuestras preocupaciones, estaba sumergida en muchos problemas y conflictos, que hacían madurar a tiempo las conciencias de los que estaban afectados o ligados, como era nuestro caso.

Mandela dijo “Después de escalar una gran colina, uno se encuentra sólo con que quedan muchas más colinas que escalar”.

Tracy Chapman cantó “Los pobres van a levantarse/y conseguir su parte/la gente pobre va a levantarse y tomar lo que es suyo”


Aquel 8 de julio de 1987 caía abatido en combate mi mejor condiscípulo de infancia Sidahmed Berray, alias uld Treibi, el día anterior yo estaba herido a causa de un bombardeo efectuado por dos aviones caza bombardeos marroquíes que nos lanzaban unos misiles tierra aire, “Los Maverick”, más conocidos por "Dispara y Olvida", puesto que una vez que su cabeza se programa sobre un objetivo, seguía hacia él de forma automática.

Son más de veintiún años transcurridos desde entonces. Y muchos julios y agostos pasaron desde aquella fecha. Ahora tal vez muchos dirán esta reflexión ¿a cuenta de qué viene? De un nuevo aniversario de esa fecha del mes de julio, de una historia olvidada, para recordar a un amigo o simplemente en busca de alimentar una prosa.

Sin embargo yo diría que a pesar de la incongruencia de ese tipo de historias y la poca afluencia de la memoria entre la gente, los saharauis y nuestros amigos hemos de ir juntos a buscar el ayer de nuestro pasado trágico y sus inolvidables personajes que son retazos a componer para consolidar nuestra historia.

A veces por relativizar circunstancias y hechos dejamos entender que estamos perdiendo en los escenarios de la memoria, de la que hemos sido autores anónimos en algún momento. Los pueblos del tercer mundo son la fuente de la que el expedicionario, el colonizador y el intelectual del primer mundo realimentan su pluma, a veces por darnos a conocer y en otras por recrearse en la maravillosa cultura de nuestro continente. Todo acontecimiento acaecido en nuestra vida es pasado y éste es historia. Hay historias con protagonistas, en el elfayir[1], en ahma o ashad leiam[2], vencidos por la sed del desierto. La memoria es un puzzle que conforma la historia y la tradición de los pueblos, es identidad y existencia.

No hemos finalizado la apuesta que estamos jugando con el paso de los años y el futuro. Creer en los que se marcharon para siempre, es comprometernos a seguir el camino y mantenerlos vivos a través de la memoria. Porque ellos han dejado la vida por nuestros sueños y se marchitaron como una flor. Cuántas historias aún dormidas sin desvelar y cuántas esperan ser rescatadas del olvido. ¡Muchas, buscadlas, rescatadlas, contadlas, es vuestra identidad! Para que la memoria les absuelva.

Sin ello estaríamos ejecutando para la historia falsos caminos, equivocados senderos cuando sólo hay uno, el verdadero, el que nos guiará con pasos firmes, para que el día de mañana lo que hemos escrito quede fielmente transmitido y en buenas manos depositado, y con ello siempre estarán con nosotros los que creemos que nos han dejado a lo largo del camino. El relato surge, y ya lo he dicho despejando la incógnita ¿a cuenta de qué viene? Pensando en aquellos meses de julio y agosto en Gleib Teralal, Tiris sur. El verano más inolvidable y caluroso que he conocido, partiendo del Zemur norte al más recóndito sur de la hermosa, blanca y fina región de Tiris.

Pero fijaros que el tiempo a veces nos admira porque nos deja señas de identidad para recordarlo, un mes, un día, un viento, un siroco, una madrugada o una esperada lluvia. En este mes de agostote 2008 leía unos poemas y pensamientos de Eduardo Galeano, la coherencia e interrelación de preocupaciones por la injusticia cometida, la barbaridad y ambición de los hombres. Pensamientos en cortos poemas a los que al instante uní mi sentir.

Galeano dice a propósito “Hay un único lugar donde ayer y hoy se encuentran y se reconocen y se abrazan”. Este lugar, esta mañana y este abrazo tan esperados necesitan que lo arribemos contando delicias de nuestras epopeyas, tanto personales como colectivas, y no en busca de la grandeza o la eternidad en el tiempo, simplemente para afianzar y encauzar nuestra identidad como personas con memoria.

Sidahmed, mi amigo de infancia, caía un ocho de julio, obviamente por otros sueños diferentes al de cualquier otro caído en un día de otro diferente julio. Tenía que haber vivido aquellos tres excelentes meses julio, agosto y septiembre, pero el destino ya estaba escrito, como decimos en hasania elmectuba. Cayó invicto en una espléndida mañana de Tiris, sin vientos, el cielo era un cuadro azul celeste, de blanco manchado con pocas y pasajeras nubes, que días mas tarde refrescaron su darih[3] y regaron dormidas semillas para brotar sedientas plantas de emurcba, ascaf y ensil y hacer correr pequeños riachuelos para dar vida al manto dorado de las dunas de Azefal[4]. Ese día también recogimos agua dulce de daya[5], llenábamos los grib[6] colgados en los costados de cada coche. Las lluvias refrescaron las dos últimas semanas de aquel mes de julio y las primeras de agosto.

Pasábamos todo el mes de agosto tomando agua caída del cielo y en cada rezo de los viernes leíamos una fetua[7] por el alma de mi amigo y la de sus compañeros de trinchera, El Bar, Graibis, Mohamed…

¿Por qué entonces nuestra dormida memoria? Eduardo Galeano se pregunta “¿Por qué será que hay muros tan altisonantes y muros tan mudos? ¿Será por los muros de la incomunicación, que los grandes medios de comunicación construyen cada día?”. Apliquémonos esta interrogante e inquietud de Galeano, rompamos los muros de nuestra memoria.

Bahia Mahmud Awah


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[1] Elfayir: factor de sorpresa que históricamente aprovechan los saharauis para vencer en una batalla
[2] Ahma o ashad leiam: el más duro de los días, por calor o cuando se complican las decisiones
[3] Darih: tumba
[4] Azefal: zona de Tiris, caracterizada por sus blancas dunas y vegetación de ascaf y emurcba
[5] Daya: charca
[6] Grib: plural de guerba, odre
[7] Fetua: rezo por los difuntos que se hace los viernes