martes, junio 26, 2007

Carta al verdugo de Saltana





"Me han estremecido un montón de mujeres"
Silvio Rodriguez.



Señor Verdugo:

¿Tiene usted una hija que nació el año ochenta?
¿Que estudia una lengua extranjera?
¿Que una amiga suya "escribe a pesar del dolor"?

”No”, le imagino decir.

Pero, sabe usted, señor verdugo,
que un día cualquiera,
esa muchacha, hija suya,
puede estar
en primera fila,
y gritar consignas
con voz alta,
levantar el puño y la herida,
y soñar con los versos de la victoria.

¿Qué haría ese día?, señor verdugo,

¿La mataría?

¿La quemaría viva?

¿Arrancaría su ojo derecho?

Bañada en sangre, ¿la acompañaría
al hospital o la comisaría?

¿Tiraría de su pelo?

¿La insultaría?

¿Dejaría que la violasen?

¿La obligaría a firmar
una falsa declaración?

¿Vigilaría su propia casa?...

¿Qué haría, señor verdugo,
con ese ojo arrancado,
si fuera el de su hija,
si el ojo fuera el suyo?

Limam Boisha.

domingo, junio 24, 2007

La flor del desierto



De la sombra de una duna nace una luz que se traslada mirando el sol a lo largo del día así se puede describir la historia de un poema en hasania, porque la poesía es el movimiento de los sentimientos expresado en palabras que se trasladan persiguiendo un sueño, una imagen o una sensación.

El pueblo saharaui ha sufrido a lo largo de estos años su particular Odisea representada en varias generaciones de poetas que nacieron ante la impecable impotencia de la palabra. El destierro, la peregrinación y la indiferencia marcan el sentido de cada verso que nace para buscar una respuesta desde la indignación. Cuando la voz se siente muda, abandonada en su larga agonía busca refugio en la belleza y de esa belleza nace la razón de un poeta indignado.

Umdraiga una herida abierta con enormes cicatrices, una sinrazón que los verdugos han convertido en su razón. Llegó el fantasma de la guerra que sembró muerte, sangre y horror creyendo que el polvo era suyo, cuando el polvo de nuestros pasos nació libre corriendo detrás de las huellas de un dromedario nómada. Un dromedario que cruzó muchas fronteras, muchos desiertos buscando la utopía de la libertad.

Con nuestros versos sobrevivimos ajenos a la indiferencia humana porque el exilio y el refugio marcan el latido del corazón. Un corazón que siente la sangre de la poesía recorrer las profundidades del cuerpo y en esa trayectoria crece el sueño de la esperanza y muere en nuestras manos la mano del tirano que desde el cielo lanzó el mensaje ignominioso de la muerte destruyendo los pasos inevitables de la vida.

Los poetas asumen su particular batalla fundiendo la imaginación en palabras y de esa fusión nacen un nuevo canto que perdurará en la memoria de muchas generaciones que entienden y sienten la historia de nuestros hermanos en El Aaiun. Una historia cercenada por el dolor desgarrador que produce una tiranía aferrada a enterrar en las arenas del Sahara la voz rebelde de un pueblo pacífico.

Cuando la nostalgia invade la mente reflexiva y el amor al verso nos causa un infinito dolor, el poeta Mario Benedetti nos dice:

“El silencio se esconde en el silencio
es el cero del mundo en su letargo
no hay vértigo ni ruido que lo alteren
su soledad es larga y cenicienta

El silencio es la pausa interminable
algo como el envés del universo
comulga con los cándidos suicidas
que son los que se abrazan a su nada

Es la última fe de los callados
el lago de las almas en reposo
y si las barahúndas lo persiguen
el silencio se esconde en el silencio”.

Esperamos que el silencio sea una voz que transforme esta melodía en un sonido alegre que les devuelva a los saharauis un trozo de paz en medio de Umdraiga, una tierra que quemaron con el horror del fuego.

Ali Salem Iselmu.

Presentación en Zaragoza del libro de la Generación de la Amistad "Um Draiga"

martes, junio 19, 2007

Presentación en Zaragoza de la antología de poesía saharaui "Um Draiga"



UM DRAIGA, Amigos del Pueblo Saharaui de Aragón

Presenta el libro

UM DRAIGA. Poesía contemporánea saharaui

Viernes, 22 de junio a las 20 horas

AULA DE LA INSTITUCIÓN FERNANDO EL CATÓLICO.
Plaza de España, nº 2. Zaragoza


CON LA PARTICIPACIÓN DE:

JOSÉ ANTONIO ACERO
Vicepresidente de la DPZ (Diputación Provincial de Zaragoza)

ALI MOJTAR
Delegado Saharaui para Aragón

ENRIQUE GÓMEZ
Vicepresidente de UM DRAIGA

ZAHRA HASNAUI
ALI SALEM ISELMU
Generación de la Amistad Saharaui


Um Draiga es un libro dedicado a las víctimas del bombardeo de la ciudad saharaui del mismo nombre llevado a cabo por la aviación marroquí en febrero de 1976, contra la población civil saharaui que escapaba indefensa de la invasión ilegal de su tierra. En el libro participan los siguientes poetas saharauis: Ali Salem Iselmu, Bahia Mahmud Awah, Chjedan Mahmud, Limam Boicha, Luali Lezna, Mohamed Ali Ali Salem, Mohamed Abdelfatah Ebnu, Mohamed Sidati, Saleh Abdelahi, Zahra Hasanui.

El libro está ilustrado con cuadros de los pintores saharauis Fadel Jalifa Ali, Fadili Yeslem Omar y Moulud Yeslem. Sus cuadros se unen en este libro a los poemas en un grito de denuncia sobre el drama de su pueblo.

Con prólogo de Antonio Polo y la colaboración de Gurutze Irizar Fatimetu, superviviente del bombardeo de Um Draiga.


Habían pasado más de 20 años de ocupación del Sáhara Occidental por Marruecos y 5 años desde que se firmara el alto el fuego, cuando en 1996 un grupo de aragoneses, conmovidos por la injusticia que vivía la población de la antigua provincia española y guiados por el ejemplo de otras comunidades autónomas decidimos organizarnos y fundar UM DRAIGA, la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui en Aragón.

Tomamos el nombre como homenaje las víctimas de uno de los primeros asentamientos que se organizaron durante el éxodo en febrero de 1.976 y que es recordado amargamente por los bombardeos con napalm y fósforo blanco de la aviación marroquí a la indefensa población saharaui allí refugiada.

Han pasado más de treinta años y el conflicto sigue estancado. El pueblo saharaui dividido por un muro de la vergüenza y el ocupante marroquí expoliando sus riquezas.

Este libro pretende ser un homenaje a las víctimas de Um Draiga y a los poetas saharauis que desde su poesía consiguen emocionarnos y acercarnos su cultura.

No podemos olvidarnos de los saharauis que viven en las zonas ocupadas del Sáhara Occidental y que con el ejemplo de su Intifada pacífica nos ánima a seguir luchando por un Sáhara Libre con las únicas armas que tenemos: la verdad y la justicia.

UM DRAIGA, Amigos del Pueblo Saharaui de Aragón



domingo, junio 17, 2007

Naziha

Naziha, era una niña de cuatro o cinco años, que en medio de una tormenta vio un globo verde. ¡Un globo verde, qué maravilla!, dijo ella, y salió corriendo trás él. Naziha corrió y corrió, sin poder alcanzarlo. Cuando se dio cuenta estaba ya lejos de su jaima. Ella no sabía dónde vivía, ni dónde estaba. Una mujer la recogió, y la llevó a su jaima. La niña tenía mucha sed, y la mujer le dio agua, agua en un cuenco de metal. En el fondo del cuenco había tierra y hormigas muertas, dormidas o desmalladas, a la niña le dio asco, pero tenía tanta sed que bebió el agua con placer, y bebió las hormigas.

La abuela de Naziha se enteró de su paradero y fue a recogerla, después de llevar horas buscándola por todas partes. Cuando fueron a la jaima de la mujer sólo habían hormigas, muchas hormigas, que rodeaban a una más grande que las demás, su color era verde brillante como una esmeralda.

La abuela y la mujer miraron y revisaron todos los rincones, la cocina y el baño, salieron fuera para ver las huellas de Naziha, por si volvió a salir cuando la mujer la dejó sola para que avisaran a su familia, pero el viento seguía soplando y todo lo que las personas escribían con la caligrafía de sus pies se borraba.

La abuela se sentó al lado de las hormigas y con voz dulce les susuró: "Hormigas, yo no les voy echar gasolina, ni dejaré que las gallinas les picoteen, ni derrumbaré vuestro hogar. Yo les daré azúcar, migas de pan y cus-cus, si me dicen dónde está mi niña".

La tormenta se intensificó, y agitó duramente la jaima, las dos mujeres se agarraron al palo para sostenerlo y evitar que les aplastara. La arena se filtraba por todas partes y todo se oscureció. Algún bicho picó a la abuela, y la mujer buscó a ciegas la linterna que siempre guardaba al lado de donde apilaba las mantas, y fue hasta el baúl grande para sacar el viejo botiquín, cuando levantó la tapa del baúl, allí estaba Naziha acurrucada, medio dormida y abrazada a un globo verde.

Limam Boisha

viernes, junio 15, 2007

A las dos Generaciones de la Amistad, la del 27 y la Saharaui



Jorge Guillén abría con una dedicatoria para el pueblo saharaui “Os doy esto desnudo que es mi mano”, un libro de poesía que las nacientes asociaciones de solidaridad con el pueblo saharaui publicaban en los años 80. Los saharauis homenajeamos a la Generación del 27 en su 80 aniversario.

“Con toda el alma y con absoluta convicción me adhiero a la defensa de los derechos humanos y de la paz; y ahora me asocio a todo movimiento que favorezca y proteja a los desvalidos saharauis”
Jorge Guillén
Málaga. 20 de noviembre de 1982.

A las dos Generaciones de la Amistad, la del 27 y la Saharaui


Estaciones

Invierno de cuna
soportan
en tierras peregrinas.

Se canta en compañía,
a solas, susurran nanas.
En los canales rebosantes
de quimeras cornudas
vierten las amargas ganas.

Y día tras día,
se colorea el lienzo gris del olvido
a golpes cegados por la esperanza.

Guillén,
Salinas,
Cernuda
soñaban,
soñamos,
verano de cuna.



Efecto poeta

Revolotea la aliblanca,
la gartufa se engalana
por seguidillas se arranca,
zambra, zahora, jarana!

Amgala, Castilla, Zemmur,
Zuk, Miyek, Andalucía
relucen, irradian glamour,
jolgorio, algarabía!

La luna viste de lirio
monte, mariposa, río
participan del delirio,
risas, bailes, jaleo, lío!

Y dicen que las palabras
hojuelas son en el viento,
ahorita, comprenderás
por qué, con brío, disiento.

Zahra El Hasnaui Ahmed


Este año, concretamente el 16 y 17 de diciembre, se cumplen 80 años de la reunión de los poetas de la llamada Generación del 27 en Sevilla. El primer día, un viernes de 1927, tuvo lugar una velada en el Salón de Actos de la Real Sociedad Económica de Amigos del País en la que intervinieron José Bergamín, Dámaso Alonso y Juan Chabás y ofrecieron una lectura de poemas Federico García Lorca y Rafael Alberti. Al día siguiente, el Ateneo sevillano acogió una segunda velada, con las intervenciones de Bergamín y Gerardo Diego, y las lecturas de Jorge Guillén, Federico García Lorca, Juan Chabás, Gerardo Diego y Rafael Alberti. Entre el público estaba el joven sevillano Luis Cernuda, de quien se leyeron unos poemas. Ese acto quedó inmortalizado en la ya mítica foto del grupo en el salón del Ateneo. Y es considerado casi unánimemente como la fecha del despegue de una nueva y brillantísima generación artística de poetas, que también estuvieron acompañados por pintores, cineastas o músicos.

domingo, junio 10, 2007

El enigma de la Badia



Llegó a la jaima por la madrugada después de pasar toda la noche a la intemperie buscando sus cabras, a plena luz de la luna pudo ver el frig en medio de aquel río seco, pero se había olvidado de su perro, el verdadero pastor de la manada. Ahmed era un hombre de treinta años nacido y curtido en el desierto, a los siete años empezó a cuidar del ganado de su familia junto con su padre, conocía a todos sus animales por su color y las pisadas que dejaban en la arena.

Entró de forma cuidadosa, recogió una manta y una almohada que estaban en el interior de la jaima, salió hacia a fuera, se quitó toda la ropa y se puso una darraa muy transparente, se acostó e intentó centrar su mente en el profundo sueño que se había instalado en su cuerpo. En medio de los delirios se imaginó a un zorro enorme que perseguía sus cabras, les daba mil vueltas, luego las iba degollando de una en una sin probar un solo bocado. Dentro de aquella inerme quietud se escuchaba la voz de Ahmed entrecortada gritando “maldita bestia, no mates a mis cabras déjalas que coman la hierba fresca”. De poco sirvieron aquellos gritos desesperados que irrumpían en medio de la noche, la pesadilla se iba adueñando del cuerpo y la mente de Ahmed que seguía durmiendo.

Cuando el Almuédano anunció la oración de la mañana todos se levantaron pero Ahmed se quedó durmiendo, ningún ruido lo perturbó. Su hijo cogió el hacha y empezó a cortar la leña, después encendió una enorme hoguera de la que fue apartando la brasa de forma cuidadosa, llenó la tetera de agua y la colocó encima del fuego, esperó unos diez minutos hasta que hirvió el agua, con la palma de su mano cogió el té verde y lo introdujo dentro de la tetera. Empezó así con el típico y tradicional ritual de todas las mañanas, cuando probó el primer vaso de té sintió que estaba despierto y que empezaba un nuevo día en la Badia, entonces se levantó y se acercó al sitio donde estaba durmiendo su padre y le dijo:

– Papá levántate, levántate que ya es muy tarde tenemos que buscar el ganado perdido.

Ahmed se levantó diciéndole a su hijo:

– Nuestras cabras se las ha comido un enorme zorro, ya no podemos hacer nada todo esta perdido, hijo mío no creo en los milagros, tenemos que aceptar el destino porque así estaba escrito y predestinado.

– Pero papá despiértate que aún duermes, primero lava bien tu cara y tu cabeza y después hablamos.

El sol salía lentamente desde el este, alrededor de la jaima no había ni una sola huella de las cabras, la vista no lograba ver nada y parecía que todo estaba perdido solo quedaba encomendarse a Dios y esperar que los animales volvieran; desde el sur entre el cúmulo de acacias se veía a un beduino montando encima de su dromedario dirigiéndose en dirección hacia el frig. Ahmed lo vio pero no se inmutó siguió concentrado pensando en los posibles lugares en los que su familia había acampado alguna vez y que posiblemente las cabras conocieran, pasó por su mente el río de Arweidil, aquel lugar donde cayó la lluvia hacía dos años y en él nacieron muchos cabritos de su rebaño. También pensó en el pozo de Beirat Turasil, allí en pleno verano y con más de cincuenta grados cada dos días le daba de beber a sus animales; muchos son los lugares en los que pensaba pero al final no se decidía por ninguno.

Una voz aguda rompió el silencio “Asalam Aleikum”, contestó Ahmed. “Aleikum Bisalam”. Empezó una larga ceremonia de saludos al estilo beduino donde se pregunta por todas las noticias y sucesos que afectan a la comarca y mediante la cual los dos hombres intentaban intercambiar todo tipo de información útil. Concluidos los saludos pasaron al interior de la jaima y por supuesto el té verde, lo primero que se le ofrece a un invitado. En medio de la charla Ahmed le preguntó a su invitado por su ganado, le describió el color blanco predominante en sus cabras y le señaló la dirección donde solían ir a comer todas las mañanas la hierba.

Concluida la conversación los dos hombres empezaron a despedirse y en medio de la despedida se oyeron los ladridos de un perro que venía del este. Ahmed salió corriendo a toda velocidad a su encuentro y cuando estuvo cerca se dio cuenta de que era el pequeño perro Batah que iba detrás de las cabras, observándolas como bajaban por el valle hacia el pequeño frig, en ese momento Ahmed se detuvo y le invadió una sensación de júbilo contenido, porque sabía que el enigmático Batah era el mejor aliado de las cabras en medio de la Badia.

A pesar del siroco y el calor Batah era fiel a su amo y a las cabras, él también nació y creció en el desierto, y conocía de memoria todos los parajes donde hay comida para los animales y alguna vez emigraba por la noche hacia los vecinos para compartir tiernos momentos con la perra Slugui, auténtica creación del desierto.

Ali Salem Iselmu

*Foto: Saharauiak

sábado, junio 09, 2007

Nuevo libro de poesía saharaui_Versos refugiados de Bahia Mahmud Awah



“Versos refugiados, es además de un hermoso regalo literario, una caricia en la frente sudorosa del pasado, una tormenta, un siroco o un vendaval que cruza por el presente, con dirección al futuro. Nos enseña las identidades del dolor, la constante espera, los sueños rotos, los infinitos sufrimientos del exilio; y a la vez nos regala la inagotable ternura, su esperanza en un futuro mejor y sus convicciones, la paz y la libertad”. Mohamed Salem Abdelfatah, Ebnu.


Tu querer anida en las entrañas

Sáhara, oh Sáhara.
No hay ola que de noche
no repita
este grito:
¡Sáhara, oh Sáhara!
¿Acaso expira el mar
del peso de la noche?
¿Le aburre su andadura?
¿Se acuerda en el exilio
de su gente?
Mahmud Sobh



Y es así, cuelga, anida, se cobija
se refugia,
y acampa a sus anchas
en mi usurpado corazón.

Otra vez renacen mis dichas,
blancas palomas,
olas y olas, barloventos, brisas
y vientos,
espumas enfurecidas.

Desde las cornisas de Cabo Blanco,
Bojador a las Playas Fum Saguia,
todo ansias de libertad.

Allá,
las olas mecen su gente, sabor
al triunfo.
Allá,
se une el grito de Mahmud Sobh
con mi grito.
Allá,
las olas y la gente gritan
¡Oh Sáhara, oh Sáhara!
¡Oh Palestina, oh Palestina!

Sí, expirará la mar del peso
de su noche.
Sí, se acordará en el exilio
de su gente.

Y la mar, ésta,
nuestra, con sus cuajadas espumas
negras, rojas, blancas
y verdes,
volverá a vernos, inevitablemente,
seguro volverá a vernos.


Versos refugiados. Bahia Mahmud Awah. Universidad de Alcalá. Madrid, 2007

Con prólogos de Carmen Valero, Directora del Departamento de Filología Moderna Universidad de Alcalá; Maribel Lacave, escritora y poetisa canaria y Mohamed Salem Abdelfatah, Ebnu, escritor saharaui.

miércoles, junio 06, 2007

La Generación de la Amistad Saharaui en el Festival de Poesía de La Habana







El XII Festival Internacional de Poesía de la Habana, que se celebró entre el 28 de mayo yel 2 de junio, contó con la presencia de dos miembros del Grupo Generación de la Amistad Saharaui: Mohamed Salem Abdelfatah (Ebnu) y Limam Boicha. Esta edición del Festival estuvo dedicada a África y el Caribe.

Del continente africano llegaron poetas de Sudáfrica, Angola, Nigeria, Mozambique, Mali, Egipto, Benin, y por supuesto el Sáhara Occidental. También asistieron al evento poetas de España, Austria, Quebec-Canadá, Nueva Zelanda, Sri Lanka, y latinoamericanos en su mayoría de México, Venezuela, también de Perú, Barbados, Chile o Paraguay, etc.

Los poetas saharauis participaron en muchas de las actividades como la siembra del "Árbol de la poesía" e hicieron lecturas en espacios públicos como El Hurón Azul en la sede de la UNEAC (Unión de escritores y Artistas de Cuba), en las salas Guillen y Villena, en la Unión Árabe de Cuba, con la presencia del embajador de la RASD, Mohamed Salem Uld Telemidi, así como presentaron una ponencia en el Salón de Solidaridad del Hotel Habana Libre sobre la cultura e historia saharaui, a través de las vivencias humanas y personales de los poetas, en lo que fue una de las actividades principales de su presencia en La Habana.

La poesía saharaui en castellano que conoció el público al que asistió al festival de la Habana tuvo un impacto y gran interés, y hay acuerdos para publicar algunos libros sobre cultura saharaui y poesía en Cuba, Venezuela, Perú y México.










domingo, junio 03, 2007

La poesía saharaui habla otra lengua. Los poetas saharauis en la Feria del Libro de Madrid



La historia de la poesía en el Sahara se remonta a muchísimas generaciones; mediante los encendidos versos los poetas saharauis en Hasania describieron paisajes, historias de amor, batallas milenarias, contribuyeron con su creación poética al conocimiento profundo de la sociedad dejando una tradición arraigada que tiene al poeta como máximo exponente de la tradición oral saharaui.

En la parte sur-este del Sahara Occidental existe una basta llanura de arena y dunas doradas que se mezcla con inmensas montañas negras en forma de roca conocidas como Galaba o Galb. Esta fascinante tierra acoge en su seno a los nómadas saharauis que con la llegada de la lluvia y el nacimiento de infinitas variedades de arbustos y árboles como la acacia, invita a los camellos y las cabras a nueva estación de pastoreo en una pradera fértil; con la llegada de la vida a Tiris, que es el nombre de este autentico lugar llegan los poetas y los músicos, se enamoran los novios y nace la poesía como respuesta a la diversidad de la vida en su forma.

El poeta y erudito saharaui Chej Mohamed Elmami recorre la naturaleza de Tiris a través de un poema le ofrece al visitante un mapa de versos que le llevará sin lugar a dudas al corazón de esta tierra nacida del barro mojado de la poesía. Poetas contemporáneos como Badi le cantan y la enamoran, la añoran como una sensación de belleza y creación sublime que se expresa en cada verso que nace del alma.

Dentro de este contexto nace la poesía saharaui contemporánea escrita en castellano producto de la mezcla y fusión de culturas y lenguajes que permiten el nacimiento de una nueva generación de poetas que intentan rescatar las raíces y orígenes de la poesía saharaui, ya que la poesía saharaui convivió durante ciento-treinta años con la literatura española y producto de esa convivencia y la enorme influencia latinoamericana en los poetas que en su mayoría realizaron estudios en Cuba nace este nuevo canto desde el corazón del desierto para inspirase en poetas como Chej Mohamed Elmami, Mario Bendetti, García Lorca entre otros; el exilio y la situación de lucha por recuperar la libertad y la dignidad del pueblo saharaui son también una fuente inagotable de inspiración porque la dramática situación de los saharauis es el inicio de un largo verso que nació libre, quiere ser libre para no ser acallado por la opresión y porque solo desde la libertad es donde la imaginación encuentra su verdadero refugio.

Esta generación de poetas fiel al polvo de la arena del desierto y amiga de la mar conoce los versos americanos de Neruda y los versos ibéricos de Rafael Alberti intenta abrir su propio espacio africano rodeada por pueblos hablantes del Árabe y el Francés; pero el castellano como lengua sirve al pueblo saharaui para diferenciarse de otros pueblos y reivindicar sus orígenes mediante la poesía en hasania y español porque en Tiris, la tierra de los poetas, nació en su seno poemas cantados sobre los andares peregrinos de Don Quijote de La Mancha.

Ali Salem Iselmu




Ver información de la actividad de los poetas saharauis en la prensa
Fuente: EFE

(...) Los pabellones de la Feria acogen mañana y tarde numerosas actividades, y en el de la Fundación Círculo de Lectores se celebró un encuentro sobre 'Poesía saharaui y lengua española', en el que participaron los poetas saharauis Bahía Awah y Ali Salem Iselmu, ambos pertenecientes a la Generación de la Amistad.

Estos poetas escriben en castellano 'y son la voz de su tierra', y, según dijo el español Ricardo Gómez al presentarlos, 'a la injusticia que supone el que vivan en el exilio' se une también las dificultades que tienen que superar para ver reconocida su obra.

Awah y Salem tienen muchas cosas en común, entre ellas que estudiaron en Cuba, por lo que en su poesía es frecuente la mezcla de voces caribeñas con otras procedentes de España.

Uno y otro han contribuido a difundir con su poesía la cultura del Sahara occidental, y uno y otro han enriquecido también su obra con las influencias de García Lorca, Neruda, Alberti o Mario Benedetti, entre otros muchos escritores de lengua española.

'La poesía saharaui quiere ser libre como el pueblo al que representa', dijo Ali Salem. 'La poesía de nuestro pueblo es un arma; forma parte de la lucha que mantenemos desde hace décadas', completó Bahía Awah.

viernes, junio 01, 2007

Lembeidii y su duna



Culminado un día más de la larga jornada de un dayar de lluvias, me detengo del trotar, ya es de noche, mi marcub suelta un sigiloso berrido muestra de su lealtad, esa obediencia que suele ser obra de experto domador. Doy orden a mi dromedario usando el vocablo con el que se entienden los dueños de la badia con sus animales de montura: wtshsh wtshsh wtshsh, él suelta otro berrido que suena fiel, amistoso y se apoya en sus rodillas delanteras tocando tierra firme.

Sobre mi cómoda rahla siento el contacto con el suelo en el que ya están descansando las rodillas del animal, algo suave se nota, cuando ya están enfilándose sus robustas rodillas, acomodándose en un mar de sedas. Bajo sujetándome en el garbus de mi rahla, y mi pie derecho apoyado sobre el harec, el extremo delantero donde termina el lomo del dromedario. Sin soltar lejzama de cuero, riendas bien labradas con trenzas de color blanco, rojo y azul, le enrollo un agaal en una de las rodillas, por si se asusta y se levanta dejándome en la oscuridad y solo, haciendo caso a la habitual prudencia de un nómada que no debe dejar de obedecer las leyes del desierto.

Acampo esa noche en un uad de Tiris, cuyo paisaje puedo descubrir más adelante: un lugar de abundante batha, fina, cristalina, suave, arenosa, cálida con dispersados grupos de acacias donde se percata el fresco olor de su amarilla flor anish. En el uad abunda leña de un arbusto llamado askaf, restos de yamra, una espinosa hierba deliciosa comestible cuando está verde y espinosa cuando se seca, algo de elguerreima muy verde y extensas superficies de nsil fresco, un auténtico y merecido agasajo en esta noche para mi dromedario.

No tengo que buscar el refugio entre los brazos de una murcballa ni de askafalla, sino en una lisa superficie del batha. Ahí, tras librar el lomo del dromedario de mi rahla, trenzar entre sus patas delanteras elgüeid, recoger su jzama enrollándola sobre su elegante cuello, le doy una amigable palmada para que se sienta libre y paste esta noche sin alejarse de mí. Estiro mi suave aliuish sobre una superficie que he revisado detenidamente por si hay restos de espinas de talha. Me apresuro a buscar leña, y enseguida tengo mi draa de askaf, por no decir una arroba, suficiente para alumbrar y preparar mi comida.

De mi tasufra saco las provisiones de esa noche, un pilón de azúcar sólida belga, envuelto en dos papeles, uno blanco y el otro azul, sujetados con dos pequeñas cuerdas, como un legendario caballero andante de la badia, vestido de gala, con dos daráas, blanca y azul, con sus correajes o znaid.

Luego extraigo de un saco las caderas de una gacela que he cazado poco antes de ocultarse el sol. Esta noche mi plato es una mreifisa, un pan sin levadura jubsetftur, preparado bajo arena caliente con ligeras brasas por encima, troceado y mezclado con el caldo de la carne y un poquito de aceite, así el manjar del nómada ya está listo.

Mientras que se prepara mi cena, estoy tomando el segundo vaso del té a la luz de mi modesta hoguera, y he de decir que ya con el primero se me ha ido quitando todo el cansancio. Con el segundo, interiorizando mi mundo de nómada y pensando en mil incoherentes historias, hermosas mujeres de la badia, venta, compra, trueques de mercancías de caravanas desde Tombuctú a Gleib El Cabo, me entran ganas de silbar un estribillo con letras de unos versos de un poeta perseguido desde su tierra y muerto en unos montes de Tiris, quien antes de ser ejecutado pidió que le dejasen cantar sus últimos versos:

Mallijlig mah elmactub,
U el mactub elal abad irah,
Yaugui hadu galabt Sheirug
U hada zaad Egleib Elquirah.


Inevitable lo ya predestinado,
lo escrito es ineludible,
admirados son estos montes de Sheirug,
precioso es el monte de Gleib Elquirah.



Siento que no estoy solo en esta noche de mi desierto, con la mirada perdida en el horizonte disfruto unos instantes silbando aquellos versos de Sheirug y meditando cómo no habían dejado libre al poeta prisionero después de deleitarles con estos hermosos versos. Al terminar mi cena aún me queda tomar la tercera tanda del té que he dejado para después.

Acerco mis manos al calor de las reservadas brasas apartadas de la hoguera y miro hacía mi izquierda. Observo que en el horizonte nace una media luna que va cobrando a cada momento más luminosidad, ofreciéndome desde donde estoy sentado poder ver la silueta blanca de mi marcub pastando muy cerca de mí a la luz del gamar.

Y con la prudencia habitual de un beduino exploro con mi mirada todo a mi alrededor, aplicando el proverbio saharaui “Laard tuled blaa draa”, es decir “los imprevistos de la tierra”. La luna casi está llena, radiante, lúcida. Observo de nuevo fijamente un pequeño relieve que se destaca en el horizonte, justo enfrente de mí sin hacer ningún cambio de ángulo. Ignoro la vecindad de un sujeto principal y referente en la alborada noche de mi gamar sahariano.

Pequeño y humilde pero gigante entre los grandes pudiendo ser nada más y nada menos que él mismo, eso es llanamente Lembeidii el magno, el “abrazado por su duna” como ya lo había descrito un poeta.

A un verso se puede preguntar, a un poema se puede confundir. Un manuscrito de Badi encontrado en Tiris. Un ignoto lunar en la geografía de Tiris meridional. Un perdido rincón del Paraíso, el apremiado entre los más afortunados para los nómadas del desierto, porque es el nombre de un monte que inspiró al decano de los poetas de Tiris, Badi.

Lembeidii es el ingeniado, el innovado, el esculpido, el ideado, el compuesto, el realizado, y así es él, por eso su nombre es un verso o un poema.

¿Pero dónde esta Lembeidii de todos los saharauis? ¿Es ese Lembeidii arropado por una duna y cantado en un poema por Badi Mohamed Salem?
No hay más que decir de Lembeidii, ya todo sobre él lo ha dicho el poeta de Tiris:

Lembeidii u ilbu leelih
ana nibguih,
Galb u guird u shalja u msaad

Lembeidii y su duna
yo tanto les quiero, monte, duna
valle y su orientación.

Cuando comienzo a rezar ya ha amanecido, inclino la cabeza a mi derecha para concluir la oración. Recito el fin del rezo “saludo a mi derecha y a mi izquierda y a todos los profetas y misioneros” y en esa dirección está mirándome un pequeño monte abrazado por una blanca duna. Son el mismísimo Lembeidii y su duna, varados en el ombligo de Tiris, sin lugar a dudas, es otro profeta, otro misionero, al que también estoy rezando.


Notas:

Dayar: Buscador de dromedarios, lluvias, agua pastos etc
Wtshsh wtshsh wtshsh: vocablo con el que se ordena al dromedario para que se arrodille
Garbus: pieza de la montura que separa las piernas del jinete.
Rahla: montura del dromedario
Harec el extremo delantero donde termina el lomo del dromedario
Lejzama: riendas de cuero
Agaal: cuerda elaborada de fibra de arbustos para detener las patas delanteras del dromedario en situación de arrodillado o en descanso.
Tiris: Region sur del Sahara bastas sabanas, ríos y montes muy cantada por los poetas
Uad: Rio seco con vegetación.
Elguerreima: Especie de lechugas salvajes del desierto
Aliuish: Manto de piel del cordero con mucho pelaje.
Badia: Campos verdes del desierto
Gleib El Cabo: Una montaña en Tiris que lleva el nombre de un cabo español
Jubsetftur: Típico pan de los nómadas sin levadura y preparado enterrado en tierra caliente.
Murcballa: Arbusto muy tierno y apreciado por los dromedarios
Askafalla: Arbusto con alto contenido de sodio apreciado por los dromedarios en invierno
Nsil: Fina hierba conocida en Tiris de la que se alimentan todos los rumiantes del desierto.
Tasufra: Mochila grande de los beduinos, hecha de cuero. Se coloca justo detrás de la montura del dromedario
"Laard tuled blaa draa”: Sabio proverbio saharaui que dice la “tierra pare sin ubre” en alusión de los imprevistos que uno no espera hasta que suceden.


Bahia Mahmud Awah