miércoles, diciembre 27, 2006

El SOS de los montes de Auserd



Tenía diez años y corrían los años 70 en mi pueblo natal Auserd; íbamos ese día un grupo de niños a escalar una de las montañas que forman la cadena de montes donde se encuentra entre sus valles mi pueblo. En esa ocasión íbamos a alcanzar la cima de uno de los más altos picos de todo el territorio, Buserz, con una altitud de 700 metros.

Comenzamos a escalar sobre las diez y a las dos aproximadamente ya estábamos coronando la cima. El monte termina su cima en grandes cuevas donde hay infinidad de madrigueras del chacal y la hiena, también reptiles en abundancia, la culebra, la serpiente y otras especies de lagartijas.

Llevábamos agua y comida que cada uno había traído de su familia, éramos unos diez aproximadamente. Conocíamos que hay muchos reptiles que son venenosos y teníamos ese cuidado de lfaa y lehnesh, la serpiente y la culebra. Cuando llegamos a la cima encontramos unas cuevas, y nada más verlas decidimos pasar el día allí, había mucho espacio donde acomodarse y preparar el fuego para nuestra comida y el té.

Se respiraba un aire más fresco y menos pesado, era como si tuviera un olor “más fuerte” para respirar. El paisaje desde la cima se veía con claridad, el pueblo se veía pequeño y distante a la vez.

Entrábamos varias veces explorando las cuevas con cuidado por si se escondían allí alimañas, de las que suelen camuflarse en el fondo de los agujeros. Mientras, algunos íbamos buscando leña y otros preparaban el lugar. De repente uno de los chicos gritó que había encontrado letras grandes realizadas con enormes piedras.

Corrimos todos a ver de qué se trataba, miramos las letras y cada uno leía a su manera “s”, “o”, “s” otros leían “SOS”. Las letras estaban escritas en un área de unos 600 metros cuadrados aproximadamente, como si estuviera preparada para un aterrizaje de helicópteros.

Las letras median cada una más de cinco metros y con un separación de cuatro metros entre cada una aproximadamente. El terreno era arcilloso y de color marrón con dilataciones de haberse secado el agua que se estancaba allí cuando llovía.

Pasamos ese día entre las cuevas, subiendo rocas, buscando animales en madrigueras y contemplando las otras montañas colindantes. Al encontrarnos tan alto, comentábamos que así desde esta altura debían ver los pilotos el pueblo. Sobre el cielo de Auserd solían hacer acrobacia aviones militares del ejército del aire y en los recreos nos soltaban los maestros para verlos ejecutando volteretas y cayendo en picado. Así nos divertíamos.

Tras la excursión preguntamos a los maestros qué querían decir aquellas letras encima de Buserz, ahora no recuerdo la explicación que nos dieron, pero sólo sé que aquellas señales de peligro, de socorro que pedía los montes de Auserd tenían un significado intuitivo de que algún peligro se cernía sobre Auserd y sus gentes.

Cinco años más tarde un día, de repente, se cerraban nuestros colegios sin ninguna explicación, a nuestros padres les arrebataban sus armas reglamentarias y uniformes militares, las oficinas del gobierno se clausuraban, el único generador de suministro eléctrico se paraba y todas las panaderías que suministraban pan a la ciudad desaparecían.

Muchos vehículos militares cargaban armarios, bultos, maletas y equipos electrodomésticos y el hospital se quedó abandonado sin equipamientos. Aquello solo el preludio que anunciaba el SOS del monte que aquel día descubrimos en la cima.

Los montes adivinaban la tragedia del abandono y la invasión marroquí y mauritana del territorio. Lo anunciaban aquellas tres letras, aunque tardé varios años hasta conocer el verdadero significado que encerraban.




Bahia Mahmud Awah


La prisa de Madrid

Cuántas veces intenté fraguar mis sentimientos y recomponer mis ideas pensando en el esfuerzo que he de realizar para llevar mi voz de un sitio a otro, porque la voz de uno es también de otros cuando más la dotamos de contenido y nos comprometemos en trasladar a los demás nuestra experiencia mediante historias, anécdotas compartiendo lo que nos pertenece de forma generosa.

La última vez que estuve en Madrid sentí la sensación de llegar a una nueva ciudad gobernada por el movimiento y la velocidad, tantas caras se cruzaron con mis pasos; caras de diferentes tamaños, ojos con distintos colores y personas que se mezclan con las luces y los anuncios de la navidad; pero en todas se nota cierto cansancio y el agobio de subir un metro todas las mañanas y ver las mismas personas, cada una hundida en su propia vida. En medio de aquello me sentí un espectador en la jungla urbana pero en ningún momento quise ser partícipe y me conformé con guardar mi sitio hasta bajar en la parada de metro; a toda prisa subí la escalera y rápidamente busqué el autobús, después de unos minutos en medio del frío que me parecía más suave que el de Vitoria llegué a una avenida que era el punto de encuentro de un tráfico acelerado y en la mitad había una preciosa fuente de agua que reflejaba toda la luz en los chorros que iba soltando de forma continua. De repente me vi perdido y llamé inmediatamente a Bahia por teléfono porque no sabía dónde me encontraba; me explicó que él estaba en el sitio donde habíamos quedado pero yo me equivoqué y no lo supe distinguir, después de describirle el color de los edificios y la fuente decidí preguntar a una mujer el nombre de la calle y me indicó que cruzara el puente hacia la avenida, en la cual debí bajarme en un primer momento.

Después de caminar unos metros y cruzar el puente vi a Bahia dirigirse hacia mí y en ese instante supe que estaba en la calle en la que debí de bajarme; nos saludamos e intercambios las principales novedades, después compramos pan para la cena y subimos a su casa, allí estaba Conchi muy hospitalaria como siempre, pendiente de los platos, la cocina y la conversación; me saludó e intentó en todo momento que me sintiese cómodo pero yo le insistí que era uno más de la casa y que no se preocupe absolutamente por nada. A medida que nuestra charla iba adquiriendo, alrededor de los platos y el té, tono de poesía, literatura, el Sahara y la Generación de la Amistad, hablamos de la necesidad de seguir escribiendo e intentando trasladar historias sobre nuestra realidad a la gente; me acuerdo que les dije que leí en el periódico El Correo un articulo sobre Poemario por un Sahara Libre en el que la periodista reconocía la importante labor de divulgación que hace sobre la cultura saharaui.

Nos levantamos a media mañana y empezamos a leer antologías de poesía y a seleccionar poemas, yo decidí leer unos versos de Limam Boicha y Chejdan Mahmud, mientras observaba el sol entrar en el salón jaima y bebía tranquilamente mi primer vaso de té verde; en ese momento recordé el sol caliente del Sahara pero estaba convencido que el invierno madrileño es bastante helado y la temperatura muy baja.

Los tres decidimos coger el metro e ir a divulgar la cultura saharaui mediante la poesía y la música en el multicultural barrio de Lavapiés, acudimos a nuestra cita a las seis de la tarde, el teatro estaba semi-vacío y la gente fue llegando de forma pausada hasta que nos reunimos un buen grupo, pronto estaba el teatro lleno de amigos y gente muy conocida en la poesía como la escritora Ana Rosetti y otros más… y empezamos a hablar de cultura, la saharaui, y la necesidad de divulgar la historia del Sahara a través de canciones y versos que arranquen los sentimientos de la gente como complemento a los discursos políticos que muchas veces aburren al auditorio porque no dialogan directamente con el individuo ni le arrebatan parte de sus emociones.

Al terminar mi intervención a toda prisa corrí hacia el autobús en una frenética carrera en la que apenas percibí la prisa del metro, desesperado llegué a mi asiento, miré a todos los que estaban a mi alrededor, saqué el libro “Memoria del Fuego” de Eduardo Galeano y seguí leyendo la belleza de su lenguaje profundo describiendo la historia de América; mientras las luces y el ruido de Madrid iban desapareciendo lentamente y yo quedaba inmerso en el silencio de la noche.

Ali Salem Iselmu

domingo, diciembre 24, 2006

Un día sin papeles

Del número de otoño de la revista Ariadna R-C
Querida Familia:


Esta noche quiero escribir para vosotros, y en cierto modo también para mí, como decía Sinhué, el Egipcio. Recuerdo todavía, la primera vez que leí aquella frase al principio de la novela: “Quiero escribir para mí”, y confieso que me resultó algo extraña, dudosa, aunque en el fondo sentía que guardaba cierta sugestión.

Desde las infinitas esquinas de este silencio que reposa a mi lado, la frase adquiere un singular significado, adquiere otra connotación, se vuelve una necesidad, que a mí me gusta compartir, no como una terapia de grupo, sino como una relajante charla alrededor de una ceremonia de té.

Miro desde el cristal y veo parte del rostro de la ciudad. Desde su oscura garganta escribo. No hay paisaje que se pueda vislumbrar, sólo se ven paredes blancas y artificiales, sin espíritu, ni tiempo, sin identidad.

A veces, por la mañana cuando bajo al trabajo, extraño la inmensidad del Sáhara, el nacimiento de un día, el alegre sol que se engendra – casi siempre- con la complicidad de un Corazón de piedra rebosante de vida. Extraño aquella indescriptible imagen de la Badía, mi amada Tiris. Unas simples gotas de agua caídas del cielo, para un nómada saharaui pueden ser sinónimo de felicidad; creo que la felicidad puede estar en el lugar donde quisiéramos colocarla.

Y yo ese otro nómada, aunque elegí estar aquí, les envidio. Soy nómada de otra estirpe, de otro tiempo, voy peregrinando entre estaciones que me antojan sin nombre, con algún documento ya caducado. Ando entre papeles mojados e interrogantes de una provisionalidad que se pierde entre diferentes exilios.

La vida en el desierto fértil ahora no es más que nostalgia, un sueño despierto y fugaz, un sueño ilusorio, mientras que la realidad actual tiene otro rostro en el cual me veo y sobrevivo. No es más que la realidad de un mundo hostil, azotado por la demolición del espíritu. Un mundo que se edifica cada vez más sobre los cimientos de los spot publicitarios.

Hoy, como casi todos los días me levanté a las seis de la mañana, preparé mi comida y coloqué todo en la mochila y bajé con la esperanza de trabajar. Nadie tiene garantizado el billete, el viaje diario hacia los campos de la explotación.

La furgoneta llegó puntual y nos llevó hacia el bar “Andalucía”. Alrededor de treinta sin papeles esperaban allí la llegada del encargado. Casi todos los indocumentados estarían dispuestos a todo con tal de trabajar. Y subir en una de las furgonetas es el primer peldaño de una cadena de obstáculos, por no decir calamidades, para la supervivencia.

Una hora después llegó Darío, el temido y adulado encargado, y sin mediar palabra, ni saludo empezó a señalar con su omnipresente dedo índice a los “privilegiados”: “tú, tú y tú...”...Saltaba a algunos y volvía a señalar a otros.

La selección fue penosa, y muchos volvieron cabizbajos a sus chabolas, los afortunados a sus pisos alquilados. Acostumbrado a quedar en tierra, aprendí a sobrevivir: esconderme dentro de la furgoneta, sin ser visto. Muchas veces el control no es muy riguroso. Generalmente el encargado le da prioridad a los más fuertes a “los máquinas” a “los balas”. Hoy, como otras veces me colé sin ser visto. Salimos de Lorca en dirección Almería, a Vélez Rubio. El viaje fue largo, porque la furgoneta era un cacharro viejo y avanzaba a pasos de tortuga, casi todo el trayecto íbamos subiendo por una interminable cuesta. El paisaje era una cadena de montañas agrestes. Enormes espacios inermes, gigantescos cuerpos deshidratados, sólo de vez en cuando aparecían algunas plantaciones, y pequeños pueblos incrustados como dulces heridas en las montañas.

Llegamos a una finca, situada entre Chirivel y Vélez Rubio. Enorme finca, asentada sobre una gran elevación. Había mucho frío, probablemente estaríamos a más de 2 mil metros sobre el nivel del mar. Nadie esperaba esas temperaturas bajas en medio de una semana calurosa.

Cuando empezamos a trabajar nos comunicaron que había poco que sembrar, y estaríamos sólo hasta las dos de la tarde, aunque toda la finca estaba acondicionada para la siembra, sólo había siete carriles de metal llenos con bandejas de plantas de brócoli, recién traídos de los viveros.

Con la expectativa de terminar a las dos de la tarde, había que tratar de hacer a destajo el jornal del día: ocho horas. El aire fresco soplaba y consigo levantaba arena que estorbaba nuestro trabajo o en el peor de los casos se colaba en los ojos. Cada bandeja llevaba 165 semillas y había que regarlas sobre el bancal y volver por el mismo trayecto a sembrarlas con la ayuda de un pincho de metal. Cada vez que uno concluía con una bandeja la marcaba con lápiz tinta, y la dejaba abandonada, para recogerla al final de la jornada. A veces ocurrían disputas que desembocaban en amenazas, robos o peleas, por culpa de una misma marca, o un mismo nombre, etc. La jornada se pasaba más tiempo agachado que de pie. Y era especialmente duro estar horas y horas con el cuerpo encorvado, los ojos inyectados de sangre, y la espalda anestesiada. La sangre no circula por esa zona y cuando intentas levantarte es como si te hubieran colocado un saco de cemento encima. Sólo una increíble voluntad te permite seguir, en mi caso es por ayudarles a vosotros, y por favor no le expliquen nada de eso a mamá. Todo lo que soporto aquí es para que vivan de la manera más digna, especialmente lo hago por ella. Cuiden mucho de ella ahora que es hipertensa.

Las semillas de este brócoli están fatales, parecen recién sacadas de un frigorífico y son demasiado pequeñas. Trato de sacarlas o arrancarlas y sólo vienen las hojas, en el hueco de la bandeja se queda pegada la raíz. “Hay que golpear la parte trasera de la bandeja con el pincho, salen más fácil – grita la encargada que nos ha tocado hoy-sembrar entre los huecos, meter la planta al fondo”- vuelve a recalcar, una y otra vez.

Algunos espabilados ya han terminado dos o tres bandejas, y van corriendo en busca de más, mientras que otros como yo a duras penas intentábamos terminar la primera. Nadie hablaba, todos inmersos en su labor. La encargada supervisaba a conciencia para que todo se haga de la mejor manera. Al mínimo error te eliminaba el precio de una bandeja, y sólo el que ha trabajado allí sabe cuánto esfuerzo cuesta sembrarla., y sobre todo cuando es una tierra dura y pedregosa como esta maldita finca.

Cuando ya eran las dos de la tarde y empezamos a recoger nuestras bandejas, la encargada nos comunicó que por el camino venía un camión, y traía más plantas de brócoli para sembrar. Había derrochado toda mi energía y mis esfuerzos en función de que íbamos a acabar a las dos de la tarde, y ahora ella nos viene con otra historia.

Teníamos una hora para descansar, – que era bien poco para este tipo de trabajos-comer, estirarse las piernas, y relajar un rato la magullada espalda.

A las tres de la tarde volví al trabajo decepcionado y me sentía descaradamente engañado., y eso me hizo cansarme más. Durante las cuatro horas sólo puede hacer el precio de dos horas.

Al atardecer abrieron las mangueras de agua, y entre los bancales que sembrábamos entró agua a raudales. Se formaron pequeños charcos, y aquello parecía un pantano. El lodo nos hundía los pies dificultando nuestros movimientos. Cuando sacaba un pie el otro se quedaba atrapado. Con el pincho intentaba quitar el barro de las botas, pero al hacerlo mis manos se embarraban, y era todavía más complicado sembrar el brócoli. De nuevo intentaba avanzar en el lodazal y los pies volvían a hundirse en el barro. El fuerte viento seguía sin cesar, a veces aligeraba y otras en cambio se intensificaba. La temperatura iba bajando y el frío ya calaba en los huesos.

El sol se desplomó detrás de las agrestes montañas. La jornada ha terminado.

Volví a casa destrozado, roto. Me duché y me sentí otra persona que renacía del barro de la miseria diaria.



© Liman Boicha. Nació en el Sáhara Occidental en 1972. A los diez años fue a estudiar a Cuba, donde estuve trece años, hasta acabar sus estudios de Periodismo. A su vuelta a los campos de refugiados saharauis estuvo trabajando durante cuatro años en la Radio Nacional Saharaui. Desde 1999 vive en España y ha participado en las antologías de poesía saharaui contemporánea “Añoranza” (Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de las Islas Baleares, 2002), “Bubisher”. (Editorial Puentepalo. Las Palmas de Gran Canaria, 2003) y “Aaiun, gritando lo que se siente” (Universidad Autónoma de Madrid, 2006). La editorial Puentepalo de Las Palmas publicó en 2003 su poemario “Los versos de la madera”. En julio de 2005 participó en el Congreso de la "Generación de la Amistad saharaui", de la que es miembro fundador.


sábado, diciembre 23, 2006

Pregúntale a Marruecos quienes son los Saharauis

Respuesta al artículo de Bernabé López "Nuestros saharauis y los otros". El País.

Los saharauis, señor Bernabé López García, son sólo un pueblo, un pueblo que Marruecos dividió en dos partes, una parte como usted sabe son los campamentos de refugiados que usted conoce, la otra parte esta secuestrada en manos de los colonos y las fuerzas de represión marroquí, si tiene dudas pregúntele a los parlamentarios europeos a quiens les han denegado la entrada al Sahara Occidental.

Me decepciona profundamente que un intelectual pueda defender la postura de quien arremete, invade y asesina en el nombre de conquistar territorios y someter a sus poblaciones a un estado permanente de horror.

Señor Bernabé, cuando yo pueda volver al Sahara y levantar la bandera de mi país, reconocido por la Organización de la Unidad Africana y más de ochenta países y defender su dignidad, podremos los saharauis volver a ser un solo brazo y usted le podrá decir a Zapatero que se ha saldado parte de la deuda histórica y la tragedia que supuso la ocupación de Marruecos.

Supongo que usted cree en la voluntad popular expresada en las urnas, por lo tanto debería persuadiar al “CORCAS”, que es lo mismo que Marruecos: en el Sahara la libertad se llama autodeterminación y la autodeterminación es la independencia y eso usted no lo entiende ni lo acepta, en cambio nosotros los saharauis llevamos más de treinta años esperando expresar nuestra opción a través del voto libre y secreto.


“Llorarán una vez más las lágrimas inocentes y apagadas
porque el Aaiun es una ciudad sitiada y el sahara un país secuestrado”

Ali Salem Iselmu.


miércoles, diciembre 20, 2006

Proyecto"Tinduf, paisajes de un exilio" del fotógrafo Rif Spahni con textos del poeta Saleh Abdalahi

El fotógrafo Rif Spahni presenta un proyecto centrado en los refugiados saharauis que habitan los campamentos de Tinduf. Realizado durante el pasado festival de cine del Sahara, Rif Spahni ha utilizado una cámara estenopeica: un estuche de madera, con un sencillo obturador. La luz penetra por un diminuto orificio en la parte delantera de la caja, impresionando la película que se aloja en su interior y dando lugar a una imagen de formato panorámico, que recoge cuanto ocurra frente a la cámara por un espacio de unos seis o siete segundos, que es el tiempo al que debe ser expuesta la película para obtener una imagen. No hay visor, por lo que no es posible encuadrar la imagen.

Al volver del Sahara, Rif Spahni conoció a Saleh Abdalahi, un poeta saharaui que reside actualmente en Mallorca. En sus poemas encontró el fotógrafo las palabras que reflejaban aquello que querían expresar sus imágenes. Ausencia, espera, distancia y anhelo impregnan los versos de Abdalahi, quien vivió en Tindouf hasta los 23 años, y describe en sus textos la melancolía del exilio, la implacable dureza del desierto y la tristeza de la guerra. Ambos decidieron combinar poemas y fotografías buscando las imágenes que mejor respondían a los versos. Crearon así una narración que, en forma de videoproyección, complementa la serie de fotografías expuestas. De las aproximadamente 900 fotos que Spahni tomó durante sus dos estancias de diez días en el Sahara, apenas 53 forman la serie definitiva, una selección tan pensada como lo fue cada una de las imágenes que captó.


Ver artículo: En tierra de nadie. “Tindouf, paisajes de un exilio”. Rif Spahni

martes, diciembre 19, 2006

Los poetas saharauis Ali Salem Iselmu y Bahia Awah recitan en el acto de presentacion del cd 30 años de exilio en el teatro TIS de Madrid


Música y poesía para hablar de un largo exilio

Las ocho canciones han sido grabadas en los campamentos de refugiados de Tinduf

Los beneficios irán destinados a la creación de una escuela de música en la zona


MARÍA JOSÉ LLERENA (elmundo.es)

MADRID.- Los días de 30 años dan para mucho dolor. Sobre todo si transcurren en mitad del desierto, lejos de la tierra de uno, sin un techo sólido y a la espera de una justicia que se resiste. Para dejar salir ese dolor y hacer un hueco a la esperanza se ha editado 'Treinta años de exilio saharaui' un CD que recoge ocho canciones tradicionales y seis poemas en español. Porque como dice la poetisa Zahra Hasnui, una de sus participantes, "nadie puede domar / las voces que rozan el alma".

En el barrio madrileño de Lavapiés, lugar de mezcla y de entendimiento entre diferentes, se ha presentado esta iniciativa, que se plantea, según sus impulsores, como una cuenta atrás del exilio saharaui, "porque hay que ir pensando en el final de esta larga espera", explicó Elena Montaña, presidenta de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Alcalá de Henares y responsable del proyecto. "Este es el primero de, esperamos, pocos discos". Las ocho canciones que incluye el CD han sido grabadas en los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia), con los rudimentarios medios de que allí se dispone. "Pocos medios, pero mucha dedicación", explica Montaña.

Del contencioso saharaui, un pueblo que lleva dividido desde 1975, se escucha casi siempre el discurso político, esta vez, toman la palabra el discurso poético y el musical en un trabajo realizado con la fuerza que nace de la verdad. "Aquí está nuestro dolor", dice uno de los participantes señalando el CD.



Se decidió incluir también un corte con ocho poemas porque dicen que aprendieron de Ana Rossetti que "la poesía recitada llega al corazón", según explica Bahía Awuah, uno de los poetas que participan en el trabajo y que forma parte de la denominada Generación de la Amistad saharaui, un grupo de escritores y poetas que ya ha publicado varias antologías, la última ‘Aaiún, gritando lo que se siente’, editada el pasado verano por la Universidad Autónoma de Madrid.

Bahía explica por qué el grupo adoptó ese nombre. "Hemos leído desde pequeños a los poetas de la generación del 27. También ellos combatieron con sus palabras y sufrieron el exilio. Se denominaban generación de la amistad. Nuestro nombre es un pequeño homenaje a ellos".

El CD cuesta 12 euros y los beneficios que se obtengan de su venta irán destinados a la creación de una escuela de música en los campamentos de refugiados. Los interesados en adquirir el disco pueden solicitarlo por e-mail a la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Alcalá de Henares ( saharalcala@hotmail.com).

Alrededor de 165.000 saharauis viven desde hace 30 años exiliados en el desierto argelino esperando que Naciones Unidas resuelva el contencioso de descolonización del Sáhara Occidental, una antigua colonia española que fue invadida por Marruecos con la Marcha Verde en 1975. Desde entonces, sigue pendiente la celebración de un referéndum de autodeterminación.

jueves, diciembre 14, 2006

El calendario de mi nacimiento


Cuando yo nací en el Sahara, allá por los años setenta nadie festejaba los cumpleaños, en cambio a medida que fui creciendo y adquiriendo las lecciones que imparte la vida me di cuenta que los calendarios eran importantes porque te permiten marcar en cada uno tu fecha de nacimiento, los días laborables y no laborables de cada año.

A mí, mis padres jamás me compraron una tarta para hacerme recordar la tarde en que llegué a este extraño lugar, ni mis abuelos, ni bisabuelos conocen semejante celebración. Recuerdo cuando estaba estudiando el último curso de la secundaria, mi maestro de matemáticas me dijo, “ya que sabes tantas estadísticas sobre el béisbol cubano y conoces el promedio de cada bateador, al menos debes conocer cuantas velas te pondrán en la tarta de tu próximo cumpleaños”, inmediatamenté le miré como quién tiene duda y misterio sobre la velas y le dije, “yo no festejo la fecha de mi nacimiento porque nunca la he celebrado”, aquel hombre no me contestó simplemente se rió un poco de mis palabras y me insistió mucho en hacer bien los deberes en su clase. Pasaron los días y yo olvidé aquellas palabras y seguí enfrascado en mis juegos diarios que eran jugar a la pelota como segunda base y subir a las palmeras para coger cocos.

Tres meses después de aquella conversación mi maestro de matemáticas me invitó a comer el domingo en su casa junto con su mujer, yo fui muy feliz en ese momento, porque pensaba que iba a regañarme o iba a ponerme un ejercicio complicado; pero no, el hombre quería compartir conmigo el calor de su hogar.

Durante toda la semana sólo pensaba en la ropa que debía ponerme y si pedía a algún amigo un pantalón o una camisa, pero lo más importante para mi era disfrutar de ese momento y salir por unas horas del agobio del internado.

Me levanté por la mañana a toda prisa cepillé mis dientes, lavé mi cara y baje corriendo por las escaleras, en el fondo del pasillo estaba él esperándome con un maestro saharaui, mirándome detenidamente me enseñó un copia de mi DNI y me dijo “ tengo una sorpresa para ti”, los dos caminando a paso rápido nos dirigimos a su casa que estaba cerca de la escuela, escondida entre un campo de mangos y pinares; cuando nos aproximamos a ella, yo estaba atónito porque los nervios me traicionaban muchas veces y no sabía controlar el tono de mis palabras; una puerta de madera pintada de rojo se abrió ante nuestros ojos y una hermosa mujer de pelo rubio, ojos verdes y mirada alegre nos saludó a los dos con un par de besos y nos dio la bienvenida, adentrándonos llegamos a la sala en la que había un calendario con algún paisaje cubano color verde olivo y marcada en él la fecha de mi aterrizaje a esta galaxia y en la mitad de la mesa una tarta de chocolate con quince velas.

Miré todo aquello con enorme emoción y supe que en Cuba los años van asociados a las velas que se encienden y se apagan para dibujar por un instante la ilusión de muchos niños; en cambio en el Sahara los años figuran en la memoria histórica de nuestros abuelos a través de los mitos y sucesos.
Ali Salem Iselmu, "Pirri"

domingo, diciembre 10, 2006

Presentación del cd ‘Treinta años de exilio del Pueblo Saharaui’


Queremos invitarte a la presentación del cd de homenaje a los ‘Treinta años de exilio del Pueblo Saharaui’, compuesto de canciones tradicionales y poesías en castellano de la ‘Generación de la Amistad’.

La belleza, la vitalidad, la nostalgia y la fuerza del pueblo saharaui toman forma de palabras y ritmos que se darán cita el próximo domingo 17 de diciembre en el Teatro Tis a partir de las 19 horas.

Te esperamos con información, libros y artesanía saharaui. Durante el acto se recitarán poemas del disco con fondo musical.



Presentación del cd ‘Treinta años de exilio del Pueblo Saharaui’

Domingo 17 de diciembre de 2006 - 19 horas
Teatro Tis
c/ Primavera, 11
Metro: Lavapiés / Buses: 27, 34, 36, 41, 119, C
Toda la información en: www.madrilonia.com

Puedes adquirir el cd en el propio acto o solicitándolo en saharalcala@hotmail.com

(a un precio de 12€)



Organizan:

- Asoc. de Amigos del Pueblo Saharaui de Alcalá de Henares APSA
saharalcala@hotmail.comCentro cultural Gilitos (c/ Camino de los jesuitas s/n - Alcalá de Henares)

- Madrilonia, agenda de Madrid
www.madrilonia.com
Todas las propuestas culturales y de ocio de la Comunidad de Madrid

- Teatro TIS
www.teatrotis.com
Teatro Independiente del Sur: despertamos conciencias y despabilamos afectos
Reserva por Internet con descuentos
c/ Primavera, 11 (metro: Lavapiés)

- Poemario por un Sahara Libre
Actualidad del conflicto del Sahara Occidental
http://poemariosahara.blogspot.com



Colabora:

- Ayuntamiento de Villalbilla

Participan:

- Elena Montaña Coordinadora del proyecto y Pta. de la Asoc. Amigos del Pueblo Saharaui de Alcalá de Henares

- Alberto Zapata Jefe de producción del álbum

- Bahia Mahmud Periodista y poeta de la ‘Generación de la Amistad’

- Reyes Navarro Rivero Concejala de Asuntos Sociales del Ayto. de Villalbilla

- Carmen Giner Briz Diseñadora del cd y componente de Asoc. Amigos del Pueblo Saharaui de Madrid

- Delegación saharaui en Madrid

- Robertti Gamarra
Director ejecutivo de Lecturedes Gestión Cultural y Madrilonia.com

lunes, diciembre 04, 2006

Querido Nelson Mandela



Querido Nelson Mandela,

somos un grupo de escritores y poetas saharauis en lengua española, exiliados en España y con la ilusión de regresar algún día a la patria africana y allí ejercer nuestra labor intelectual.

Hace mas de veinte años, cuando éramos estudiantes, su nombre sonaba entre nosotros como el icono mas carismático al hablar de la libertad, la paz, la justicia y la lucha por la igualdad entre todos los hombres sin credos ni razas.

Su nombre siempre ha estado presente y en nuestras mochilas de instituto colgado el pin del rostro de nuestro ídolo y padre Mandela. También nos acompañó su pensamiento en diferentes universidades y en nuestra forma de pensar y actuar. Muchos de nosotros seguíamos sus discursos encontrando en ellos la voz propia de los oprimidos y nos sentimos atraídos e identificados por sus históricas alocuciones en Wembley, Naciones Unidas y en la Unión Africana.

Nunca hemos dudado quién es nuestro ejemplo intelectual político, nuestra referencia hasta en nuestros versos, Mandela convertido en un potencial recurso literario imprescindible para cantar a la libertad y a la paz.

Hemos leído sobre Gandhi, Ernesto Che Guevara, Hauari Bumedian, Patricio Lumumba, Amílcar Cabral, y muchos más dirigentes de nuestro dolorido Tercer Mundo, y nos hemos sentido muy identificados por su lucha e ideología, que sólo predica la libertad, la justicia y la paz.

Entre nosotros le llamamos el hijo predilecto de la libertad y la paz, el hijo predilecto de África y de los pueblos oprimidos o despojados en otras partes. También sabemos de usted como embajador de la conciencia, el premio Nobel de la paz, el defensor de los desfavorecidos, que resume en sus palabras "Hagamos que la pobreza pase a la Historia". Los pobres y los oprimidos sienten su apoyo, usted lo dejó constatado en aquel histórico discurso: “…mientras en nuestro mundo persistan la pobreza, la injusticia y las graves desigualdades, nadie puede descansar por completo”.

Querido Mandela,

desde el exilio los escritores y poetas saharauis agrupados en la Generación de la Amistad, nos dirigimos para desearle más vida, más salud y manifestarle nuestro enorme deseo y sueño en conocerle en persona si algún día se pudiera dar la ocasión.

Ojalá que el próximo 18 de Julio, fecha de su cumpleaños, viéramos ese sueño convertido en realidad y compartir con usted ese momento. Un dirigente africano que nos dejó hace muchos años dijo una vez “los creyentes van a peregrinar a la Meca, pero yo peregrino a Argelia, la meca de la libertad” sin duda no se equivocó. Nuestra intención, querido Mandela, es peregrinar a Sudáfrica para conocer al padre de la igualdad de razas. Sabemos que en nuestra lucha no estamos solos porque con nosotros está Sudáfrica y su pueblo, hechos que hemos vivido y sentido con más fuerza durante estos últimos años.

Querido Mandela,

los saharauis estuvimos más de un siglo bajo la bandera colonial española, no tuvimos la suerte de que esta potencia que pretendía “trasladar la civilización” a nuestra tierra acabara su estancia entre nosotros de manera civilizada. Llevamos 30 años abandonados a nuestra suerte, una parte de nosotros dominada bajo el brutal régimen marroquí y otra dispersa a lo largo del mundo, en un largo exilio lejos de nuestra tierra.

Nuestra lucha se ha inspirado en sus convicciones pacíficas que nos han servido de ejemplo, y ha guiado a nuestra población en los territorios ocupados, incluso tenemos un barrio que lleva el nombre de Soweto por su lucha pacifica contra la ocupación marroquí.
Hoy todos gritamos al unísono su sentencia "¡Viva la libertad! El sol nunca ha iluminado un logro humano más glorioso".


Madrid, lunes 06 de noviembre 2006

Grupo de poetas y escritores saharauis en lengua española. Generación de la Amistad Saharaui


*Esta carta fue enviada traducida al inglés a la Fundación Nelson Mandela