lunes, julio 31, 2006

"Mi hermana de pies"

¿Cuál es tu número de calzado?
- Preguntó Emilia a Said, un muchacho saharaui, con Síndrome de Down.

- El treinta y nueve - respondió Said.

- Usas la misma talla de calzado que yo -le dijo Emilia.
-
- ¡ De veras !

- Sí.

- Entonces, somos hermanos de pies -Exclamó Said con alegría.


Limam Boisha

sábado, julio 29, 2006

Los consejos de Badi, poeta saharaui en hassania

Una producción poética no es siempre igual, no es siempre fabulosa, hay unas mejores que otras.

Hay poetas que tienen mucha prisa, publican su poesía antes de exponerla a la crítica. Yo, pausadamente, someto mi poesía al análisis y a la crítica, saldrá una buena poesía. Decir poeta, es algo que engloba mucho, poetas buenos, malos y normales. No puede haber un poeta que sea el mejor de todos y el mejor para siempre, hay, eso sí, buenos momentos poéticos. El crítico es el médico de la poesía, conviene consultarlo antes de publicar.

La poesía refleja la personalidad, hay quien se toma a mal la crítica precisamente por eso. Si un poeta no se conduce por el camino de la crítica, no llegará a ser un buen poeta.

jueves, julio 27, 2006

Un brindis necesario



Madrid, no es la ciudad de mis sueños. La primera vez que pisé esa tierra, procedía de Cuba y apenas reparé en ello. Un policía tenía mi documentación, me hizo ir a una especie de albergue que estaba en el mismo aeropuerto de Barajas, allí pasé una noche, al día siguiente abandoné Madrid y España. Me fui escoltado por dos policías hasta subirme a un avión argelino.

Ahora, años después, Madrid me recibe y, me vuelve a despedir, esta vez escoltado por dos chicas guapas y atentas, sin duda esa ciudad me da y me quita, eso si, fugazmente siempre. De Madrid no conozco ni las calles ni las plazas ni los monumentos y por ende no conozco su gente, pero su nombre me suena a cotidiano por lo que es.


Como saharaui, tuve la oportunidad de participar en un curso de verano de la Universidad Autónoma de Madrid, titulado, “los saharauis y “nosotros”, un desafío pendiente y urgente”. Eso, en sí mismo ya constituye un logro para una causa estancada y marginada como la nuestra. Me invadía la emoción. Ese hecho de que una universidad hiciera el gesto de, en cierta manera, divulgar, reconocer y hacer conocer al Sahara, que, en su momento, formó parte de España, es de honrar y agradecer. Mil gracias.


Fueron tres días de conocimiento intensivo del Sahara, también de reencuentros y encuentros y, sobre todo de mucho calor, demasiado calor. Colmenar viejo, nos acogió, quizás para reconciliarse con la historia, por aquello del barrio del Aaiun con el mismo nombre. Sus calles estrechas, curvilíneas y en casos malogradas, también formaron parte de esa experiencia que fugazmente vivimos.


No pretendo, ni mucho menos, hacer un resumen del curso, más bien, una reflexión que trate de abarcar a todos y a cada uno de los asistentes, ya sean alumnos o ponentes. No tengo nada que objetar a nada ni a nadie del curso, pero sí a la historia y a España, las voces que se alzaron en el curso, de la índole más diversa, corroboran mi sentir, nuestro sentir. Y solo me queda decir, para acabar, que la historia se escribe hoy y se lee mañana y este gesto de aproximarse a los saharauis bien vale un buen trozo de historia. Amen.


En nombre de la “Generación de la amistad saharaui”, una vez más, mil gracias a la universidad y a los asistentes que, con sus voces y las nuestras conseguiremos nuestro objetivo, sin duda.
A mí, por fin, siempre me quedará Madrid, por aquello del “obligado paso”, aun sabiendo que todos los caminos no pasan por Madrid.


Chejdan Mahmud Yazid
Las palmas de g.c. 27/07/2006

miércoles, julio 26, 2006

El futuro es un reto urgente


Estoy solo buscando el inmenso vacío que invade mis ideas y me hace ser cómplice de cada momento que siento, espero que la distancia transmita por mi todo lo que no soy capaz de sentir o compartir, en los momentos en que la vida nos aborda y desborda debemos ser firmes y consecuentes con las ideas que sentimos y defendemos.

Nosotros somos el producto de una experiencia sui generis porque nos movemos entre la incerteza del pasado y la inevitable velocidad de un mundo condenado a no entender sus propias contradicciones; de una parte nuestros corazones condenados siempre a mirar la otra frontera que hemos dejado atrás, una frontera que no hemos trazado y que nos convierte en rehenes de cada historia de la que somos protagonistas por inercia.

Nosotros hemos abandonado la esencia de nuestros ideales por buscar adaptarnos a una situación más estable, a una situación que nos obliga a ser rehenes de las circunstancias; debemos fluir por encima de los dogmáticos del momento, enseñar la frescura y la vitalidad de nuestras ideas a través de propuestas sociales que generen confianza y esperanza en la sociedad .

La historia es cruel muchas veces con quienes son incapaces de llevar a su pueblo, enseñarle el camino de una resistencia eficaz, con capacidad de conocimiento y maniobra en cada momento. No es suficiente la claridad de la ideas, ni es suficiente su belleza, ni su autenticidad; se necesita mucha capacidad para orientarse en cada situación y elegir la decisión acertada .

Nosotros somos responsables de nuestra situación, de nuestro futuro y debemos luchar con la suficiente valentía y coraje para transformar esta realidad en una nueva ilusión que refleje y garantice las aspiraciones futuras de la sociedad a la que pertenecemos.

Espero sinceramente que no seamos conformistas y no aceptemos las cosas tal como son, debemos tener la suficiente ambición y derroche para afrontar esta situación con objetividad; creando conciencia en la gente del peligro de aceptar el olvido, el destierro y la prolongación de un problema de forma indefinida.

Ante este drama solo nos queda un arma y es el arma de la creatividad y la imaginación; en este callejón sin salida nadie nos va a enseñar la puerta que debemos atravesar, nosotros tenemos la obligación y la necesidad de encontrar la senda correcta que nos permita ir en la dirección adecuada, innovando las ideas y las estrategias; Eduardo Galeano nos plantea en su libro Las Venas Abiertas de América Latina: y porque en la historia de los hombres cada acto de destrucción encuentra su respuesta, tarde o temprano, en un acto de creación. Estas palabras confirman la necesidad de tener la iniciativa e ir hacia nuestro objetivo con capacidad de reacción.

Con esto quiero decir que debemos afianzar las estructuras de nuestro estado en las zonas liberadas del Sahara Occidental; desde la creación de núcleos de población, aeropuertos, carreteras y todas las infraestructuras necesarias para convertir en una realidad la existencia del estado saharaui. Y exigir a través de la Minurso y las organizaciones no gubernamentales el respeto a la libertad y seguridad de nuestra población en las zonas liberadas; creo que ha llegado la hora de tomar cartas en el asunto para que Marruecos entienda que de forma unilateral no puede seguir ejerciendo una política de ocupación a nuestro territorio y que la única solución posible después de treinta años de conflicto pasa por el respeto al derecho del pueblo saharaui y únicamente el pueblo saharaui a decidir de forma libre su destino a través de un referéndum de autodeterminación.

ALI SALEM ISELMU
Generación de la Amistad

martes, julio 25, 2006

Generación de la Amistad

La generación de la amistad, esta haciendo un trabajo de gran importancia para dar a conocer la cultura sahraui en su variante castellana, gracias a este empeño la realidad del pueblo sahraui se difunde cada vez en más rincones de España y en America latina incluso en paises anglosajones y se hace a través de la palabra, de la poesia, amigos llevamos más de treinta años esperando que se cumplan las mil y una resoluciones de las naciones unidas y estas también son otras palabras, palabras juridicas....
debemos velar por nosotros mismos para de alguna manera estar a la altura de nuestro pueblo y por aquellos que somos hoy unos supervivientes, esta bien que se escriba poesía pero sabemos que nunca es suficiente. Para ello hay que mirar por todos los lados posibles y en este caso partir del presente y del lugar en que estamos y contamos con muchas ventajas, en primer lugar estamos en el lugar donde hay mayor movimiento solidario, estamos en España la responsable de nuestra tragedia es decir que tenemos el derecho a exigir y el deber como parte de este pueblo que anela la libertad.
Qué debemos hacer paralelo a la poesía? sabiendo que viven más de seis mil sahrauis dispersos por toda la geografía Española
Sabiendo que el movimiento solidario con el Sahara es el más grande en la historia de España

saleh abdalahi

lunes, julio 24, 2006

Un cartel en el desierto

Estábamos sentados en la habitación charlando y riéndonos, cuando entró por la puerta una mujer de edad avanzada, cojeaba un poco, saludó y se quedó parada en medio de la habitación; como por casualidad, levantó sus cansados ojos hacia el cartel que colgaba en la pared, lo observó detenidamente, con evidente e inusual curiosidad.

El cartel era la publicidad de una película en la que la pareja protagonista se daba un apasionante beso en la boca.

La mujer extendió el dedo hacia el cartel y preguntó:

-Y estos ¿qué hacen?

Hubo un silencio, y alguién del grupo le dijo:


- Se susurran algo en la boca.

Limam Boicha

domingo, julio 23, 2006

El mar

...el niño pidió a su padre:
- ¡ Ayudame a mirar ¡

Eduardo Galeano. El libro de los abrazos



- Papá —preguntó Budda— ¿por qué el agua sólo llega hasta aquí?
- El agua la retiene Dios, para que el mundo no se inunde- respondió el padre.
- Y ¿por qué hace tanto ruido? —volvió a preguntar el niño.
- Porque está bravo —fue la escueta respuesta del padre.

Budda, quedó un rato pensativo, con la duda en la punta de la lengua, hasta que otra interrogante se deslizó por sus labios, como sin querer:

- ¿Qué le han hecho para que esté furioso?

Su padre sonrió por tantas preguntas, como un racimo que no acaba, y levantó a Budda por los sobacos, lo lanzó al aire, y en fracción de un segundo, volvió a agarrarlo con un abrazo. La interrogante del niño quedó en el aire, y se esparció, abandonada en su intrínseca desolación.

Fue por culpa de otra desolación, más grave y profunda, que el padre de Budda, decidió llevar su hijo, que a penas tenía seis años, a la ciudad, para ver por primera vez el mar. En la casa donde se hospedaron, el hijo de la familia, un año o dos mayor que Budda, le explicó que el mar era agua. Mucha agua. Agua azul y blanca. Esa agua , que decía el niño, no era igual a la que había en el depósito, que está en el patio de la casa, ni era la misma, que él ha visto en los pozos del desierto. ¿ Cómo puede ser azul y blanca ? —se preguntó Budda—. El otro niño buscó su pequeña pizarra escolar, y con una tiza le dibujó unas lineas mezcladas en forma de ondas.

- Estas son olas -le dijo- El mar es olas, muchas olas. Olas grandes. Altas. Más altas que tu padre y que el mio. Más altas que todos los hombres. Budda seguía sin entender. Como referencia sólo tenía la Badía, el lugar de pasto y nomadeo. Allí cuando cae la lluvia y se forman los charcos, a veces su padre y los otros hombres recogen agua para el frig (campamento). Con la ilustración del dibujo, el otro niño sólo logró despertar, todavía más, la curiosidad en Budda, y dejó de hablarle del tema, y se alegró mucho aquella tarde cuando lo vio, por fin, junto a su padre, partir hacia el mar.

Era una tarde soleada. Transparente y hermosa. Y un aire fresco y puro lo envolvía todo. La brisa del océano, la mezcla de intensos y suaves aromas, el olor del pescado, ese amasijo embriagó a Budda y le proporcionó una sensación de inefable felicidad.

Y vio el mar. Enorme. Infinito. Majestuosamente azul. Vio las olas. Las blancas espumas. Las barcas de los pescadores. Vio hombres sentados sobre neumáticos, que flotaban sobre el agua. Otros remando, peleándose palos en mano contra la furia de las olas. Vio pescadores retirar de una barca cientos de peces. Peces que tiraban sobre la arena, mientras son despojados de la vida, danzaban en medio de su última agonía. Budda soltó la mano de su padre, corrió hasta cansarse. Se detuvo y miró las olas que llegaban y volvían irritadas. Observó a Dios intentando detenerlas. El Dios de su mente, era una de aquellos pescadores, que iban recogiendo su cosecha, "su pasto", desamparado en la orilla. Lo imaginó con las manos extendidas, haciendo un esfuerzo inmortal, para no dejar que las olas pasaran más allá de la orilla. Vio una mujer, que sacaba azúcar de un pañuelo y lo esparcía sobre el mar. Budda se acodó en la arena para observarla. Se parecía tanto a su madre en la serenidad de los gestos, en la manera de inclinarse... Vio la misma sonrisa. El brillo de sus ojos. La misma voz. Y cada vez que él lloraba, ella sacaba el pañuelo que guardaba en el baúl grande de la jaima, y le colocaba un poco de azúcar en la mano, para tranquilizarlo, y una caricia que le proporcionaba enormes seguridades.

Budda despertó, engañado por la nostalgia, en el mar de otra lejana tierra.

Limam Boicha

Los Lagartos Azules y El Ogro Rojo

En un lugar, ya no tan remoto, de África, vivía una familia feliz de lagartos. Las connotaciones populares asociadas a las familias de los saurios, sobre todo a las hembras, suelen ser bastante negativas. En justicia, se ha decir que son unos animales simpáticos y orgullosos. Particularmente estos, pues pertenecen a la casi extinta estirpe de los Lagartos Azules del desierto del Sáhara.

Aminetu era hija única, y su madre la cuidaba con mucho esmero. Todas las mañanas, antes de salir de casa, se repetía el humillante ritual del Gorro Blanco. Éste había pasado por generaciones de mujeres en la familia de Aminetu, desde que su testaruda bisabuela murió de una insolación por hacer caso omiso a las recomendaciones de su paciente marido. Y todas las mañanas, Aminetu mascullaba maldiciones en honor a su testaruda bisabuela que su madre fingía no oír, aparentemente enfrascada en encasquetarle el gorro remendado, atándolo a su cuello con unos finos hilos confeccionados por ella misma. La transparencia de los hilos, única concesión en las negociaciones, no menguaba mucho, admitámoslo, la ridiculez de su atuendo. Las burlas de los chavales del barrio, coreando chanzas para a continuación troncharse de risa, hurgaban en la herida y acrecentaban su determinación de acabar algún día con esa estúpida práctica familiar.

Aminetu era una muchacha noble, inteligente y generosa. Tenía un pequeño defecto físico: una de sus patas delanteras era algo más corta que las demás, detalle que a nadie parecía importar, ni siquiera a la propia Aminetu, excepto cuando se le iba la cabeza y se caía de bruces siendo otra vez objeto de escarnio. Aminetu se levantaba, sacudía su orgullo herido y avanzaba calculando el próximo paso a dar. Normalmente, los años de experiencia le evitaban esa ecuación pero con los ojos de su querido Alex se sentía levitar, hasta que el polvo invasor de sus narices y el eco ultrajante de las risotadas le devolvían a su postura hiriente. Más o menos así, gorro arriba, pata abajo, iban pasando los días.

Durante uno de esos momentos en los que la mirada de Alex estaba a punto de hacerle otra trastada, Aminetu sintió la tierra abrirse bajo sus patas fuertes. Dudó un segundo, para al momento confirmar que Alex no provocaba esa sensación de hundimiento, más bien la contraria. Divisó, no muy lejos, una tormenta de polvo que galopaba en su dirección. No era el siroco habitual, le acompañaba un estruendo ensordecedor. Las señales desesperadas de aviso y la espantada general le reafirmaron que la amenaza se estaba cumpliendo: el Ogro Rojo del Norte estaba arrasando el lugar a zancadas gigantes. De repente, el estrépito cesó, y poco a poco las partículas de polvo se fueron sedimentando en el suelo, despejando el velo que cubría la magnitud del Ogro. Éste se había parado, Aminetu también. No sabía muy bien si por el miedo o la curiosidad, otra herencia fatídica de su antepasada. Más maldiciones.

Aprovechó su parada involuntaria para observar al Ogro. Aparte de las características típicas de los ogros, pudo constatar una que atribuía a la leyenda: tenía los treinta y un ojos que lo veían todo, quince detrás, quince delante y uno grande en medio de la frente, y las treinta y una orejas que todo lo oían, colocadas paralelamente a los primeros. Era enteramente rojo, incluso sus dientes, lo cual le confería un aspecto feroz. La convicción de que no sólo la apariencia era feroz recorrió la espina dorsal de Aminetu.

Despertó horas después en el Agujero Negro donde el Ogro encarcelaba a todos los lagartos azules que lograba capturar, con la infame anuencia del supuestamente democrático gigante del lugar.

Era un ogro muy, muy despiadado. Sin embargo, los lagartos azules temían más la degradante afición de hacerles bailar ante él, lo conseguía torturando a sus familiares, que acabar convertidos en sándwich. Aminetu se alegró de que su familia hubiera logrado escapar, hasta que reconoció la cara apaleada de su amado Alex entre los prisioneros. Se esfumó la tranquilidad. Sabía que estaba perdida, porque los treinta y un ojos y las treinta y una orejas del ogro que lo veían todo y todo lo oían acabarían descubriendo su debilidad. En ese instante, y esta vez sin imprecaciones, recordó cómo la audacia de su testaruda bisabuela había logrado librar a todo el poblado de un enemigo similar. Apartando de su pensamiento las dudas de haber heredado esa cualidad, se decidió a emular la única acción honrosa de su antecesora.

Los lagartos azules del Sáhara tienen un arma secreta contra sus depredadores: un olor pestilente que, en su grado mínimo de emisión, logra adormecer al enemigo, y en el máximo alelarlo del todo. La capacidad de producción máxima dependía de una condición: ser fémina y demostrar arrojo. Aminetu pronto descifraría el misterioso triunfo de su menudita bisabuela.

Los lagartos azules son animales pacíficos, amantes de la libertad y escrupulosamente respetuosos con la del prójimo. Esta última característica suele llevar a engaño a los enemigos necios, malinterpretan su espíritu democrático y acaban alelados.

Aminetu recorrió con la vista la lóbrega estancia, la indignación ante el dolor de su pueblo le dio el empujoncito final. Despojándose de una vez por todas del gorro recosido e ignorando las treinta y una orejas, se aclaró la voz, y arengó encendidamente a sus paisanos. Afortunadamente para ella y los demás, el Ogro dormía después de haberse zampado unos cuantos lagartos rebeldes, no con demasiado placer, pues se habían negado a bailar. Tras el discurso de Aminetu, los lagartos azules presentes emitieron el hedor de mejor calidad, el nivel se mide por el efecto conseguido en el enemigo, que jamás se registró en el Sáhara. El Ogro Rojo del Norte, perturbadas completamente sus facultades mentales, vagó por el desierto hasta morir de insolación.

Moraleja: No te metas con los Lagartos Azules del Sáhara Occidental.

Zhara Hasnaui

La resistencia pacífica saharaui

Después de un año de resistencia pacífica en las zonas ocupadas del Sahara Occidental, ha quedado demostrado que la población saharaui ha perdido el miedo a la opresión y ha trasladado a través de las imágenes que hemos visto en Internet, en las televisiones y periódicos las verdaderas intenciones de las fuerzas de ocupación empecinadas en prolongar su política colonial en los territorios ocupados.

Todo esto ocurre ante los ojos de la Misión de las Naciones Unidas para La Celebración de un Referéndum en el Sahara Occidental (MINURSO) que ha sido incapaz de poner freno a las torturas y agresiones diarias llevadas a cabo por los colonos marroquíes y los grupos armados de represión; mientras desde la Unión Europea no se ha presionado lo suficiente a Marruecos para que reconozca la realidad del conflicto y admita el ejercicio de la libertad de expresión y haga una lectura profunda de la situación, y no sueñe con que a través del bloqueo permanente de las resoluciones del Consejo de Seguridad, la violación constante de los Derechos Humanos, el cierre a cal y canto del Sahara ocupado a los observadores internacionales pueda imponer su anacrónico discurso sobre la marroquinidad de un territorio, ni histórica, ni jurídicamente guarda alguna relación con sus pretensiones expansionistas.

La Intifada Saharaui no hace, sino reforzar ante los ojos de la comunidad internacional que la población saharaui de las zonas ocupadas ha dicho de forma clara que esta con el Frente Polisario, y a través de manifestaciones pacíficas ha extendido su grito de libertad y su rechazo total a la ocupación del territorio por parte de Marruecos.

Nuestra voluntad como saharauis esparcidos en muchos lugares del mundo es fundamental para elevar aún con más fuerza la voz de nuestros hermanos que sufren en carne propia la vejación, tortura y humillación diaria a mano del colonialismo marroquí.

Si treinta años no han bastado para acallar nuestra voces, para destruir la resistencia saharaui ha sido en parte gracias a la determinación de nuestro pueblo y su enorme paciencia de seguir desarrollando la lucha a través de métodos pacíficos, tocando la puerta de la conciencia de muchas personas solidarias con la causa, y a la vez desplegando un trabajo diplomático que ha permitido visualizar en las alta esferas de la política internacional que cualquier solución al contencioso pasa por la descolonización y autodeterminación del Sahara Occidental.

La encrucijada ahora es, ¿qué nos quiere vender Marruecos con su proyecto de autonomía?; conducido por un piloto que ha levantado varias banderas, se ha puesto muchos trajes y sobre todo es un gran actor de teatro capaz de interpretar cualquier papel por tal de obtener el Oscar a la mejor actuación, pero Jalihena Uld Rachid debe entender que en esta larga batalla solo existen dos contrincantes por una parte Marruecos y por otra parte el Frente Polisario, solo existen dos voces la de la víctima y el verdugo, la del agredido y el agresor, la del justo y el injusto; este es el camino, esta es la historia de esta tragedia.

Cuando la voz de Aminetu Haidar y la de Ali Salem Tamek son acalladas por la mano del verdugo, Jalihena Uld Rachid debería reflexionar y preguntarse; ¿a qué bando yo pertenezco, y en el nombre de quién hablo y a quién represento? Cuando tenga la capacidad de interpretar su papel sabrá que le han otorgado una misión imposible.


Ali Salem Iselmu, "Pirri"

sábado, julio 22, 2006

De la toronja y de la tormenta



Un bosque verde espeso y muy cerrado, quizás es la imagen que más me impactó en mi tierna infancia, porque, mi primera exclamación al verlo desde la guagua “Girón V” era: “uy, si me meto allí, me perderé para siempre”. Tenia apenas 9 años de edad, quizás ya cumplidos o todavía por cumplir o, tal vez 10 años?

Con el tiempo, aquel bosque tenebroso se convertiría en tantas cosas para mí que, hoy en día aún añoro su generosidad, complicidad y compañía. Fue mi cobijo; mi alimento; mi mar; sitio de mis juegos y travesuras y cómo no, mis amores y desamores.

Era el mes de octubre de 1982 y, mi inquieta curiosidad volaba y tanto que se me difuminaba casi por completo: qué soy; de donde vengo; porqué vengo; a donde voy etc. tantas cosas que marcan y marcarían para siempre mi vida. En esos momentos se abría para mi un mundo nuevo, una vida en la que me sumerjo profundamente en todos los sentidos y maneras. No tenía lugar en mi mente otro fin, que explorar el lugar donde estoy, aquellos frutos grandes y amarillos que colgaban de los árboles y que se veían por todas partes en cantidades infinitas, hacían latir aún más fuerte mi curiosidad y mi apetito, que sin saber todavía qué era aquella fruta o especie vegetal, ya la deseaba y, no tuve que esperar tanto, justo al bajar de las guaguas corrimos en desbandada a los árboles y el griterío de todos y advertencias de otros no tenían cabida en ningún corazón en aquel intenso instante.

La TORONJA, que así se llama ase fruto tan absorbente en su presentación natural, fue mi primer bocado en Cuba, si, comí toronjas hasta la in saciedad, también la añoré, la agasajé, bailé y lloré en su honor; caminé largas jornadas en su busca y la encontré y, otras veces no; ahogó mi sed; fue motivo de mis peleas colegiales y, fue regalo una y mil veces a mis enamoradas y me alegré al recibirla como obsequio, la guardé bajo tierra como un tesoro en las épocas de escasez, luego iba a escondidas para saborearla, también la maltraté, porque era la mejor herramienta para sustituir una pelota de béisbol que era nuestro deporte predilecto.

Cuba, abrió sus puertas de par en par para mí, para nosotros y para millares de jóvenes de otros centenares de países. Cuba era mi destino y mi tierra de acogida durante 13 largos años pero también fructíferos y hermosos. Estudié casi todo el ciclo formativo allí, desde 5º de primaria hasta graduarme en la universidad. Yo definiría a Cuba como mi madrastra, pero esa que fue buena en todo momento, tolerante, eficaz, alegre y a la vez severa, me dio lo que tenía y se esmeró de que no me faltara ni me pasara nada y hasta me agasajó como hijo predilecto, sobre sus propios hijos. En Cuba no me permitían dormir porque me decían, que solo es necesario dormir cuando se esta muy cansado y a mi edad, ni siquiera había dado un paso de la vida real y... gracias a Dios, nunca desoyé sus sinceros consejos y traté con todos los medios de estar siempre en pie.

Nosotros: éramos 600 niños de entre 9 y 12 años de edad, todos nacidos en plena guerra del Sahara Occidental y nuestra primera infancia fue marcada por el fusil y la bala, las trinchares y el miedo constante y sobre todo los largos viajes a todas partes y a ningún sitio. El Sahara, tan luego supe que era el desierto más grande e inhóspito del mundo y, que mi país se llama así porque esta en su parte más occidental. Mi país ahora sé que existe realmente, porque convivo con personas que han estado o viven allí. Aquellos murmullos que oía de pequeño sobre un tal Sahara Occidental y sus ciudades y sus barrios eran ciertos y, que mi padre murió defendiéndola.

Cuando abandoné Cuba, ya con 22 años y estaba bastante crecidito y con un titulo de licenciado bajo el brazo, era un mes de octubre, como antaño cuando llegue a la isla, no tenía una idea exacta de a donde voy, pero quería ir, ver a mi familia era lo más urgente, de la ultima vez hacía ya 13 años, un día me desligué de ellos sin mediar palabra y ese hecho también para siempre separó nuestras maneras y actitudes, cierto, ya no me acordaba de sus rostros ni de sus palabras. Mi reencuentro fue lamentablemente frió, pero intenso, no derramé lagrima ninguna, apenas mi madre pudo dejar ver unas cuantas gotas. Tenía una sensación rara en esos momentos, que más adelante esa sensación, se transformaría en confusiones, malentendidos, incoherencias, pensamientos raros, obligaciones...

Así, casi agobiado hice volar mi imaginación y, lo hice de todas las maneras posibles, en uno de esos vuelos, año y medio después de mi llegada a Tindouf, aterricé en Gran Canaria, era marzo 1997.

Eso, es otra historia y, otra lucha. Supe aquí en canarias que 2 y 2 no son siempre 4 y otras cosas más y; supe cual es mi razón de ser en esta vida y también cual es la de los tigres y los leones y las hormigas y los buitres y las hienas.

Por ejemplo hoy sé que estoy desarraigado, que tengo cien cabezas y mil lenguas; mis pasos van marcando un rumbo de lo que no tenía que haber pasado nunca o, tal vez si, pero, sé que mi tristeza no es contagiosa, porque va encubierta con chocolate y un trasparente hilo de miel para disimularla.

Por ejemplo, que los buitres se alimentan de los animales muertos y vuelan muy alto y; las hormigas son tan fieras y voraces como los leones.

En fin, que con esto pretendo que me comprendan y que cada cual dé buenamente mucho de si, siempre siempre siempre.


Chejdan Mahmud Yazid

Las dos torres de Rabuni (Un día cualquiera)

¡Qué silencio!, ¡cuánta serenidad! Estoy sentado sobre un bloque de adobe al lado de las dos torres de Rabuni, los rayos dorados del sol me acarician de manera suave y tibia. Desde el oeste llega una brisa fresca que me susurra en el oído izquierdo. A lo lejos llega el sonido de los vehículos que van entrando por la carretera principal de Rabuni. A mi derecha hay una pequeña casita de adobe con techo de zinc, y para que el viento no despide al zinc hay muchas piedras grandes que lo sostienen. Dentro el cuartito tiene el aspecto de un corral abandonado, el olor del aarsa, (el estiércol de las cabras) todavía es fuerte e impregna todo el perímetro.

Una de las torres es antigua y en desuso, la otra es nueva del año 2 mil y está funcionando a toda máquina. La antigua es más alta, es de un color ocre y desteñida, tiene el rostro y el cuerpo marchito; se mantiene firme, pero todo en ella está caducado, oxidado. Su descomposición es lenta, pero inexorable. Sus viejas escaleras que llevan hacia lo más alto, desde abajo parecen una montaña rusa que se ha congelado en medio de su ruina en su último viaje hacia la luz azul del cielo. Sobre las paredes de la torre hay huellas de amores y amantes. Esta torre y su emplazamiento son ideales para el amor nocturno, para los amores furtivos. Hay una vista magnífica hacia todas direcciones, y el lugar está lleno de paz; te trasmite la sensación de volar, en medio del sonido de los pájaros nómadas que viven al abrigo de ese refugio o del otro oxidado depósito más pequeño que está cerca de las torres y que alrededor de él hay cuatro talhas (acacias espinosas).

Aquí el amor brota sobre la semilla del agua, al lado de las piedras y el adobe, cerca de las palabras y los discursos oficiales. Frente a los "nidos" lujosos, amurallados y con seguridad de los oficiales de UNHCR. No lejos del Hospital Nacional, donde habita el dolor, las enfermedades, la esperanza y la vida.

El amor está aquí en todas sus dimensiones, como está la hipocresía y la miseria de guardar las composturas. Está también la espera. La eterna espera. Aquí todo es espera: los papeles- todo tipo de papeles- las colas, almataleb (peticiones), etc...Viajar a Rabuni y volver. Viajar haciendo autostop-muchos, porque el precio de los taxis es caro y a penas existe el transporte público- Ver a alguien, cargar un saco. Esperar una Comisión médica, una inspección, encontrar a una muchacha. Salir de la monotonía de las jaimas, desahogarse con conocidos o desconocidos. Buscar zinc, algún camión o coche que va a la Badía, a Mauritania, o un autobús o avión que va Argel u Orán, etc...

Construir adobe, volver a levantar los biut, rezar para que no vuelva a ver lluvias en los campamentos, ni diluvios. Esperar volver al Sahara antes del próximo diluvio.

Rabuni ahora es algo así como el principio y el fin de todas las cosas en el exilio. Rabuni es un lugar humano, un laberinto de adobe con sus miserias y sus esperanzas, con sus lentas burocracias, sus enchufes, su nepotismo, sus dolores, y también sus casualidades y alegrías.

Rabuni es la metáfora de esa vieja torre que se cae a pedazos. Rabuni necesita otra torre como esa nueva que extrae quinientos metros cúbicos. Necesita agua buena y con un ritmo nuevo.


Limam Boicha